“Cuando la palabra descubrió que estaba en libertad”, Por manueldavid

Lo cierto es que he tenido la palabra escondida en una choza,

y la choza en mitad de los Andes,

y los Andes en mitad de la libertad.

Y cuando la palabra descubrió que estaba en libertad decidió aparecer en un poema.

Tardó un tiempo en darse cuenta,

antes estaba alineada, occidentalizada, orientada hacia un único amor, un único camino.

Pero cuando la palabra se dio cuenta que era india,

que era libre,

que era una única con el resto de palabras,

que era raza de palabras, de poemas, de relatos,

que era nación con el resto de palabras de cualquier lenguaje, entonces,

decidió denunciar con el resto de palabras lo que vio y lo que sintió,

una explotación de una mitad del mundo sobre otra,

una explotación de una mitad de zombies  sobre gente que sonríe poco,

a causa por supuesto del hambre.

Un hombre que explota al hombre.

Un sistema que destruye personas y crea seres sin alma,

sin cosmos,

sin valores,

sin nada.

Y cuando el hombre que explota no tenga agua potable que beber, ni comida sana que comer,

se dará cuenta de lo poco que vale el dinero.

Lo cierto es que he tenido la palabra escondida en una choza,

y la choza en mitad de los Andes,

y los Andes en mitad de la libertad.

Y cuando la palabra descubrió que estaba en libertad decidió aparecer en un poema.

manueldavid

Licencia de Documentación Libre de GNU (FDL).

Fuente: http://ecuacionesacratas.wordpress.com/

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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