“Avenue Montaigne”, sobre Marlene Dietrich

avenue-montaigneParís fue sin duda el retiro dorado de la estrella. Marlene hizo mutis a principios de los setenta envolviendo su leyenda tras los cristales de un céntrico apartamento parisino. La céntrica Avenue Montaigne se convirtió en su refugio, su morada, en la que escondió su imagen y sus arrugas. Rodeada de recuerdos, fotografías y un sempiterno teléfono, Marlene observaba desde la lejanía, desde la ventana, a los transeúntes y visitantes que no quería ver. En sus últimos años, negó la visita de sus amigos más allegados. Su amiga Hildegard Knef contó en su momento que Marlene declinaba recibirla en su recóndito apartamento. Ella la observaba veladamente desde la ventana, tras las cortinas, sin querer mostrarse, ajena al mundo, a sus amigos, a su leyenda.
El teléfono formaba parte de sus días, era el cordón umbilical que la mantenía ligada al mundo. Billy Wilder, su gran amigo de películas y encuentros en América, la telefoneaba, hablaban horas unas veces, otras, sin embargo, simulaba ser la sirvienta e impostando y disfrazando su voz (faceta que ya demostró en Testigo de cargo del propio Wilder…) afirmaba que la señora, Mrs. Dietrich, no estaba en casa. Recibía constantes cartas de admiración de fans entregados y solícitos que demandaban un autógrafo, unas líneas de la diva; Marlene firmaba y garabateaba notas, encendidos agradecimientos en las fotos que la habían inmortalizado. Afición suya era anotar en los márgenes de las biografías que se publicaban de ella los detalles erróneos, los datos equivocados o las opiniones que no eran de su agrado. Como Greta Garbo en su momento, Marlene se encerró, se alejó de las pantallas, del cine, de los escenarios, de la vida, quizá. Triunfalmente hizo su última salida un día de primavera de 1992, el 6 de Mayo, para volver a su casa primera, a su patria, a su Alemania de origen. Tal día, coincidió con el mercado semanal en Berlín; al paso del féretro, las floristas y los anónimos paseantes la recibieron con flores y callados suspiros. Marlene volvía a Berlín, bajo una lluvia de mágicos pétalos.

Fuente: http://clasicmarlene.blogspot.com/

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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