“La oda del trovador”, entrevista a Miguel de Cervantes Saavedra

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1ª pregunta: Mari Carmen Azkona

Hoy, con esto de la crisis, se están produciendo una serie de injusticias y de desahucios que están en todas las pantallas de televisión. ¿Había en su época este tipo de cosas?

D. Miguel de Cervantes Saavedra:       Antes de contestar a su pregunta, excelsa dama de las letras, permítame decirle que todo cuando su pluma deja sobre el papel cumple con los requisitos de la buena composición; más todavía, que el Patchwork con que adorna su escritura es de una delicadeza sutil, de una belleza turquesa.

       Y ahora sí, Doña Mari Carmen. Esta pregunta tan actual, tiene una contestación muy antigua. No llegaba yo a los cinco años cuando un juez vallisoletano embarga a mi padre Rodrigo. El cuatro de julio de 1552 entran los alguaciles en casa y se llevan todo. Y cuando digo todo es todo. Se llevaron ante mis aterrados ojos las sábanas y las mantas, los cuatro colchones, el jubón, el sayo y las “calzas amarillas”, la mesa de nogal y sus bancos, también el “banco de sentar, de pino”, y otras dos “sábanas de Ruan” con otros tres “colchones buenos”, la caja de cuchillos dorados y los zapatos de terciopelo, el arca con más ropa de la casa, la “capa negra llana” y otro sayo de lo mismo, “aforrado de tafetán”. No dejaron ni el sombrero que llaman chapeo, “de terciopelo con cordón de seda”, ni el “cofrecillo con joyas”, y ni siquiera el “niño Jesús en una caja de madera”.

       Ya se puede imaginar, Doña Mari Carmen, mis aterrados ojos del niño que era. Y más todavía cuando mi padre Rodrigo alega ante el juez que no “puede ni debe estar preso por deudas”, según las leyes de Castilla por ser “notorio de padre y abuelo de solar conocido”; que mi padre era hidalgo. Pero el problema real es que mi padre era médico con pocos recursos y demostrar esa hidalguía sin ejecutoria que la probara no era nada fácil. Más difícil de probar además porque entre él y mi abuelo había cierto distanciamiento que en nada propiciaba su ejecutoria.

       Así que nos tuvimos que volver a Alcalá, a la sombra de la abuela, mientras mi padre viajaba a Córdoba a pedir auxilio a mi abuelo y a mi tío Andrés. Al menos nos libramos de la quema de los 27 libros que la Inquisición mandó quemar en ceremonia pública y ostentosa en Valladolid. 

2ª pregunta:  Antonio Castillo-Olivares Reixa

Está también D. Miguel muy de moda informativa el asunto de la violencia de género, el mal trato a la mujer… ¿Qué opina usted de esto?

D. Miguel de Cervantes Saavedra:      Esti-mado colega de letras. Antes de nada ofrecerle mis mejores parabienes por su trilogía de título galaico: Cercle. Me encantan las descripciones de la ciudad de Toledo que hace en esta última entrega de su novela, así como la exacta descripción del entramado social de la época en que sitúa a sus protagonistas. Permítame que aproveche la ocasión para recomendar públicamente su lectura muy encarecidamente, que aun siendo tema de caballería, que yo por mis gustos particulares he tildado siempre de sinsustancia, no deja de tener ese punto de atractivo viajero que tanto gusta a pequeños y mayores.

       En cuanto a su pregunta, la verdad es que en mi tiempo las relaciones entre hombres y mujeres se regían por otras normas. Hoy, en la mayoría de los casos y al menos en tierra cristiana, las uniones entre hombres y mujeres no tienen otro interés que el meramente afectivo, que el afecto y no la condición social es quien manda en esto de la cama y el amor. De ahí precisamente estas salidas de tono de algunos hombres. En mi época todo era distinto. 

       Fíjese usted estimado colega en el caso de mi hermana Andrea, la mayor, que de la otra hermana, Luisa, como se metió a monja pues nada tengo que decir al respecto. Andrea tuvo una relación carnal con Nicolás de Ovando. Pero éste se desdijo de su compromiso firmado de matrimonio y tras romper las relaciones compensa a mi hermana con una suma de dinero que va a servir para criar a la niña que nace de aquella relación, mi sobrina Constanza de Ovando, luego de Figueroa.

       Cuando ocurre esto yo estaba en Sevilla, con mi padre, tenía 18 años y estaba aprendiendo los intríngulis del teatro y la poesía de mano del maestro Lope de Rueda. Y digo esto, lo de mi hermana y mi sobrina porque Nicolás de Ovando, el que dejó preñada a mi hermana, era sobrino de Juan de Ovando, quien recogiera en su casa a la madre y al hijo que se hará llamar Mateo Vázquez, no otro que el que fuera a ser Mateo Vázquez de Lecca y Colonna, uno de los secretarios de la Corte de Felipe II. Éste es a quien estando yo cautivo en Argel le escribí una carta en verso muy personal que él guardó entre los papeles importantes de su biografía y que a día de hoy todavía se conserva.

       Pero me he perdido, no en balde mis cincuenta años pesan. ¡Ah, sí!

       Digo que en Madrid, Andrea busca boda o segundo compromiso con Juan Fco. de Localdelo, que tampoco cuaja, pero que deja una suculenta donación… y todo porque ella le había curado alguna enferme-dad que había tenido. Bien sé yo qué enfermedades eran esas. Pero yo, con 20 años, iba metiendo mis narices y mis barbas rubias en las escribanías de mi hermana. 

3ª pregunta: Santiago Liberal

¿Qué fue primero Don Miguel, las armas o las letras; porque tengo entendido que fue usted discípulo de López de Hoyos?

D.MdeCS:       Gracias, Señor Regidor del Programa, Liberal doblemente, por apellido y por convicciones, poeta de pro, prohombre de escenas, y siempre animador de la palabra; gracias, digo, por invitarme esta tarde a su Oda del Trovador, ya uno de los lugares ineludibles en La Red, espacio literario donde los hubiere.

       Pues sepa Vuestra Merced que para un joven de 22 años que era, que está buscando su destino, que no es noble y que no tiene claro la salida de las armas, ni del comercio, ni del clericato, la única puerta es la de las letras. En mi tiempo, si estudiabas letras y leyes ya tenías la base para ser secretario, administrador, escribano y escribientes que necesitaba la Administración, la Inquisición, los jueces, los municipios, alcaldías o pueblos. La Corte y El Poder era el vivero de la gente de letras y leyes, cuyo destino apuntaba al Consejo de Estado, Consejo de Castilla, El Consejo de Indias y los distintos ministerios que asesoraban a un rey que como Felipe II escuchaba y leía.

       Así que si, había leído toda la poesía del cancionero, a Quintiliano, Cicerón, Virgilio, a Montemayor, de quien estimaba que había elevado la poesía española a la altura de la italiana y quizás más allá, y al mejor de todos, a Garcilaso de la Vega. López de Hoyos era mi maestro, y yo su discípulo, y él estaba cerca del Cardenal Espinosa, el poderoso. Era su discípulo y hacía lo que tenía que hacer. A saber, escribir como se debe escribir para lo que se debe escribir, no para perder el tiempo, sí para ganar el respaldo del poder en ocasión memorable. Todo mediante el método de la imitación de los clásicos, la traducción de los clásicos, etc. Por ello el soneto al nacimiento de la infanta Catalina Micaela, entre otros.

       Pero el Cardenal Espinosa, pese a todo su poder, lo tenía difícil. La situación política de entonces estaba como la situación política de ahora, complicadísima. Los protestantes en Alemania, los moriscos, con la ayuda más que a la vista de los turcos en la mar, en el sur.

       Sí, luego fueron las armas, tras el sueño de parecerme al joven héroe del momento, Don Juan de Austria, que de una buena patada en el culo, que se diría hoy, puso a los moriscos en su sito. Sí, hay algo más que retórica en la epístola al Cardenal Espinosa, cuando doy fe de mi frustración, de la frustración de quien “no ha gustado de la guerra”, digo textualmente. 

4ª pregunta: Mari Carmen Azkona

Algunos políticos, hoy hablan de Castas, de prebendas, de chanchullos de todo tipo en favor de unos pocos. ¿Qué ocurría en su tiempo.

D.MdeCS:       Entonces, como ahora, había un poder judicial. Yo tuve una pelea a espada con un malnacido llamado Antonio de Sigura en el verano de 1569. Y es que como he dejado por escrito en no menos de tres ocasiones, hay diferencia entre la ofensa y la afrenta. Y uno es hidalgo, no lo olvidemos, no un vulgar pechero que paga impuestos. Y la ofensa pase, que puede ser involuntaria, e incluso accidental. Pero la afrenta hay que limpiarla de todas todas. ¿Quién es nadie para proferir una injuria que lleva a uno a las deshonra y la mantiene espada en mano? No, no, la afrenta hay que limpiarla siempre, que fue mi caso.

       Me condenaron con vergüenza pública a que me fuese cortada la mano derecha por aquello; pero yo hice como mi pariente, Gonzalo de Cervantes. Él desde Córdoba, yo desde Alcalá de Henares, hice mi hato y me largué a Italia.

       A finales de ese mismo año de 1569 necesité un certificado de limpieza de sangre, lo que hoy sería un certificado de penales, para entrar al servicio del entonces joven eclesiástico Giulio Acquaviva, y para por si lo necesitara en el futuro. Y mi padre me lo consigue, no sé yo con qué buenas o malas artes chanchullescas. Busca testigos y estos declaran que ni yo ni mi familia éramos moros, ni judíos, ni conversos, ni reconciliados de la Santa Inquisición, ni por ninguna otra justicia de caso de infamia, que no era del todo cierto, pues yo estaba huido de la justicia. En fin, que se borró la sentencia condenatoria, y que de allí en adelante éramos unos muy buenos cristianos viejos, limpios desde la raíz misma de nuestras almas.

       Ya entonces, excelsa dama, como ahora, vivíamos en un cierto orden social, fácilmente quebrantable por otro lado. Porque se ha dicho y es verdad que para el pícaro las leyes están para saltárselas, y en España, de esos hay muchos. Y para muestra ahí les dejo, en la cabecera de sus cama, una obra mía, que puse de nombre Rinconete y Cortadillo. 

5ª pregunta: Mari Carmen Azkona

Vivimos momentos tensos en política. La euforia y la decepción son dos palabras que nos atañen a todos, a nivel colectivo e individual. ¿Ha vivido usted esos dos estados, Don Miguel?

 D.MdeCS:      Yo encontré en los tercios contra el turco en el Mediterráneo un destino y un oficio en defensa de la cristiandad. Tomé posición al lado de mi rey, de mi tierra, de mi patria en definitiva. Y aun estando en Italia, en situación comprometida por el caso del malnacido Sigura antedicho, me alisté… y compartí en tierra las tabernas de comidas surtidas, y de mujeres, e hice timbas de juego, dados y naipes. Viví aquella vida ligera y desordenada de la milicia; e incorporé a mi alma el Credo del hombre de armas, aquello de buscar el lugar más peligroso y por ende de mayor honra.

       Pero hete aquí que en la madrugada del 7 de octubre de 1571, cuando entramos en combate, en Lepanto, el hado quiso ponerme en una situación de inferioridad, pues estaba con unas calenturas que me sacaban el alma. El mismo capitán de La Marquesa me dijo que estuviera quedo, abajo, en la cámara de la galera. Pero yo insistí con tanto ahínco en lo contrario que me mandó con otros doce al lugar del esquife, a la barca auxiliar de la galera situada en el costado de estribor, lugar ciertamente peligroso. Tenía yo entonces esa fe ciega del soldado en sus mandos, ese ardor guerrero en el pecho, esa mirada puesta en nuestro héroe: no otro, como ya he dicho, que Don Juan de Austria.

       Aquello era la euforia política en el alma de un joven, créame.

       Luego llegaron las heridas, el forzado reposo. Y un primer encontronazo con los que distribuían lo que hoy se llaman fondos reservados, entonces fondos B de Don Juan de Austria, dineros para pagos no justificables, de carácter graciable. Y no es otro éste contratiempo que me quisieron escamotear 20 escudos, a mí, que nunca había dado marcha atrás, a mí y mi fidelidad, si se me permiten perruna.

       Pero lo peor es que las cosas se tuercen a veces de una manera impensada. Porque en Navarino, la superioridad moral y oportunidad material de acabar con la flota turca, se dejó pasar. Y no se comprende que Don Juan la dejara pasar, que permitiera que ocurriera tal cosa. Y cuando pasan estas cosas, cuando los intereses contrapuestos paralizan la acción, surge la desconfianza.

       ¿Cómo se entiende que aquella alianza entre el Rey, el Papa y los venecianos se viniera abajo de la noche a la mañana? Para dejar claras estas dudas, esta amargura, me inventé yo un capitán cautivo de nombre Pérez de Viedma, que sospechando que Don Juan quería no sólo ser héroe sino Rey de Túnez, guardara tropas para tal fin. Así le hago decir que, textualmente, ¡eh !, “la suerte me llevó a una galera, y a ser esclavo de un mismo patrón”.

       Esto era la decepción política, la primera inyección de desconfianza en el alma de aquel joven ardoroso que fui, la que me empujó en brazos del deseo de volver a casa.

6ª pregunta:  Santiago Liberal

Habla usted de un personaje cautivo que escribe, que se alza de alguna manera contra el poder establecido, un personaje atrapado en la desconfianza. ¿Usted estuvo prisionero también, no? ¿Tiene que ver algo este personaje con usted, con su vida?

D.MdeCS:      Sí, amigo Liberal. Quise volver. Y este anhelo me llevó a la cautividad. Pero quede bien claro que la desconfianza no me había llevado a volver claudicante y derrotado. Más bien lo contrario. Me explico. El Rey tomaba una ruta conciliadora con el infiel, más alarmado quizás por los alborotos en Flandes, por la pujante descomposición del imperio que encarnaban los protestantes y calvinistas, con la reina de Inglaterra, Isabel, a la cabeza y su corsario mayor del reino, el hiperactivo Drake. Don Juan viviendo más en su sueño tunecino que en la realidad. Y, para colmo, la llegada a Nápoles del nuevo virrey, don Íñigo López de Mendoza. Otra vez los Mendoza en nuestra familia. Los seiscientos mil maravedíes que consiguieran mi abuelo y mi tía María a cuenta del pleito con Martín el gitano, un hijo natural de Hurtado de Mendoza, pesaban como una losa en mi posición en los tercios.  La gitanilla, mi prima Martina, estaba aguándome la fiesta.

       Así que solicité a Don Juan y se me concedieron las referencias necesarias para demostrar mis servicios y méritos de guerra con vistas a obtener en España algún empleo, o seguir en la milicia con otros cometidos, cosa que inexplicablemente no hizo mi hermano Rodrigo. “Ya que estaba impedido de la mano izquierda, bien podría ser en España capitán de alguna compañía de las que se preparan para ir a Italia”, pensaba.

       Y fue esto precisamente, las cartas de recomendación de Don Juan al rey, lo que fue mi ruina futura.

       Así que el 7 de septiembre de 1575 zarpo rumo a España. Pero todo salió mal, igual que el camino del mundo de entonces. Primero una tempestad que dispersa las naves. Luego las galeras de los hermanos Mamí que vinieron por nosotros, desarbolados como estábamos, sin artillería y con las redes hechas pedazos. Fui hecho prisionero sí.

       De aquí, del día a día vivido, saco argumento para mis libros, sí. La gitanilla tiene un punto de arranque en mi sobrina. El Capitán Pérez de Viedma es el pobre soldado preso que fui, con su ínfula de Capitán en la cabeza, sí. Vida y ficción no andan muy lejos, son, a veces la misma cosa. 

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2ª PARTE DEL PROGRAMA:

7a Pregunta: Mari Carmen Azkona

La democracia española es una forma de gobierno que, sin duda, usted no conoció… ¿qué piensa de este sistema político, Don Miguel?

 D.MdeCS:      Imposible es para mí hablar de un modo de gobierno del imperio español que no conozco, y que se va a muchos años en un futuro ya entonces más que incierto. Mas algo ha funcionado mal en estos siglos, pues en mi tiempo el imperio de lo español no conocía la noche, y ahora, la noche es larga. Entiendo que es bueno para esta ocasión la sentencia que recoge Pedro Vallés en su Libro de refranes y que dice: “a río revuelto ganancia de pescadores”.  

8a Pregunta: Mari Carmen Azkona

Hoy día en Occidente la religión se ha separado claramente del Estado, no así en Oriente. Usted, que tuvo contacto con moros y cristianos, ¿cree que hay alguna posibilidad de que los seguidores de Alá separen la religión de su vida?

D.MdeCS:       Los moros, a decir del fraile portugués Antonio de Sosa, con quien coincidí en la prisión de Argel, son, cito textualmente, “puros mendigos árabes, feísimos, en extremo puercos y muy guarros, pero son precisamente estos tan lindos galanes y polidos los que conquistaron a África y aun a casi toda España”. Lo que me lleva a este otro proverbio latino: Quod natura non dat, Salmantica non præstat

10a Pregunta: Santiago Liberal

En referencia a este tema de la religión… ¿qué hay de cierto en esa frase de con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho? ¿Sigue vigente?

D.MdeCS:      La ironía es precisamente el arma que utilizo por excelencia en la composición de Don Quijote de La Mancha. Así que siguiendo con esta ironía decirle a usted y a todos los oyentes que en esta frase hay lo mismo de cierto que de falso, en el pasado, en el presente y en el futuro. Allá cada cual con su entendimiento. Un consejo, que nadie diga de este agua no beberé, porque a decir de Don Quijote, la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre nada sobre la mentira como el aceite sobre el agua.

11a Pregunta: Mari Carmen Azkona

¿Qué piensa del dinero, Don Miguel? Usted siempre anduvo en apuros, pero en su época también era importante. Tanto que usted llegó incluso a ser recaudador para ganarlo. ¿Hay algo más importante que el dinero?

D.MdeCS:     Ya tengo escrito en algún lado, en boca de un ilustre caballero, que el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero. De ahí que tanto vales cuanto tienes, y tanto tienes cuanto vales, y que dos linajes solos hay en el mundo, como decía una abuela mía, que son el tener y el no tener. Y dicho esto, todo dicho está, con eso ha de bastar.

12a Pregunta: Mari Carmen Azkona

Usted casi es contemporáneo de Calderón, aunque un poco mayor que él. ¿Entre Don Quijote y Segismundo hay algún punto en común?

D.MdeCS:       Digamos que los deseos se alimentan de esperanzas. Y que la verdadera nobleza consiste en la virtud. También que las tristezas no se hicieron para las bestias sino para los hombres; pero si los hombres las sienten mucho, se vuelven bestias.

13a Pregunta: Santiago Liberal

¿Es usted monárquico, Don Miguel? ¿Lo seguiría siendo?

D.MdeCS:       Nada hay más pequeño que un grande dominado por el orgullo. De ahí que de altos espíritus es apreciar las cosas altas. Todo lo demás en palabrería innecesaria.

14a Pregunta: Mari Carmen Azkona

En sus tiempos los castigos eran muy duros. La pena de muerte era aceptada comúnmente. ¿Es usted partidario de ella? ¿En qué casos?

D.MdeCS:       No seas, ni siempre riguroso, ni siempre blando.

15a Pregunta: Mari Carmen Azkona

¿Qué valor tenía la Literatura en sus tiempos? ¿Divertía? ¿Enseñaba? En el caso del Quijote sin duda cumplía ambas funciones. ¿Cómo ve la Literatura de hoy? Concretamente la narrativa.

D.MdeCS:       La pluma es la lengua de la mente. Mientras exista la mente existirá la literatura.

16a Pregunta: Santiago Liberal

Usted siempre quiso ser un gran poeta, pero decía que no era el don que le había dado Dios. Sin embargo tiene poemas espléndidos. ¿Qué piensa de los poetas de hoy? Porque de algunos poetas de antaño ya sabemos lo que pensaba… no hay más que leer su Viaje al Parnaso.

 D.MdeCS:     Entiendo que en esto del alma humana las cosas han cambiado poco. Por eso me sostengo en lo que en su día dije. A saber, que: “una de las mayores tentaciones del demonio es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro con que gane tanta fama como dinero”. También que si uno se siente poeta, “podrá ser famoso si se guía más por el parecer ajeno que por el propio”.

17a Pregunta: Mari Carmen Azkona

Usted fue soldado. Y perdió una mano por defender a su patria. ¿Haría lo mismo hoy, arriesgaría la vida por España?

 D.MdeCS:      Sí, daría mi vida por España.

18a Pregunta: Mari Carmen Azkona

¿La fama, es importante? ¿O escribir es simplemente un oficio más? Hoy día, con su cultura y facilidad de escritura… ¿habría sido guionista de televisión, por ejemplo? Por cierto, ahora que la conoce, qué opina de ella y, en general, de las nuevas tecnologías.

D.MdeCS:       Ya lo he dicho. La pluma es la lengua de la mente. ¡Qué más da el papel en que se imprima! Yo escribiría, desde luego.

19a Pregunta: Santiago Liberal

Estimado don Miguel, ¿con qué medios contaba usted para escribir? ¿Tenía usted un ordenador con procesador de textos, una tablet o por lo menos un móvil?¿Quizás una máquina de escribir Olivetti o por lo menos un buen surtido de bolígrafos y un cuaderno con cien o doscientos folios de papel rayado para no torcerse? ¿Y supongo que buena luz eléctrica, y calefacción en invierno y potente aire acondicionado en verano?

 D.MdeCS:      No entiendo ni la mitad de las palabras que utiliza, amigo. El papel, la pluma, la tinta y la luz de una vela era cuanto tenía. Y una buena memoria, y muchas lecturas, y muchos recuerdos. Porque ya he dicho en otra parte que quien lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

20a Pregunta: Mari Carmen Azkona

Usted, que en varias ocasiones, a parte de su época de cautivo del moro, estuvo encarcelado, sin razón o con ella, en prisiones por asuntos de causa económica, ¿qué opina de los reos, galeotes y presos en general? ¿Podrían ser algunos de ellos, sin saberlo ni las autoridades ni ellos mismos, inmensos creadores, virtuosos artistas, geniales científicos cuyo negro destino les ha apartado del lugar que merecían ocupar en la sociedad para adelanto y bien de esta?

 D.MdeCS:      Yo creo que cada uno es artífice de su propia ventura. Y que cada uno es hijo de sus obras. Y que la libertad es una de las más agradables virtudes de quien engendra la fama. Y que la guerra, así como es madrastra de los cobardes, es la madre de los valientes. Y para finalizar que esto ya me cansa, que venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo.

Fuentes

Publicado por Santiago Solano Grande. Texto del programa de radio previsto para emitir el pasado 11 de abril de 2016 en EPIKADIAL, relativo a la entrevista realizada a Miguel de Cervantes.
http://solano-grande-cuaderno.blogspot.com.es/2016/04/entrevista-cervantes.html?spref=fb

Audio: http://www.epikadial.com/mp3/laodadeltrovador/cervantes.mp3

Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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