Joyería Escasany

 

220px-Per%C3%BA_y_Rivadavia_esq_SO No había podido pegar un ojo durante la noche, pensar en su nuevo trabajito hacía subir la adrenalina al punto del escalofrío, pero su cuerpo estaba bañado en sudor.

El dato se lo debía a un viejo colega del ramo.

Sin más titubeos presionó el botón del reloj despertador para que no sonara y abandonó la cama.

Se dirigió al cuarto de baño y se quedó delante del espejo, contemplándose por unos instantes. Decidió afeitarse, abrió la ducha y dejó caer profusamente el agua caliente para impregnar de vapor el ambiente. Luego de bañarse, eligió la ropa que usaría para la ocasión.

Ya vestido fue a preparase algo de beber. Un vaso de leche fría consideró que era lo más apropiado. Apoyó con cuidado un attache sobre la mesa y revisó, meticuloso, que todo estuviese allí, “los fierros”, como gustaba decir.

Observó el reloj en la pared y chequeó la hora con su reloj de bolsillo, defecto profesional.

Salió en busca de la camioneta y partió rumbo a su nuevo trabajo.

Al llegar, observó que había mucha mas gente de la acostumbrada, a medida que se acercaba al lugar vio un patrullero estacionado y unos policías iban y venían mientras extendían una cinta delimitando la zona. –Señor, circule, no puede detenerse aquí, le dijo la voz de un agente sin él haber percibido de dónde había salido. Desorientado, se atrevió a preguntarle: ¿Agente, qué pasa? –Se afanaron la caja fuerte de “la Escasany”.

Ese día no podría comenzar a trabajar como relojero y ¿quién sabe cuándo?, después de lo sucedido.

Juan Zapato©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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