“5 clichés que no utilizaría en mi novela”, Víctor J. Sanz

Muchas novelas están plagadas de clichés, de lugares comunes que se repiten de unas a otras sin apenas cambios. Muchos autores deben pensar que si a otros les funciona, por qué a ellos no iba a funcionarles, y llegados a ese punto no intentan explicar con sus propias palabras lo que van a repetir, sino que lo copian y lo pegan en su novela y luego suspiran satisfechos por el trabajo no realizado.

Si vas a utilizar un cliché, al menos tómate la molestia de que no parezca el de siempre. Estos son 5 clichés que no utilizaría en mi novela:

  1. Los personajes que obedecen ciegamente a fuerzas superiores y desconocidas. Cuando hay una notoria falta de imaginación o una seria carencia en la planificación de la novela, algunos autores, para justificar ciertas acciones de sus personajes solo porque son necesarias para el desarrollo del relato, hacen ver al lector que sus personajes actúan como lo hacen porque obedecen a una fuerza desconocida e inexplicable pero a la que se someten igualmente.
  2. Los villanos que sienten la necesidad de explicar sus planes. Es un cliché muy antiguo pero que, por desgracia, sigue estando presente en algunas obras. Cuando el autor de un relato da a conocer a su lector todos los detalles de los planes de su villano es por uno de estos dos motivos, o bien porque está tremendamente orgulloso de su invención y su presunción es más poderosa que su vergüenza, o bien porque no ha dispuesto la estructura narrativa suficiente como para que esa explicación no sea necesaria. En cualquiera de los dos casos tiene trabajo por delante.
  3. Los personajes femeninos que toleran las actitudes machistas solo porque provengan de personajes masculinos atractivos. Una actitud machista, actitud machista se queda aunque se vista de seda. Actitudes que ese mismo personaje femenino calificaría como machismo o como acoso sexual si vinieran de un personaje masculino poco agraciado, son toleradas y hasta deseadas si vienen de un personaje masculino atractivo. Este tipo de personajes femeninos son denigrantes para todas las mujeres. No es que no deban diseñarse personajes femeninos así, pero sí sería bueno que no salieran de los objetivos educativos y formativos sobre lo que es y lo que no es denigrante para las mujeres.
  4. El rebaño obediente. En algunos relatos se pintan grupos humanos que solo lo son en apariencia, ya que psicológicamente le llevan poca ventaja a un rebaño de ovejas. Cualquier personaje con un poco de personalidad que levante la voz y la dirija hacia ese rebaño obtendrá de inmediato su apoyo incondicional, y esto se da indistintamente tanto en personajes con buenas como con malas intenciones. La masa, el rebaño que obedece y jalea las palabras del eventual líder, carece totalmente de criterio. Estoy de acuerdo con lo que decía Goethe: “La multitud no envejece ni adquiere sabiduría: siempre permanece en la infancia”. Pero ¿no es hora ya de que esa multitud madure un poquito?
  5. Solo era un sueño.  Considero una falta de respeto al lector tenerle mordiéndose las uñas durante páginas y páginas para, al final del capítulo (o lo que es peor, al final del libro), dejarse caer con que todo era un sueño. Es este un lugar común demasiado frecuentado al que no es conveniente llevar al lector.

Como todo en narrativa, esto de los clichés también es subjetivo, y estoy seguro de que estos y otros clichés podrían seguir usándose sin grandes problemas si los autores se tomaran la molestia de poner un poco de su parte, contándolos a su manera y no a la manera en que ya los contaron otros muchos antes que ellos.

Víctor J. Sanz© Fuente: http://victorjsanz.es/5-cliches-que-no-utilizaria-en-mi-novela/

Anuncios

Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: