“Sucumbir o sucumbir, ésa es la cuestión”, Manel Haro

 libros

Reconozco que tengo debilidad por esas mesas llenas de libros antiguos, con tapas gastadas y páginas amarillentas. Siempre que viajo a una ciudad y me encuentro con alguna librería de viejo o algún mercado de libros de segunda mano, no puedo evitar pasar horas buscando alguna joya. No soy exigente: si encuentro un Dickens por 3 euros, un Vázquez Montalbán por 4 o un Cela por 2, ya me doy por satisfecho.

Soy consciente de que tengo mi casa llena de montañas de libros. Mi habitación es ya casi inaccesible: tres muebles forran de volúmenes una de mis paredes, mis cajones guardan más ejemplares, las estanterías también y los armarios que hay sobre mi cama lo mismo (siempre temo que el peso de la cultura me parta el cráneo).

En el estudio (despacho, lo llama mi padre) hay otros tres muebles con tomos. No hay más espacio en casa. Sin embargo, voy a alguna feria de libros de ocasión y no puedo evitarlo: me pierden esos tesoros.

Mañana el Passeig de Gràcia de Barcelona se llena de paradas de libros. Es la Fira del llibre d’ocasió antic i modern, que estará abierta hasta octubre. Cada año voy y cada año compro. Normalmente no llevo ningún título en la cabeza, porque no lo encuentro. Así que a partir de mañana iré sin expectativas, pero con la certeza de que más de uno caerá. Sucumbiré a la tentación. No lo puedo evitar.

Manel Haro©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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