“El maridaje: Política y cata de vinos”, Gustavo Catalán

maridajedevinos11Ya sabrán ustedes del desmadre verbal -conceptual- con que los pretendidos expertos acostumbran a glosar las excelencias de un vino; sensaciones y remembranzas que se dirían más literatura que precisión técnica. Ese dichoso “maridaje” que sería mejor llamar “esposaje” si de lo que se trata es de casar el caldo en cuestión con la pescadilla o los garbanzos, pongamos por caso. Y que si la armonía de un “vino de autor” (?), o la mezcla floral que nadie, excepto ellos, es capaz de recitar y que a veces incluye los aromas de una docena de pétalos distintos en su nariz.

cospedalHe estado años escuchándolos boquiabierto, de vez en cuando, cuando señalan la larga fase retronasal de alguno, la armonía de ese otro… Pero mi escepticismo se ha trocado en repentino interés en cuanto descubrí que su verborrea guardaba estrecha relación con actitudes y palabreo de los políticos/as, porque no me negarán que la “relaxing cup” deja un inconfundible retrogusto a pardilla mesetaria (en Botella, ¡faltaría más!), y que los “Fin de la cita” maridan a la perfección con las explicaciones de Cospedal sobre los sueldos retroactivos de Bárcenas, que estaban pidiendo a gritos que se bajara el telón.

En ocasiones, se superponen las características del vino con las de los prohombres: ácido, terroso, inquietante o con aristas… Y, en otras, nuestra imaginación se esforzará en vano por encontrar al maduro más allá de la copa; al equilibrado, cálido, potente, aterciopelado, profundo… Para la textura carnosa quizá deba uno pensar en Soraya y, por lo que hace a los vinos y el comportamiento humano, ni qué decir, porque la evanescencia con que se explaya Montoro es de nariz punzante y efluvios viscosos, y la ligereza con poco cuerpo, propia del Albariño según cuentan, le viene que ni de perlas a las comparecencias del Presidente. Sin embargo, hay ensamblajes imposibles: no alcanzo a identificar ninguno con un dulzor que no empalague, al parlamentario lleno de matices o que cualquiera de ellos sea, en vez de áspero y cabezón, la parte intelectual de cualquier comida. Ni siquiera de la comida basura.

No obstante, nunca debe decirse nunca jamás, máxime si fuera posible meterlos en roble una buena temporada, así que si algún prócer les trajese en el futuro la armonía y el retrogusto a delicioso melocotón, háganmelo saber. Para catarlo despacio y comprobar si el sabor es redondo o sólo un puro disfraz. Lo más probable.

Gustavo Catalán© Fuente: http://gustavocatalanblog.com/

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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