"Doble", Aida Rebeca Neuah

doble Esta es la historia de Juanito, un niño como cualquier otro. El color de su piel es el mismo que el de los demás (verde), tiene la misma cantidad ojos, orejas (tres) que los otros niños, posee un par de alas de pelusón rosa brillante y vive en Circinus Keloris como todos. Sus padres, viajeros del tiempo, le trajeron un regalo fabuloso: una gran bola brillante de cristal. Dentro se veía flotar un pequeño espejo cuadrado en un mar viscoso de líquido dorado. ¿Ves? Le dijo el papá, ese espejo es para aprender a mirar y a concebir el mundo con tu imaginación. Y él, Juanito, "imaginó". Se vio de otro color, con menos ojos, con solamente dos orejas, un par de piernas para caminar, viviendo en otro lugar, un planeta, un planeta azul que gira alrededor de otro planeta, ardiente, rojo. Reconoció a Juanito, el otro Juanito, el del otro planeta, sentado frente a una bola de cristal, mirándolo, mirándose, con innegable curiosidad, desde un espejo cuadrado inmerso en un mar viscoso de líquido dorado, probándolo, probándose… y en eso anda Juanito, probando formas de mirar y concebir el mundo.

Aida Rebeca Neuah©

También te invito a visitar en “La Torre de Babel”:

“Progenie”, Manuel Moyano.

“Tankas de Sesmo Digol”, Moshé Goldin.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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