“De la abundancia a la miseria”, José Hiraldo Aguilar

rajoyHace unos años que los trabajadores no sufrían excesivas estrecheces económicas. Todo el mundo tenía el pan asegurado con su trabajo. Los había que se creían que aquella vida era jauja. El bienestar los había ganado. Los mismos gobiernos instalaban a las masas diciéndoles “hay que consumir” para poder producir. Tenemos que igualarnos para superar a los países avanzados económicamente. Estar y crear un estado competitivo en todos los aspectos progresivos. Ya nos encargaremos nosotros los del partido socialista y su gobierno. Crearemos incluso un comedor para alimentar a los más necesitados.

Tales garantías de bienestar produjeron una especie de castración moral que anulaban personalidad y embrutecían a las masas productoras que comulgan con todas las piedras de molinos que les aconsejen los políticos en el poder. En esa estúpida creencia se producían derroches, se tiraban muebles en buen uso, cambiaban de coche que brillara más que el del vecino. Pensaban la mayoría que la sociedad de consumismo sería para siempre. No cabía ni valía la pena ahorrar ¿para qué? ¡Hay que vivir! Ese era el sentir de los vacíos de ideas sanas y la cabeza llena de viento. Vivir para ellos, los mentecatos, es no salir del bar, la mujer cada ocasión que se le presentaba luciendo algunas joyas brillantes, se iba a la peluquería. Los críos del matrimonio con toda clase de caprichos y hechos los amos de casa. Todos están atentos a lo que pida el crío, sino viene el pataleo, los gritos, el disgusto para todos. Felipe Alaiz, con su humor punzante, en estos casos fue invitado a comer a casa de un amigo que se tenía por un hombre libre y en aquella casa estaban todos bajo los caprichos del dictador de dos años.

Llegó la crisis que estamos sufriendo y el desánimo cunde por todas partes. La reacción del `pueblo contando sus penas no se produce. No hay un arranque profundo del pueblo unido, de los parias medio asustados. Aún les queda algo de pánico de la dictadura franquista. Cada cual va a lo suyo, buscando solución a su problema, sobre todo económico. Los hay que se presentan en la televisión,contando sus penas, su mala situación económica. El no poder hacer frente a la hipoteca del piso sin pagar, por estar en el paro. Igual pasa con el piso a plazos y no puede, ya se lo han comunicado, de desahuciar; ah, también cuenta el coche. Por todas partes están llenos de deudas. Los encargados de la televisión lo escuchan a cada momento. Y la respuesta es la lógica ¿qué podemos hacer nosotros? En plena crisis se hace Rajoy con el voto de la mayoría de los votantes con el Poder, prometiendo cambios. Los papanatas, sin pensarlo dicen que el cambio sería para peor. Ya se nota bien claro. Los deudores del piso serán desahuciados. Irán a la calle despiadadamente. El paro ha crecido. Familias de votantes trabajadoras no pueden satisfacer sus necesidades más perentorias. La subida de los comestibles aumenta y continúa
subiendo de día en día. Los medicamentos, más de doscientos no los financia la Seguridad Social, aunque sean de mayor necesidad, los han retirado, o los paga el necesitado. Te mandan una hoja de advertencia o receta en blanco, elogiando el medicamento. Fui al médico ver si había algún medicamento que sustituyera el famoso Dallón Ayer, que era para mi madre y tuve que pagar más de veinte euros. Respuesta del médico: Todos los medicamentos que tomaba antes eran financiados por la S. S.

En cuanto a las leyes que favorecía a muchas personas son suspendidas, como por ejemplo el aborto voluntario. Ahora es un delito abortar. Los homosexuales no `pueden formar matrimonio con otro que sea de su gremio. La misma suerte corren las lesbianas. Rouco debe aplaudir el cambio prometido por Rajoy. Entre los recortes y las leyes nuevas nos que damos como el gallo de morón. Y todo se hace en nombre de la democracia y la libertad. ¡Qué lastima!

A los que tengan algunos ahorros en los bancos les puede pasar como a los argentinos con “EL CORRALITO”. El corralito era una ley política que prohibía sacar dinero de los bancos. Así que debieron pasar mucho tiempo sin poder sacar cada cual su dinero. Entretanto los precios iban subiendo. Y con la inflación lo que antes podían adquirir con diez pesos, pongamos por ejemplo, cuando dijo el gobierno que ya podían retirar el dinero, con la gran inflación no podían comprar unos zapatos. Los precios habían subido el cuarenta por ciento o más.

Aquello fue un atraco sucio a los trabajadores. Un atraco real. El país rico, granero del mundo -se decía- las clases humildes llegaron a pasar hambre. Perdieron los humildes lo poco que tenían ahorrado con muchos sacrificios y privaciones; mientras los ladrones políticos disfrutaban a lo grande, del dinero que habían robado a los productores.

Rajoy no lleva un año de gobierno con sus ministros, con sus recortes y ya se van dando cuenta los papanatas que lo votaron, de las muchas mentiras que dice un día tras de otro.

Trabajadores, menos algaradas y silbidos, y más acciones. Pensarlo bien y en
bien de todos.

José Hiraldo Aguilar© Fuente revista Siembra: http://dl.dropbox.com/u/10252116/Siembra%20No.%2082.pdf

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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