“La raquevet”1, Juan Zapato

ventanilladeltrenComo en cualquier parte del planeta la semana se inaugura el día domingo, solo que aquí es día laborable.

En la longitud costera de esta tierra se extienden las vías del ferrocarril. Naharia es la cabecera norte a donde llegan o parten los viajeros. Un pasaje de ida y vuelta a Haifa “la roja” como se la conocía en tiempos de Golda² cuando ella dirigía los destinos, indica el mío. Elijo siempre viajar en el piso de arriba y sentarme del lado de la ventanilla que mira al mar. A punto de partir se escucha por los altoparlantes del vagón una voz que informa el trayecto a recorrer hasta la estación final, primero en hebreo y a continuación en inglés.

Comienza a moverse casi imperceptiblemente, siempre ocurre así, cambia al segundo carril y endereza el andar, las casitas blancas van quedando allí a la espera de que vuelvan por ellas al final de la jornada. Atravesamos el corazón de las plantaciones de Shavei Tzión y BustanHaGalil³. En pocos minutos la primera parada, la voz avisa “Akkó4 acentuando el final en una dicción poco común a la pronunciación callejera. Son contados los que bajan e innumerables los que ascienden.

Dije que era domingo, verdad. Pues sí, el vagón se abarrota de jóvenes soldados portando sus mochilas –algo parecido a caracoles o tortugas transportando sus casas a cuesta- y sus fusiles. Caquis, azules, verdolivas, todos a desparramarse por cada hueco libre que quede en los dos pisos. Como hormiguitas descenderán junto al resto de estudiantes, trabajadores y demás pasajeros en las estaciones de intercambio para proseguir en autobuses a sus destinos. La marcha se reanuda, no ha sido tanto el tiempo detenido como el insumido para volcarlo en estas palabras.

Vamos dejando atrás la silueta de la ciudadela antigua de Akko4 y en esta parte del trayecto rozamos las olas del Mar de las Historias en el corredor de las dunas. El cielo despejado permite ver los barcos que esperan ingresar al puerto y de fondo el monte Carmel y las torres de la Universidad se alzan como vigías por sobre la ciudad.

“Lev HaMifratz”5 próxima parada, que nadie se olvide ninguna pertenencia y conserven sus boletos a la salida, dice la voz bilingüe.

Una parada mas y desciendo.

Juan Zapato©

http://juglarias.wordpress.com

¹ El ferrocarril.

² Golda Meir Cuarta Primer Ministro de Israel.

³ Moshavim cercanos a Naharia.

4 Ciudad de Akko, Acco o Acre.

5 Corazón de la Bahía de Haifa.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

4 responses to ““La raquevet”1, Juan Zapato

  • Carmen Fabre

    Es una crónica..relatas muy bien el inicio del día..

    Un abrazo

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  • myriam wapñarsky

    muy bueno el comienzo,espero ansiosa la llegada a destino…..!!!!abrazotes !!!!!! Myriam

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  • Mari Carmen

    “Una invitación a recorrer un país a través de los ojos de un poeta”

    Con lo que me gusta viajar y este comienzo no puedo negarme a subir a este tren…Nos vemos en la siguiente parada.

    Besos y un fuerte abrazo.

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  • LUNA11

    “las casitas blancas van quedando allí a la espera de que vuelvan por ellas al final de la jornada”.

    Esta imagen me traslada a la época de infancia, Aun cuando no tenía mar. Yo pensaba igual y quedaba de largo viendo como cada vez iban quedando atras las casitas y los perros que no alcanzaban el tren, y a todos los imaginaba llorando y de regreso los veía nuevamente alegres o durmiendo.

    Un abrazo

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