“In a sentimental mood”, Sarah Vaughan

Sarah Vaughan

Contratada con apenas diecinueve años por Earl Hines como cantante y segunda pianista de la orquesta, tuvo la inmensa fortuna de que por aquella formación pasaran los jóvenes músicos de New York que estaban cambiando el jazz con el sonido nuevo conocido como bebop: Charlie Parker y Dizzy Gillespie. Sarah Vaughan es sin ninguna duda una de las grandes damas del jazz.

Nació el 27 de marzo de 1924 en Newak, New Jersey. Su padre era un carpintero guitarrista aficionado al blues, y su madre una lavandera pero pianista y organista en la Iglesia, sin duda la pequeña Sarah estaba destinada a inclinarse por la música, integrándose en la Iglesia Baptista del Monte-Sión como organista, pianista y miembro del coro.

En 1943 su vida tomó contacto con el jazz cuando ganó el concurso anual del Apollo Teathre de Harlem para cantantes noveles. Ella Fitzgerald, que había ganado ese mismo concurso la década anterior, le animó y fue presentada al cantante Billy Eckstine, quién a su vez la recomendó a su jefe de orquesta, el pianista, Earl Hines.

Contratada con apenas diecinueve años por Earl Hines como cantante y segunda pianista de la orquesta, tuvo la inmensa fortuna de que por aquella formación pasaran los jóvenes músicos de New York que estaban cambiando el jazz con el sonido nuevo conocido como bebop: Charlie Parker y Dizzy Gillespie. La huelga de grabaciones decretada por la Federación Americana de Músicos, impidió que ese periodo primitivo de Sarah al frente de la orquesta de Hines, y posteriormente con la orquesta de Billy Eckstine no fuese grabado. La única excepción es el tema grabado en diciembre de 1944 titulado: “I’LL Wait And Pray”. Con una formación adquirida en los círculos “boopers”, Dizzy Gillespie la introdujo en los estudios de grabación de pequeñas casa discográficas independientes: primero fue una sesion para Continental organizada por el critico, Leonard Feather en diciembre de 1944, poco después, en mayo de 1945, interpreta junto al quinteto de Parker y Gillespie, una versión de “Lover Man” para la casa “Guild”.

En 1946, un contrato para Musicraft supone su espaldarazo definitivo y posibilita su expresión artística en distintos contextos: canta desde acompañante de grupos swing dirigidos por el pianista, Teddy Wilson y el violinista, Stuff Smith, a orquestas de cuerda o con el pianista Bud Powell, el baterista, Kenny Clarke y otros boopers en una magnifica sesion.

Extraordinariamente apreciada en los círculos del jazz moderno, se casó con el trompetista George Treadwell y en 1947, obtuvo su primer gran éxito de ventas con “Its Magic”. En 1949, cuando firmó contrato con el poderoso sello Columbia, obtuvo el primer puesto de las grandes revistas especializadas en jazz en la categoría de cantantes.

La década de los cincuenta fue su mejor época como cantante. Afortunadamente supo reprimir los intentos de su casa discográfica para convertirla en una especie de estrella moderna de la canción y su aparición al frente de un octeto con Miles Davis en 1950 cantando una excelente versión de “Mean to Me” la consagró definitivamente como una gran cantante de jazz.

Se prodigaron sus actuaciones en el Carnegie Hall, realizó su primera gira europea en 1951 con un éxito absoluto y todavía el éxito fue mayor en la posterior de 1954. Insatisfecha con su contrato en Columbia ya pesar de sus extraordinaria ganancias económicas, Sarah abandono en 1953, a la terminación del contrato, su relación con el poderoso sello y buscó una discográfica mas acorde con sus planteamientos musicales.

En 1954 fichó por el sello Mercury, donde estuvo hasta 1959, y posteriormente, en la ultima fase de su carrera, fue contratada desde 1963 hasta 1967 por el sello Roulette. En ambos, Sarah Vaughan dejó su mejor legado discográfico. Para la filial de Mercury, “Emarcy”, Sarah Vaughan grabó entre 1954 y 1959, en directo o en estudio y con su fabuloso y regular trío: el pianista, Jimmy Jones, el contrabajista, Joe Benjamín y el baterista, Roy Haynes, una serie de discos extraordinarios y al menos una obra maestra absoluta con la colaboración del trompetista, Clifford Brown: El álbum titulado: “Sarah Vaughan” (Emarcy, 1954).

Un breve periodo fuera de Mercury, fue aprovechado por la cantante para firmar por el sello Reprise, a principios de los sesenta. Su vuelta a la casa Mercury, no fue tan fructífera como el periodo anterior, y frente a fantantiscas grabaciones como la acaecida en 1963 en directo desde el Tivoli Garden en Copenhague, se encuentran intrascendentes versiones de Los Beattles o de la canción pop.

En 1967 su retirada de los estudios se vio compensada por la intervención en numerosos programas televisivos, principales festivales, teatros y clubes. En 1971, firma por el sello Mainstrean con quien estuvo hasta 1974, dejando en sus arcas un extraordinario concierto en Japón.

En 1978, el productor Norman Granz la incorporó a su elenco de artistas y a su sello Pablo, donde permaneció hasta 1982 dejando tambien algunos discos extraordinarios como el dedicado a la música de Duke Ellington. En 1982 colaboró con Michael Wilson Thomas y varias orquestas filarmónicas interpretando el repertorio de Gershwin, obteniendo un premio Grammy por la grabación que la CBS efectuó en su concierto de Los Ángeles.

En 1989, grababa un dueto con Ella Fitzgerald sobre “Birdland” bajo la dirección de Quincy Jones, pero el tabaco había empezado a quebrantar su salud y murió, victima de un cáncer de pulmón en abril del siguiente año.

Bibliografía: Las grandes voces del Jazz.
Editorial La Máscara. 1994.
Autores: Jorge García y Federico García Herraiz.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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