“El Padre Llanos y el Pozo del Tío Raimundo”, Jesús Sordo Medina

“No era un ser angelical, no era un santo bondadoso, ni beato. Era un hombre redimido por la realidad y redimido por los trabajadores que se convierte en un hombre al servicio del pueblo, con todas sus contradicciones y dificultades, y todo su poso crítico que lo hace un personaje de lo más interesante de este país, pero no por bueno, sino por inteligente”,

Miguel Ángel Pascual, chabolista del Pozo del Tío Raimundo.

“…si les doy pan a los pobres, me llaman santo; pero si pregunto por qué no tienen nada para comer, me llaman comunista”.

Don Helder Cámara, Obispo de Brasil, Arzobispo de Olinda y Recife, considerado como uno de los pioneros de la Teología de la liberación.

Las primeras referencias a la creación del barrio del Pozo del Tío Raimundo hablan de un asturiano que en 1924 se instaló en la zona con su ganado. Tiempo después, en la post-guerra española, vecinos del pueblo jienense de Martos se establecieron de forma permanente en lo que todavía, como recuerda Miguel Ángel Pascual, era un océano de barro. Fue por esta época que un vecino, el Tío Raimundo, construyó un pozo de agua, acontecimiento que sirvió para dar nombre a una nueva barriada madrileña. (1)

Como en otros barrios periféricos de Madrid, el desarrollo del Pozo del Tío Raimundo tuvo que ver con la emigración que se produjo a las grandes ciudades en la España de los años 50 y 60. Manchegos, extremeños y andaluces (sobre todo) llegaron a la zona sur-este de Madrid buscando trabajo. Dado que venían casi con lo puesto, los emigrantes -algunos dedicados a la construcción- levantaron “habitaciones” por las noches para evitar la ilegalidad que suponía hacerlo durante el día. Aunque en este tema, según cuenta Miguel Ángel Pascual, destacado vecino del Pozo, hay mucho mito.

De cualquier manera, estas chabolas de barro, ladrillos, madera, chapa y uralita, crecieron como «flores de luna» (2) y poco a poco dieron cobijo a una pequeña comunidad de obreros y obreras, lo que desembocó en la creación de un nuevo barrio vallecano, con Entrevías al oeste, Palomeras al norte y campo, mucho campo al sur y al este.

Esta forma de desarrollo, dura para sus habitantes, consiguió crear un sentido de comunidad y solidaridad en la zona que motivó la transformación de un lugar chabolista en un barrio digno y organizado. También, durante los años 50 y 60, el Pozo del Tío Raimundo se convirtió en sede para el movimiento español de izquierdas perseguido por el régimen de Franco.

La lucha vital de los habitantes del Pozo y sus reivindicaciones de clase tendrían una fuerte influencia en un padre jesuita, miembro de la Falange y muy allegado al dictador Franco, que se propuso -y le propusieron- evangelizar el barrio. Con el paso de los años, la conversión espiritual fue en parte a la inversa, siendo el Pozo del Tío Raimundo quien realmente ejerció una notable influencia en el Padre Llanos y otros religiosos que le acompañaron en aquella aventura.

El Padre Llanos

Fuente de Agua en el Pozo · años 60.

La vida y obra del Padre Llanos es, cuanto menos, controvertida. Tras la guerra civil española, en los años más duros, el franquismo se imponía de forma brutal para eliminar cualquier rastro de la España de izquierdas, librepensante o ilustrada. Entre los defensores y guardianes del paradigma nacional-católico se encontraba el Padre Llanos; su pertenencia a Falange Española y su cercanía al dictador así lo atesoraban. El hecho de que este jesuita proviniera de la élite espiritual del régimen, además de su inicial actitud autoritaria para poner orden en el barrio, según cuentan los vecinos mayores del barrio y relatos personales de personas que compartieron vivencias con el Padre Llanos en el Común de Trabajadores, no provocó que los vecinos del Pozo recibieran al jesuita con «hojas de palmera» ni «Hosanas» cuando el 24 de septiembre de 1955 -según unas fuentes- o la Nochebuena de ese mismo año -según otras-, el Padre Llanos -que tampoco llegó en borrico-, junto con otros 3 seminaristas, Pedro Borrejón, Fernando Elena y Pepe Jiménez de Parga, además Pepe Buzcareta, un «recogido» como el propio Llanos le llama, se establecieron en el barrio. También, como Llanos recuerda en su libro Disculpad si os he molestado, no lo hicieron de forma exitosa, pues él mismo pidió al arquitecto Laorga la construcción de un chabola en unos terrenos del Párroco de Vallecas. Esto provocó una inicial y comprensible desconfianza entre los vecinos, los cuales vivían en chabolas de verdad.

La misión del Padre Llanos, como la de otros sacerdotes de base, no era otra que la de llevar la actividad de apostolado a los barrios de la periferia donde el movimiento obrero se estaba organizando con el apoyo del Partido Comunista de España en la clandestinidad. El régimen de Franco y la Iglesia Católica no deseaban que en los barrios proletarios se extendieran el ateísmo y el sentimiento anti-clerical y aprovechó iniciativas como la del Padre Llanos para «evangelizar» estos barrios o, al menos, no perder fieles por la influencia de la izquierda. Hay que considerar que los vecinos y vecinas de los barrios obreros de Madrid, componían la clase más baja de la sociedad y muchos de ellos habían tenido o seguían teniendo vinculación con la izquierda que perdió la guerra y que ahora se veía sometida por el régimen de Franco. Sin duda, un cura falangista no era alguien en quien se pudiera confiar a primera vista. El mismo Padre Llanos recuerda la desconfianza de los vecinos: «Me dolía oír a la gente decir que yo no era como ellos»(3). Sin embargo, como primer punto a favor de este religioso, su estrategia no fue la de enfrentarse a los vecinos o delatar a los grupos de izquierda clandestinos sino la de confiar en ellos y acercar posiciones entre paradigmas vitales tan opuestos.

En los primeros años, el Padre Llanos se rodeó de personalidades importantes como el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza, que diseño la iglesia del vecino barrio de Entrevías, el afamado teólogo jesuita José María Díez-Alegría, precursor, entre otros, de la Teología de la Liberación y otras personalidades importantes dentro del mundo intelectual. No obstante, la labor del religioso no fue solo de apoyo y promoción religiosa, también ayudó y se dejó influenciar por el movimiento vecinal incipiente de los años 60, colaborando en la constitución de las primeras Asociaciones de Vecinos y apoyando a personas como Marcelino Camacho y la constitución del sindicato, por aquel entonces clandestino, Comisiones Obreras. Organizaciones éstas que jugarían un papel fundamental en la consecución de la Democracia en España.

Así, el contacto continuo y la implicación en el desarrollo del Barrio del Pozo comenzaron a hacer mella en la moral e ideología del Padre Llanos, pasando de redentor a redimido o al menos, un poco de ambos: «Llanos llegó al Pozo en 1955 para redimir a los trabajadores. Pero fueron los trabajadores los que le redimieron a él», recuerda Pascual Molinillo, vecino del Pozo del Tío Raimundo.

Pese a todo, el Padre Llanos nunca dejó de ser religioso, por lo que también hay que pensar que gran parte de sus pretensiones iniciales de evangelizar a las gentes del barrio se vieron cumplidas, aunque al final de sus días, el propio religioso confesara lo contrario.

En poco tiempo, el religioso se convirtió en uno más de los líderes sociales de la lucha obrera española alejándose cada vez más de las rígidas estructuras franquistas y cimentando su mito. Esta transición, que le llevó a militar en Comisiones Obreras y el Partido Comunista de España, tenía algo que ver con una nueva corriente mundial dentro del seno de la Iglesia Católica que se derivó de las propuestas del Concilio Vaticano II y que provocó un movimiento conocido como la «teología de la liberación», los «diálogos cristo-marxistas», o, en el caso del Padre Llanos, la de los «curas obreros». Esta dialéctica entre espiritualidad contra ateísmo y laicidad, encontró una síntesis en la lucha por los desfavorecidos donde la izquierda clásica estrechó la mano al cristianismo de las posiciones de los teólogos de la liberación.

Así, mientras se ganaba el respecto y la confianza de las clases obreras y los movimientos de izquierda, perdía ambos de algunos antiguos camaradas falangistas y hermanos de fe. Muchos defensores del Nacional Catolicismo no dieron crédito a la deriva de este jesuita que ahora se mezclaba -y con afán de pertenencia- con aquellos que atacaban a la iglesia e ignoraba a los que siempre le prestaron protección, incluso dando plantón al mismísimo Franco. Estos aprecios y desprecios seguro que también sembraron algo de duda en el jesuita que finalmente, pese a todo, optó por la síntesis dialéctica de izquierda y cristianismo que él y otro muchos religiosos cristianos escogieron como modo de vida.

La obra del Padre Llanos

Santa María del Pozo · Común de Trabajadores

«Esta dialéctica entre teísmo y espiritualidad contra ateísmo y laicidad, encontró una síntesis en la lucha por los desfavorecidos, donde la izquierda clásica estrechó la mano con el cristianismo primitivo de las posiciones de los teólogos de la liberación.»

La obra social del Padre Llanos comenzó en los años 50, cuando el jesuita crea la Fundación Santa María del Pozo, que sería el principal pilar para toda obra social desarrollada a partir de entonces. El objetivo principal de esta fundación fue la de promocionar el desarrollo social y cultural en el barrio comenzando por ayudar en la acogida a los trabajadores que llegaban del resto de España. Para llevar a cabo este proyecto, se construyó un pequeño espacio sin muchos medios llamado Común de Trabajadores. Este centro, de carácter comunitario, sirvió de residencia para los jesuitas y sus colaboradores y desde allí se trabajaba en diversos proyectos de carácter social. Entre sus funciones principales, estaba la de formar a los trabajadores en diversos oficios para optar a trabajos cualificados. De esta experiencia saldrían los primeros profesionales del Pozo del Tío Raimundo. Además, los jesuitas hacían las veces de gestores de empleo, recomendando a vecinas para que trabajaran en labores de limpieza en casas de la clase alta madrileña o ayudando a los hombres a emigrar a Alemania.

Después de comenzar el proyecto para la capacitación profesional, se iniciaron nuevas actividades para profundizar aún más en la formación de los vecinos, en concreto la de los jóvenes. De esta forma, en 1961, nació la Escuela de Formación Profesional 1º de Mayo que se centró en la formación de los hijos de aquellos trabajadores que obtenían capacitación en el Común de Trabajadores, convirtiendo el proyecto vecinal del Padre Llanos en una tarea cada vez más integral. A los «ciudadanos del mundo», como al Padre Llanos le gustaba definir a los alumnos del 1º de Mayo, se les proporcionó una educación al mejor estilo de la escuela laica y progresista, lo que convirtió a este centro formativo en uno de los más innovadores en la España franquista y parte fundamentadora de un sistema educativo más moderno ya durante el periodo democrático.

En cuanto al programa educativo del centro 1º de Mayo, en un principio, se priorizaron los oficios con más salida laboral, centrándose en la electrónica, mecánica del automóvil, de tal forma que los estudiantes tuvieran altas garantías de encontrar un trabajo cualificado al terminar sus estudios e incluso mientras los cursaban. Con el tiempo, ya en la décadas de los 80 y 90, se incluyó al programa educativo la informática y administración, prácticas de laboratorio, cocina y hostelería. Sin duda, la ilusionante acción social y el pragmatismo del programa educativo sirvió para que muchos jóvenes alcanzaran un nivel de bienestar superior al de generaciones anteriores.

Para llevar a cabo este trabajo de formación y capacitación el Padre Llanos, acostumbrado a moverse en los ámbitos intelectuales más importantes, contó con la ayuda de personas como Javier Solana (ministro en los cuatro gobiernos de Felipe González e importante diplomático internacional), el ex-alcalde de Madrid José María Álvarez del Manzano, Santiago Carrillo, el sindicalista Marcelino Camacho, la senadora y presidenta de Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, Francisca Sauquillo, y otras personas hoy reconocidas dentro del mundo de la política y la cultura que, con mayor o menor compromiso, apoyaron con su trabajo voluntario a dar mayor verosimilitud al proyecto vecinal impulsado por el jesuita.

«Las barriadas del Pozo y Entrevías son lugares donde los principios de izquierdas aun siguen vivos aunque, en algunos casos, cuando se aborda el tema de la inmigración, algunas personas-que por un lado aun levantan la bandera progresista- incurren el prejuicio radical al entrar en contacto con ciudadanos extranjeros.»

Al día de hoy, seis décadas después de iniciar los primeros trabajos en el Pozo del Tío Raimundo (y Entrevías), la obra llevada cabo por el jesuita y vecinos del barrio sigue contando con grandes retos, especialmente en tiempos de crisis. Uno de ellos y como un elemento novedoso para el desarrollo barrial de las últimas dos décadas, es la inmigración. En los últimos años, ya no son habitantes jienenses de Martos y otras poblaciones andaluzas, extremeñas y manchegas los que año tras año llegan al barrio, sino marroquíes, latinos y personas de otros países que buscan un futuro mejor en nuestro país. En este sentido y siguiendo las aspiraciones iniciales del proyecto, la Fundación del Padre Llanos sigue contando con el Centro de Formación 1º de Mayo, en la calle Los Barros y la Escuela de Hostelería de Sur en la calle Martos, donde se desarrollan los trabajos de apoyo a inmigrantes y concienciación social para los vecinos sobre el tema de la inmigración.

Por último -y no por eso menos importante- la Fundación Padre Llanos cuenta con una subvención del Ayuntamiento y el Ministerio de Igualdad (aprobada en julio de 2008) para la ayuda y atención a mujeres sin recursos y víctimas de maltratos y que está destinada a la construcción -que ya se está produciendo- de un centro de acogida, formación y gestión de empleo en los terrenos de la propia fundación en la calle Martos junto a la Escuela de Cocina y hostelería y la sede del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, presidida por la Senadora Francisca Sauquillo.

El Padre llanos, una figura muy controvertida

El Padre Llanos y la Pasionaria.

El 28 de mayo de 1977 fue un día muy importante para el recién legalizado Partido Comunista de España. Fue un día especial también para el Padre Llanos y, sin duda alguna, fue un día lleno de sobresaltos para la jerarquía de la Iglesia Católica y la propia Compañía de Jesús. Ese día de mayo de 1977, muchos se echaron las manos a la cabeza al ver a un jesuita, ex-miembro de la Falange, confesor de Franco y de clase burguesa alzar el puño en un mitin del Partido Comunista de España.

Para muchos, la aparición del Padre Llanos en un mitin del Partido Comunista de España, fue solo un gesto para conseguir aun mayor aceptación dentro del sector de la izquierda y de la clase obrera con la que había estado trabajando las dos últimas décadas. El teólogo Diez Alegría, colaborador de Llanos durante algún tiempo y también jesuita, lo entendió así:

«la foto famosa fue un impulso. No éramos antimarxistas, pero tampoco marxistas. Nos tomábamos en serio el marxismo. La crítica que hace Marx al capital es válida, pero nada más. Y si Llanos se hizo el carné del PC fue para convencer a la vecindad de que realmente estaba encarnado con ellos. Pero también rezaba el rosario todos los días por las calles». (4)

Sin duda, este gesto y su pertenencia a Comisiones Obreras y al Partido Comunista fue algo que se le criticó mucho durante su vida. Rodríguez Ponce, que trabajó a su lado durante 20 años, resumía las razones del comportamiento aparentemente contradictorio del Padre Llanos de la siguiente manera:

«Lo que pasa es que lo deslumbraba un proyecto universal de justicia, donde desapareciera la pobreza, la mentira, la corrupción y la explotación del hombre por el hombre…Llanos podía sorprender con los comportamientos más inesperados, pero el precio que pagó por esa foto fue realmente elevado». (5)

Muchos otros comentarios se han vertido durante décadas sobre el Padre Llanos, pero los más significativos son los del propio jesuita; unas declaraciones a televisión que recoge el documental del cineasta vallecano Juan Vicente Córdoba, Flores de Luna. En estas declaraciones, al Padre Llanos se le pregunta por su persona y el mito que le rodea, a lo cual responde:

«…al principio fuimos [los jesuitas de la compañía de Jesús] en plan de ser unos vecinos a trabajar como todo el mundo y acabamos siendo unos pequeños alcaldes engraciados todos. El cura era allí el manda más; el que se había quejado [hablando de si mismo] del mando de los curas de Madrid y por eso harto de la burguesía de Madrid se había ido al Pozo. El Pozo acudió al cura que era el que tenia poderes en Madrid y yo hacia de puente: sacada dinero de Madrid para traerlo al Pozo. Y entonces jugábamos al poder y se hizo uno poderoso y mito, de lo cual me he tenido que arrepentir, y mucho. Entre los de Madrid que se empeñaban que uno era el cura bienhechor que había ido a hacer obras de caridad para esos pobrecitos y en parte también, aunque no lo decían, a domar a esos peligrosos rojos que venían a las barriadas, y entre los del Pozo que veían en el cura su salida para poder trabajar y para poder vivir, pues hicieron de este desgraciao un mito.»

Reflexión final

Los que tuvimos la oportunidad de participar como estudiantes en el Instituto de F.P 1º de Mayo, en el último lustro de vida del jesuita, y causa de la bisoñez que da la juventud, sólo recordamos a un cura amable, siempre con su boina y hábito negro y que solía presidir las reuniones importantes del instituto pero que ya, hacía años, había cedido el testigo a otros más jóvenes que le habían acompañado durante décadas.

En cuanto al carácter del Padre Llanos, se dice de todo: unos casi le beatificaron en vida mientras que otros le redujeron -y todavía lo hacen- a un viejo cascarrabias del antiguo régimen que andaba perdido y hastiado de su clase burguesa y encontró en la barriada del Pozo la forma de redimirse. Tal vez la síntesis entre todas estas visiones sobre el particular jesuita se encuentre en el juicio a su obra. Si su obra es un reflejo de la personalidad del Padre Llanos, ésta tenía tres pilares fundamentales: un compromiso firme con las clases más desfavorecidas, una actitud de síntesis para el conflicto entre fe y razón, y tesón, mucho tesón para crear progreso y desarrollo en un lugar sin recursos. Todo lo llevado a cabo por el Padre LLanos sin duda compensaría su autoritario carácter y sus posibles conflictos metafísicos, ideológicos y morales.

* * *

El Padre Llanos recibe un premio por su labor de manos del alcalde del CDS Rodríguez Sahagún.

El 10 de febrero de 1992 fallecía el jesuita José María de Llanos. Tras su muerte, Francisco Umbral escribió de él:

«A los picados les daba Nescafé con galletas María, de comunión, y a sus amigos nos daba conversación y nos echaba música de Vivaldi. Era el hombre mas bueno que uno haya conocido jamás. Lucía un reloj de pulsera que le trajo La Pasionaria de Moscú, un reloj verde como una rana y pesado como un tanque en la muñeca. A mi nunca me hizo proselitismo, no quería convertir a nadie. Andaba mucho, como todos los viejos que no pueden andar. Íbamos a dar vueltas por la Plaza Mayor, buscando él ese solecillo que es ya el ciclo municipal de los viejos. Es el único santo con boina de todo el santoral y por eso no subirá al cielo.» (6)

Jesús Sordo Medina©


Notas

(1) http://www.soitu.es/soitu/2008/11/24/info/1227539076_555613.html
(2) Flores de Luna, así llamaban los vecinos a las pequeñas viviendas que “crecían” por las noches en el Pozo del Tío Raimundo. Flores de Luna, que también dio título al documental del cineasta Juan Vicente Córdoba, vecino del barrio vallecano de Entrevías.
(3) Europa Press.
(4) http://www.elmundo.es/papel/2005/09/26/madrid/1865790.html
(5) http://www.elmundo.es/papel/2005/09/26/madrid/1865790.html
(6) http://www.filosofia.org/ave/001/a032.htm

– See more at: http://www.homohominisacrares.net/php/articulos.php?num_revista=6&cod_articulo=59#sthash.7oE14A8B.dpuf

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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