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“Historia”, Mario Goloboff

iliada

 

Clava la daga el aqueo en el cuello del troyano, mientras Tulio Josefo se alza para defenderse y, una vez salvado, ocupar con sus huestes las tierras galas. De allí partirán cruzados que, cuando vuelvan, serán destruidos por la armada inglesa a la que diezmarán bombas nazis. Responderán los aliados y, al desembarcar en Sicilia, destruirán, en el fragor de la lucha, un villorrio con una vieja casona en cuyo principal friso el troyano Eneas clava su puñal en el pecho del griego.

Mario Goloboff©


“Utopía y anti-utopía al fin del milenio”, Esteban Krotz

La realidad no tiene un tamaño determinado. El mundo no se ha acabado todavía… Aceptar las cosas como son no es una fórmula empírica válida. No es positiva; por el contrario, es una fórmula que conduce a la vulgaridad, a la cobardía y, por último, a la pobreza.
Ernst Bloch
Crisis y realismo

Cuando uno habla en estos días con cualquier gente sobre casi cualquier tema, suele aparecer casi de modo inmediato la misma palabra para identificar la situación actual: “crisis”. Desde las más altas esferas se ha admitido que el país está en crisis; primero se dijo que era financiera, ahora es económica, aunque ya sólo “micro” y ya no “macro” (al menos, hasta la próxima devaluación). Otros afirman que en México nos encontramos en una crisis política: de las instituciones de gobierno, de las instituciones judiciales, de los partidos, de conciencia ciudadana. Otros más opinan que lo que pasa en el país es el reflejo de una crisis mundial en la que estamos entrampados: uno de sus síntomas ampliamente conocidas es que la Organización de las Naciones Unidas ha convocado durante los últimos años a toda una serie de conferencias cumbre sobre asuntos tan clave como medio ambiente, derechos humanos, demografía, vivienda y política social. Otros síntomas se asoman a diario en los noticieros: conflictos armados, narco-poder, especulación financiera, violencia y terrorismo por doquier.

Pero la crisis se siente también —y de modo inmediato— en la vida diaria de las personas: el gasto no alcanza, la gente se siente insegura en las calles y hasta en sus casas, muchos no saben si podrán conservar el empleo y dudan que sus hijos tendrán todavía las oportunidades que apenas hace un año o dos se veían más o menos aseguradas. Crisis pues en todos los niveles: cuando uno hojea el periódico, cuando uno conversa con los amigos, cuando uno reflexiona sobre las perspectivas de su propia vida.

¿Qué hacer en situaciones de crisis? Ante todo, en situaciones de crisis, más todavía que en otras más tranquilas, uno tiene que estar con los pies en la tierra: uno tiene que analizar correctamente las condiciones existentes, uno tiene que calcular bien qué hacer, uno tiene que reconocer las oportunidades cuando se presentan y aprovecharlas en seguida, antes de que otros lo hagan.

Esto significa que épocas de crisis no son épocas para nostalgias o para sueños. En épocas de crisis uno tiene que ser realista. Aunque no deja de ser interesante notar que a veces, cuando alguien dice que “hay que ser realista”, lo dice con cierto aire de melancolía, como si esto significara tener que alejarse de ciertas ideas bellas, anhelos, ideales que se tuvo alguna vez. Pero: ni modo, la situación es así y hay que fijarse en la realidad, hay que atrapar las escasas oportunidades cuando se puede, hay que estar bien despierto. Incluso, de vez en cuando, como todos sabemos, “ser realista” significa vencer cierta vergüenza y acomodarse para no hundirse.

En todo caso, en tiempos de crisis no conviene soñar. Lo opuesto a lo real, es la quimera. Lo opuesto a la visión clara de las cosas, es la imaginación, la fantasía. Por esto, soñadores están fuera de lugar. Soñadores, soñadores diurnos, cuentistas, gente que se imagina como sería esto y aquello si todo fuera distinto, son personas que están en peligro de no reconocer las oportunidades que la vida les ofrece; andan distraídas, alejadas de lo que realmente importa y hace falta. Es más: su presencia puede llegar a molestar, porque cuando uno las ve, uno recuerda que también uno tuvo sueños alguna vez. Pero no solamente molestan, sino pueden alarmar porque la situación general es difícil. No hay que hacer olas; por ejemplo, no hay que sacar a debate cuestiones que no vienen al caso, hablar de ideales irrealizables. Las soñadoras y los soñadores, al hacer precisamente esto, pueden ser gente peligrosa, pues amenazan con hacer olas que a todos nos pueden hundir: ¡cuidado! ¡el delicado equilibrio mantenido en esta crisis puede dar paso a la desestabilización total!

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“Lucía”, Joan Manuel Serrat

 

Vuela esta canción
para ti, Lucía,
la más bella historia de amor
que tuve y tendré.

Es una carta de amor
que se lleva el viento
pintado en mi voz
a ninguna parte
a ningún buzón.

No hay nada más bello
que lo que nunca he tenido.
Nada más amado
que lo que perdí.
Perdóname si
hoy busco en la arena
una luna llena
que arañaba el mar…

Si alguna vez fui un ave de paso,
lo olvidé pa’ anidar en tus brazos.
Si alguna vez fui bello y fui bueno,
fue enredado en tu cuello y tus senos.

Si alguna vez fui sabio en amores,
lo aprendí de tus labios cantores.
Si alguna vez amé,
si algún día
después de amar, amé,
fue por tu amor, Lucía,
Lucía…

Tus recuerdos son
cada día más dulces,
el olvido sólo
se llevó la mitad,
y tu sombra aún
se acuesta en mi cama
con la oscuridad,
entre mi almohada
y mi soledad.

Joan Manuel Serrat©


“Tres monos sabios y yo”, Roberto Sánchez

Continuando con lo prometido, aquí la segunda entrega de aquel editorial publicado en “Israel Latina”. Corría el mes de Agosto del 2006 y la proximidad del fin de la guerra. Cualquier coincidencia con la actualidad, es la realidad.

 

Tres monos sabios y yo

Uno calla, otro prefiere no ver y el tercero no quiere escuchar, y yo solo, en el escenario, intérprete de un monólogo forzado, por que ellos no quieren protagonizar un diálogo, han elegido la crítica destructiva. Pero hay una luz de esperanza, eres tú lector.

Los Goebels de hoy se llaman “formadores de opinión”, ejercitan la demagogia ante masas a las que han venido desinformando desde hace tiempo so pretexto de privilegiar el consumismo, el individualismo, el desinterés por el compromiso con sus pares y el medio ambiente que, aunque lo ignoren, deben compartir.

No son tiempos de grandes lecturas ni de grandes pensadores, y ni hablar de grandes dirigentes. Igual que comida de fast food, la educación y la información llegan casi digeridas y el olor a podrido se oculta en atractivos envoltorios. El acelerador constantemente presionado, no permite a los hombres detenerse a mirar el mundo que les rodea, pensarlo, repensarlo.

En frente de Occidente, el atraso provocado, fomentado desde unos pocos amos que ostentan el poder traspasado generación tras generación, sumergen a millones de seres humanos miles de años en la historia. Analfabetizan en el culto al odio. La vida no es un valor en sí, y todos estos padecimientos no son atribuibles al “imperialismo”. Ni las luchas intestinas son revolucionarias, ni “liberación o dependencia” movilizan las ideas.

Es la barbarie de las civilizaciones.

La única democracia en oriente medio es insultada de fascista.

Nuestro ejército de defensa, son nuestros hijos, son los padres de familia convocados como reservistas los que caen en el frente de batalla. Ellos, las mujeres y los hombres de nuestro pueblo, nuestro ejército de defensa, son descriptos dantescamente como una gran máquina de destrucción que pisotea inocentes, indefensos, desprotegidos.

Aquí en el norte de Israel, las ciudades atacadas por las katiushas disparadas por la banda criminal de Hezboláh, ASESINAN A CIVILES. Y no morimos más, porque durante estos últimos seis años que desde el otro lado de la frontera se construían túneles y bunkers, se aprovisionaban de miles de misiles y se adueñaban del sur del Líbano ante la inoperancia de los observadores de la ONU, nosotros construíamos nuestras casas con refugios, hasta el hospital, para protegernos del ataque que un día lanzarían contra nuestras poblaciones. Sepa el mundo, quiera saber: Hezboláh asesina civiles israelíes y también libaneses.

Los tres monos sabios están abocados a redactar su historia para la historia después de esta guerra iniciada 58 años atrás.

Pero hay una luz de esperanza, eres tú lector.

Roberto Sánchez©


“Vías sin tren”, Arte William

viasintren

Busco y no encuentro.
Una vía para mi Tren.
Ese tren de maderas nobles.
De Roble.
Pasajeros al Tren.
Pasajeros con Billete.
Pasajeros con pasaje.
La vía de La Palabra escrita.
Esas es nuestras vías.
Y nuestros sayones El Tren.
Sayones de Justa Justicia.
Mediales de Herencias.
Floreo punzadas de lanzas.
De algodones, gusanos de Seda.
Hilos Fuertes para nudos.
Para atar los Vagones.
De una nuestras.
Esperanzas.
Silbatos todos al Tren.
Ese Tren de La vida conversa.
De esperanzas Patrias.
Dibujos Garabatos.
Tomo El café y no El te.
Leo Neruda.
Con lentes de cerca.
Dictan palabras.
De aires de Libertad.
Converso con parsimonia.
Con tertulios intelectos.
Del saber y Sabio.
Cambio de libreto.
Y leo a Alberti.
Y navego en su Mar azul.
De esperanzas Bravas.
Amaneceres.
Y el tren navega.
Rumbo a mares planas.
Busco lo Surreal.
Me sumerjo en el.
En El Surrealismo.
De Las Vidas Secretas.
Del Maestro Salvador Dalí.
Y no comprendo que entiendo.
Y no entiendo pero Comprendo.
Pasamos a una Nueva Estación.
El tren no para.
Tiene Prisa El Maquinista.
Tiene Prisa La Vida.
Vías Duras Ruedas Blandas.
Ultima Estación.
Pintada de Cal Blanca.
De una Esperanza.
Blanca.

Arte William©


“Esta es una carta de amor”, Rosario Murillo

fuego

Esta es una carta de amor
te escribo yo, como siempre, todas mis cuevas abiertas
he comenzado a recorrernos en pasado
sin regreso posible
otras versiones del mundo
avanzan ya sobre la tela
como espadas
El amor escribe esta carta
desde la textura de un sueño
aquí las puertas que me abrí
aquí las otras que se vinieron cerrando
allí todavía otras y otras
la vida es una sucesión de puertas que uno se abre y cierra
a voluntad.
Por ahora los libros ocuparán nuevamente su lugar
en la noche
la música estará aquí
hundiéndose como puñal
lo demás es cosa de este pedacito de ala
que todavía me amenaza
con inviernos y miradas rojas
lo demás es asunto de sobrevivencia
y de suerte
El rostro de la mujer es el mismo
en la tela sólo el tiempo ha cambiado
el hombre sigue viéndome desde su fondo verde
(le gusta tirarme mirada de huracán)
su figura es la misma
extrañamente sola en su universo de formas
y colores
nada es diferente
el amor escribe y escribe esta carta
sobre un sueño que no pudo
con el mundo
Junio está aquí otra vez
el vacío es sólo una forma diferente en un océano
que no existe
una mujer asiste a las ceremonias del invierno
caminando hacia la lluvia
y la tela
hasta desaparecer.

Rosario Murillo©


“Coplas”, Sebastián Mondéjar

El camino que tomé

es el que sigo;

pero a veces me dan ganas

de no ir conmigo.

viñeta

Amor, cierra los ojos.

Somos oscuridad.

Sólo en ella nos vemos.

La luz es soledad.

viñeta

 

Me dan pena las estatuas,

solas en su pedestal,

marginadas por su hazaña.

viñeta

 

Igual que si viviera sin mí el mundo

he vivido, he soñado,

he pasado mis días siendo otro

para poder ser yo sin fatigarme.

 

Sebastián Mondéjar©


“Setenta balcones y ninguna flor”,Baldomero Fernández Moreno

ventanitas

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave…

¡Setenta balcones y ninguna flor!

firma0bfm

Baldomero Fernández Moreno©


“Lungo la riva del mare…”, Mariselene

Lungo la riva del mare
abbandonata giace
una vecchia barca da pesca.
Evanescente è l’aria autunnale
e sull’acqua immobile
la barcheta si rispecchia.

Si rispecchia e ricorda…

Ricorda
quando lui a primavera
la caricava di lenze esche e ami
per guidarla a pescare
lungo i canali della marina.

Ricorda
le allegre grida dei bambini
quando nelle calde mattine d’estate
li portava ad esplorare
le coste sabbiose e la pineta.

Ricorda
le languide carezze e i baci
di lui e lei ancora giovani
quando immemori si cullavano al largo
nelle notti de luna limpide e chiare.

Nell’aria sospesa del tardo autunno
quella vecchia barchetta
ancorata vicino alla riva del mare
si rispecchia sulle acque calme
e ricorda e pensa:

lui non tornerà mai più a pescare.

Mariselene©


“Entrevista con Aharon Appelfeld”, Jacobo Kaufmann

Aharon_Appelfeld Está lloviendo en forma torrencial y hace mucho frío. Es casi de noche, o por lo menos así parece, porque durante el invierno israelí oscurece temprano. El coche avanza lentamente por la frondosa ruta de montaña. Hay que manejar con mucho cuidado, pero no quiero atrasarme. Quiero llegar puntualmente a la cita con mi entrevistado, en su casa, no lejos de Jerusalén. Atravieso un pequeñísimo jardín, y como en ocasiones anteriores llamo a la puerta de su estudio. Enseguida se abre una pequeña ventana, en la que aparece el rostro sonriente del escritor Aharon Appelfeld, que como es habitual se disculpa por haber olvidado de traer la llave. Espero un rato. La ha encontrado, y al abrir la puerta, me dice con afecto:

- ¿Llegaste? Ven. Quítate el abrigo. Siéntate. Vamos a tomar té.

El estudio, con sus paredes blancas, es sobrio y acogedor. Lo primero que uno ve es una larga mesa atiborrada de papeles, rodeada de pilas de libros, revistas, carpetas y más papeles. A todo lo largo de las paredes está la biblioteca, en la que asoman libros del rabí Najman de Bratslav, “La Montaña Mágica” de Thomas Mann, “La dote nupcial” de Agnon, obras de Kafka, Phillip Roth, Chejov, Saul Bellow e Isaac Babel en un orden que sólo él conoce. En otros estantes están sus propios libros, en hebreo y en los otros treinta y un idiomas a que fueron traducidos.

- ¿Cómo está?, le pregunto, quitándome el abrigo.

- Ya lo ves. Como siempre. Escribiendo una línea. Borrando otra. Inventando melodías. Componiendo… ¿Trajiste todo? ¿El grabador? ¿El aparato de fotos? Ven, el agua ya está caliente.

- ¿Un nuevo libro? ¿Trabajando mucho?

- Todas las mañanas los obreros van a trabajar. El carpintero… El agricultor… No veo por qué un escritor deba ser la excepción.

- Traje una lista con preguntas.

- Las que tú quieras.

- Dicen que el otro día alguien le preguntó si se considera un escritor israelí, porque principalmente escribe sobre temas relacionados con la Shoá, sus víctimas, sus supervivientes, sobre personas que lo han perdido todo e intentan rehacer sus vidas.

- Por eso, de algún modo, soy más israelí que muchos otros escritores.

- Ud. se encuentra en Israel hace ya 63 años.

- Justamente. Llegué en 1946, cuando aquí había apenas medio millón de judíos. Ahora hay seis millones y medio. Eso quiere decir que toda segunda o tercera persona en Israel es de hecho un inmigrante. Este es un país de inmigrantes, como aquellos que mencionas, y lo seguirá siendo por muchos años. Es un proceso que puede prolongarse durante dos o tres generaciones. Y yo escribo sobre personas que tuvieron otra patria, otro idioma, otros paisajes, personas que siempre serán inmigrantes, que son la mayoría en el país. No es que pretenda describir a la totalidad de la inmigración, sino dar la palabra a personas que alguna vez tuvieron un hogar, un modo de vida, y los perdieron. Es cierto que están los así llamados nativos de Israel, que se encuentran en el país después de siete, ocho o nueve generaciones, pero también ellos son descendientes de inmigrantes. Este es un país de inmigrantes, lo digo de continuo, y quienes lo niegan perpetúan y difunden un error. Conviene señalarlo, porque a veces algunas personas crean la sensación de que éste es un país aguerrido y belicoso, en el que la gente vive en forma continuada desde hace miles de años. Pero Israel no se caracteriza ni puede caracterizarse como tal.

- ¿Qué es entonces un escritor israelí? ¿Cuál es su identidad?

- Cuando a mí me preguntan quién soy, suelo responder que tengo tres identidades. La identidad esencial y mayor es la identidad judía. Yo soy judío. Mis antepasados fueron judíos. Yo pertenezco a la tribu de los judíos. Mi segunda identidad es la europea. Soy un judío que hasta los trece años y medio, antes de llegar a Israel, estuvo en Europa. Eso a pesar de que no tuve ocasión entonces de absorber su cultura, porque en toda mi vida sólo fui a la escuela durante un año. Después vino el gueto, la marcha forzada, el campo de concentración, la huída, los bosques… Y sin embargo, Europa, con todo lo que les pasó allí a los judíos, especialmente la Shoá, se encuentran en mí y dentro de mí. También los avatares europeos de los últimos cien años. La asimilación judía a las culturas circundantes, la división sociológica, el liberalismo, el sionismo, el bundismo, el comunismo, todos esos movimientos tuvieron representantes en el seno de las familias judías. Yo los vivencié durante esos trece años y medio, que son una parte pequeña pero intensa de mi vida. Mi tercera identidad es la israelí. Como bien dijiste, ya resido en este lugar desde hace sesenta y tres años, absorbiendo todos lo que ocurrió aquí durante ese período. Trabajé en un kibutz y en diversas granjas agrícolas. Estuve en el ejército, en la reserva. Presencié los vuelcos políticos, los cambios. Soy en gran medida una persona de este lugar. Sí, de este lugar. Y lo más importante es que hablo y escribo en hebreo. Tengo tres identidades, y no soy el único. Muchas personas viven aquí con esas tres identidades. No siento que haya en ello contradicción alguna.

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“Scarborough Fair”, Simon & Garfunkel

 

 

Are you going to Scarborough Fair?
Parsley, sage, rosemary & thyme
Remember me to one who lives there
She once was a true love of mine
Tell her to make me a cambric shirt
     (On the side of a hill in the deep forest green)
Parsely, sage, rosemary & thyme
     (Tracing a sparrow on snow-crested ground)
Without no seams nor needlework
     (Blankets and bedclothes a child of the mountains)
Then she’ll be a true love of mine
     (Sleeps unaware of the clarion call)
Tell her to find me an acre of land
     (On the side of a hill, a sprinkling of leaves)
Parsely, sage, rosemary, & thyme
     (Washed is the ground with so many tears)
Between the salt water and the sea strand
     (A soldier cleans and polishes a gun)
Then she’ll be a true love of mine
Tell her to reap it in a sickle of leather
     (War bellows, blazing in scarlet battalions)
Parsely, sage, rosemary & thyme
     (Generals order their soldiers to kill)
And to gather it all in a bunch of heather
     (And to fight for a cause they’ve long ago forgotten)
Then she’ll be a true love of mine
Are you going to Scarborough Fair?
Parsley, sage, rosemary & thyme
Remember me to one who lives there
She once was a true love of mine.


“Tonto el que lo lea”, Luis Arturo Hernández

dedo Aquella frase, garrapateada por una mano anónima en la tapia desconchada de la infancia, era un bombón envenenado a la puerta del colegio, un caramelo chupado a la salida de la escuela.Un analfabetismo multisecular se vengaba, por boca de un iniciado en las letras, del escolar de turno con una burla selectiva, cifrada, críptica.

El desprecio de la lectura por alguien que dominaba la escritura revelaba cierto resentimiento de quien había sido instruido y, sin embargo, se rebelaba contra ello.

La humillación de la lectura -la cabeza gacha, las manos en el Libro, los labios bisbiseando oraciones- conllevaba el recogimiento del enclaustrado en una celda.

La población reclusa es, dicho sea de paso, la que arroja mayores porcentajes en la actividad contemplativa. Un libro tal vez nos haga más libres -como reza el tópico-, pero cuando uno se siente libre -y la sociedad de mercado provoca esta suerte de espejismo colectivo con éxito- lo último a que aspira es a encerrarse con un libro.

Y es que el Estado del bienestar embota los sentidos y la superabundancia de la oferta comercial empacha al comprador, logrando en las sociedades desarrolladas un efecto equivalente al del analfabetismo en las sociedades en vías de desarrollo.

Quizá no haya mejor solución, tras la cosecha de fracasos de tanta campaña de animación a la lectura, de tanto intento baldío por enganchar al libro como a una droga-”que lea lo que sea, pero que lea”, clama tolerante tanto desescolarizador-, que compensar el desequilibrio Norte-Sur con una nueva oenegé, la de Libros sin Fronteras, que dé salida a la bulimirexia lectora a la vez que a la sobredosis de los productos editoriales -por no llamarlos libros- de tanto papel impreso por reciclar. Guardar los Libros, ocultarlos, dar pistas, dejar huellas:alguien sabrá dar con ellos.

En un país como España, en el que-según los cálculos de la Sociedad General de Autores- la mitad de la población no lee, la lectura seguirá teniendo algo de rito de iniciación, de signo de pertenencia a una secta, y el libro un algo de fetiche de culto.

El lector, miembro de una logia legal, abducido por la Ilustración, que tararea el “Todo, todo está en los libros”-¡qué patraña grandilocuente, meliflua y totalitaria!- y se ve acorralado por el tiempo del Capital y las fantasmagorías de lo audiovisual, por la superproducción libresca y la sobredosis de la tentación mercantil, doblega la cerviz y se somete al dictado del alfabeto o alza la vista, como tú ahora -si has llegado, lector, hasta este sermón perdido y esto no ha sido predicar en el desierto- ante el atril de un altar electrónico desgranando unas desveladas prosas profanas.

LE GUSTA LEER MÁS QUE A UN TONTO UNA TIZA.Y se insinúa, ahí, el aleve dardo popular contra el garabateo de la escritura, sine qua non de la lectura.

Círculo vicioso, en fin, de lectores y escritores, porque entre tontos anda el juego.

Y, entretanto, cada vez que pregunten por uno, la respuesta inexorable será la de aquel chiste de Mingote -¿o era de Forges?- en que una señora muy peripuesta, de visita en casa de una amiga, se interesa por el marido.”Ahí está, leyendo, como un tonto”, se le dice. “Ahí está, leyendo como un tonto”. No sé, no debí de leerlo bien.

Luis Arturo Hernández©


La ruta guiada "Millennium" en Estocolmo, Eva Paris

Trilogía Millennium

Casi con toda seguridad habéis oído hablar de la trilogía Millennium, y probablemente hayáis leído alguno de los tres títulos que la conforman. Las tres novelas de Stieg Larsson se han convertido en bestsellers a nivel mundial. Hay que aprovechar el tirón, y este otoño, el Museo de la ciudad de Estocolmo organiza la Gira Millennium, que se ambienta en la famosa trilogía

Gracias al tour (Millennium Tour city walking tour), que dura unas dos horas y cuesta cerca de 10 euros (100 coronas suecas), se puede recorrer los lugares mas conocidos de la saga y trasportarnos al mundo de “Millennium”.

Se puede solicitar el paseo en idioma español con reserva previa. Seguro que está muy demandado, por lo que conviene reservar con antelación. Podemos hacerlo en el propio museo Stockholm City Museum, en el Centro de Turismo de Estocolmo o en la web de Ticnet.

Según leemos en la web del museo, el tour Millenium nos lleva a la casa de Mikael Blomkvist, la revista Milenio, el apartamento de Lisbeth Salander y muchos otros lugares que se reconocen en los libros. Además la gira ofrecerá información sobre datos contemporáneos e históricos de Estocolmo.

La visita también recorrerá las localizaciones de la película “Los hombres que no amaban a las mujeres”, explicando detalles y curiosidades de la producción. El recorrido termina con una exhibición de cine en el Stockholm City Museum para ver el trabajo detrás de las cámaras que rodaron la película.

Además, si queremos realizar el recorrido nosotros mismos podemos ahorrarnos unos euros comprando el “Mapa Millennium”, que se ofrece en varios idiomas, incluído castellano. El mapa se puede comprar en el Museo o en el Centro de Turismo y cuesta unos 4 euros (40 coronas suecas).

La ruta Millennium ha sido nominada a los premios “TRIP Global Award” junto a otras experiencias turísticas suecas como el museo al aire libre de Skansen.

Sin duda esta ruta se puede abrir camino a una gira turística famosa gracias a la literatura, como muchos otros destinos que se han visto impulsados por el éxito de los libros que hablaban de ellos. Esta “Ruta Millennium” en Estocolmo también promete, y seguro que muchos lectores de la obra de Larsson se animan a recorrerla.

Eva Paris©


“La gripe”, Amado Gómez Ugarte

Todos los años, por estas fechas, fiel a su cita, como una de esas amantes de balneario, tan literarias y románticas, llega la gripe. Viene vaporosa y sutil, deslizándose sobre el aire, con prisas por encontrarnos y hacernos suyos. No espera ni a que lleguemos al dormitorio. Allá donde nos atrapa, nos rodea con sus amorosos brazos y nos da ese primer beso, de fuego, que nos anuncia que ya no podremos librarnos de ella fácilmente.

La gripe es una compañera de cama ardorosa y subyugante que nos esquilma el cuerpo con frenesí, agotando nuestra vitalidad y dejándonos en un estado lamentable de extenuación. La gripe es promiscua e insaciable y su apetito desordenado es capaz de arrastrar a la cama a toda la familia, a toda la vecindad, a medio país. La gripe es socialista de verdad, no hace distingos entre clases sociales, ideologías, razas, sexos, idiomas ni religiones. Ella, en su ecuanimidad, lo mismo se trajina a un joven y ágil parado que a un maduro y barrigudo empresario, a una trajeada componente de una mesa de postulación contra el cáncer que a una desarrapada repartidora de octavillas subversivas. La gripe nos tumba a todos por igual sobre el tálamo febril y nos devora con sus ardores de pies a cabeza, nos aplica su estricta disciplina, convirtiéndonos en juguetes de su capricho. Es fogosa, vehemente, apasionada con sus conquistas. No te suelta hasta que casi acaba contigo.

Por eso a los viejos les vacunan contra la gripe. Para evitarles ese pecado de la carne, que si se complica puede pasar de venial a mortal. Ya tienen bastantes emociones fuertes nuestros abueletes con la fosilizada concupiscencia de los viajes del Imserso a Benidorm, donde han montado para ellos un paraíso de tres estrellas en el que pueden, por un módico precio, olvidarse de los encontrados años y recobrar los perdidos sueños. La gripe es como esa mujer joven de un escritor viejo o ese hombre joven de una escritora vieja: se lleva en cuatro días de cama las rentas materiales e intelectuales de toda una vida. Y lo más gracioso de todo es que, como en todas las historias de seducción y conquista, solemos caer en la arrogancia de afirmar que hemos pillado la gripe, cuando es siempre la gripe la que nos pilla a nosotros.

Lo bueno de la gripe es que te aleja por unos días del mundanal ruido, de la barbarie urbana, de la prisa, del trajín de calles y vehículos, y te permite seguir la escondida senda interior por donde transitan, solitarios y tranquilos, los pensamientos. Te mantiene absorto en las oscilaciones del termómetro y desentendido de los vaivenes de la política, los terribles sucesos que acontecen y las preocupaciones laborales. Ocupa tu atención en la sintomatología propia de la enfermedad, haciéndote olvidar los crecientes síntomas de intolerancia y fanatismo que presenta nuestra sociedad. Te distrae de la feroz realidad cotidiana para pasearte por ensoñados parajes febriles, donde no existen guerras, ni se suceden con asiduidad actos violentos de hombres contra mujeres, ni se enquistan las cifras de parados, ni tu equipo de fútbol lleva camino de descenso, ni la cultura es un valor en declive que va siendo deglutido por el marketing de lo meramente superficial, ni se te aparece (dispuesto a darte órdenes) un tipo que dice ser tu jefe, ni te preocupa la hipoteca del piso, ni el colegio de los niños, ni…

La gripe se apodera de nosotros, en cuerpo y espíritu, lo mismo que uno de esos amores tormentosos de novela rosa, que tan malamente bien escribe Corín Tellado, y nos transforma en personajes principales de la historia. Somos los protagonistas de una pasión desenfrenada que nos mantiene día y noche pegados a ella en la cama, ajenos al resto del mundo, sin fuerzas para abandonarla, como si de una nueva luna de miel se tratase. Y una luna de miel, aunque sea un poco febril y acatarrada, es siempre bienvenida. Pensándolo bien, la gripe no es tan mala.

Amado Gómez Ugarte©


"A la mañana siguiente Cesare Pavese no pidió el desayuno", Juan Luis Panero

Cesare_Pavese

Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por primera vez había afirmado su existencia-,
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después –una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.

Juan Luis Panero©, Los trucos de la muerte, 1975


“En el callejón del gato, Fernando Clemot

Hay una pregunta que se ha convertido en lugar común para los que nos hemos dedicado a escribir cuentos: ¿te sientes más cómodo en la narrativa breve o en la novela? Desde hace un tiempo suelo contestar lo mismo, que me resulta indiferente, que no encuentro casi ninguna diferencia entre un género y el otro, los miedos que me producen son los mismos y las satisfacciones también parecidas. Y es cierto, no creo que haya ninguna diferencia esencial para el escritor entre estos géneros, como tampoco creo en las distinciones usuales entre novela histórica, novela corta, novela femenina, novela de terror, policíaca, romántica, de aprendizaje, novelas con barriga y secas hasta los huesos… Hay cien nombres para nombrar lo mismo cuando posiblemente la única división marcada sea la que existe entre la mala y la buena literatura.

Como mencionaba anteriormente mis miedos ante cualquier género son los mismos y quizá sea ésta la característica principal de mi narrativa: el miedo, un pánico aterrador a encontrarme escribiendo. Es así. Me cuesta escribir, no disfruto escribiendo, todo lo contrario, me escarbo y hiero, y quizá sólo encuentro el acicate para seguir haciéndolo cuando corrijo lo ya escrito o leo algo propio que me guste especialmente. Con matices, pero es así: sólo en la tregua de la corrección o en la contemplación de lo ya escrito disfruto, allí encuentro el momento que me atrapa, un germen que durante años me costó definir, mientras me limito a soportar esa extraña dialéctica del sufrimiento que mantengo con lo todavía no escrito.

Una pregunta derivada de la inicial, y flanqueada de dudas y miedos, sería por qué demonios escribo si no encuentro apenas placer en ello. Yo me lo he preguntado muchas veces y sólo he hallado una respuesta compleja y contradictoria, pero creo que, para mi caso, acertada.

Sospecho que a través de la literatura encontré una forma inmejorable de ensanchar lo que he vivido. De resumirme, entenderme y ampliarme. Y afirmo que la literatura nos ensancha porque la vida suele ser breve, tediosa, y en muchos casos, necia y aburrida. La vida es un tahúr que te la juega, es una amante zalamera que te suele prometer mucho más de lo que suele ser de forma efectiva. La literatura me ha permitido paliar en parte esta carencia, acceder a vericuetos en los que me pude quedar, a vidas que me hubiera gustado vivir, a existencias a las que me acerqué pero que dejé de lado por miedo o cautela. La literatura te permite trazar derivadas del eje troncal de tu vida. El descubrimiento de este atajo abre una puerta que luego es difícil cerrar, un hábito que no creo que encierre diferencias de peso con cualquier otro tipo de adicción. La literatura me acerca, en definitiva, a lo mío.

Examinar lo que escribimos es reconocerse en un espejo, como Umbral en Mortal y rosa, y puede que en ese examen encontremos menos de lo que esperamos, quizá también al homínido que acompañaba a don Francisco, puedes encontrar un rostro horroroso, pero también te puedes reflejar vestido de gala, divertido y aventurero, seductor, ese espejo te conmina también a vivir lo que nunca has vivido. Dos ejemplos podrían ser Verne o Baroja: el primero recorrió el mundo sin apenas salir de Francia y el otro se atrevió a escribir las Memorias de un hombre de acción desde su monacato de Itzea.

Literatura, sí. Literatura de raíz. A las bravas y con miedo. Literatura para devolvernos una imagen de la vida menos ramplona y cansina. Larga vida a la literatura que nos hace mudar el rostro, que nos desfigura como máscaras de comedia griega, como los espejos de Max Estrella en el callejón del Gato.

Fernando Clemot©


“Sucumbir o sucumbir, ésa es la cuestión”, Manel Haro

 libros

Reconozco que tengo debilidad por esas mesas llenas de libros antiguos, con tapas gastadas y páginas amarillentas. Siempre que viajo a una ciudad y me encuentro con alguna librería de viejo o algún mercado de libros de segunda mano, no puedo evitar pasar horas buscando alguna joya. No soy exigente: si encuentro un Dickens por 3 euros, un Vázquez Montalbán por 4 o un Cela por 2, ya me doy por satisfecho.

Soy consciente de que tengo mi casa llena de montañas de libros. Mi habitación es ya casi inaccesible: tres muebles forran de volúmenes una de mis paredes, mis cajones guardan más ejemplares, las estanterías también y los armarios que hay sobre mi cama lo mismo (siempre temo que el peso de la cultura me parta el cráneo).

En el estudio (despacho, lo llama mi padre) hay otros tres muebles con tomos. No hay más espacio en casa. Sin embargo, voy a alguna feria de libros de ocasión y no puedo evitarlo: me pierden esos tesoros.

Mañana el Passeig de Gràcia de Barcelona se llena de paradas de libros. Es la Fira del llibre d’ocasió antic i modern, que estará abierta hasta octubre. Cada año voy y cada año compro. Normalmente no llevo ningún título en la cabeza, porque no lo encuentro. Así que a partir de mañana iré sin expectativas, pero con la certeza de que más de uno caerá. Sucumbiré a la tentación. No lo puedo evitar.

Manel Haro©


“El Café Izmir”, Carlos Szwarcer

Adán Buenosayres (fragmento):
“Los tres hombres ocupaban una mesa del Izmir, y la discusión mantenida en lenguaje sirio se mezclaba con otras voces de timbre igual en aquel recinto sobresaturado de anises y tabacos fuertes. Junto a la vidriera un músico abstraído hería, como en sueños, el cordaje de una cítara negra con incrustaciones de nácar. Al fondo, las levantadas puntas de un cortinado permitían entrever un interior brumoso en cuyo centro, y sobre un tapiz amarillo, se alzaba un alto narguile del cual salían cuatro tubos que sin duda llegaban a otros tantos fumadores invisibles”.

El Café Izmir, conocido por la intelectualidad argentina a partir de la publicación de la novela Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal en 1948, era ya famoso en los años ‘30 como centro inevitable de reunión de las oleadas inmigratorias y verdadera institución en el barrio.

El local del Izmir fue construido a fines de 1932 sobre la base de tres habitaciones de un inquilinato de la calle Gurruchaga 432-436; su primer dueño habría sido Jaim Danón, quien le daría ese nombre en recuerdo de Izmir, su ciudad natal. Sin embargo esta persona no aparece en ningún expediente de la Dirección General de Habilitaciones y Verificaciones que lo relacione con el café; en cambio, sí se detallan allí tres transferencias, en apenas tres años, desde 1937, fecha en que fue "habilitado", hasta 1940, cuando Rafael Alboger se hace cargo del fondo de comercio (1) y comienza su larga trayectoria de veinticinco años detrás de su mostrador.

Administrar un sitio plagado de diversidades étnicas, requería un anfitrión que fuera capaz de mantener un sutil equilibrio entre una ligera bonhomía, que atrajera a los parroquianos, y una fuerte personalidad que hiciera respetar su autoridad.

¿Quién fue Rafael Alboger? Había nacido el 30 de octubre de 1902 en Esmirna, Turquía. Hijo mayor de Haim Alboher y Reina Mizrahi, matrimonio judío sefaradí que trajo al mundo seis vástagos: Rafael (llamado "Bojor" o Alejandro), Alegre, Luna, Yaco, Isaac y un varón muerto de escarlatina a los 14 meses.

Alboger fue lustrabotas en el histórico Café Tortoni, en Avenida de Mayo al 800 y luego mozo y maître del mismo durante la década del 20 y los primeros años del ’30. Espectador directo de las manifestaciones culturales de esa época, que anidaron en el añoso café, "el turco" se consustanciaba con Buenos Aires y, entusiasta, fue pensando en formar una familia. Destino, providencia o casualidad, también para Leopoldo Marechal el Tortoni y el Izmir serían parte de su historia personal.

El autor de Adán Buenosayres frecuentaría, como parte de la generación martinfierrista, "La Peña del Tortoni" (2), fundada el 25 de mayo de 1926 y luego el café de la calle Gurruchaga lo inspiraría para la narración de algunas de las bellas páginas de su primera novela.

Pero el tránsito de Alboger del Tortoni al Izmir fue, por cierto, no menos azaroso. Habría un vuelco importante en la vida de este esmirlí cuando un conocido le pidió la garantía de su casa para la compra del fondo de comercio de un bar en Villa Crespo, y no se negó. Ya estaba casado y con dos hijas.

Quien regenteaba el Izmir fracasó económicamente, al punto que se fundió y al no pagar los alquileres complicó a Rafael que, de pronto, se encontró en una verdadera encrucijada; los hechos lo comprometían por ser el aval y agobiado por el cerco judicial tomó la decisión de hacerse cargo del café, con la correspondiente carga de deudas heredadas. Su misión fue "levantar aquel negocio" pagar lo que se debía y sobre todo, "si Dios lo ayudaba", mantener a flote a su familia. La dueña del predio en el que estaba el café, Estrada viuda de Alvarez, confió en quien finalmente a fuerza de sacrificio y con la experiencia en el rubro gastronómico adquirida en el Tortoni, cumplió con los compromisos y salvó la casa que dejara en garantía.

Este es el origen de la relación entre el Café Izmir y la vida de los Alboger durante casi tres décadas. Allí, en Gurruchaga 432, Villa Crespo, se hizo cargo del legendario y exótico izmir, en noviembre de 1940.

En el barrio convivían representantes de las tres religiones monoteístas, por lo que algunas disquisiciones teológicas eran frecuentes en el Izmir, como las del judío Abraham, el musulmán Abdalla y el cristiano Jabil que defendían sus diferencias sobre el Mesías: "… Los tres hombres ocupaban una mesa del Café lzmir, y la discusión mantenida en lenguaje sirio se mezclaba con otras voces de timbre igual en aquel recinto sobresaturado de anises y tabacos fuertes. Junto a la vidriera, un músico abstraído hería, como en sueños, el cordaje de una cítara negra con incrustaciones de nácar. Al fondo, las levantadas puntas de un cortinado permitían entrever un interior brumoso en cuyo centro, y sobre un tapiz amarillo, se alzaba un alto narguile del cual salían cuatro tubos que sin duda llegaban a otros tantos fumadores invisibles"…" Tras apurar la copa de anís, Abdalla se disponía nuevamente a defender el esplendor de la Media Luna, cuando un son de guerra y una batahola de muchedumbres agitadas llegaron desde la calle hasta el Café Izmir, El citarista quedó inmóvil, cesaron de pronto los murmullos asiáticos, y un silencio expectante reinó en la sala. Pero el tumulto creció fuera. Y entonces los parroquianos se pusieron de pie…" (3) En Gurruchaga al 400, a juzgar por los comentarios de vecinos de aquella época, "la gente se cruzaba de vereda de aquí a allá" como si fuera "peatonal, una feria, un mercado persa", relata José L. Los vendedores ambulantes ofrecían sus telas, ropa usada, plumeros y los más diversos artículos que uno pueda imaginarse, aunque lo más codiciado eran los manjares típicos, delicias paradisíacas para los sefaradíes. En este torbellino urbano cada oficio callejero agregaba su cuota de variedad y así se cruzaban el zapatero remendón, con su caja de herramientas apoyada en la espalda, con el fabricante de yogur casero que hacía firuletes con su bandejón, apurando el reparto a su selecta clientela de los inquilinatos; al mismo tiempo los carros de verduleros, meloneros o cesteros pregonaban su mercancía arrimándose al cordón.Ambiente y manjares del Izmir

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“Escrivivir”, Antonieta Martínez

Cuando me pongo catastrófica me es peligroso escribir.
Todas las historias se derrumban y hay epidemia de comas,
de puntos, de obviedades encriptadas al azar.
Arden los pasillos que llevan de una palabra a otra,
y la ortografía se pone en guelga.

Cuando me pongo catastrófika
los enunsiados son renunsiados
y los vervos no hacen nada,
las rimas se asecinan y las comiyas se pelean…

caen, las mallúsculas, desde su altura
los paréntesis, se autoensierran
los asentos acuchillan vocales,
se suisida la poesía.

Antonieta Martínez©


“Canto de andar”, Lua na lubre

Amence paseniño nas terras do solpor.
As brétemas esváense coas raiolas do sol.

 
Meu amor, meu amor, imos cara o mar maior. 
Miña amada, meu ben, imos polas terras do alén.

 
Acariña o silencio e escoita o corazón. 
Que moitos dos teus soños latexan ao seu son.

 
é tempo de camiño andar e de non esquecer. 
Que o futuro que ha de vir é o que has de facer.

 
E o sol vai silandeiro deitándose no mare. 
facéndonos pequenos con tanta inmensidade.


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