“Acoso escolar”, David Mario Villa Martínez

En memoria de Amanda Tood, victima de ciber-acoso y acoso escolar.

Este vídeo lleva circulando algún tiempo, no es demasiado reciente. Yo lo descubrí tarde considerando la velocidad con la que las noticias, imágenes y los vídeos son subidos a internet, siendo divulgados al mundo entero en tan solo unos instantes.No es de cantantes, de felicitaciones de cumpleaños o navideñas, de canciones de moda, de chic@s sexys mostrando sus encantos. Trata sobre Bullying, sobre acoso escolar. Tras su difusión muchos jovenzuelos le parodiaron burlonamente, incluso se divulgo que había sido una broma pesada y que estaba actuando. Se llegó a comentar que, inclusive, había salido en otro video con su novia reconociéndolo. Yo no he encontrado en la red nada que confirme estas últimas afirmaciones. A mí me da lo mismo. Personalmente creo que a pesar de todo su historia es cierta -o es un estupendo actor en ciernes que tiene un futuro impresionante en la interpretación-. Esa cara, esa mirada y esas lágrimas me parecieron autenticas. Lo que es importante es que esa historia recorrió el mundo haciéndose eco de una realidad. ¡Eso existe! Yo lo se.

Generalmente es un tema del que no se habla, no se dice, no se hace saber a la gente hasta que en muchas ocasiones es demasiado tarde por las consecuencias físicas o psicológicas. Las propias familias suelen avergonzarse ante estas situaciones. La intimidación ha creado la miseria en demasiadas vidas, incluida la mía en mi juventud. La adopción de medidas efectivas para detener el acoso escolar es difícil. Toda persona tiene derecho a estar emocional y físicamente segura; la responsabilidad de actuar de manera segura y con respeto hacia los demás. El liderazgo adulto es esencial para detener la intimidación en nuestras familias, escuelas, barrios, lugares de trabajo y comunidades. Se están utilizando soluciones en todo el mundo por los padres, educadores, trabajadores sociales, líderes juveniles y administradores para prevenir y detener la intimidación. Trabajando juntos, podemos crear culturas de cariño, respeto y seguridad para todos en todas partes o al menos así debiera ser.

¿Tu hijo está siendo intimidado? Se escuchan innumerables historias de padres cuyos hijos viven ese malestar; desde niños pequeños hasta adolescentes han sido víctimas de hostigamiento e intimidación en la escuela ya sea por un aspecto físico, una orientación sexual, un estado de salud determinado o sin causa alguna aparente… La escuela es una parte importante de la vida de los hijos, pero por lo general son los padres quienes toman las decisiones acerca de cómo y dónde sus hijos reciben una educación. Esto significa que la mayoría de los jóvenes no tienen otra opción sobre dónde ir a la escuela, al menos cuando son muy pequeños.

Estar seguro es más importante que la vergüenza o incomodidad.

Debemos esperar que las escuelas proporcionen un entorno que sea emocional y físicamente seguro para los hijos. Es normal sentir miedo y furia sobre cualquier tipo de amenaza a su bienestar, especialmente en un lugar donde tienen que estar tanto tiempo a lo largo de su infancia y adolescencia.

Muchas escuelas intentan hacer un trabajo valiente al tratar de cumplir con una cantidad abrumadora de las demandas en conflicto; en otras ocasiones la ratio por aula, la desidia por parte del profesorado o dirección, el miedo a adquirir una mala prensa como centro o las represalias de los alumnos difíciles amordazan las buenas intenciones. Pero cuando un hijo está siendo intimidado, es normal que los padres protectores quieran solucionar el problema de inmediato – y tal vez castigar a la gente que causó que este fuera herido, avergonzado o asustado. Como es evidente no nos estamos refiriendo a esas disputas infantiles frecuentes y normales de la niñez, propias de esas etapas de socialización que se han de interiorizar en cada individuo. Los niños y adolescentes juegan, pelean, discuten, buscan su posición de liderazgo en el grupo ; forma parte de la psicología evolutiva del menor. Estamos hablando de humillaciones y violencia reiteradas, metódicas, en las que el sujeto es humillado y vejado por un solo individuo o por grupos que incluso llegan a colgar en la red sus actos. Analizar las causa por las que esos compañeros se ensañan como lobos es importante, pero no es exactamente la base de esta reflexión.

Cuando sea posible, trata de darte cuenta de los problemas cuando son pequeños. Presta atención a los cambios en el comportamiento de tu hijo. Anima a los niños a contar lo que pasa en la escuela. Escucha con calma sin sermonear. Si puedes ejerce como voluntario un par de horas a la semana en el aula o patio de la escuela en actividades extraescolares a fin de ayudar y estar al tanto de los posibles problemas del centro. Las asociaciones de padres suelen ser útiles, aunque hay que reconocer que en ocasiones terminan como las de vecinos…La vida es así.

Si tu hijo tiene un problema de acoso en la escuela, aquí hay siete recomendaciones muy básicas y elementales. Las comento como sujeto de esas agresiones en mi niñez -no tan graves como en el caso de Jonah, pero que amargaron mi existencia hasta que fui al instituto- como por mi posterior dedicación al mundo de la educación en distintos centros.

No me importa reconocer que cuando vi el vídeo lloré, me permití llorar por él y por el niño que fui. En mi vida profesional me he tenido que enfrentar a situaciones similares en varias ocasiones y, evidentemente he tomado el distanciamiento emocional necesario para ser efectivo e intentar reconducir las realidades a los cauces adecuados, calmar a los padres y tranquilizar a las víctimas. Generalmente se puede recurrir a un equipo multidisciplinar que valore el caso desde distintos puntos de vista. Y desde esa perspectiva esbozo unas directrices muy elementales que en ocasiones serán algo reiterativas pero que son necesarias recalcar para que no pasen desapercibidas.

Para las reacciones instintivas

Si tu hijo es capaz de decirte que es intimidado en la escuela, esta es una oportunidad importante para crear un modelo para él, de ser potente y respetuoso en la solución de problemas. Por difícil que pueda ser, tu primer trabajo es calmarte. Toma un gran respiro y di con voz tranquila algo similar a esto, que tenga este contenido: “Estoy contento de que me estás contando esto, que tengas la confianza de decírmelo. Siento que te esté pasando, por favor dime más para que podamos averiguar qué hacer. Mereces sentirse seguro y cómodo en la escuela”. La víctima tiene que percibir seguridad, interés, comprensión por tu parte.

Si tu hijo no te lo dijo, pero te enteraste de alguna otra manera, di tranquilamente: “He visto que esto sucede / oído hablar que te ocurre esto. Como creo que podría ser desagradable para ti. ¿Puedes contarme más? ”

Si actúas con una incomodidad demasiado evidente, tu hijo es probable que se moleste demasiado o se retraiga. Puede ser que desee protegerte a ti y a él mismo de tu reacción para evitar los problemas en el futuro o negar que algo está mal. Cuanto mayor sea el niño, más importante es que él sea capaz de sentir algo de control sobre las acciones de seguimiento que puedes tomar la escuela.

Además, si actúas mal cuando te acercas a los funcionarios de la escuela o los padres de los niños que están molestando a tu hijo es probable que se pongan a la defensiva. Hoy en día, los administradores de los centros educativos a menudo temen demandas, tanto de los padres del chico que fue víctima como de los padres del niño que fue acusado de causar el problema. Este es un temor real, porque un pleito en serio puede agotar los recursos ya limitados de las escuelas y familias, más ahora con los tiempos de crisis.

Al mismo tiempo, la mayoría de los directores de las escuelas realmente quieren hacer frente a los problemas que afectan el bienestar de sus estudiantes. Hay más probabilidades de responder positivamente a los padres que se acercan a ellos si lo hacen de una manera tranquila y respetuosa. Sin embargo, no importa qué tan buen trabajo hagas, algunas personas reaccionan mal cuando se explica por primera vez el problema. No dejes que eso te detenga, mantén la calma y ser persistente en explicar cuál es la contrariedad y lo que quieres que cambie.

Obtén datos correctos

En lugar de saltar a conclusiones o suposiciones precipitadas –cosa por otra parte normal y habitual-, tómate el tiempo para obtener la historia completa. Haz preguntas al hijo de una manera suave y tranquila; escucha las respuestas. Haz preguntas a otras personas que podrían estar involucradas, dejando en claro que tu objetivo es entender y encontrar la manera de abordar el problema en lugar de ajustar cuentas con nadie, aunque una parte del interior lo esté pidiendo a gritos. Se intenta encontrar soluciones y no generar aún más problemas.

Una vez que entiendas la situación, lo mejor es trabajar para buscar soluciones. Trata de asumir que los maestros y directores escolares abrumados merecen apoyo y reconocimiento por lo que están haciendo bien, así como que se les diga lo que está mal. Intenta asumir que los niños que se comportan de maneras dolorosas, lo hacen porque no tienen una mejor forma de satisfacer sus necesidades o porque tienen problemas en sus propias vidas. Este tipo de empatía es un trabajo extremadamente duro en la mayoría de los casos, pues la prioridad instintiva es la del hijo que está a nuestro cargo y conocer los problemas de los agresores nos puede parecer innecesario e incluso injusto. Se necesita bastante sangre fría para tener una comprensión global de la situación y obtener lo que deseamos.

Sé el defensor de tu hijo, pero acepta la posibilidad de que él podría haber provocado o parcialmente intensificado el acoso escolar. Puedes decir algo que venga a significar: “No es tu culpa cuando alguien hiere o se burla de ti, pero me pregunto si podías haber manejado este problema de otra manera”

Determinar la causa

¿El problema es causado porque la escuela necesita más recursos para supervisar a los niños correctamente durante el recreo y el almuerzo, o antes y después de la escuela? ¿Tu hijo necesita aprender habilidades de auto-protección y límite, practicando un plan contigo o con ayuda de organizaciones especializadas? ¿La escuela necesita ayuda para la formulación de una política clara sobre que hacer ante el comportamiento que amenaza, hiere, asusta otros y avergüenza las reglas? ¿Los niños o adolescentes que le causaron daño a tu hijo necesitan ayuda también?

Protege a tu hijo

Tu mayor prioridad es, por supuesto, protegerle lo mejor que puedas. Trata de dar un paso atrás para mantener la perspectiva y el panorama en la mente, así como el problema inmediato. La protección de los niños puede variar en función de la capacidad de la escuela para resolver el problema, la naturaleza del problema y de las necesidades específicas de tu hijo.

A través de unos programas de ayuda de profesionales especializados, asegúrate de que tenga la oportunidad de practicar sus habilidades con el fin de alejarse de las personas que sean groseras o amenazantes, para protegerse emocional y físicamente, y pedir ayuda más pronto que tarde.

En algunos casos, la protección podría significar que su profesor y director de la escuela, los padres del otro niño, y todos su pusieran a trabajar en un plan de conjunto para detener el acoso. En otros casos, la mejor solución para ello podría ser la de cambiar de escuela.

En casos extremos, es posible que desees explorar una acción legal según valores la gravedad de los hechos o si hay informes médicos o evaluaciones psicológicas que puedan fundamentar tal acción. Los diferentes países y autonomías tienen diferentes leyes o puntos de acción sobre los derechos de los niños así como de su aplicación real. Si es necesario, explorar los recursos disponibles en tu comunidad.

Cómo prevenir los problemas futuros

También deseamos evitar problemas futuros. Todos los niños merecen estar en un ambiente que sea seguro emocionalmente y físicamente. Vivir con el acoso permanente es como vivir con la contaminación: con el tiempo, hacer frente al constante asalto puede minar la salud del hijo. En mi caso personal, la empeoró.

Los padres en cuestión pueden ayudar a las escuelas a encontrar e implementar programas apropiados para la edad que creen una cultura de respeto, diversidad, cuidado y seguridad entre los jóvenes, más que de competencia, acoso, e indiferencia. Por desgracia esto era impensable en mi época, cuando los propios maestros aplicaban los castigos físicos con la normalidad y espontaneidad del régimen del momento.

Obtener ayuda para tu hijo

Por último, deseas obtener ayuda para tu hijo y para ti mismo para hacer frente a los sentimientos que resultan de haber tenido una experiencia tan desagradable. A veces, la intimidación puede recordarte malas experiencias en tu propio pasado, en ocasiones no superado y que tienden a inmovilizar. Hay que procurar romper esas ataduras. Los padres a menudo tienen que lidiar con la culpa por no prevenir el problema, no haberse apercibido de él a tiempo.

Obtener ayuda podría significar hablar sobre temas con otros adultos que nos apoyen, que puede escucharte ti y a tu hijo con la perspectiva y la compasión adecuadas. Obtener ayuda podría significar ir a un terapeuta o hablar con los consejeros previstos por la escuela o por otros organismos.

Hacer esto en una experiencia de aprendizaje

Como padres, es normal querer proteger a los hijos de todo daño. Si hacemos un seguimiento muy de cerca de sus vidas para que nunca caigan, nunca fallen, y nunca se lastimen o estén tristes, entonces estaríamos privando a nuestros hijos de tener el espacio para crecer. La sobreprotección puede ser tan mala consejera como la ignorancia o pasividad.

Las experiencias perturbadoras no tienen que conducir a daños a largo plazo si los niños son escuchados con respeto, si el problema se resuelve, si sus sentimientos son compatibles. Los jóvenes pueden hacerse cargo de su seguridad al aprender técnicas para prevenir y detener el acoso a sí mismos, al establecer límites, evitando a la gente cuyo comportamiento es problemático, y obtener ayuda cuando la necesitan. En definitiva es potenciar la habilidades sociales.

Sugerencias de soluciones que todos podemos hacer para detener el acoso:

Partir de fomentar una cultura de cuidado, respeto y conocimiento comenzando con unos pocos pasos simples que hacen que el cambio sea más grande:

Aumentar la propia conciencia

Darse cuenta del acoso que está ocurriendo es un primer paso necesario en la búsqueda de soluciones. Al entender el alcance y las raíces del problema, tendrás una idea de cómo comenzar a trabajar proactivamente para hacer frente a la intimidación, incluyendo burlas, insultos, rechazo, y la intimidación física o asalto. ¿Tiene la escuela club deportivo, o el grupo de jóvenes crea una cultura de de respeto, cuidado y seguridad para todos? ¿Los niños están supervisados apropiadamente durante los períodos de receso, almuerzo y antes y después de la escuela? ¿Los educadores reciben el apoyo necesario y la capacitación para hacer frente a la intimidación?

Responde con fuerza y respetuosamente

Si ves que la intimidación tiene lugar u oyes hablar de ello, recuerda que tus reacciones proporcionan un contexto para la forma en que los niños participen y respondan a interpretar la situación. Los niños necesitan ver que los adultos son potentes y respetuosos para responder a los problemas. Si los padres o maestros se molestan y reaccionan de forma exagerada, los niños serán más propensos a enfadarse y podrían incluso evitar decir a los adultos los problemas futuros. Mantenerse tranquilo, respetuoso y persistente te hará más eficaz al hablar con los interlocutores, líderes de grupos juveniles, educadores o padres acerca de tu respuesta a un problema de acoso escolar. No todo el mundo reacciona de una manera útil la primera vez que se acerca; hay que estar preparados para persistir.

Enseña a tus hijos habilidades de protección

Potenciar las habilidades de relación entre iguales ayuda a prevenir y detener la intimidación. Di a tus hijos que tienen la confianza y el poder alejarse de cualquier situación. Tomar decisiones seguras como salir de una fila o cambiar de asiento es a veces todo lo que se necesita para hacer una parada en el problema de la intimidación. Asegúrate de que tu hijo es persistente en conseguir ayuda y está dispuesto a seguir demandándola incluso si un adulto no responde de inmediato.

Participa

Conoce lo que otros padres y personal están haciendo para detener la intimidación. Insiste en que la escuela tiene un sistema obligatorio para todo el país contra el acoso y que educa a su personal sobre la difusión y el reconocimiento de todas las formas y tipos de juventud contra la intimidación. Escribe a donde consideres necesario y a los funcionarios contándoles la gravedad del acoso y demanda que hagan de este tema una prioridad en sus campañas. Por pedir que no quede, que así es como se han ido cambiando muchas cosas a nivel social…

Hay que insistir en el liderazgo potente, adulto, respetuoso. Las personas que cuidan de los niños están haciendo el trabajo más importante en el mundo.

Los niños necesitan de ti y a todos los adultos en sus vidas para asumir la responsabilidad personal para la gestión de su seguridad emocional y física. El acoso es un problema de seguridad. Mientras que los niños y adolescentes pueden aprender a ayudar, la seguridad es una responsabilidad de los adultos. Todos los adultos en la vida de un niño son responsables de asegurar que cada niño esté seguro y actuar con seguridad hacia los demás.

Los niños y adolescentes aprenden más de lo que nos ven hacer que de lo podemos decirles. Liderazgo adulto positivo significa proporcionar un buen modelo a seguir manteniéndose firme y respetuoso -incluso bajo presión o cuando otros están siendo groseros – e insistir en que todos los adultos que están a cargo de tus hijos hagan lo mismo.

Liderazgo adulto significa no dar tu poder. No importa cuál es la posición de alguien que tiene autoridad, di si el comportamiento de esta persona o falta de acción te hace sentir incómodo. Insiste en que el problema sea solucionado. Cuando se trata de la seguridad de tu hijo, no aceptar un “no” por respuesta. Insiste en que los adultos en una escuela o un grupo de jóvenes asuman la responsabilidad total de todos los niños todo el tiempo, incluso si no están “a cargo” en ese momento. Como una madre me llegó a decir: “He tenido algunos problemas con el personal de la escuela al no asumir la responsabilidad cuando mi hijo estaba siendo agredido. Se mantuvo escondido en el patio de recreo, incluso después de que contó este problema de seguridad a los cuidadores y profesores. No dejé de buscar ayuda en esta situación hasta que alguien me escuchó”.

No asumas que un niño conoce y es consciente de todo. No importa lo ocupado que esté, di a los jóvenes a menudo algo que contenga este mensaje: ” Tu seguridad y bienestar son las cosas más importantes en el mundo para mí. Si algo te molesta, me gustaría saberlo, y yo haré todo lo posible para ayudarte. ”

Sé compasivo en lugar de decirles a los niños que no molesten o dar sermón. Ignorar o suprimir sentimientos de malestar puede hacer que un niño oculte estos sentimientos ante ti, pero no hace que el dolor desaparezca. El dolor oculto puede acumularse como la presión en el interior de una botella de refresco y podría estallar en actos inseguros. En cambio, los niños pueden aprender a manejar sentimientos de malestar si se sienten seguros hablando de ellos, obtienen apoyo en la solución de problemas, y aprenden a manejar sus emociones.

Hazte cargo de tus propios sentimientos para actuar con calma en lugar de reaccionar exageradamente. Es normal sentirse preocupado y molesto cuando se sabe acerca de una posible amenaza para el bienestar del niño, pero si te pones muy “cabreado”, tu hijo podría distanciarse, cerrase en sí mismo y mostrase apagado.

Hay que mostrar a los niños que cuidamos que intentamos hacer algo para resolver el problema, aunque sea difícil. Hay que proporcionar apoyo continuo de una manera tranquila y tranquilizadora. Debido a que los niños suelen olvidar, hay que seguir recordando. Decir de vez en cuando, “¿Hay algo que has estado pensando o preocupando que no me has dicho?”

Mantén tu radar encendido, al tanto de lo que los niños dicen y hacen. Los mejores programas anti-bullying en el mundo no van a funcionar si los adultos responsables no saben lo que sus hijos están haciendo y diciendo. Cualquiera de nosotros puede llegar a estar tan concentrado en una conversación o una actividad que no vemos lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

El problema es que muchas de las intimidaciones ocurren ante las narices de los adultos, que están tan involucrados en hablar el uno al otro o conseguir algo que pierden la pista de lo que está pasando con sus hijos. Si no te das cuenta de un problema de acoso que ocurre ante ti envías un mensaje contradictorio acerca de que si lo que los adultos dicen acerca de este comportamiento es incorrecto o no.

No importa lo ocupado o distraído que seas, echa un vistazo a lo que está sucediendo con los jóvenes bajo tu cuidado. ¿Qué pasa con ese grupo de chicos en la esquina o por el tobogán? ¿Cómo está la chica con el mal genio? ¿Qué pasa con el chico que muchas veces parece perdido e infeliz?

Hay que desarrollar la habilidad de dividir tu atención para evitar la visión de túnel. Cuando se tienen niños a tu cuidado, interrumpe lo que estás haciendo para observar lo que están haciendo ellos y lo que esté sucediendo a tu alrededor. También querrás mantener tu control sobre lo que está ocurriendo en la cultura popular, los medios de comunicación e Internet. Por ejemplo, una broma sobre “Dejar un Día Ginger” en la satírica serie de televisión South Park inspiró una campaña en Facebook que llevó a los ataques de un número de niños pelirrojos, adolescentes, e incluso adultos.

Un ejemplo tonto pero evidente y simbólico de actitudes: no dejes que los niños tiren piedras. Hay que intervenir inmediatamente de una manera poderosa, respetuosa, para que un niño deje de ser insensible a otro con la misma determinación que con la que no deberías dejar a ese niño de tirar una piedra contra una ventana. Si viéramos niños que lanzan piedras unos a otros o en las ventanas, inmediatamente reaccionaríamos, ya que podemos ver el daño que pueden causar. Incluso si una roca no acierta a la posible diana viviente, entendemos que el ser golpeado por una roca puede ser peligroso o podría romper algo importante. Las piedras emocionales como las burlas pueden destrozar las ventanas del alma de un niño vulnerable.

Haz ver a los niños cuando sus palabras o acciones pueden ser hirientes. Enséñales a practicar decir algo respetuoso y hacer algo más seguro en su lugar. Evita comentarios o chistes como: “Eres tan mariquita… Eso es de subnormales… Eres gordo.” Incluso si a todo el mundo le parece que está bien dicho o que no tiene importancia, explica que humillaciones como estas son hirientes. El lenguaje irrespetuoso, incluso si no hay mala intención, no tiene lugar en un ambiente sano y afectuoso.

Enseña a los niños que “burlarse” de cualquier manera hace daño y es cruel. Recuerda que los gestos irrespetuosos o amenazantes, sonidos y expresiones faciales son también formas de lanzar piedras emocionales. Enseña a los niños habilidades para hacerse cargo de su seguridad. La gente está más dispuesta a hacer en la vida real lo que ha practicado. Si el niño está siguiendo las pautas de un profesional, asegúrate de que tienen la oportunidad de practicar la manera de:

Hacerse responsables de lo que dicen y hacen, incluso si están molestos o disgustados; proyectar una actitud de confianza respetuosa; reconocer conductas de riesgo, dejar una situación potencialmente peligrosa, protegerse de las palabras hirientes y comportamientos, resistir la coacción emocional.

Insistir en conseguir la atención de los adultos ocupados, distraídos con el fin de conseguir ayuda, y defenderse de un asalto. Consulta cómo escoger un buen profesional en las diversas instituciones a las que puedas recurrir.

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Tuvimos una niñez y adolescencia que, en cierta medida, nos han marcado y formado parte del carácter que tenemos, aunque continuamente estemos evolucionando. Todos queremos que las generaciones futuras vivan, se realicen y sean mejores que nosotros en el futuro. Las bases de gran parte de ello están en el presente en, nuestras manos.

David Mario Villa Martínez. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported. http://elarcondelasfabulas.blogspot.com.es/

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El siguiente video está aportado por Juan Zapato

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

3 responses to ““Acoso escolar”, David Mario Villa Martínez

  • Rafael Marañón Barrio

    Yo fui acosado en el internado
    Harto ya de los acosos, aunque no fueran tan fuertes, me hice de una navaja curva (tronchete) y me fui en busca del tipo. Iba dispuesto a todo y los compañeros, al no disuadirme, fueron a los regentes y ellos pusieron fin a todo.
    Me iba a expulsar, pero nos hicieron reconciliarnos y aquello se terminó.
    Lo que ocurre que nadie está tan decidido o desesperado en estos casos y lo pasan mal. Yo también tenía varios amigos, y esto hace mucho.

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  • Rafael Marañón Barrio

    Yo estaba en tercero de bachiller hace 65 años y el en séptimo por lo que la burla era continua aunque la empleaba con todos. Y se asustó porque yo iba a hacerle mucho daño. No quiero ni pensarlo, pero la imágenes me han decidido a contarlo

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  • Mara de Sefarad-

    En muchos centros escolares hay profesores y “orientadores pedagogicos”, que culpan a la víctima del acoso de ser acosada calificándola de “sobreprotegida”. Sus padres -añaden- son demasiado protectores.
    De los canallas que hacen la vida imposible al “alumno sobreprotegido”, nadie dice nada.

    ¿Será que se identifican con el perseguidor? .¿Se trata solamente de desidia?.
    Mara.

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