“Habré de inventarme una puteada esdrújula”, Julián Centeya

JC-PieldePalabra

Habré de inventarme una puteada esdrújula
para arrojarla contra la vidriera del mundo
y contársela después a Cendrás y a Rimbaud
que tan mierdamente vivieron como yo

Habré de entender algún día que esto no tiene remedio
que uno pudo nacer pez espada ejecutivo delator
tener una religión prestada carecer del ojo izquierdo
y vivir esperando que mongo me cite en el Ecuador

Habré de cagarme ordenadamente en los gerentes bancarios
y sentado sobre la piedra de un tiempo que se televisa
escupiré sobre el rostroculo de mi vecino este rencor

Claro que habré de inventarme una puteada esdrújula
porque yo me he desentendido de un dios
que permitió que César Vallejo se muriera de hambre
la tarde de un día gris que contabilizaba sus piojos
Habré de inventarme una puteada esdrújula

Usted dese por invitado

                                  Se lo merece

Julián Centeya©

Amleto Vergiatti mas conocido como Julián Centeya. Había nacido en Italia, allá por 1910, en el pueblo de Borgotaro, en la provincia de Parma, la última ciudad -recordaba él- que se rindió al fascismo. Mi viejo -recuerda Julián- Carlos Vergiatti, era periodista; trabajaba en el diario socialista “Avanti”, del cual era jefe de redacción Benito Mussolini, quien andaba en amores con una rusa Angélica Balavanof.
Después de la marcha sobre Roma, 1920, la represión se descargó sobre la izquierda en Italia y el exilio se ofreció como única posibilidad de subsistir. Mi viejo tuvo que venirse como refugiado político con mi vieja, mis dos hermanas, yo y un perro que llamábamos Pri Pri. Y al mentar a su viejo, Julián se amasija en el recuerdo, como reclamando la posibilidad de volver a verlo, siquiera un minuto, como antes.
Con el tano laburante y su familia llegó a la Argentina en 1922,cuando tenía 12 años. Primero intentaron suerte en San Francisco (Córdoba) donde el viejo “paraba la olla” trabajando la madera, enfrentando las dificultades siempre con alegría, con optimismo, pero, la miseria los cerca y los atrapa.
Ya no había lugar en la Argentina agraria para estos inmigrantes “de última” y bien pronto debieron instalarse en el conventillo de Buenos Aires, detrás de cuyo pintoresquismo – el patio con malvones, el farol alumbrando la milonga – escondían sus terribles rostros, la tuberculosis, la promiscuidad, el hambre.
Frustrado estudiante secundario, mandadero de comercio, jugador de fútbol, taquígrafo y mas que nada vagabundo, experto en el oficio de no hacer nada para encender los primeros versos. Por entonces se hace hombre y poeta en el Boedo de fines de la década del 20.
Un Boedo que enarbolaba una literatura molesta para los escritores bien comidos, para la gente sensata de las cátedras de Literatura, los editoriales y los diarios serios. A Julián, como a tantos otros, le salió al cruce la estructura cultural montada por la clase dominante.
El quería hablar del punga, del cafiolo, de la piba que lo encandiló (no morfo más que el pan de su sonrisa), de los chorros y los laburantes, dela musa mistonga y la musa de barro. No lo dejaron.
Quiso volar como poeta, y lo bajaron enseguida, arrinconándolo en una radio, en un diario, donde el alma se le iba a jirones y donde solo de vez en cuando podía enarbolar un verso.
Publicó, sin embargo, varios libros de poemas y una novela El Vaciadero. Pero lo mejor de él se desperdició en las charlas interminables de la madrugada,por eso fue desparejo como poeta. Por eso le faltó continuidad. Cómo la iba a tener luchando con las cédulas judiciales de desalojo, contra la guita que no alcanza. De ahí su desilusión y el alcohol, la amargura y ese himno a la frustración y al escepticismo que tituló como despedida con el nombre lunfardo de la muerte.
Con estos versos pareció que bajaba definitivamente los brazos, derrotado por quienes odian a los gorriones, a los juglares, a los barrios de casitas chatas. Sin embargo, la bronca pudo más y empinándose sobre ella levantó un último insulto para quienes le envenenaron la vida y aún también para aquellos que por miedo o indiferencia resultaron cómplices
Amleto Vergiatti. Para el pueblo: Julián Centeya “el hombre gris de Buenos Aires”.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

One response to ““Habré de inventarme una puteada esdrújula”, Julián Centeya

  • Ross

    Para que Amleto Vergiatti o Julián Centeya o “el hombre gris de Buenos Aires”, no sienta que las penas son de pocos poetas, por intermedio del último habitante de la Torre de Babel, le envio un o “´parce” (compañero-amigo) de infortunios , Raúl Gómez Jattin (El poeta loco) colombiano.
    EL DIOS QUE ADORA/ Son un dios en mi pueblo y mi valle /No porque me adoren /Sino porque yo lo hago /Porque me inclino ante quien me regala /unas granadillas o una sonrisa de su heredad / O porque voy donde sus habitantes recios /a mendigar una moneda o una camisa y me la dan /Porque vigilo el cielo con ojos de gavilán /y lo nombro en mis versos / Porque soy solo /Porque dormí siete meses en una mecedora /y cinco en las aceras de una ciudad /Porque a la riqueza miro de perfil /mas no con odio / Porque amo a quien ama /Porque sé cultivar naranjos y vegetales /aún en la canícula /Porque tengo un compadre /a quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio /Porque no soy bueno de una manera conocida /Porque amo los pájaros y la lluvia y su intemperie /que me lava el alma / Porque nací en mayo /Porque mi madre me abandonó cuando /precisamente más la necesitaba / Porque cuando estoy enfermo /voy al hospital de caridad /Porque sobre todo /respeto solo al que lo hace conmigo /Al que trabaja /cada día un pan amargo /y solitario y disputado /como estos versos míos que le robo a la muerte. (Raúl Gómez Jattin)

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