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“Cartelera Cultural”

CHARLA-COLOQUIO EN VIGO:

O vindeiro mércores 23 de abril ás 20:00 horas terá lugar no Hotel México en Vigo (Vía do Norte 10) a Charla-coloquio e presentación do libro “Juglarias: un poeta en Israel” do escritor israelí Juan Zapato.

O acto ademais da presentación do devandito libro, será un repaso ao estado actual da literatura israelí nos nosos días. Moi en especial a editada en español xa que Juan Zapato.

O acto será presentado por Pedro Gómez-Valadés, presidente de AGAI (Asociación Galega de Amizade con Israel)

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“LA MUJER Y LA POESIA”

Será el tema que abordará la poeta y escritora

Ial Vered

El Jueves 24 de Abril a las 17:30 horas

En el salón biblioteca de la OLEI TEL AVIV

Marmorek 9 entrada por Bilu 39

Mina Weil                                   Iael Vered

Presidente                                   Secretaria

aielc

ESTACIONAMIENTO: AUDITORIO MANN

ÓMINBUS 26 126 9 189 289


“Perfumes y aromas”, Juan Zapato

A la intemperie el perfume a brea se bifurca a través del vaivén de las barcas amarradas y el canto de las gaviotas se adueña de una nueva mañana.

131Un nuevo recorrido me ha de revelar los secretos a la vista de esta ciudad y el olfato de rata de biblioteca me transporta por la calle del Sol, hacia su librería. A sendos costados de la puerta de entrada, libros leídos aguardan a un ávido lector que se atreva a adoptarlos y en la vidriera derecha, ejemplares acuñados de clásicos hispanos y allende los mares. Ahora el perfume se ha impregnado del ambiente, huele a hojas de árboles voluminosos, de encuadernación delicada. Árboles de vida, que contienen aprendizajes, mundos donde encontrar las respuestas a los interrogantes, que aún no nos hemos formulado.

El recinto acoge con una tenue luz y el silencio encierra el rumor de tantas letras hilvanadas en historias de la Historia, aventuras noveladas, relatos cortos de largas travesías, versos ahogados libertarios o susurros pasionales.

133Dejo atrás este lugar mágico de colores sepia y al traspasar la puerta, un vecindario poblado de cafés y bares trasnochados -que al adormecerse el día han de adquirir sesgos intelectuales, rescatados por soñadores sesentistas de cabellos agrisados-, me invita.

El fresco amaina el paso y por delante un bullicio se aproxima por la plaza del Mercado La Esperanza de Haití, pero los aromas y el colorido nos esperan dentro del recinto, en cada puesto de pescados y frutos de mar.

Ya es hora… de adquirir unas flores en el kiosco que he visto al ingresar, sé que le han de agradar.

Juan Zapato©


“El discreto encanto de la…”, Juan Zapato

103El murmullo del oleaje se posa con timidez sobre el perfil costero del mar Cantábrico a orillas de Santander.

El aire fresco le hace compañía y el ronroneo del motor de una barcaza -que se aventura en la mañana, y se interna lenta en busca del rumbo diario-, nos dicen que hoy 8 de Enero da inicio un nuevo año gregoriano, de fondo una incierta neblina oculta los rostros de Somo y Pedreña.

Soy un extranjero, no de ahora, sino de siempre, desde el día aquel que abandonara el vientre de mi madre y comencé a deambular un nuevo mundo.

Una geografía todavía desconocida a mis ojos, aunque por momentos, ciertas fachadas edilicias me confundan entre nostalgias de otras geografías también desconocidas. Calles que van poblándose en minutos apresurados, de transeúntes que aún conservan sus trabajos. No son las trombas de ayer por las “rebajas”, incomprensibles a quien tiene una mirada foránea, un virus llamado consumismo, que se propaga en la sociedad y afecta al criterio.

Encaminando los pasos hacia El sardinero, bordeando la escollera, unos pescadores ocupan el tiempo intercambiando anécdotas, mientras una lubina forcejea para no ser prendida. Me acerco en silencio a un hombre de canas, para no interrumpir la escena y escuchar y aprender. Sobre la piedra está tallado un nombre: Pedro, así bautizaré a este pescador que ante el saludo de otro parroquiano y la pregunta sobre ¿qué haces Pedro?, responde: buscando el tapón… hace años que busco el tapón, que haga correr el agua de este mar y los barcos quedarán sobre la tierra. Ya verás cuando lo encuentre…

122El Sol invita a continuar. Ahora una sirena anuncia la proximidad de alguna embarcación y las campanadas de las iglesias, no quieren ser menos, no pueden perder presencia entre los perdidos andantes. El mediodía llega y una dama de elegante vestir almuerza cómodamente sentada sobre un banco y compartiendo conversación con un elegante caballero, y el detalle infaltable: dos copas de vino blanco, reposan sobre los baldosones de piedra del paseo marítimo. Por cierto la crisis no puede empañar el estilo.

Ya es hora… me escurro entre las oraciones sueltas de una conversación plural que entran y salen por mis oídos, como un lenguaje que se ha mudado de mí.

Juan Zapato©


“El ritmo de Israel”


“Rapsodia Judía”, Adolfo (Fito) Chammah

Kol Nidréi, Aníi maamin, Nigún y Shofar, Procesión nocturna, danza, oración.

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Distancia y murmullos entre el proscenio y mi espera.
Dos canastos rebosantes de flores y ramas viva adornando el escenario.
Los músicos van entrando, ellos de elegante smoking, ellas de negro soirée.
El violino concertante cual clave de sol andante da ejemplo con su sonido y
                                                                                                                  /todos ajustan el “la”.
El aplauso adelantando al talentoso maestro y opresto la batuta diestra
                                                                                                         /que sugiere a los violines.
En un adagio muy lento dar bienvenida a los vientos.

Ébano y níquel, níveas manos, rojos labios, con su largo clarinete una elegante
                                                                                                                                                  /solista
va triturando promesas en la antigua melodía del esperado Kol Nidrei.
Fui frelajando ansiedades y con la imaginación alerta las raíces de la sasngre
palpitaron en mis ojos, y un vendaval de recuerdos casi afiebrado despierta.
La figura del abuelo e su sufrido silencio, el taled, las filacterias, el pan
                                                                                                                        /trenzado, las velas
y un  laberinto de ensueños con Chagall y su paleta.

El Purim con su suave rojo, o el violinita verde o el rabino de limón.
Aní maamín “yo creo” pregonan con su color.
Rojo, verde, azul, turquesa y en mi follaje de otoño el amarillo tristeza.
La cadencia del shofar, cuerno de macho cabrío, sonando bronco y terrible
recuerda al pueblo elegido que Adoshem es uno y solo
y la plebe con unción se prosterna arrepentida rogándole su perdón.

En la procesión no, qué ensación tan extraña: la alegría de un jasid todo
                                                                                                                           /vestido de negro
con su gorra y las polainas y un charco rojo en el pecho de alguna daga pagana
que paraliza su danza.

Las violas y los oboes, los cellos y los violines recitan una oración.
Es dulzura y es torrente, es esperanza escondida, es lejanía, es presente.

Adolfo (Fito) Chammah©

Nació en Tucumán, Argentina. Desde joven se sintió atraído por las expresiones artísticas. Estudió en el Conservatorio Nacional de arte escénico. En Argentina fue miembro del elenco estable del teatro S.H.A., perteneció a la comisión directiva del club C.A.S.A., dirigente de FESELA. (Federación Sefaradí Latinoamericana) y de la D.A.I.A. Publicó artículos en diarios y revistas de la comunidad judía. Creador y director de “Encuentro con la canción Sefaradí (música y poesía). escribe cuentos y poesías e intervino en dos antologías y en numerosas veladas literario-musicales.
En Israel se integró a las peñas “Escritores del Alba” y “Brasego”. En la actualidad es miembro activo de la peña “Literarte”, es socio de la Asociación Israelí de escritores ene Lengua Castellana.


“Anhelo”, Marga Mangione

Mi alma sin religión y sin fronteras,
pide a Dios por la sangre de los muertos
y le ruega que nadie en las trincheras,
sufra dolor, congojas y tormentos.

Le pregunto a Jesús, Alá, Mahoma,
qué castigo han de darle al asesino;
al que mata desde que ele sol asoma,
porque cree que hacerlo es don divino.

¿or qué el odio de unos pocos logra tanto,
y el amor de otros siempre es ignorado?
¿Por qué siembran la muerte y el espanto,
a través de un hermano que es soldado?

No recibo respuestas a mi angustia
o tal vez no las oigo en mi quebranto…
la confianza se me ha quedado mustia,
y me pierdo en las sombras de mi llanto.

Pero aún no he perdido la esperanza,
y la elevo en el aire cual bandera
no concibo la paz con la venganza,
porque la anhelo plena y duradera.

Quiero un mundo llenito de alegría,
sin misiles, sin balas, sin metralla;
sin división musulmana o judía,
donde nadie levante una muralla.

Un lugar sin desquites ni revancha,
donde jueguen los niños sin problema,
a las escondidas, al fútbol o a la mancha
buscando que el amor sea su emblema.

En el erial que hoy destruyó la guerra,
mañana quiero campos bien sembrados,
para saciar el hambre de la tierra
con trigales maduros y dorados.

¡Amemos al igual y al diferente
desde el fondo recóndito del alma!
¡Sonriendo sin distingos a la gente,
lograremos la ansiada y dulce calma!

¡Rompamos esas sórdidas cadenas,
que nos separan de cualquier alianza!
¡Brindemos el amor a manos llenas,
y reinará en el mundo la bonanza!

Mi palabra es humilde y no pretende,
exigir que estos sean mandamientos…
La envío cual antorcha que se enciende,
para alumbrar oscuros sentimientos.

Déjala que se mezcle entre la gente,
y que penetre en todos los oídos,
que convenza de a poco y dulcemente,
hasta que invada todos sus sentidos.

Entenderán entonces que la guerra,
es el problema y jamás la solución;
si el hombre de su vida la destierra,
logrará la más excelsa perfección.

Marga Mangione©


“El paraíso donde nací – נוף ילדות”, Shlomo Artzi-שלמה ארצי

,בנוף הבתים הישנים
,אשר היו צילי בימי ילדות
,חלפו הרבה שנים
.חלפו הרבה שנים

,נוף הבתים כבר מתפורר
,וקירותיו נעלמים
,חלפו הרבה שנים
.חלפו הרבה שנים

בגן העדן של ילדות
,אשר היה פורח
הייתי חלק מהנוף
.היום אני אורח

בגן העצים המתקלפים
אשר היו צילי בימי ילדות
כבר נשברו הענפים
.קפצה זקנה פתאום

אני הולך ואת איתי
והם כולם נעלמים
קפצה זקנה פתאום
.איזה יום היום

…בגן העדן של ילדות

,בנוף האנשים של ילדותי
,אשר היו צילי לפני שנים
,קפצה זקנה פתאום
.קפצה זקנה פתאום

,בראש כולם זרקה שיבה
.והם נעלמים
,קפצה זקנה פתאום
.קפצה זקנה פתאום

…בגן העדן של ילדות


“Las israelíes Juglarías y Arderás en mí, con su autor Roberto Sánchez Soria (Juan Zapato)”

El amor y el erotismo, el pensamiento y la palabra, la Paz y la guerra, el cotidiano vivir de un poeta en Israel.

025Lectura en vivo en los estudios de Radio Sefarad (Madrid), invitado por Raquel Cornejo al programa “El marcapáginas”

Para escuchar, cliquea en la imagen o en el siguiente enlace: http://www.radiosefarad.com/joomla/index.php?option=com_content&view=article&id=18339:el-marcapaginas&catid=65:el-marcapaginas&Itemid=84


“Dormir”, Iael Pribluda Vered

sueños

Dormir,
relajarse, entregarse, abandonarse
y dejar que así nos vean.

Dormir
es muy íntimo, muy de uno
porque no se comparte.

Porque nos ven y no vemos
porque nos ven como somos
no como nos mostramos.

Las facciones se suavizan,
el cuerpo abstracto, sin rigidez
suave como el sueño de un niño.

El yo que se muestra
es el yo que ocultamos
mientras dormimos.

Ver a alguien durmiendo
es como verlo desnudo
de ropas y mentiras.

Por eso no suelo
mirarte así, durmiendo
porque me da miedo usurparte.
Sin que puedas negarte
o defenderte
que así te vea.

En la desnudez de tus sueños
que no me pertenecen
que no te pertenecen, que no elegís.

Y elijo no mirarte así, dormido
con los labios entreabiertos
y los brazos extendidos a lo largo del cuerpo.

Pero sí te miro
y tu cuerpo dormido
absorbe mis caricias y mi dar.

Iael Pribluda Vered© de su libro “Hitos, huella” ISBN: 987-02-1244-1

Secretaria de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana, sus escritos han sido publicados en las revistas literarias israelíes “Rodes” y “EntreLíneas”, dirige desde el 2005 un taller de escritura en español en la Biblioteca Nacional de Bat Iam.


“Juglarías, un poeta en Israel”, Juan Zapato

“Impresiones”

Una blanca gaviota detenida sobre las toscas marinas contempla al oleaje llegar.

A lo lejos un pescador solitario se ha introducido campo adentro de las aguas y espera.

Rosh HaNikrá¹ se esconde tras una bruma tenue hasta convertirse en una silueta recostada invisible.

La música acompasada de mar y de viento salado se introduce por mis orificios nasales.

Sentado sobre el suelo de este terraplén, con mis piernas estiradas prosigo la lectura de “Lorca – Dalí, el amor que no pudo ser”, de Ian Gibson.

Un ruido de aletas se aproxima. Dos puntos en el Occidente van figurándose a medida que avanzan hacia mí. Los helicópteros verdeoliva cruzan a baja altura y continúan con su misión rumbo a Oriente.

Cruzo el señalador en la página abierta, cierro el libro, me incorporo y camino destino a Shavei Tzión².

Aún me queda tiempo por delante.

Juan Zapato©

¹ Cuevas de Rosh HaNikrá, punto extremo norte limítrofe entre Israel y El Líbano.

² Moshav Shavei Tzión, granja de propiedad privada, con viviendas particulares y de dimensiones más pequeñas que las de un kibutz. Kibutz: Granja colectiva en Israel.

DSCF0650 (1)Mañana Viernes 13 de Julio, estaré presente en la “Feria del Libro en Español” a realizarse en la ciudad de Raanana, bajo la organización de la Filial local de la OLEI (Organización Latinoamericana, España y Portugal en Israel).

Disertará el escritor Gustavo Perednik, asistirán escritores latinoamericanos-israelíes quienes venderán y firmaran sus obras. Actuarán el maestro Mario Solan acompañado del guitarrista David Solan y el coro “Lejaim”, bajo la dirección de Najman Stofblat  y se contará con la presencia de los diplomáticos de Argentina y Colombia.

Viernes 13 de Julio en el horario de 10 a 14 horas en la explanada de la OLEI Raanana, sita en Ahuza 68, Mercaz Eliav, Semáforo 2. Tel. 09-7442915/7461946.


“El guardapolvo blanco”, Mina Weil

XB1992.1161.3Doce escalones formaban la ancha escalinata. Daniela los iba contando, mientras los subía temblorosa.
Sabía que no era de miedo su temblor, sino de expectativa, y tenía tantas…
Principios de diciembre, en una Buenos Aires que recién despertaba al aliento pegajoso de un día que prometía canícula. Había viajado por más de media hora en el tranvía 86.
Tráquete tráquete… Avenida San Martín, Alvarez Thomas, tráquete tráquete… Avenida Corrientes. El asmático 86 la recorría de una punta a la otra.
El boletín de calificaciones de su sexto grado terminado con loas y la partida de nacimiento se adherían como ventosas a sus palmas húmedas.
Debajo del guardapolvo blanco, el vestido de percal floreado se pegaba a su cuerpo delgado, al que la incipiente pubertad comenzaba a moldear.
Atravesó el enorme portón de entrada.
Un hall gigantesco con bocas abiertas a largos pasillos pareció querer fagocitarla.
Llevó la cabeza hacia atrás para mirar el techo y se sintió del tamaño de una hormiga.
Ese techo abovedado le hizo recordar los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.
La habían dejado boquiabierta, durante una excursión a Roma, organizada por la Opera Nazionale Balilla1 de su pueblo.
El corazón le dio un vuelco. El pasado italiano, arrinconado desde hacía un año en un oscuro recoveco de su memoria, había pegado un salto y querido salir a la luz. El suyo era por cierto un pasado reducido. Dentro de pocos días iba a cumplir los catorce años.
Habían transcurrido sólo dos desde aquel paseo, que ahora le parecía lejano e irreal.
Volvió su atención a lo que ahora veía: Como incrustado en el cielo, un vitral multicolor cubría la parte central del cielorraso. Una cascada de flores caía desde una desbordante canasta pintada de oro. La claridad se filtraba a través de tanto color, y convertía la galería superior en escenario lleno de magia.
Bajó lentamente la cabeza, porque se le había entumecido el cuello. Se dijo que no había tiempo para contemplaciones artísticas.
Enfiló hacia uno de los corredores y enseguida vio, al costado de una puerta cerrada una brillante chapa de bronce con la inscripción: ‘SECRETARÍA’. Al otro costado hacían fila varias niñas. Algunas habían llegado solas, como ella, otras acompañadas de papá o de mamá.
Se ubicó diligentemente al final de la larga cola. La puerta se abrió. Salió una niña con cara satisfecha y un papá que orgulloso sacaba pecho.
“¡Pase la que sigue!” gritó una voz clara y sonora de mujer. Una después de otra entraron y salieron.
Durante la larga espera y sin más compañía que sus pensamientos, los recuerdos de la Italia fascista brincaron y salieron nuevamente de su prisión; pero esta vez no los rechazó.
Aun sentía que una puñalada les había sido asestada en ese no tan lejano 2 de septiembre de 1938, cuando las leyes raciales contra los judíos hicieron su aparición, de la mano traidora de Mussolini. De la noche a la mañana, fue otra la vida. De un día a otro, se cerraron las puertas de los colegios para los alumnos judíos. De un día a otro, muchos de los amigos dejaron de serlo. Soportó el desprecio con la cabeza alta, tal cual lo hacían sus padres. No entendía por qué ser judío era tal pecado.
Sandra la hermana mayor no paraba de llorar. Tenía dieciséis años y estaba locamente enamorada de su apuesto profesor de latín, quien a su vez lo estaba de la profesora de historia. Ahora sí su amor sería imposible.
Mauricio, el hermanito de seis años, no comprendía por qué le estaba prohibido vestir el uniforme de figlio della lupa2 que le quedaba tan lindo.
Vivo estaba en Daniela el recuerdo de cómo había cubierto con pinceladas de tinta china el número tres de ese mismo mes de septiembre, en el calendario grande de la cocina.
Había sido el día en que se prohibió a los niños judíos la entrada a los colegios. Lo había vestido de luto. Era día de duelo para ella. Después se le ocurrió que en realidad debió haberlo pintado de color sangre. Tanto le dolía.
Un paso…otro paso, la fila se acortaba. Pocos minutos más y sería su turno de inscribirse para el examen de ingreso al primer año del Colegio Comercial. Fue casi imperceptible su mueca de disgusto: no era lo que ella realmente quería estudiar. Su sueño había sido, desde que tenía uso de razón, el de ser maestra. En el pequeño pueblo del norte de Italia, donde había nacido, la habían apodado “la maestrina”; porque estaba siempre rodeada de niños a los cuales ayudaba con las tareas de la escuela. Siendo extranjera, la posibilidad de ejercer como maestra era nula; pero no, la de encontrar trabajo como secretaria o tenedora de libros. Lo importante era estudiar y ella tenía hambre de saber.
El pensamiento, con esa facultad de escurrirse de un lugar a otro, de remontarse de un tiempo a otro, la llevó de nuevo a la Italia de fines del 38.
El padre de Daniela no había nacido en Italia y además de ser judío era antifascista.
Aconsejada por amigos que sí lo eran, la familia escapó hacia las montañas, cargando cada uno pesada mochila a la espalda. Los padres se turnaban en llevar a babucha al más pequeño.
Cómo llegaron a Grecia y luego a Argel para tomar el barco, eran memorias enroscadas en una maraña, de la cual fluían fragancia a pino, a musgo y olor de cabra de monte, confundiéndose todo con el aroma de especias y el rancio efluvio de cuerpos sudados en el puerto de Argel. No desenroscó esa maraña. Dejó que su mente navegara por las aguas azules del Mediterráneo.
El vetusto barco que los llevó a la Argentina era alimentado a suspiros; ésa era la sensación que Daniela tenía. Los suspiros de los pasajeros, casi todos huyendo del nazismo o fascismo, mantenían a flote la nave. Recordaba el mareo constante, el rolar descontrolado durante la borrasca al salir del estrecho de Gibraltar.
El puerto de Buenos Aires, con gusto a añoranza, a sueños urdidos durante largos viajes, con ese misterioso y temido sabor a lo desconocido, los recibió una mañana vibrante de sol veraniego. Sol que no logró penetrar los ojos empañados de Daniela y de su hermana.
Dos meses después entraba a cursar el sexto grado en la escuelita de un pueblo en las afueras de Buenos Aires. Y hoy, a sólo diez meses desde aquel día, estaba lista para rendir el examen de ingreso al colegio secundario.
El idioma castellano no le había resultado difícil. Fue música para sus oídos desde el principio. La riqueza de sus matices la cautivaron e inconscientemente fue apartándose de la lengua italiana, que formaba parte de lo que ella consideraba una traición.
Ya no faltaba mucho. Cuando se abriera la puerta habría llegado su turno. Alisó la falda del guardapolvo. Sus manos nerviosas se deslizaron por las tablas almidonadas, mientras una pícara sonrisa iluminaba su cara pecosa, dejando entrever unos dientes incisivos grandes y muy blancos. Su mamá había sacrificado una sábana para hacerle el guardapolvo. No parecía de confección casera. Era igual a los que se veían en las vidrieras de los negocios. Manos de hada las de la mamá de Daniela.
Y finalmente, cuando la puerta se abrió, el “¡Pase la que sigue!” fue para ella.
Respiró hondo y una alegría difícil de ocultar la invadió. A tal punto, que la señorita secretaria al verla entrar exclamó: “Pareces muy contenta”. “Sí, lo estoy”, contestó.
Daniela, sin poder dejar de sonreír, mientras entregaba el boletín de calificaciones y su partida de nacimiento.
La señorita secretaria, muy delgada, de guardapolvo blanco, cabello entrecano corto pegado a la cabeza, estudió los papeles que la probable futura alumna le había entregado.
Los dio vuelta, los volvió a mirar, sacudió la cabeza sin pronunciar palabra. Frunció el ceño. Se levantó del asiento. Hizo un gesto a Daniela para que la esperara y dijo, mientras abría la puerta: “Ya vuelvo”.
De pronto, a Daniela le dolieron los pies. En momentos de miedo o de peligro, siempre le dolían los pies. Era su termómetro al desastre.
Se borró la sonrisa de su boca pequeña y un extraño temor fue reptando por sus piernas hasta la garganta.
La secretaria regresó muy pronto acompañada de una mujer voluminosa a la que presentó como la Señora Directora.
“Niña”: dijo la Señora directora, mirándola con simpatía a través de unos ojos grandes, oscuros y almendrados, “estoy sorprendida por tus buenas notas… siendo que hace tan poco llegaste de Italia. Lo dice aquí, en tu boletín. No me cabe la menor duda de que serías una excelente alumna. No es secreto que las alumnas judías se destacan”.
Había dicho… serías… no había dicho serás. ¡Cómo le dolían los pies!
“Lamentablemente”, siguió diciendo la Señora Directora, “no podemos anotarte para el examen. Esta Partida de Nacimiento no es válida. Tiene que ser enviada a Italia para su autenticación. Pero nena… estamos en 1941 y hay una guerra en Europa. Además en Italia hay leyes contra los judíos. Sinceramente no sé cómo te podemos ayudar. Daniela salió corriendo para que nadie viera como desbordaban sus ojos. Pero alcanzó oír que la señorita secretaria decía despectivamente: “Bueno… una rusa menos. Tenemos ya bastantes”.
“Cállate, Lucinda, no seas cruel”, y esta vez fue la Señora Directora la que en voz alta llamó: “¡Pase la que sigue!”.
Las lágrimas rodaban libremente, no podía frenar los sollozos. Un muchacho al pasar le dijo riendo: “¡Che! ¿Se te murió alguien?” Claro que sí, se le había muerto el futuro.
Mientras caminaba sollozante hacia la esquina para tomar el tranvía, fue desabrochando el guardapolvo blanco. Se lo sacó. Lo dobló prolijamente sobre su brazo. De haberlo sabido antes, el guardapolvo sería sábana todavía. Un largo suspiro terminó con los sollozos. Llegó el tranvía. Tuvo asiento al lado de la ventanilla. Tráquete tráquete… La avenida Corrientes desfilaba ante sus ojos. Daniela no la veía, pensaba con tinta de qué color iba a cubrir la fecha de ese día, en el calendario de la cocina. ¿Negro o rojo?

Mina Weil©

1 O.N.B. Organización nacional de jóvenes fascistas.

2 A los seis años de edad los niños varones eran inscriptos a la O.N.B. y vestían uniforme.


“Su color preferido”, Amanda Giorgi

vestidoamarilloElla camina adiestrando los zapatos incómodos como ordinarios. Con su vestimenta provocativa, busca llamar la atención.

Los neumáticos no se detienen y la llovizna empaña las vidrieras mediocres de los suburbios porteños. Esa noche, presiente que el dinero será escaso y piensa en las agudas maldiciones, o la penitencia denigrante de su padrastro.

Antes de cruzar la avenida, queda mirando las hojas que el adelantado invierno sembró, como tapices, en la acera.

̶ ¡Qué colores bonitos! ¡Allí está mi preferido!

Hace frío. Para cubrir su pronunciado escote, levanta el cierre de la camperita con tachas. Del otro lado de la calle, tal vez, haya por lo menos, un cliente. La encandilan los faros de los automóviles. Anaranjados, rojizos…

̶ ¡Amarillo!..

Y su exclamación se confunde entre bruscas frenadas.

Amarillo, sí. ¡Amarillo! Como el color del vestidito que tanto deseó tener. Ése que en el escaparate de la tienda la deslumbrara, no tantos años atrás.

Se toca la frente. La lluvia le ha mojado el pelo y ella piensa que fue en vano comprar ese champú caro para que le otorgue brillo.

̶ Pero… no debe ser bueno, es pegajoso. ¿O es sangre?

Los autos pasan, la gente no la observa, la noche la esquiva, no quiere ver una víctima más. Sólo la banquina es su amiga, su lecho, su refugio, donde más de una vez fue testigo de ese dinero sucio, pero indispensable para que no la echasen a la calle. ¿O sería mejor la calle? Tampoco, allí conviven los vicios, el delito los robos, la droga. Ésa que en reiteradas oportunidades le ofrecieron y nunca aceptó, siguiendo lo consejos de su madre, que, como en una pesadilla, la vio morir, escuálida y temblorosa, precisamente, por sobredosis.

Ella, entreabre lo ojos.

̶ Amarillo… ¡Qué bonito era el vestido! Con botones, moños, voladitos… Todo amarillo…

Se detenía a mirarlo mientras aferraba con manos flacas y uñas sucias, el mandado alcohólico que apenas podía sostener. Y tristemente comparaba ése canesú alforzado, con su ropa descolorida y deforme.

Con la respiración pausada busca brisas para un sueño:

̶ Algún día tendré un vestido de ese color, amarillo, amarilloooh…

Siente zumbidos y cosquillas en la piel. Y repiqueteos, como de campanarios de iglesias, ésos, que tanto gustaba oír…Se esfuerza en escuchar, comprender, preguntar…

̶ ¿Dónde van los niños abusados? ¿Y los chicos sin familia?

Ve un mapamundi, parecido al que nunca pudo tener, chiquito, que se aleja,… confundiendo la tierra con el cielo…Y palomas blancas, muy blancas que le hacen caricias.

̶ ¡Qué lindas son las caricias!..

Y ve palomas, muchas palomas… cuyos aleteos se tornan… amarillos.

Amanda Giorgi©


“Magnetismo”, Pesaj (Lito) Skudizki

Israel_Declaration_of_Independence¿Cuál es la esencia de mantenernos históricamente judíos por miles de años?

¿Acaso existe otro pueblo con las mismas características?

Comparado al imán, material magnético indestructible, inseparable, equivalente a fe, dos polos opuestos que se unen. Así como la celebración de Yom Hazikaron y Yom Hatzmaut, separados y unidos por cordón umbilical, un día tras otro. Uno simboliza el dolor y penas de todos los caídos en la lucha por nuestra existencia y el otro la alegría de nuestra independencia como nación.

El imán-eje esférico de huellas cicatrizadas dolientes y sufrientes de pogroms, holocausto, atentados, guerras; se ve cubierto por nuevos pimpollos de grandes logros en ciencias, tecnología, literatura. Polo de efectos antagónicos inseparables, mencionado en el Tanaj como “el pueblo elegido” quedó sellado en nuestras entrañas.

Este año festejamos con felicidad y alegría los 64. Reconocemos que el precio pagado por esa Independencia es muy alto, valorado y apreciado por todos, no olvidando el otro polo de congoja y dolor. Tampoco el horizonte está exento de amenazas por aquellos que aún pretenden destruirnos. No es extraño entonces, que la fuerza de nuestro destino, sea la fe eterna e irrompible de ese imán al que nos referimos.

Confiamos en nuestro pueblo, equivalente a imán-fe.

Pesaj (Lito) Skudizki©


“Niño de mi ciudad”, Yetty Blum

 

niño

Ese niño de mi ciudad
de carita demacrada,
con expresión de ansiedad
y con su mirada amarga…

Ese niño, lo llevo adentro
lo recuerdo aún sin quererlo,
su pena helada en mi pecho
me quema cual brasa ardiendo.

Vende agujas por las calles,
con su ilusión fatigada,
agujas que nunca cosieron,
quizás jamás cosan puntada.

No coserán su destino
si nunca, nadie hace nada.
No coserán sus andrajos
ni las zapatillas gastadas.

No coserán los retazos
de su vida desolada,
ni coserán esperanzas
para su mirada amarga.

Agujas nuevas reclamo,
para el hijo del desamparo,
agujas que cosan cambios
para sus sueños frustrados.

Yetty Blum©


“La niña pequeña”, Yetty Blum

080418222938891

No sé cómo se llama
esa niña pequeña,
ni qué nombre tendrá.
Mantantirulirulá.

Cómo se llamará
esa niña pequeña,
y qué nombre le pondremos.
Mantantirulirulá.

Va descalza
sobre el asfalto.
Va, helada,
de un auto a otro,
en el cruce de semáforos.
Mantantirulirulá.

¿Le pondremos
dolor, amargura,
sufrimiento, rencor?
¿Le pondremos injusticia,
impotencia, resignación?

Ese nombre no me agrada.
Mantantirulirulá.
¿Y qué nombre le pondremos,
mantantirulirulá…

a la niña pequeña,
a la niña descalza,
a la niña solitaria,
hambrienta y cansada,
que de un auto a otro va,
en el cruce de semáforos,
mantantirulirulá?

Yetty Blum©


“Introducción al pensamiento infantil”, Aida Rebeca Neuah

niñoEl día que papá me regaló un extintor me puse tan tan contento que prendí fuego a la cuna de mi hermanita. Cuna de mi hermanita bah!! Era miii cuna. Lo que es de uno, nunca se deja de poseer. Así que en realidad, prendí fuego a mi cuna para saber si mi vocación de bombero era auténtica. Como soy un niño bueno, primero tomé el recaudo de sacar a la dulce y tierna criatura que me ha robado la mitad del amor que me corresponde por derecho, de su camita. Me subí a un banquito y agarré en brazos a la beba con ternura, le mostré mi dentadura de sonrisa apretada y la puse en la cucha donde duerme Bobby. Seguro que ahí no iba a tener frío ni se iba a sentir sola. Le dije al perro que la cuidara, yo hablo un poco de su idioma. El apagador de fuegos andaba bárbaro y la cuna quedó preciosa, ahora parece una antigüedad. Papá siempre se esmera en regalarme juguetes útiles que me sirvan para elegir una profesión para el futuro. Así fue que hace unos años recibí una sierra eléctrica para hacer de carpintero. La usé para cortar al medio todas las puertas de la casa, Bobby nunca más tuvo que rascar las puertas para que le abran. Al cumplir cuatro, él vino con una caja de tachuelas miguelito. Me enseñó a ponerlas en la calle a la mañana temprano y esperar a que empiecen a salir los autos al trabajo. Mi sabio padre me aconsejó sentarme en la ventana del living, donde se veía el lugar en el que caían las tachuelas, los vecinos que se bajaban de sus autos gritaban palabras desconocidas(debe ser alguna lengua extranjera) y cambiaban las gomas pinchadas por mis clavitos. “Es la forma de aprender a cambiar cubiertas”-dijo mi papi y agregó que tener una gomería es un negocio muy rentable hoy día. Mamá comparte su criterio práctico de elección de regalos y aportó sugiriéndole no comprar más esos huevitos de chocolate porque adentro hay juguetitos con piecitas muy chicas que nos podemos tragar. Imaginate Cacho- le dijo a mi papá- los nenes con un árbol de huevitos kinder en la panza!!!

Aida Rebeca Neuah©  http://laburbujabruja.blogspot.com


“El Marcapáginas–Radio Sefarad”

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Raquel Cornago entrevista a Juan Zapato en el programa “El Marcapáginas” de Radio Sefarad.

Cliquéa en la imagen para escucharla.


“Elogio de lo que queda”, Edith Goel

Apoyo un lápiz en el vacío.

Una miríada de nombres
se pierde
en el acto trivial de elegir
una frase
una palabra
la letra.

Como el tranvía de Gaudí
los trenes sembrarán
vidas inconclusas.

No nos queda
sino esperar.

Edith Goel©

Nacida en Argentina (1952). Es profesora de lengua y literatura española, ilustradora, artista plástica y traductora del hebreo al castellano, y ha obtenido varios premios literarios como: Lucila Palacios (Venezuela), Cosquín (Argentina), Bartolomé Mitre (Argentina), Revista de los Poetas (Argentina), Voces Nuevas (Torremozas, España), Ocho Venado 2001 (México). Web: La Blinda y Niedernegasse. Sus textos han aparecido en antologías y en páginas literarias de Internet, y han sido traducidos a varios idiomas. Presidió la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana. Reside en Rishón LetZíon, Israel.


“Libros en paradas de autobuses, la más reciente biblioteca pública de Israel”

¿La próxima parada para el pueblo del libro? Una espontánea biblioteca pública para consultar libremente mientras se espera el autobús. Ninguna multa, ninguna regla, ningún acallamiento.

daniel-shoshan[Daniel Shoshan instalando estanterías en una parada de autobús de Haifa.]

Imaginen una biblioteca donde no hay fechas de vencimiento ni bibliotecarios que le digan que se calle. Artistas israelíes han desarrollado un nuevo modelo de biblioteca urbana: una biblioteca gratuita en paradas de autobús para pasajeros y viajeros de todas Las edades.

Daniel Shoshan, un artista de instalaciones y profesor en el Technion – Instituto de Tecnología de Israel –, junto con el graduado del Technion, Amit Matalon, comenzaron este nuevo concepto de biblioteca pública, pensando que, a veces, las personas tienen largos tiempos de espera para tomar Los autobuses.

Su lema: Usted puede tomar, usted puede devolver, usted puede agregar.

El dúo armó una serie de estanterías en las paradas de autobús a lo largo de las ciudades israelíes. La idea es que cualquiera puede tomar un libro de la estantería, leerlo en la estación o llevarlo al autobús y devolverlo cuando lo haya terminado.

Ninguna fecha de vencimiento, ningún cargo por atrasos, ninguna regla.

Al principio hicieron un experimento para ver si la dinámica funcionaría. ¿Se repondrían los estantes? ¿La gente participaría? “Comenzó como un proyecto artístico, y de repente fue tan exitoso que lo supe… Se ajusta a un nuevo modelo de biblioteca pública”, Le dice Shoshan a ISRAEL21c. “Las bibliotecas municipales en Israel me han pedido que lo comience aquí y creo que será un proyecto comercial algún día”.

Shoshan cree que Las bibliotecas de paradas de autobús, podrían ser un lugar para reciclar material de lectura que ocupa espacio en las estanterías de las personas y en los sótanos de las bibliotecas públicas.

“Sé que la gente tiene un montón de libros en casa y no saben qué hacer con ellos”, dice.

¿Cómo surgió la “novedosa” idea?

Las seis semanas piloto del año pasado, se iniciaron en el barrio Ziv de Haifa, le dice Shoshan a ISRAEL21c. Se construyeron estanterías en seis paradas de autobús a lo largo de la ruta desde el campus del Technion y la plaza Ziv.

Los pasajeros tenían la libertad de tomar libros para su viaje y devolverlos, o no. “Después de algún tiempo el sistema encontró su propio equilibrio, y comenzó a aparecer el fenómeno de los residentes agregando libros, con la creación de estanterías centradas en las personas, siguiendo las necesidades locales”, informan Los dos artistas.

En la parada de autobús más cercana a la universidad, los estudiantes intercambiaban libros de ciencia de referencia, sus tesis y ciencia ficción. En un barrio ultra ortodoxo, los residentes intercambiaban ejemplares de textos religiosos y CDs, y los residentes de habla rusa en la parada de autobús de Ziv-Hankin crearon una biblioteca en idioma ruso.

Los artistas se emocionaron al ver que se producía esta auto-organización.

El piloto fue considerado un éxito como biblioteca pública autosuficiente y, ahora, las ciudades de todo Israel están tomando el modelo. Shoshan, que dice que tiene Los derechos creativos intelectuales y “espirituales” de la idea, ha sido invitado a implementar el servicio en algunos barrios de Washington DC y Nueva York.

Herramienta de creación comunitaria

book-shelves

¿Esperar en fila en la parada de autobús, hojear algunos libros y tomar uno con usted para el viaje? La idea no sólo podría incrementar Las tasas de alfabetización en las comunidades, sino también servir como una nueva forma de conectar a la gente.

“Los ciudadanos de la ciudad están creando nuevas formas de compartir”, dice Shoshan. “En Kfar Saba, Hadar Yosef, Haifa, la gente comenzó a intercambiar libros entre ellos sin establecer ningún tipo de reglas. Usted puede poner sus libros en el estante, y otros agregarán o quitarán libros del mismo. Son los mismos ciudadanos y los barrios los que supervisan”.

Esto también podría ser una plataforma de mercadeo creativo para que autores desconocidos difundan sus obras. Israel ya cuenta con profesores que dan clases académicas en los trenes. Tal vez gracias a este nuevo proyecto, los nuevos autores harán lecturas públicas en paradas de autobús.

Shoshan cree que tal proyecto podría funcionar también como un constructor de comunidad en zonas desfavorecidas. Con poco desembolso en Los costos, ¿qué se puede perder? “Estoy seguro de que funcionará entre los vecinos más pobres”, dice. “Cuando se confía en la gente, la gente lo devolverá con su tiempo. Especialmente cuando saben que no es un proyecto dirigido por el gobierno.”

Fuente: http://israel21c.org/culture/bus-stop-books-israels-newest-public-library


‘Café Tortoni & Plaza Roberto Arlt”, Juan Zapato

XIII

mientras avanza la mañana

sobre tu verde recién amanecido,

esa imagen de hombre metamorfoseado

canta su primer bostezo,

dejándolo caer sobre tu largo pasillo

empedrado de poemas y flores,

que desemboca en las mejillas del “Viejo Tortoni”.

entro en tu baño único de caballeros,

y aparece el sol acompañado de muchos chicos

y te cubren de alegría;

invadiéndote por todos tus costados.

los niños corren por tu cuerpo,

y dentro de su cuerpo se esconden

y sueñas junto a ellos.

los rostros que te habitan

saludan al nuevo día

con una lágrima de perfil,

o

desde una nube color ceniza;

en tanto, un millón de viejos viejos

se sientan en tus dedos

para hacerte conocer sus recuerdos e ilusiones,

sus diálogos apacibles y sus llantos con sonrisas,

por inventar y destruir proyectos.

jóvenes estudiantes juegan en tu arco de hamacas;

el mediodía de tus dientes almuerza con los empleados de visita;

un barquito de papel conversa con el viento.

llegan palomas por miles,

mi tía Friné se da cita para darles migajas.

llega la primavera,

levanta un escenario de voces;

se escuchan los versos de una canción popular,

de tus faroles se asoman las estrellas,

y toda la gente aplaude.

Juan Zapato©


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