“Yo vengo de otro siglo”, Alejandro Del Prado

Yo vengo de otro siglo,
Con dos X y un tango
No pude ser un indio,
Destiño negro y blanco.

Yo vengo de otro siglo,
Con la voz en la cara,
Con la sombra de un bicho,
Y este gesto en la espalda
Y traigo de otro siglo,
La esencia de un ombligo,
Un sapo traicionero,
Anécdotas de perros,
Y un sueño retroactivo,

Yo vengo de otro siglo,
Con un poco de todo,
Solo y sin acomodo,
Empuño moneditas y corro colectivos,
Arrastro de otro siglo,
Cierto autoritarismo,
Enojo prepotente y machismo,
Aunque en forma decreciente,

Y traigo de otro siglo,
Baranda de fomentos,
Kerosén, eucaliptus, azufre,
linimento, chicles y ceniceros.

Y traigo de otro siglo,
Mi suerte capicúa,
Y abajo de la púa,
Fritura de vinilo.

Yo vengo de otro siglo,
Me estoy acostumbrando,
Con dos X y un tango,
Perdón si no me ubico.

Yo vengo de otro siglo,
“ Toro serrano ”,
Vengo desde el olvido,
“ Con un dios escondido ”,
Y a yuyo de suburbio perfumando,

Yo vengo de otro siglo,
Hablando con mis muertos,
Y no porque estoy loco,
Porque si fuese un loco
Ni loco lo andaría diciendo.

Y traigo de otro siglo,
Platillos y poetas,
Colores de un equipo,
Dolores de bandera
Terapia de besitos.

Y traigo de otro siglo,
Mi suerte capicúa,
Y abajo de la púa,
Fritura de vinilo.

Yo vengo de otro siglo,
Me estoy acostumbrando,
Con dos X y un tango,
Perdón si no me ubico.

Yo vengo de otro siglo,
Me estoy acostumbrando
Perdón si no me ubico.
Con dos X y un tango.

Alejandro Del Prado

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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