“El trabajo”, Félix Fénéon

De un botellazo, un obrero del arsenal de Tolón casi deja inconsciente a un parado que le reprochaba su celo.

Los huelguistas de Ronchamp (Alto Saona)han tirado al agua a un obrero que se empeñaba en trabajar.

Con sus hijos en el pecho, las mujeres han expuesto al director de la compañía de tranvías de Tolón la causa de los obreros. Él resiste.

Furioso de que le sustrajera su pesca, el señor Lepieux, pescador en Vieux-Port (Eure), casi mata al aficionado al pescado.

Abundantes golpes han intercambiado en Hennebont los rojos y los esquiroles, los partidarios de la huelga y otros obreros más dóciles.

Los dos meses impuestos a Blanchard, vecino de Villerupt, han sido doblados por el tribunal de Nancy, siempre duro con los huelguistas.

En las fábricas de Fives-Lille se readmitirá, sin excepción, a los obreros (están en huelga) que se presenten el jueves.

Doscientos resineros de Mimizan (Landas) están en huelga. Tres brigadas de gendarmes y cien soldados de infantería del 34º los están observando.

Las trabajadoras de Niza en la elaboración de tabaco de hebra y de puritos han sido abucheadas (consienten en hacer horas extras) por la cigarreras.

Félix Fénéon, Novelas en tres líneas, Impedimienta, Salamanca, 2011

Fuente: http://placidoromero.blogspot.com/2011/09/feneon-el-trabajo.html

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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