“Poema para saltearse julio”, por Cristian Magro

Corren los días, desbocados, ciegos. Llegaran a su meta y morirán estrellándose en Julio.
En tanto este séptimo se encuentra aun en el horizonte, no más que un punto, imagino posibilidades para esquivar sus 31 días. Todos ellos, con sus cumpleaños, con sus patrias muertas.
Con sus agonías.
Saltar sus cabezas de hora cero y fuera de un tiempo llegar a Agosto, el reino de Leo, dejando los días devenidos en sal.
Sin recordar ya ni fechas ni horas. Olvidando el porqué de estos atajos a los que regalé tantas semanas. Llegando al octavo sano y salvo.
Imagino como saltear el mes de Julio para no encontrar en sus caminos de horas muertas y minutos pálidos los dolientes números de fantasmas idos. Son las fechas casilleros fríos y en ciertas esquinas se llora un turno, o se vuelve al principio.
No hay dados para esta agonía de verse perder las noches y los sueños y las sonrisas en recuerdos de vueltas pasadas, en deseos perdidos en el viento de este julio traidor, este mes que debiera ser el más feliz y es lo inverso, lo contrario, a causa de la ausencia de ese otro jugador. De uno, de dos, de tres, fichas rojas, verdes, amarillas, acaso ahora en otro juego, un tablero lejano, donde otros juegan mis partidas.
Imagino como esquivar los días de este juego en donde pierdo una vida en ciertos casilleros y vuelvo a empezar, un azul eterno en un mes no deseado, vacío de afectos y de amigos y de recuerdos. Llegará el 26 como un comodín sin gracia, y al mirar el tablero a vuelo de pájaro veré que no hay fichas ni rojas o amarillas, entonces el juego no tiene salida, o no tiene sentido, o no tiene gracia.
Julio debería ser un mes de alegría. Con los cumpleaños de amigos, con las fechas patrias. Con el frío, y el calor, y las sonrisas y el cariño.
Pero no este silencio universal en todos sus días. Julio debería ser vida.
Un tablero lleno de colores. Un juego de amor y de amistad, de recuerdos e ilusiones.
De todas esas cosas tontas, a fin de cuentas.
Julio debiera contener días llenos de simpleza.
Debiera ser aquello que no será, al menos por respeto.
Y si sus días no pueden traer lo perdido mejor sería que no vinieran.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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