“Uraniborg”, Tycho Brahe

Alzado del singular 'Uraniborg', diseñado por Tycho Brahe

Un “palacio” único dedicado a estudiar los secretos del firmamento. Esa fue la finalidad con la que, entre 1576 y 1580, se levantó el singular Uraniborg en la isla de Ven (hoy territorio sueco, en el estrecho de Öresund) bajo el patrocinio del rey Federico II de Dinamarca.

El diseño del Uraniborg (el nombre, “castillo de Urania” en danés, era una alusión a la musa clásica de la astronomía y la astrología) se encomendó al astrónomo Tycho Brahe, el más destacado estudioso de los astros antes de la invención del telescopio.

Con el importante apoyo económico real –se estima que se destinó al menos un uno por ciento de la renta anual danesa de la época–, los llamativos diseños de Brahe, destinados a favorecer el estudio del firmamento, pronto se convirtieron en realidad.

El “castillo”, de planta cuadrada y dos torres semicirculares adosadas en los lados norte y sur, tenía tres plantas diferenciadas y un amplio sótano. En los dos primeros niveles se repartían los aposentos del propio Brahe y su familia, así como las estancias de astrónomos invitados y las habitaciones especiales de la familia real, mientras que en la tercera se habilitaron ocho salas para dar alojamiento a numerosos estudiantes.

Esta distribución tenía su razón de ser, pues Uraniborg no pretendía ser solo un observatorio astronómico, sino también un verdadero centro de investigación que diera cobijo a estudiantes y estudiosos de los cielos. De hecho, el castillo de la isla de Ven contaba también con su propia imprenta, de forma que podían publicar los resultados de sus investigaciones.

Al igual que muchos otros sabios de su tiempo, Brahe estaba también interesado en otras disciplinas hoy consideradas pseudociencias, como la astrología (en aquella época no solía distinguirse de la astronomía) o la alquimia. Fue precisamente su interés hacia esta última materia la que le llevó a habilitar en el sótano un laboratorio donde, entre retortas y metales, intentó compaginar sus estudios de los astros con sus experimentos alquímicos.

El laboratorio también le sirvió para sus estudios de las plantas medicinales, que él mismo cultivaba en los distintos jardines geométricos que diseñó junto al castillo.

Con el tiempo, Brahe se percató de que los resultados obtenidos por sus instrumentos no eran del todo fiables, pues los artefactos –ubicados en las torres y a la intemperie– se movían fácilmente con el viento. Esa fue la razón que le llevó a construir otro recinto que sirviera mejor a sus fines.

En esta ocasión, el observatorio fue bautizado como Stjerneborg, o “Castillo de las Estrellas” y, a diferencia del Uraniborg, únicamente se utilizó como observatorio astronómico.

Diseño del Stjerneborg, el segundo observatorio de BraheEl complejo astronómico ideado por el sabio danés no tardó en alcanzar un gran éxito, y no era raro que en sus dependencias coincidieran un gran número de estudiantes y eruditos. En total, Tycho pasó cerca de dos décadas en la isla de Ven, y allí desarrolló el grueso de sus estudios astronómicos, dando forma a los dos volúmenes de su ‘Astronomiae instauratae progymnasmata’ (Introducción a la nueva astronomía), la obra en la que planteó su modelo del Universo, a medio camino entre el sistema ptolemaico y el de Copérnico.

Por desgracia, Brahe perdió el favor y el apoyo económico del nuevo monarca, Cristián IV, hijo de su antiguo mecenas, y en 1597 tuvo que abandonar el sueño de Uraniborg. Dos años más tarde se estableció en Praga, donde se ganó el patrocinio de otro monarca, el emperador Rodolfo II, gran mecenas de las artes y las ciencias, y apasionado de los astros, la alquimia y la magia.

tycho-brahe-1546-1601-grangerEl emperador lo convirtió en ‘matemático’ (astrónomo) real y le facilitó un nuevo castillo en el que continuar con sus estudios. Aquellos serían sus últimos años, en los que el notable sabio acabó compartiendo la mayor parte de sus trabajos con otro astrónomo –el joven Johannes Kepler, antes de morir en 1601.

Más o menos en las mismas fechas, los recintos astronómicos de la isla de Ven quedaron abandonados y terminaron por sucumbir al saqueo de los marinos de la zona. Ya en el siglo XX, distintas excavaciones arqueológicas lograron sacar a la luz algunos restos del Stjerneborg, que fue parcialmente reconstruido, y hoy forman parte del Museo Tycho Brahe, donde se recuerdan los años que el sabio danés pasó escudriñando el firmamento desde la pequeña isla.

[Fuentes: El beso en la Luna, Tychobrahe.com]

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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