La incomunicación es, sin dudas, la gran paradoja de la era de las comunicaciones. Y los mensajes de texto son abanderados en la causa: se economizan palabras, se sacrifican haches, acentos o signos que se creen inútiles a los fines prácticos, se intercalan números y hasta se usan combinaciones de signos para mostrar estados de ánimo (estar
es estar triste). Las contracciones y abreviaturas en los mensajes permitieron forjar un código de pertenencia: está “in” quien escribe “n ksa” (en casa). Está “out” quien insiste con poner comas, acentos o signos.
- Dnd tan t2
- N ksa, t llmo.
- X ai voy. TKM
- Tb
Para quienes sienten que para entender un diálogo así se necesita traducción simultánea, la Asociación de Usuarios de Internet de España creó www.diccionarioSMS.com. Allí "qdo" es “cuando”, “ijo” es “hijo”, “sb2” es “sábados”. Ya cargaron 11.400 términos, aunque el ahorro de signos genera confusiones: “t llmo” es “Te llamo” o “Te llamó”, tal la precipitación que existe, la sensación de que no hay tiempo, que todo se acelera, incluso el lenguaje.
Cuando se economizan letras, se borran las particularidades hiladas a su historia: que “hacer” se escriba con hache tiene sentido desde su historia, no desde lo práctico. Cuando escriben “iso” en vez de “hizo”, se ahorran letras, pero se vacía a la palabra de su bagaje histórico, dice el psicoanalista y experto en tecnología Julio Moreno.



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