“Índole”, Mayra Oyuela

                                                                             Deja que respiremos el velo

                                                                            que nos oculta el uno al otro

                                                                                                       Paul Celan

Aprendí de la nostalgia

la parte más oscura del camino,

cuando la luz es un vuelo cegador

que no permite pasos firmes,

ni huellas hundidas para dar de beber

a la fiera que camina tras cualquier errante.

Aprendí:

la palabra es el suceso,

la circunferencia,

el átomo que respira tras la tinta en el papel.

Aprendí a creer no sólo en lo sensorial y evidente

la poesía es lo que está dentro del guante,

el pabilo sumergido

una y otra vez en la parafina

para luego abrirse en luz

en una casa de bajareque,

en pleno noviembre, en plena madrugada.

Aprendí a asumir

un tembloroso no en los dedos,

a entender lo lúcido del miedo

cuando la enfermedad llega a la cama de la madre.

Aprendí, que no he de aprender a decir adiós

y mucho menos

cuando se trata de esos huidizos poemas

que delibero y nunca he de escribir.

Aprendí a no llamarme poeta en el primer encuentro,

a ser atinada con los seres

que de antemano sospecho comenzaré a amar,

aunque no sepa hablar de amor

y tampoco quiera aprenderlo.

Aprendí que la intimidad no existe,

las ideas novedosas son el principio

o el final del diálogo entre los transeúntes

que rozan tu hombro en medio del camino.

No hay nada nuevo en este mundo

y eso debo aprenderlo

porque aunque sé,

que cada individuo es un evento irrepetible,

el ser es como una mancha en el techo

al que se le hallará todo tipo de formas.

Mayra Oyuela©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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