«Shajar habekashja», Light in Babylon/Shlomo Ibn Gabirol

שַׁחַר אֲבַקֶּשְׁךָ צוּרִי וּמִשְׂגַּבִּי
אֶעְרֹךְ לְפָנֶיךָ שַׁחְרִי וְגַם עַרְבִּי
לִפְנֵי גְדֻלָּתְךָ אֶעְמֹד וְאֶבָּהֵל
כִּי עֵינְךָ תִּרְאֶה כָל מַחְשְׁבוֹת לִבִּי
מַה זֶּה אֲשֶׁר יוּכַל הַלֵּב וְהַלָּשׁוֹן
לַעְשׂוֹת וּמַה כֹּחַ רוּחִי בְּתוֹךְ קִרְבִּי
הִנֵּה לְךָ תִּיטַב זִמְרַת אֱנוֹשׁ עַל כֵּן
אוֹדְךָ בְּעוֹד תִּהְיֶה נִשְׁמַת אֱלֹהַּ בִּי

 

Este poema es uno de los poemas de la «Autoridad para el alma» compuesta por el gran poeta y filósofo del siglo XI, Rab Shlomo Ibn Gabirol,

El piut se abre con una marca de tiempo, al amanecer, el tiempo que conduce a la diferenciación de la luz, que recrea las cosas y les da volumen, forma y cuerpo.

Al clarear, el poeta elige preguntarle a Dios, saliendo de la incertidumbre nocturna y aún sin alcanzar el amanecer completo, la luz que aclarará las cosas, las aclarará y las distinguirá como lo hicieron desde el principio.

La vocación de la canción y su nombre coinciden maravillosamente con el momento en que se canta. Amanecer de ti, dice el poeta y pide permiso para presentarse ante su Creador.

Al amanecer, en las horas de oscuridad y luz, los judíos de Alepo y del norte de África cantan esta canción, una especie de encuentro entre el hombre y su alma, él mismo, el hombre y su Dios. Este permiso es una canción en la que la experiencia religiosa, la declaración de fe, aparece con toda su fuerza. Es una canción gloriosa para Dios, una especie de poema dedicado al poeta, quien declara al final de «el mejor canto del hombre / oda el primer día», cuando vence el primer día y por primera vez. El piut también enfatiza el «beneficio» que un cantante humano puede causar a Dios, para que se sienta cómodo. Una especie de favor mutuo. Es una canción de fe sublime y completa.

#MeQuedoEnCasaDespiertaTusSentidosLeyendo

Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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