“El Niagara en Bicicleta”, Juan Luis Guerra

Me dio una sirimba un domingo en la mañana
cuando menos lo pensaba, caí redondo,
como una guanábana, sobre la alcantarilla
será la presión o me ha subido la bilirrubina.

Y me entró la calentura
y me fui poniendo blanco como bola de naftalina
me llevaron a un hospital de gente, supuestamente.
En la emergencia, el recepcionista escuchaba la lotería
(treinta mil pesos).
Alguien se apiade de mi, grité perdiendo el sentido
y una enfermera se acercó a mi oreja y me dijo:
“tranquilo, bobby, tranquilo”.

Me acarició con sus manos de ben gay y me dijo:
“¿qué le pasa, atleta?”
y le conté con lujo de detalles lo que me había sucedido.
Hay que chequearte la presión,
pero la sala está ocupada y, mi querido
en este hospital no hay luz para un electrocardiograma.
Abrí los ojos como luna llena y me agarré la cabeza,
porque es muy duro pasar el Niágara en bicicleta.

No me digan que los médicos se fueron,
no me digan que no tienen anestesia,
no me digan que el alcohol se lo bebieron
y que el hilo de coser fue bordado en un mantel.

No me digan que las pinzas se perdieron
que el estetoscopio está de fiesta
que los rayos x se fundieron
y que el suero ya se usó para endulzar el café…

Me apoyé de sus hombros como un cojo a su muleta
y le dije: ¿qué hago, princesa?
y en un papel de receta me escribió muy dulcemente:
(“mi princesa, ¿qué va a ser de mí?”)
“lo siento, atleta”
Me acarició con sus manos de ben gay y siguió su destino
y oí claramente cuando dijo a otro paciente:
“tranquilo, bobby, tranquilo”.
Bajé los ojos a media asta y me agarré la cabeza,
porque es muy duro pasar el Niágara en bicicleta.

No me digan que los médicos se fueron,
no me digan que no tienen anestesia,
no me digan que el alcohol se lo bebieron,
y que el hilo de coser fue bordado en un mantel.

No me digan que las pinzas se perdieron
que el estetoscopio está de fiesta
que los rayos x se fundieron
y que el suero ya se uso para endulzar el café…

(Eeeeh en bicicleta, en bicicleta…)

No me digan que me va cayendo de tanto dolor,
no me digan que las aspirinas cambian de color,
no me digan que me van pariendo, que le falta amor,
no me digan que le está latiendo oooh…

Juan Luis Guerra©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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