“Nombrando al mar”, Safaa Fathy

En el istmo de hielo
Y opuesta a tal tributo, corté de mí una parte castigada
frente a mi corazón, opuesto, otro corazón
cuyo nombre designa a la gracia inefable.
los ojos rebosando
di gracias a Dios pues todo tiene dos ojos y un aliento.
“Oh esclavo, sólo a mi perteneces y esta será tu existencia”
“Oh esclavo, la ausencia y el aliento son como dos caballos de carrera”
“Oh esclavo, el alma y la visión son compañeros inseparables”

Bailé ante el despojo de lo arrancado
y que en mi se había convertido,
tu eres mi otredad
Él, el otro
en mí la intimidad sacrificada
en la cabeza un rumor y el canto de un pájaro
nos convertimos en los gemelos solares, yo y otra vez yo
De mí surgida, posó ella su cabeza al pie del altar
Yo y mi opuesta convertida en ella.
ofrecida al sol de la otra muerte
sobre un altar hecho del cuerpo de una mujer que exhala en éxtasis
y en su piel tatuada, la imagen de los gemelos solares
nacidos de la leche según cuentan
Mas luego abandonados al odio de los hombres, a la pesadilla
de los palacios.
he dormido en mi segunda muerte
partí otra vez para Andalucía
hasta los antiguos años
que puse en una rebanada de pan caliente
y vi la playa de piedra
y el mal que se expande por la tierra
y el desierto imposible
de ti huyendo,
volviendo a ti pero alejándome, apoyada en la sombra
y las gotas de agua fijadas en mi pierna
¿Has contemplado la galaxia?
En el cielo hay nombres que brillan en la órbita
y tu nombre se adhiere a la profundidad del fuego
para que de mi por segunda vez yo nazca,
aquí sacrificado está el despojo
que mi madre arrancó de mi matriz
y el mundo entero se vuelve un caldero rebosante
donde todo lo cuezo, dos, dos,
dos son los gemelos solares.
desde entonces, ¿De quién es el poder
que te salva del escalofrío
del rechinar de dientes
de los caprichos del día?
Me acordaré de Andalucía
me acordaré del balcón al que subí
de las casas en que estuve,
de las huellas que seguía,
del espíritu que sobrevoló el lugar
en el que se dibujaba un hogar abandonado
y todo el mar mirando.
aquél despojo que era ciertamente mío,
míralo, al sol expuesto
ofrenda envuelta en una piel,
tatuada con la imagen de los gemelos solares
Me acordaré de las pitas,
el mástil de su inflorescencia encantada
orillando el camino
enfrente, la nocturna grandeza iluminada
la vuelta, la espiral, la sumisión,
la mano, ambas manos, el pie, los pies
y correr tras el aliento, la saliva,
los restos de alimento y las últimas gotas de leche
de otra que yo fui
El balcón colgante y las cosas del pasado son un muro y dos muros
tras el desmayo fui reanimada por un líquido maravilloso
La leche de almendra me llevó a la playa de los peces
se dispusieron las mesas y el propio santo tomó la parrilla
Dejamos la locura en un estuche
y el crimen en un cofre con mil llaves
y llegó el alimento
para que te nutrieras
El vino para alterarme y en el susurro
Te oigo
Ansiosa bebí el vino
y me nutrí de tu alimento
Blanco era el pescado y denso
sin embargo denso y a la vez blanco
El olvido tal seda cuyos pliegues yo plisaba
Tocándola en secreto, en momentos conocidos
parada ante la flor, icono,
o plegaria de aquella que,
engañada,
abandonada quedó a su suerte.

Safaa Fathy©

Nació en Egipto en 1958, y vive en Francia desde 1981 Escritora de obras de teatro y poemarios, traductora de prosa y textos teóricos. Estudió la Licenciatura en Letras Inglesas en la Universidad de Minia, se diplomó en estudios teatrales en la Universidad de París VIII (St. Denis) y después se doctoró en Letras en la Sorbona, Universidad de Paris IV. Trabajó en el Departamento de Lenguas y Culturas aplicadas de la Universidad de Marne la Vallée, en Francia.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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