“Les choristes”, por Orlando Pardo Lazo

 

      En el edificio de enfrente, a las tres o tres y media de la madrugada, cada noche se ponía a cantar. Yo la oía:
      —Debout, les damnés de la terre… Debout, les forçats de la faim…
      Es Madam Gaceñiga, la soprano políglota del barrio. Probablemente, la única soprano loca de la ciudad: un privilegio, un lujo, una exquisitez.
      Madam Gaceñiga tiene más o menos cien años, nadie lo sabe bien. Y vive, por supuesto, en la más absoluta soledad. Su contacto con el resto del planeta se realiza a través de los gatos. Decenas, cientos, acaso miles de gatos. Políglotas en su mayoría también, como ella. Y como ella, insomnes y operáticos hasta la enfermedad. Es decir, Madam Gaceñiga no vive sola en absoluto. Al contrario: tal vez sea el ser más acompañado del barrio, la ciudad, y hasta de nuestra desvelada nación.
      —Arise, you workers from your slumbers… Arise, you prisoners of want…
      Hace años que a Madam Gaceñiga le ha dado por perfeccionar las notas iniciales de "La Internacional". Como es sabido, se trata de un arreglo musical de Pierre Degeyter (su compositor favorito, por lo demás), quien al parecer llegó a ser incluso su amante, en 1930 o 1932, siendo él mismo ya un anciano y ella una solterona republicana de paso por París para estudiar el belchant.
      gatos maullando

Hace décadas que, según dicen, con un fémur humano (acaso del propio Pierre Degeyter), la madam dirige a su coro de felices felinos (todos machos, pero castrados) desde la medianoche hasta el amanecer. Hace décadas que (y esto nos consta a cada uno de sus vecinos) la madam sacrifica a uno de sus vocales tras la velada: tal vez al que peor desafine. Al parecer, de eso se alimenta ella en su ostracismo. Y también el resto de su tropita coral. Los huesos remanentes son lanzados entonces desde una ventana hacia el tambuche plástico de la esquina, aunque casi ninguno acierta, y así se va creando un cementerio fósil que nadie se atreve a limpiar por miedo a que Madam Gaceñiga sea bruja.
      —De pé, ó vítimas da fome… De pé, famélicos da terra…
      Este holocausto, por supuesto, implica forzosamente cierta reposición. De ahí que los vecinos ya no dejen salir nunca a sus gatos machos sobrevivientes. Aunque en los consejillos de vecinos se ha valorado denunciarla a alguna instancia paramédica o parapolicial, la naturaleza ideológica de la canción ensayada por la madam, así como su relación afectiva con un ícono de la izquierda internacional de la talla de Pierre Degeyter, han votado a favor de Gaceñiga. De hecho, todas las escuelas y empresas del barrio se llaman desde hace décadas "Pierre Degeyter", y en sus respectivos murales florecen la biografía del músico plagiada de una enciclopedia digital.
      —Ontwaakt, verworpenen der Aarde… Ontwaakt, verdoemd in hong’ren sfeer…
      En lo personal, he preferido aliarme a nuestra soprano loca local. Supongo que no sea muy elegante hacerle una guerrita fría a quien tiene más o menos cien años. Así que, noche tras noche, a las tres o tres y media de la madrugada, cuando desde el edificio de enfrente ella y sus pupilos se ponen a ensayar otra vez, en la penumbra muda de mi apartamento yo comienzo, también, y sin la menor ironía o parodia, a tararear las notas iniciales de "La Internacional".
      Sé que no afino especialmente y que Madam Gaceñiga enloquecería de rabia si me escuchara entonar: imagino incluso su fémur humano chocando toc-toc-toc contra mi occipital. Sé que mis amigos dicen que yo lo hago para paliar mis persistentes temporadas de insomnio. Pero no es así. En absoluto.
      Resulta que siempre me han fascinado las posibilidades creativas y clandestinas de los idiomas extraños. Creo que en cualquier otra lengua, que no sea la natal, es posible narrar ciertas sutilezas secretas que, en este caso, se escapan del universo físico de nuestro idioma español. Asumo que esto no tiene mucho que ver con la tan manoseada libertad de expresión, sino en todo caso con la de inexpresión. Sé que no puedo transmitir del todo mi idea. En fin, no sé. Mejor óiganme interpretar estos floreos de Madam Gaceñiga a ver si, mal que bien, me ayudan a mostrar lo que les quisiera directamente decir:
      —Debout, les damnés de la terre… Debout, les forçats de la faim…
      —Arise, you workers from your slumbers… Arise, you prisoners of want…
      —De pé, ó vítimas da fome… De pé, famélicos da terra…
     —Ontwaakt, verworpenen der Aarde… Ontwaakt, verdoemd in hong’ren sfeer…

Orlando Pardo Lazo©

Fuente: http://www.litterae.cl/ricardo.html

Anuncios

Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: