“Leer: ese íntimo placer de ayer, hoy y siempre”, Vanesa Torres

“Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de lado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, sin tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura de yoga. Con el libro invertido, claro”, estas son algunas de las posibilidades que nos sugiere Ítalo Calvino en su libro “Si una noche de invierno un viajero”.

Y sin embargo, leer es el consumo más económico que existe ya que no prevé de antemano posiciones, ni espacios, ni tiempos determinados. Todo es posible a la hora de la lectura. Cuando un libro te interesa, y el deseo de recorrer sus páginas se torna una cuestión de "vida o muerte", nada ni nadie se interpondrán en la empresa perseguida. El encuentro, tarde o temprano, entre el libro y el lector, siempre tiene lugar.

El soporte poco importa si estás dispuesto a disfrutar de tamaño evento. En la pantalla de tu computadora o en una vieja edición impresa, si aquello que buscabas llega a tus manos, lo leerás con entusiasmo sin demasiados escrúpulos en cuanto a su presentación. ¿Acaso el lector se enoja por cuestiones tipográficas, de solapa, de diseño o de dedicatorias? Un buen lector no se preocupará ante tales cuestiones secundarias. Un buen lector sólo se ocupará en la lectura, y el resto es sólo valor agregado.

En otros siglos se leía de pie, ante un atril. En otros tiempos leer constituía una tarea sagrada a la que se dedicaba largas horas del día. La escritura acompaña las culturas del hombre desde tiempos inmemoriales. Al escribir construimos sentido histórico y registramos hechos pasados en símbolos. Decodificarlos, presupone que el lenguaje narrativo es efectivo. Un lector no se encuentra con un autor ni con un libro cuando lee, sino con la más trascendental de todas las invenciones tecnológicas humanas: la escritura.

Ninguna postura corporal, ningún formato de presentación, ningún tiempo ni espacio físico, ninguna lengua, ninguna ley o acontecimiento social, impedirán que entre el lector y el escritor existan abismos. Todo es franqueable si ese amoroso encuentro logra concretarse. Y allí, en la intimidad, el universo es otro.

Vanesa Torres©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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