“El guión de D-os. El silencio como escritura”, Margie Haber Mustri

letras

[…] una voluta desdibujándose en la pintura:
Palabra descarnada nada queda o casi: diríase […]
(Luis Felipe Fabre: Cabaret Probenza)

La palabra y la antipalabra nos han escrito y des escrito como pueblo, pues un pueblo sustentado en el lenguaje debe considerar la des escritura (1) como parte de la propia escritura.

En la sección “La escritura de las cosas” que se encuentra en el libro Las palabras y las cosas, el filósofo-historiador Michel Foucault, define el lenguaje como “una red de marcas en la que cada una puede desempeñar en efecto, en relación con todas las demás, el papel de contenido o de signo, de secreto o de indicio” (Foucault 42) de ese modo, él mismo establece que la función de la palabra además de signo, tiene que ver con un secreto o un indicio; como si el silencio fuera parte del lenguaje mismo.

Foucault establece una relación entre el lenguaje y la verdad; y de ese modo habla de la forma en la cual el lenguaje se relaciona con el mundo, pues según él: “[…] el lenguaje real no es un conjunto de signos independiente, uniforme y liso en el que las cosas vendrían a reflejarse como en un espejo, a fin de enunciar, una a una , su verdad singular.” pues el lenguaje del que habla Foucault es aquél que reside al lado del mundo “[…] entre las plantas, las hierbas, las piedras y los animales”, y como parte del mundo, el lenguaje “[…] es más bien una cosa opaca, misteriosa, cerrada sobre sí misma, masa fragmentada y enigmática punto por punto, que se mezcla aquí o allá con las figuras del mundo y se enreda en ellas.” (Foucault, 42 y 43)

Tomando la analogía entre verdad y lenguaje que Foucault se ha encargado de exponer, y pensando en el silencio, indicio y misterio como parte de éste ¿Qué relación tiene el nombre o el desnombre de Dios con nuestra verdad? ¿Cómo estamos inscribiendo o des inscribiendo a Él?

Así como el silencio también escribe, éste también se escribe. Y considerándonos un pueblo de la escritura ¿Qué mejor que la poesía para circundar aquello indecible? Lo indecible tiene muchos nombres, he aquí un ejemplo: “El adir shemaj, el baruj shemaj, el gadol shemaj, el dagul shemaj […]” (“El Dios poderoso es tu nombre; el Dios bendito es tu nombre; el Dios grandioso es tu nombre; el Dios distinguido es tu nombre […]”) (Majzor, 101).

Analizando este fragmento del rezo de “Selijot” que se encuentra en Majzor vemos que el nombre de Dios está desperdigado por muchos intentos –allegados más no exactos– para referirnos a Él. Pues, hay un juego interesante y barroco que se enuncia para enunciar un vacío, vacío que precisamente es rodeado por un miedo al vacío, mismo que tiene que ver con los múltiples adjetivos y epítetos con los cuales enmarcamos. El Nombre, nombre que no está, pero que a cada instante recuerda ese vacío, precisamente por el marco que lo enmarca: la palabra “nombre” El Dios poderoso es tu nombre; el Dios bendito es tu nombre; el Dios grandioso es tu nombre; el Dios distinguido es tu nombre […]”, pero también por un sustituto de su nombre que viene siendo la entrada a su enunciación: Dios.

Etimológicamente hablando, en las lenguas romances, la palabra “dios” viene directamente del latín “deus”, “deidad”, “dios”; y a su vez, el término latino deriva del indoeuropeo “deiwos”, de la raíz “deis” (brillar, ser blanco) de la que deriva asimismo el término griego “Ζεύς” (Zeus); de hecho, la palabra española “dios” es idéntica en pronunciación a la griega “Διός” (Diós), forma genitiva de Zeus (el principal Dios de la mitología griega).Ahora que si nos vamos a las lenguas germánicas, la palabra para designar a la deidad proviene de la raíz protogermánica “ǥuđan”, de donde vienen “god” (inglés) o “gott” (alemán); raíz que derivaría de la forma indoeuropea reconstruida “ǵhu-tó-m”, proveniente de la raíz “ǵhau(ə)” (llamar, invocar). En hebreo tenemos el término “Yahveh”, que debido a su raíz, habla del nombre propio de una deidad edomita o madianita llamada “Yahwi”; además, en las lenguas semíticas, el término más extendido es “El”, del que derivan, entre otros, el hebreo “Elohim” (Señor, Dios) y el árabe “Alá” (Dios único y supremo).

Nos podremos dar cuenta de que cada idioma rodea el vacío que implica esta presencia con alguna palabra que significa algún atributo de la deidad, pero que no logra abarcar a la deidad entera. Es aquí donde la palabra dista de la cosa: “[…] el lenguaje real no es un conjunto de signos independiente, uniforme y liso en el que las cosas vendrían a reflejarse como en un espejo, a fin de enunciar, una a una, su verdad singular.” (Foucault 42); pues esta se relaciona con el mundo y dice algunas cosas con signos, y otras con silencios.

Volviendo a la palabra “Dios” –también podríamos aplicar el referente en cualquier idioma– como sustituto, sucede algo bastante interesante: al no ser la cosa pero ladear entre ella, le hemos atribuido a la palabra “Dios” la sacralidad de La Cosa (materia/ser), tanto que hemos decidido castrar(2) la palabra misma con un guión: “D-os”.Pensando la sacralización de lo más cercano que tenemos a Dios la cosa, que es Dios la palabra, palabra que enuncia lo que no se puede enunciar, hemos decidido ponerle un nuevo silencio a esta palabra de por sí silente: D-os. Pero a su vez el silencio está representado con un signo que hace presente, lo que se quiere ausentar: El guión.

¿Cómo se llama Dios? Se llama todo aquello pronunciable que sirve para no pronunciarlo, se llama “El Dios bendito” “El Dios grande”, etc. ¿Con qué pluma más penetrante hemos escrito el nombre de nuestro Dios, sino con aquella silente que la omite? ¿Qué es eso tan poderoso que nos nubla la palabra para nombrar al Eterno sino la palabra misma, el nombre? “Hashem”: Ha Shem, que quiere decir “El Nombre”, nombre aquél que se omite y disuelve en esta palabra que precisamente enuncia lo que jamás será enunciado. El nombre tan nombre que se des nombra, o más bien se enuncia en su desaparición; y paradójicamente, es así como aparece, en su espacio, en su guión; tal como “una voluta desdibujándose en la pintura” como diría Fabre.

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1 Al decir escritura, no sólo me refiero a la grafía, sino que también a la escritura que se escribe en el sólo enunciar la palabra.
2 Utilizo la palabra “castrar” desde el punto de vista Lacaniano, en el cual la castración es símbolo de falta y se representa con una línea.

Referencias:

Barton, G.A. A Sketch of Semitic Origins: Social and Religious. EE.UU: Kessinger Publishing, 2006
Encyclopedia of Christianity. 2001.
Encyclopaedia of Islam .Online.
Fabre, Luis Felipe. Cabaret Provenza. México: FCE, 2007.
Foucault, Michel. Las palabras y las cosas. México: Siglo XXl, 2008.
Majzor Yosef Jaim Yom Kipur, Hebreo-Español fonética. México: Jerusalém, 2004.
Oxford English Dictionary.
Roberts, Edward A.; Pastor, Bárbara. Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española. México: Alianza, 2009.

Margie Haber Mustri©

Fuente: http://www.enlacejudio.com/2013/08/28/el-guion-de-d-os-el-silencio-como-escritura/

Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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