“Una paradoja”, Laura Tremosa

laetus El añorado catedrático de la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona, Enrique Freixa Pedrals, gustaba de las paradojas, y no sé a cuenta de qué, en una clase sobre el motor diesel nos habló de la paradoja de Jevons. Casi la había olvidado cuando la oí citada por un ecologista.
Williams Stanley Jevons fue un personaje británico, nacido en 1835 y en parte autodidacta, que llegó a ser catedrático de política económica del londinense University College. Según la Wikipedia, fue pionero en la aplicación de las matemáticas en el pensamiento económico y construyó una máquina mecánica a la que se llamó el “piano lógico” y que puede considerarse el primer precursor de los ordenadores.
Pero volvamos a la paradoja de Jevons. Lo que plantea el economista británico decimonónico es que al aumentar la eficiencia en el consumo de un combustible o materia prima disminuye el consumo instantáneo pero incrementa el uso del mismo, lo que provoca un incremento del consumo global. Jevons se refería a las implicaciones de la dependencia de la economía inglesa al carbón, concluyendo que la supremacía global de Inglaterra de aquel momento era transitoria debido a que estaba basada en un consumo creciente de un combustible que era finito.
¿Se equivocaba Jevons?
Quizás, pero lo que sí es cierto es que la producción de carbón en Gran Bretaña tuvo su cénit en 1913 y fue pocos años después cuando empezó a decaer esa supremacía global de la que hablaba el economista británico, mientras el petróleo adquiría cada vez más importancia y paralelamente EEUU tomaba la alternativa como potencia global.
Ahora nos encontramos que si en lugar del carbón ponemos petróleo, la paradoja podría ser aplicada en el momento actual y vendría a decir que cuanto más eficientes sean los equipos que consumen petróleo, los ahorros sólo serán aparentes porque a largo plazo provocarán un incremento del consumo global. A automóviles más eficientes (menores consumos de gasolina) más automóviles en las carreteras.
La verdad es que a pesar de los esfuerzos aplicados en el ahorro energético, la demanda de energía no ha hecho más que crecer. Y a esto hay que añadir lo que Tom Blees, presidente del Science Council for Global Initiatives, afirma en su libro Prescription for the Planet: si se tiene en cuenta que la mayoría de la gente en el mundo utiliza hoy sólo una fracción de la energía utilizada por los países desarrollados, uno podría fácilmente anticipar un mínimo de triplicación de la demanda en el 2050 debido a los esfuerzos de los países en desarrollo por tratar de mejorar su nivel de vida.
¿Será que la eficiencia energética, de la que tanto se habla, no es más que un espejismo?
En algún bloc informático de Internet leí un comentario que me hizo reflexionar al respecto. El autor comentaba que los ordenadores cada vez han ido siendo más potentes, de forma que actualmente se dispone de mucha más capacidad de la necesaria para la gran mayoría de aplicaciones. En su opinión, lo que estaba ocurriendo es que, respecto al software, se ha perdido la preocupación por la eficiencia de su código, de forma que la mayor eficiencia del hardware ha sido absorbida por la ineficiencia del software. Como es más barato el hardware que las horas de programador, los fabricantes de ordenadores pueden así ofrecer precios más bajos y aparentemente potencias más elevadas.
¿Es posible que en el caso de la energía esté ocurriendo algo parecido? Eficiencia por una parte e ineficiencias por otra. Ineficiencias podrían ser, a semejanza de las potencias excesivas de los ordenadores, la creación de productos y usos artificiosos. Visto así, lo que vale para la energía podría valer también para muchas otras materias primas.
No me negarán que la paradoja de Jevons da para reflexionar más de lo que parece.

Laura Tremosa©. Fuente: http://laetus.over-blog.es/

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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