“El Lenguaje de las Estrellas”

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“El Lenguaje de las Estrellas”¹

El Sol y la Luna tuvieron doce hijos, seis mujeres: Taiwa, Pawak, Shawa, Tiyaylli, Warawa, Tsaiwa; y seis varones: Apauki, Uniwa, Iwa, Jallka, Amayami; que les gustaba cantar, bailar, conversar. Así, unos en el día otros en la noche, formando círculos o medias lunas, conversaban con la gente que les rodeaba. Dicen que las estrellas eran muy alegres, que las personas se contagiaban de su entusiasmo y energía, que por esa razón, la gente canta cuando trabaja, danza cuando está satisfecha con su trabajo, conversa para ahuyentar la soledad y solidarizarse con los demás. En este sentido, antiguamente los Yayas decían que mantener alegre el espíritu era la principal garantía del desarrollo y bienestar de la comunidad.

Dicen que un día Inti Tayta, Pura Mama y sus hijos estuvieron muy enfermos y tuvieron que retornar junto a su padre Pachakamak. Desde entonces no han vuelto, pero su energía, su alegría, sus cantos, sus diálogos se transmiten en cada parpadeo de las estrellas y en el brillo de los luceros; que por esa razón los Yayas² conocen el lenguaje de las estrellas, dialogan con ellas y saben en que momento se debe sembrar, saben determinar con precisión los días y los meses que transitan en este estrecho camino del tiempo.

Ariruma Kowii³©

 

¹Relato de su obra "Diccionario de nombres kichwas" (Kichwa shutikunamanta shimiyuk panka), Ecuador, 1998.

²Ancianos, personas de mucho respeto en la comunidad.
³Escritor Kichwa. Nació en Otavalo, Ecuador, en 1961. Maestro en Letras en Estudios de la Cultura en la Universidad Andina Simón Bolivar, Ecuador.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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