“Taki Ongoy”, Víctor Heredia

tk5Quienes suponen que la historia puede ser contada desde una sola posición, desde un solo punto de vista, se equivocan, por eso no pretendo que esta que presento aquí sea la única versión. No lo es, está es la de los vencidos, o por lo menos la de los que aparentemente han sido derrotados, el reverso de la moneda que hasta hoy nos han mostrado los supuestos vencedores; pues habría que preguntarse hasta que punto ha sido vencida una cultura que subyace en nuestra memoria colectiva y pugna tozudamente por perdurar a través de los siglos y lo consigue con la permanencia de sus ritos y creencias ancestrales, con la permanente vigilia de quienes son descendientes directos de los que alguna vez fueron dueños de estos territorios y del continente entero, con la inevitable emoción que nos embarga cuando el sonido de una quena, un erke, un sikus golpea nuestro corazón y nos remite involuntariamente a una zona que nuestra memoria reconoce, dolorida y melancólica, como si ese sonido perteneciera a un bello pasaje de nuestra vida anterior.

Y así debe ser: quizá algunos de nosotros haya sido parte de ese sonido que aleteo en el aire claro de las cumbres andinas cientos de años atrás y también porque no, de aquel español taciturno, valiente y ambicioso que se aventuró hasta estos confines a pesar de sus temores, movido por su sed de riqueza y conquista.

Estamos hechos, pues, de los dos barros: del indio y del español. Lo que deberíamos averiguar de una vez por todas a esta altura, es quienes somos: ¿ los conquistadores o los conquistados? Si estamos en este continente de paso o si formamos parte de él, en definitiva si esta es nuestra casa. Si así fuera, no cabe duda de que nuestra posición es la de los vencidos, ya que hechos como los que aquí narro se han sucedido a lo largo de toda nuestra historia en una interminable repetición de horrores y calamidades sociales, económicas y políticas, que nos hermana inevitablemente con los primeros pobladores de este continente, avasallados desde la conquista.

No trato de ofender a nadie con esta obra: solamente respondo a interrogantes que mi conciencia plantea respecto de mi posición frente al actual estado de las comunidades indias de América.

Quiero saber hasta donde mi sangre puede asumir el compromiso que tengo con mi tierra y mis hermanos frente al dolor de los que, con nuestra ignorancia , inocente en algunos casos , hemos discriminado como si fueran ellos los culpables de su propia desgracia, cuando en realidad son la llama viva de nuestra conciencia, lo poco que queda de nuestra antigua dignidad, de nuestra bella cultura.

No intento hacer aquí anti-hispanismo: únicamente contribuir a conformar un todo agregando la parte que faltaba.

Una abuela india y un abuelo español transitan por mi sangre. Para que naveguen felices quiero darles un curso firme, apoyado en el respeto y el amor por mi propia cultura, tratando de entender por qué festejó todavía fechas que representan la muerte y el aniquilamiento de bellísimas expresiones artísticas que son parte del patrimonio cultural universal, y de sus creadores que fueron justamente mis antepasados.

América vive y yo soy parte de este cuerpo que se niega a festejar cuando en realidad quiere llorar.

Deseo ese respeto. Necesito la autocrítica porque nuestro futuro se erigirá con hombres conocedores de la verdad y fieles a ella.

Si no comprendemos que ya somos libres jamás alcanzaremos la verdadera independencia.

Víctor Heredia

TEXTO Nº 1
 
tk8Hubo un tiempo en el que todo era bueno. Un tiempo feliz en el que nuestros dioses velaban por nosotros. No había enfermedad entonces, no había pecado entonces, no había dolores de huesos, no había fiebres, no había viruela, no había ardor de pecho, no había enflaquecimiento. Sanos vivíamos. Nuestros cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. Pero ese tiempo acabó, desde que ellos llegaron con su odio pestilente y su nuevo dios y sus horrorosos perros cazadores, sus sanguinarios perros de guerra de ojos extrañamente amarillos, sus perros asesinos.
    Bajaron de sus barcos de hierro: sus cuerpos envueltos por todas partes y sus caras blancas y el cabello amarillo y la ambición y el engaño y la traición y nuestro dolor de siglos reflejado en sus ojos inquietos nada quedó en pie, todo lo arrasaron, lo quemaron, lo aplastaron, lo torturaron, lo mataron. Cincuenta y seis millones de hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso genocidio, que la pequeña luz que aún arde como ejemplo de lo que fueron algunas de las grandes culturas del mundo, se propague y arda en una llama enorme y alumbre por fin nuestra verdadera identidad, y de ser así que se sepa la verdad, la terrible verdad de cómo mataron y esclavizaron a un continente entero para saquear la plata y el oro y la tierra. De cómo nos quitaron hasta las lenguas, el idioma y cambiaron nuestros dioses atemorizándonos con horribles castigos, como si pudiera haber castigo mayor que el de haberlos confundido con nuestros propios dioses y dejado que entraran en nuestra casa y templos y valles y montañas.
    Pero no nos han vencido, hoy, al igual que ayer todavía peleamos por nuestra libertad.
 
 
PLATICAS DE LOS SABIOS Y ANCIANOS (NAHUAXL-HUAHATLACOLLI)

Ten cuidado de las cosas de la tierra.
Haz algo, corta leña, labra la tierra,
planta nopales, planta magueyes.
Tendrás que comer, ue beber, que vestir.
Con eso estarás en pie. Serás verdadero.
Con eso andarás, con esos se hablará de ti.
Se te alabará, con eso te darás a conocer…
Serás verdadero…
Serás verdadero…
Serás verdadero…

 
VEINTE MIL AÑOS PATRIA
 
Patria, Veinte mil años patria.
Madre, por la vida y la muerte
sangras por la carne y el alma.
Por el cielo y el mar.
El azúcar, la sal.
Por el indio que espera con la piel reseca
la resurrección.
 
Por el ave que va
desde el norte hacia el sur
desafiando los vientos
los helados alientos de la tempestad
con el pico apuntando
con las alas volando
con los sueños pujando hacia la libertad.
 
Aquí los inocentes fueron desterrados
a la negra fosa de la eternidad.
Aqu161 los torturados, los desarraigados
claman todavía por su ansiada paz.
Y cada año que pasa el 12 de Octubre
con la voz dolida vuelven a cantar
vuelven a cantar
hacia la libertad.

 
TAKI ONGOY

Dónde están nuestros hijos ahora?
Qué viento los barrió?
Dónde nuestros maizales de oro,
Meciéndose en el sol?

Qué fue de nuestras huacas sagradas?
Qué fue de nuestra paz?
Lloro por Titicaca
Y la luz amada de Pachacamac

Digo Taki Ongoy, y sueño un camino Viracocha entenderá
Cuánto dolor encierra mi corazón
Grito Taki Ongoy, preparo mis armas, Manco Incas sonreirá,
Las flores en los valles revivirán

Habrá en sus ojos tal regocijo,tanta felicidad,
Que nuestras almas, de las estrellas al mundo bajarán
Y en Machu Picchu, ciudad sagrada, se corporizarán
Aztecas, Mayas,Incas, Chimúes,convocarán al sol

Este es el día del año justo,
Ya terminó el dolor,
Vengo a cantarles la profecía,
El indio no murió

Digo Taki Ongoy, y sueño un camino
Viracocha entenderá
Cuánto dolor encierra mi corazón

Grito Taki Ongoy, preparo mis armas,
Manco Inca sonreirá,
Las flores en los valles revivirán

Habrá en sus ojos tal regocijo, tanta felicidad,
que nuestras almas de las estrellas al mundo bajaran.
Y en Machu-Picchu, ciudad sagrada se corporizarán:
aztecas, mayas, incas, chimúes, convocarán al sol.
Este es el día del año justo, ya terminó el dolor.
Vengo a cantarles la profecía. El indio no murió.

 
LA PUERTA DEL COSMOS

La puerta del Cosmos se abrió lentamente
y allí Viracocha fundó
el mundo que vemos, las cosas y fieras,
y el culto civilizador,
los valles y frutos, las bellas praderas
y el agua en un gesto de amor.
Reinó entre nosotros, amó entre nosotros
y un día de pronto partió
el Dios de la vida, el Dios de la Tierra,
cruzando las aguas del mar.
Igual Quetzacoatl, en Mexico un día,
los dos prometieron volver.

Mi corazón con su tambor,
golpea las puertas de Tiahuanacu.
Mi corazón en su dolor,
llama a las huestes de Tiahuanacu.
No son Viracocha los hombres que llegan,
no existe en sus ojos bondad.

Su magia es la muerte, su amor la riqueza
del pueblo del hijo del sol.

Mi corazón con su tambor,
golpea las puertas de Tiahuanacu.
Mi corazón en su dolor,
llama a las huestes de Tiahuanacu.
No son Viracocha los hombres que llegan,
no existe en sus ojos bondad.

 
TEXTO Nº 2
 
tk6No ciertamente no eran dioses. No eran Viracocha; cuando Pizarro entró al Cuzco y junto con el padre Valverde decidieron la muerte de nuestro amado señor Atahualpa. A pesar del rescate que pagamos equivalente a tres habitaciones repletas de oro, nos dimos cuenta entonces de las verdaderas intenciones de esos hombres. Pero ya era tarde, la sangre había comenzado a derramarse y esas primeras y queridas gotas se iban a construir en un río inmenso que recorrería todo el continente y ya no habría salvación.
 
 
ENCUENTRO EN CAJAMARCA

Creo en mis dioses
Creo en mis huacas
Creo en la vida y en la bondad
De Viracocha
Creo en el Inti Pachacamaj.

Como mi charqui
Tomo mi chicha
Tengo mi coya, mi cumbi
Lloro mis maikis
Hago mi chuño
Y en esta pacha quiero vivir.

Tu me presentas Runa Valverde
junto a Pizarro un nuevo dios.
Me das un libro que llamas Biblia,
con el que dices habla tu dios:
nada se escucha por más que intento
tu dios no me habla, quiere callar.
Por qué me matas si no comprendo
libro no habla, no quiere hablar.

 
MUERTE DE ATAHUALPA

Pizarro mató a Atahualpa
sin ver que mataba el sol,
mi mundo se ha derrumbado
igual que mi corazón.

La sangre que se derrama
es sangre de mi señor.
el cosmos se va con ella,
ha muerto un hijo del sol.

Que abismo abrirá sus fauces
para tragar nuestro amor (mi dolor)
Pizarro mató a Atahualpa
y el Cuzco entero murió.

La sangre que se derrama
es sangre de mi señor.
el cosmos se va con ella,
ha muerto un hijo del sol.

Que abismo abrirá sus fauces
para tragar nuestro amor (mi dolor)
Pizarro mató a Atahualpa
y el Cuzco entero murió.

 
TEXTO Nº 3
 
tk1No había descanso para nuestro dolor: no solo moríamos a manos de los conquistadores sino que a nuestras angustias vinieron a sumarse las enfermedades. Las pestes como la gripe y la viruela, desconocidas hasta entonces en nuestra tierra, cayeron sobre nosotros y la muerte no tuvo piedad.
 
 

 

 

AÑO 1530 – PESTE
 
Éramos diez millones de indios
entre los valles y las montañas.
Hombres, mujeres, viejos, niños.
En nuestro Reino del Perú.
 
Nunca supimos de la peste,
hasta que el español llegó.
Fuimos muriendo lentamente,
bajo la fiebre y el dolor.
 
La maravilla de nuestro rieno sucumbió,
a la tortura, la esclavitud y la enfermedad.
Nunca supinos como vivir sin la tradición.
Hemos perdido junto a los nuestros la libertad.
 

 
AYA MARCAY QUILLA

Nunca pierdas a tu niño en tus brazos
Nunca sufras tal dolor
Te parecerá que el mundo se acaba
Que algo adentro se rompió

Ya no habrá dolor que pueda conmigo
Indiecito se durmió.
La peste negra del extranjero
su risa se llevó.

Aya Marcay Quilla lo traerá de nuevo,
pero no me sonreirá.
El brillo de sus ojos ya se apagó

Aya Marcay Quilla lo traerá de nuevo,
pero no me sonreirá.
El brillo de sus ojos ya se apagó
 

TAKI ONGOY Nº 2

Caerá en la tierra
una lluvia sin fin.
Un gran diluvio
que apague el dolor, ¡Oh! Oh!
De tanta muerte y desolación
y fertilice nuestra rebelión.

Ya nos quitaron
la tierra y el sol,
nuestra riqueza y la identidad.
Solo les falta prohibirnos llorar,
para arrancarnos,
hasta el corazón.

Grita conmigo,
grita taki ongoy.
Que nuestra raza
reviva en tu voz.

Grita conmigo,
grita taki ongoy.
Que nuestra América
Es india y del sol.

 

MUERTE DE TUPAC-AMARU

Peleamos en Vilcabamba
en contra del extranjero.
Ya había perdido mi hermano
su fe en conseguir vencerlos.
Titu-Cusi era su nombre
y comando la rebelión,
pero presa de la fiebre
entregó su corazón.
 
Tupac-Amaru  es mi nombre
y asumo entonces el mando.
Manco-Inca fue mi padre,
su sangre guía mis manos.

Por América resisto.
Por América me muero.
Por América mi vida
me arrancará el extranjero.
 
El español que me mata,
no sabe que está cortando
la cabeza que mañana
cantará en un canto eterno.
Se muere el último inca,
Tupac-Amaru se muere
todo el Cuzco se desangra,
por mi cabeza en la pica.
Pachacamac me recibe,
para preparar mi traje.
Yo volveré con los míos
a reparar el ultraje.
 
Por América resisto.
Por América me muero.
Por América, lo juro.
Nunca detendré mi vuelo.

Tupac-Amaru  es mi nombre.
Mi sangre y mi canto eterno.
Tupac-Amaru  no ha muerto.
¿Quién puede matar un sueño?
 
 

TEXTO Nº 4

EL GRAN ALZAMIENTO DIAGUITA (1630-1643)
 
tk4No fue la nuestra una lucha de bárbaros contra seres civilizados, no lo fue, sencillamente peleábamos por nuestros derechos. Todos los indios diaguitas: abaucanes, malfines, andalga, yocavil, calchaquíes, luchábamos por la dignidad de nuestra comunidad, y contra la crueldad con la que nos trataba el invasor. En definitiva, luchábamos por la libertad.
    Don Juan Chalimín, el bravo cacique, fue nuestro líder y guía, su sangre es un símbolo para América y la indianidad.
 

DON JUAN CHALIMÍN
 
En el valle Calchaquí
como un algarrobo más.
Hay un hombre que se aferra
a sus montes y a su tierra
una flor en el desierto,
que va en nombre de sus muertos a luchar.
Para mi no es solo un hombre.
Es un grito de millones,
que resuena por Los Andes.
de coraje, de bravura y libertad.
Juan Chalimín, Juan Chalimín.
 
Son malfines, andalgá, abaucanes, calchaquíes.
van unidos a la gloria
de morir si es necesario.
Dignifico aquí su sangre
Dignifico aquí su nombre por amor.
Han escrito en nuestros valles
lo mejor de nuestra historia
y rescato en su memoria
nuestra raza libertaria calchaquí.
Juan Chalimín, Juan Chalimín.

 
 
MUTILACIONES

Nos cortaban las orejas
y nos amputaban un brazo o un pie.
Les arrancabn los pechos
a nuestras mujeres. ¡Cuanto padecer!

¿Quién puede entender?
¿Quién puede entender?
Al dios de estos hombres, dime ¿quién puede entender?

Ya no habrá empalados, nunca torturados
no nos van a mutilar.
Toda la raza diaguita
se levanta en pleno por su libertad.

¿Quién puede entender?
¿Quién puede entender?
Al dios de estos hombres, dime ¿quién puede entender?

 
 
LA CABEZA DE PEDRO CHUMAY
 
Para desterrar del valle
al conquistador
y evitar que lleve el oro
de nuestro sudor
debemos estar unidos.
en el valle calchaquí.
Un cacique nos ampara
don Juan Chalimín.
 
Ya cortaron la cabeza
de Pedro Chumay..
Pero prenderemos fuego,
odo lo que hay.
Vengaremos esa muerte
y todas las demás.
Un cacique nos ampara
don Juan Chalimín.

A Contreas lo pondremos
a secar al sol:
Capayanes y diaguitas
¡Basta de dolor!

UN PEDAZO DE MI SANGRE

Un pedazo de mi sangre
cae rodando hacia el hualfin
susurran los algarrobos
la pepita tierna llora su fin.

Cuanta soledad desierta
pugna por meterse en mi
y en los ojos de las santas
canta un rio de sangre calchaqui.

Sueño con cantar en paz
pero ya no puedo más
solo pienso en liberar
Andalgalá …, andalgalá …

Estas piedras son del viento,
estos muertos son del sol,
Famatina y Nonogasta
galopan tormentas en mi corazon.

Por el rio van mis ojos
hacia el tiempo sin saber
que se volveran torcaza
sobre el cielo claro del amanecer.

Sueño con cantar en paz
pero ya no puedo más
solo pienso en liberar
Andalgalá …, Andalgalá …

 
TEXTO Nº 5
 
tk2Fueron 140 años de luchas desde que supimos de la muerte de Atahualpa y sufrimos así mismo las torturas y mutilaciones con que nos castigaban los españoles.
    Nos habían prometido la protección nada menos que de dios y nos daban en realidad la tragedia y la persecusi6n más atroz.
    La guerra más cruenta tuvo lugar entre los años 1630 y 1643. Finalmente nuestro bravo Juan Chalimín fue apresado y posteriormente asesinado y descuartizado. Sus miembros fueron enviados para ser expuestos públicamente a distintas ciudades de nuestro territorio para escarmiento y temor de nuestros hermanos, pero, la cabeza en lo alto de una pica sonreía, los ojos fieros todavía soñaban con un futuro hermoso de libertad.
 
 
CANCIÓN POR LA MUERTE DE JUAN CHALIMÍN
 
Despliega tus alas ahora
levanta tu cabeza y mira:
Apenas unos pocos lloran.
Tu rostro seco al sol,
tu mutilado amor,
tu dulce corazón.
 
Alguien ha cortado tu cabeza Chalimín.
Tus brazos y piernas y tu lengua Chalimín,
pero no podrán descuartizar tu magia.
Vives en el centro mismo de las almas,
justo en el espacio de nuestra esperanza.
Somos hoy tu sombra nada más
Tu aliento que se va,
tu rostro seco al sol,
tu mutilado amor,
tu dulce corazón.

 
TEXTO Nº 6
 
tk3Así íbamos desapareciendo de la faz del continente, lentamente nuestros líderes fueron asesinados y la indianidad esclavizada en las minas de oro y plata que eran descubiertas y vaciadas impunemente, con el esfuerzo y el dolor de nuestros hermanos.
    Solamente en Potosí murieron ocho millones de indios por la ambición europea, ocho millones de muertes es demasiado dolor como para olvidar que fueron causadas solamente por una insaciable sed de poder y riqueza.
 
 
POTOSÍ
 
Lloras, penas,
sangras por mí.
Alto cielo de Potosí,
Faucesa baiertas
como una puerta
de los infiernos,
de los infoernos y la oscuridad.
 
Ciegos, mancos,
muertos de sed.
Rotos, infectos,
lejos de dios.
Es la tragedia,
una miseria,
un Evangelio,
un Evangelio de promiscuidad.
 
A la muerte, a la muerte besaremos.
En la boca cerrada de los muertos
Y una tumba de plata forjaremos,
para morir una vez más.
Somos ocho millones los perdidos,
Nuestros huesos se pudren en la mina.
Es tan negra la noche como el día.
Tortura y sed. Plata y dolor
 
A la muerte, a la muerte besaremos.

 TEXTO N’7
 
tk7Casi cinco siglos de destrucción sistemática y de obliteración cultural han contribuido a la desaparición de tumbas, centros religiosos, poblados y también a la extinción de las artes. No hay excusa para quienes pudieron desde sus lugares tratar de frenar ese proceso de involución cultural, no hay excusa porque vastas generaciones hemos crecido en la equivocada creencia que nuestros indios eran seres bárbaros y sin inteligencia alguna.
    Pero la verdad aflora siempre y allí está para reafirmar su alto valor estético algunas muestras del arte cerámico, de la escultura en piedra y los tejidos precolombinos que desde el silencio nos golpean con su callada y misteriosa belleza.
    ¿Qué hubiéramos sido, si hubiéramos podido ser en toda nuestra plenitud? Podemos todavía, sin embargo, tratar de reconstruir desde las tinieblas la historia de los pueblos de los que ni siquiera sus huesos han sido respetados.
 
 
UN DULCE ALFARERO

Animosamente preparaba el barro,
amorosamente todos los colores.
Buscaba la forma con sus sabias manos,
amorosamente modelaba el barro.
Como un dios de greda
sentado en la piedra,
los ojos perdidos en el precocido.

Sólo entre los valles
él y las estrellas.
¡Qué cosa tan bella!
¡Qué cuestión del cielo!
Un hombre y la tierra:
un dulce alfarero.

 

ELLA ESTA CONMIGO

 
Ella está conmigo,
hembra en el camino,
como un ombligo del sol.
Siembra de futuro
que precioso escudo
le puso a mi corazón.
Ella es mi alegría,
es el nuevo día,
hablo de mi libertad.
 
Sí, ella es Atahualpa, luz incaica.
Sí. es Tupac-Amaru, en Vilcabamba.
Sí. es Juan Chalimín, en nuestros valles.
 
Sí, debo decir
que ella es mi luz
Sngre en el mar,
indio en la Cruz del Sur;
hablo de mi libertad.
 

 
UNA TIERRA SIN MEMORIA
 

Una tierra sin memoria
no nos cobijará jamás;
nuestra luz se irá apagando
desamparada morirá.
 
Mas, si cada hombre viera
la fuente clara de la verdad
y, en el viejo fundamento
su pensamiento  dejara andar.
Llovería donde debe
y en ese instante de claridad
fundaría un nuevo día
bajo este claro azul sin par.
Y esta tierra americana florecería en paz.
Para parir un nuevo mundo.
Al tiempo hay que entender,
para cambiar la historia
hay que comenzar,
para vivir la gloria americana
del mañana hay que luchar.

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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