“¿Son perdurables los documentos digitales?”, Jeff Rothenberg

Jeff Rothenberg, en su artículo “¿Son perdurables los documentos digitales?“, propone la siguiente situación:

Año 2054. Mis nietos (que no han nacido) están en el desván de mi casa (que no he comprado). Descubren una carta de 2007 y un CD-ROM. La carta dice que el CD tiene un documento en el que se da la clave para heredar mi fortuna (que no he ganado). Mis nietos sienten curiosidad, pero nunca han visto un disco compacto, salvo en viejas películas. Aun cuando localizaran un lector de disco adecuado, ¿cómo lograrían hacer funcionar los programas necesarios (como Microsoft Word) para interpretar el contenido?

Si no fuera por la carta, mis nietos no sabrían que deben abrir el CD-ROM. La carta es legible, sin máquinas ni conocimientos a parte del propio idioma. Dado el carácter mudable de programas y circuitería, dentro de 50 años la única información legible será la carta.

Desde que se inició la revolución digital no ha hecho más que aumentar la capacidad de almacenamiento de los dispositivos digitales. Solo hay que ver la siguiente comparativa:

La tecnología se ha centrado en desarrollar dispositivos cada ves más potentes y de menor tamaño, pero ha olvidado un detalle importante: la perdurabilidad de la información.

El soporte físico de cualquier dispositivo moderno tiene una esperanza de vida de 30-40 años a lo sumo. Su contenido, en cambio, quedará obsoleto en menos de 10 años.

Cuando un historiador del futuro intente conocer la historia de la humanidad, encontrará la pinturas rupestres de Altamira, los grabados del Antiguo Egipto, los incunables de medievales, las primeras fotografías de principios del siglo XX… pero el rastro se perderá a partir de 1990. El único recuerdo de nuestra época serán unos pedazos de plástico con silicio en su interior. Su contenido: totalmente ilegible. Y en caso de que pueda recuperarse, será una interminable cadena de 0 y 1 imposibles de descodificar. Habrá un agujero en la historia de la humanidad. La sociedad digital habrá sido olvidada como un enfermo de Alzehimer olvida su propia vida.

Se perderán nuestros trabajos, nuestras fotografías, nuestros vídeos. Pero no solo eso, se perderán, en pocas década, gran parte de los estudios científicos modernos guardados en memorias digitales y de los que apenas se han imprimido unas pocas copias. ¿Apocalíptico? Tal vez, pero en la actualidad ya está sucediendo. Valga como ejemplo que el 20% de los datos de la misión Vikingo a Marte ya son ilegibles.

Todo el saber de la humanidad está en internet. Pero, ¿seguirá existiendo Internet dentro de 100 años? De no ser así, ¿donde quedará guardado tales conocimientos?

Es necesario buscar nuevas técnicas de almacenamiento que no dependan de soportes ni formatos que puedan ser obsoletos. La escritura en papel siempre podrá ser leída. La imagen analógica siempre podrá ser vista. Lo digital, no. Si quiero recuperar aquel trabajo que realicé en Word Perfect, en mi época universitaria, tendré que recorrer a emuladores de máquinas de aquella época. Es una solución para recodificar documentos digitales antiguos (¡de hace apenas 12 años!). Pero los emuladores no son más que una solución temporal. Aunque recupere el trabajo, lo convierta a formato Word y lo guarde en un DVD, dentro de 15 años tendré que realizar el mismo proceso para conservar la información y, lo más probable, es que se acabe perdiendo. Y no solo mi trabajo universitario sino miles y miles de documentos literarios, sociales y científicos de gran valor.

Se está experimentando con dispositivo de almacenamiento capaces de almacenar 1,5 Tb por cm2 (se conocen como Nano Letters). Lo más interesante del formato es que su durabilidad, que se calcula en 1000 millones de años. Sin embargo, el problema del formato sigue siendo el mismo, tarde o temprano se volverá obsoleto.

El único formato perdurable en el tiempo es aquel en el que puedo ver la información con mis propios ojos, sin necesidad de tecnología alguna. Conseguir un soporte digital, que pueda almacenar gran cantidad de información en poco espacio sin requerir tecnología alguna pera leerla es lo único que nos salvará del Alzehimer digital.

Fuente: César Bosch http://etcbloc.wordpress.com/2010/08/23/alzehimer-digital/

Documental: “La oscura era digital” de Jorg Daniel Hissen &  Peter Moers

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

2 responses to ““¿Son perdurables los documentos digitales?”, Jeff Rothenberg

  • Serge Herbiet

    Muy buen artículo, divertido y bastante acertado.
    La problemática que destapa es la de la relación entre el contenido y el soporte. En realidad tanto el uno como el otro seguirán vigentes per secula seculorum mientras uno de los dos no sea destruido o desintegrado. Esto pasa con cualquier mensaje en cualquier soporte. Mientras la relación entre el uno y el otro siga siendo armoniosa, todo seguirá funcionando y los nietos del año 2054 podrán heredar sin importar cual sea el medio en el cual reciban las claves de su herencia.
    Me explico. No importa si reciben la información en una tabla de arcilla moldeada hace 3000 años ante de Cristo, en un pergamino del siglo XI, en un archivo virtual del año 2053 o en un CD del año 2013. Mientras nadie haya borrado la info del CD o este no haya sido sometido a algún sistema de destrucción de sus datos seguirá legible en un lector de CD, aunque este tenga que ser restaurado a partir de un vejestorio expuesto el Museo de Tecnologías “Steve Jobs”, de Silicon Valley*.
    Seguramente que a estas alturas de la lectura de este comentario alguien debe estar pensando, con razón, que los CD no son eternos, pero este hecho en si es una forma de borrado de la información, o sea que una de las dos partes esenciales de la comunicación desaparece con el tiempo, algo que cualquier informático o peatón de hoy en día sabe de antemano, por lo cual alguien que cifre las claves de una posible herencia en un CD o no tiene ninguna herencia para dejar a la posteridad o no le importa que sus nietos hereden algo de su presupuesta fortuna o no tiene ni idea de lo que está haciendo.
    Si le importará dejar algo a sus nietos buscaría un sistema diferente como, quizás, un pedacito de papel guardado por debajo de algún tapete o en una caja fuerte en un banco suizo** con orden explicita de informar a los futuros millonarios de la buena nueva el 19 de diciembre del año 2054…

    * No existe aun, pero no faltará quien lo invente…
    ** Los bancos suizos si son eternos…

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