“Claroscuros de Liérganes”, Juan Zapato

El tren de vía estrecha se ondula serpenteando las afueras de Santabria, rumbo al Sur. Sus vagones ya no son de madera como antes, pero la atmósfera húmeda del exterior conserva aquellas sensaciones. La viajera tampoco es la misma o tal vez sí, recorrerá aquel trayecto, hecho cuantas veces y los recuerdos serán la compañía de este nuevo, quizá el propósito final.

Su rostro se refleja sobre la ventanilla y su mirada se pierde en el paisaje, que imita a una postal, viaja más allá del recorrido, memoriza aquellas melodías escapadas de una casa, escucha esas voces inteligibles, el griterío de los niños en el patio, las escapadas a hurtadillas del colegio y las posteriores penitencias y aflora una sonrisa, cómplice de sí.

El tren ya no silba, al aproximarse a Ceceñas. Nadie desciende, tampoco ella. El guarda1 le pide su pasaje pero absorta en la añoranza no lo escucha, hasta que el hombre en un tono más alto le dice: Señora su billete2, por favor. Y busca en su cartera y revuelve y los nervios acuden al instante, hasta que por fin, aquel cartón aparece y le entrega para su control.

004Ahora el Miera entra en escena, los árboles se acercan al tren y se inclinan a su paso con cortés ademán, impulsados por el viento. El verde se hace intenso, fresco, brillante y la montaña da cobijo, quizá por el antojo de haber sido bautizadas como las Tetas de Liérganes. El final del viaje está cercano, unos edificios de poca época anuncian que ha llegado a Liérganes.

005Sin prisa y sin tomar conciencia de que llueve, camina por el andén hacia el portal, afuera el empedrado la espera. Allí, atraviesa el puente, en diagonal la confitería de siempre, refugio donde los hombres se dan cita para jugar una partida de naipes, las mujeres compartir un chocolate con churros, los padres jóvenes airear a sus hijos pequeños sin mucho lugar a donde ir y los paseantes forasteros hacer una parada y beber algo para entonarse.

Las gotas al caer sobre el asfalto, forman círculos, que el saber popular pronostica que ha de continuar por largo tiempo.

013

Se adentra por una calle sin veredas, a contramano de los automóviles que huyen del aguacero, como si hubiesen perdido la ruta y misteriosamente entraran en este pueblo y buscaran la salida donde esfumarse.

 

016

 

Los grises predominan, al punto de hacer desaparecer las sierras. Los balcones vidriados están desvestidos de aquellas flores de primavera. La luz amarillenta de una lámpara de salón, alberga la intimidad de una casa de piedra e invita a imaginar la calidez de una chimenea encendida, alguien fumando en pipa, un perro adormilado recostado sobre la alfombra, un libro reposando hasta la noche o la voz de María Callas-Tosca “Vissi d’arte, vissi d’amore”, girando sobre un viejo tocadiscos.

Es hora de regresar al presente y volver a casa.

Juan Zapato©

1 Inspector.

2 Pasaje, boleto.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

3 responses to ““Claroscuros de Liérganes”, Juan Zapato

  • Vichoff

    Tu prosa parece heredada de los grandes escritores costumbristas pero… está impregnada de poesía y eso la hace diferente.
    Me gusta esa mezcla, el resultado es excelente.

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  • Graciela María Casartelli

    “La viajera tampoco es la misma o tal vez sí, recorrerá aquel trayecto, hecho cuantas veces y los recuerdos serán la compañía de este nuevo, quizá el propósito final.” Y, regresar tiene su precio sobre las huellas del pasado, en lo que vimos y sigue igual; en los grises y los azules y ese paisaje que se empeña en mostrarnos, “que sigue allí”….Hermoso relato

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  • emilioporta

    Es de una increíble belleza sencilla y pausada. Escritura impregnada de lo esencial. Nos llevas de la mano, la mente, y el corazón, en el transcurso. Ese lugar tan cerca de la serenidad. Ese viaje, tan cerca del interior. Y todo sucede fuera pero es dentro donde ocurre. Gracias Juan.

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