"El bien y el mal", María Luisa Balda

El bien se representa con cara aburrida, dócil, algo babosa;
La figura del mal es ágil, esbelta, vestida de rojo pasión
y saltan chispas de sus ojos

Esta doble imagen nos concita a tratar con desprecio a quienes no utilizan fórmulas ni ardides para servirse de otros en su provecho

Los malos son pocos – aunque tengan bastantes aprendices – pero cunden mucho: manipulan siempre y abusan de todos y de todo cuando nadie les pone freno.

El bueno es considerado imbécil: se le supone incapaz de identificar las debilidades ajenas y se le tacha de pasmarote o blando si – reconociéndolas – no las utiliza en su beneficio.

Así crece el tópico: “el bueno es tonto, el malo listo”; un prejuicio que nos lleva a creer que el virtuoso¹ jamás podrá igualar al malo en inteligencia, ni en atrevimiento, ni en energía.

No creo en dios y me empeño en tener fe en las personas²; en hombres y mujeres profundamente buenos pero nada inocentes: individuos conscientes de la fibra del alma donde otros se debilitan y que utilizan su serenidad, su autoconocimiento, su deseo de vivir y su vigor no para dañar, sino para suavizar el dolor de quienes les rodean.

María Luisa Balda©

¹ Virtud de acuerdo con las palabras de M. De Montaigne: “Paréceme que la virtud es cosa muy otra y más noble que las inclinaciones a la bondad que en nosotros nacen. Las almas de talante ordenado y bien nacidas siguen el mismo proceso y tienen sus acciones la misma apariencia que las virtuosas. Mas tiene la virtud resonancia mayor y más activa que la de dejarse llevar dulce y reposadamente gracias a una feliz naturaleza…” (Ensayos II. Ed. Cátedra, Madrid, 1998; pág.113).

² Persona según el concepto de V.J.Wukmir:

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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