“Primer baile (nacimiento andino)”, Victoria Guerrero

A mi padre

Los danzantes rasgan el cielo con un golpe de tijeras

El wamani agita las alas en señal de bienvenida

La noche se quiebra abruptamente y deja caer una música carnavalesca

El Padre se levanta y tararea una canción de cuna
Se alza gozoso desde su pueblo natal

La abuela se prepara para curar del mal de ojo a la que está por nacer

Ambos (madre e hijo) van cantando una canción mitológica del regreso a casa

Fuentes rebosantes de cuy chactado se extienden sobre una mesa de madera vigorosa

La radio sigue encendida a un volumen furioso

Oh los desposeídos los desterrados aprenden a fuerza la nueva lengua

La Fiesta está en su apogeo: la quemante chicha se derrama en los corazones ebrios de llanto

La madre empieza a gemir en el horizonte
chilla su desamparo

Aqueste mar turbado embravecido se agita en la costa

Un toro muere en la plaza repleta de indios que llaman a sublevación

Va entonces tu sombra surgiendo brillante en las antípodas del mundo
De este mundo colosal inabarcable en el que se destruye y se redime
Una misma carne y cientos de imágenes superpuestas
Hilvanadas en un solo hilo de angustia

Y en un rincón oculto del celuloide te descubres:

Victoria Guerrero- es una imbécil

Victoria Guerrero©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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