“Relatos”, Gustavo Martín Garzo

Coleccionar silencios

radioUn personaje de un cuento de Heinrich Böll se dedica a coleccionar silencios. Le ha tocado vivir en una época y en un país terrible, la Alemania de después de la guerra, y trabaja de locutor en la radio. Una de sus tareas es preparar las cintas grabadas para su emisión. Él debe revisarlas, y hacer cortes, para evitar las pausas innecesarias. Pero no tira esos trozos. Los guarda en una caja con el propósito de llegar a unirlos algún día y lograr una cinta en que lo único que se oiga es el silencio. La hermosa pará- bola no ha perdido su vigencia, pues no creo que haya existido un tiempo en que el silencio esté más desvalorizado que hoy. Los medios de comunicación han transformado al hombre contemporáneo en un ser cada vez más parlanchín y desinhibido, que no tiene problemas en opinar sobre lo primero que se le ponga a tiro. ¿Supone esto que hoy día las palabras estén más valoradas que nunca? Más bien sucede lo contrario, y pocas veces las palabras y las ideas han valido menos. Puede que el antídoto sea coleccionar silencios, como hacía el personaje de Heinrich Böll. El silencio es el espacio de la reflexión, pero también del pudor. Por eso todos los que guardan algo valioso hablan en susurros. Es decir, atentos a las voces escondidas que cuentan la verdadera historia de lo que somos.

La flor azul

Un cuento de hadas muy sabio y antiguo cuenta la historia de un hombre que busca por todos los lados el tesoro sin precio —una flor azul o una seta mágica—, tan sólo para encontrar que ha estado siempre en el umbral de su casa. No es infrecuente que nos pase algo así. Buscamos esa flor soñada en lugares remotos, viajes sorprendentes y extraños, experiencias apresuradas, y de pronto la descubrimos temblando junto a la ventana de nuestra cocina, con los pétalos empapados de leche. Estaba allí, a nuestro lado, y no lo sabíamos. Y lo raro es que una vez hallada no sabremos qué hacer con ella, pues su naturaleza es estar de más. Pero entonces ¿por qué habría de sernos tan preciosa? El poeta William Carlos Williams se refirió a esas flores que de forma inesperada nos entregan los sueños. Flores imaginarias, pero que obran sobre la realidad, puentes instantáneos entre el hombre y las cosas. Que nos ponen en comunicación con el misterio de la vida, y vuelven habitable el mundo. Pues ya lo saben. Abran despacito la puerta de su casa y miren con atención al entrar. Cualquiera de ustedes puede ser el hombre del cuento, y encontrarse la flor que abre las piedras junto al paragüero.

Amor y naturaleza

«Toda la naturaleza, escribió Yeats, está llena de gente invisible. Algunos de ellos son feos y grotescos, otros, malintencionados o traviesos, muchos tan hermosos como nadie haya jamás soñado, y los hermosos no andan lejos de nosotros cuando caminamos por lugares espléndidos y en calma». ¿Qué significan estas palabras del gran poeta irlandés? Que hay que saber relacionarse con lo que no conocemos, con lo que no se entrega fácilmente a nuestros sentidos o nuestra comprensión. De todo esto hablan los cuentos que contamos a los niños. Nos prometen la compañía insuperable, la conversación en una gruta del bosque, el juego en el río con los seres de las corrientes, el encuentro con un elfo de la luz, que son las criaturas más delicadas que existen. Los cuentos hablan de lo que no hemos vivido, de ese lugar donde algo se perdió o donde no pudimos penetrar nunca. Su reino no es el reino de lo probable, sino el de lo posible. Es decir, el reino del alma. Es un error pensar que los adultos no tenemos que escucharlos.

Gustavo Martín Garzo©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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