“Sinfonía interior”, Hugo Mayo

Estas alas que impidieron mi vuelo y este vuelo sin alas

Este deseo de llegar al sitio absurdo y este absurdo en espera

Este derrotero libertando hacia un azur y este azur que se detiene

Este canto de la siembra en brotadura y esta brotadura deszocada

Este cercado espacio de poemas y este poema sin cerco

Esta escondida escarcha en las espigas y esta espiga desnuda

Este viento peinando su arrebato

Y este arrebato brusco

Este intenso pedir de mi demencia y este embelesamiento

Este grito de la carne que me tienta y este tiento que se impone

Este mirar al mar cuando se agita y ese litódomo atento

Este dolor de mi herida que no sangra y esa sangre derramada

Y ese extravío de las horas en mi vida y esta vida que espina mi pecado.

Hugo Mayo©

Manta, 1895-1988; su verdadero nombre es Miguel Augusto Egas. Termina en Guayaquil su instrucción primaria. Después del bachillerato, inicia estudios de jurisprudencia. Es profesor de escuela primaria. Participa como secretario de redacción del cenáculo “Renacimiento”. Se aficiona por los poetas parnasianos, simbolistas y modernistas franceses. Funda la revista “Síngulus”. En 1922 uno de sus poemarios fue retirado de la imprenta y destruido por una conocida poeta. En 1924 publica la revista “Motocicleta”. Trabajó de burócrata de aduanas y del Municipio de Guayaquil. Obra literaria: El receso (1973), Poemas (1976), El zaguán de aluminio (1982), Chamarasca (1984).

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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