«La lira & la espada» Autor: David Mandel

La lira & la espada

Mi padre, el Rey David, estaba echado en el lecho, sin fuerzas, respirando con dificultad. Cuando me vio, sonrió débilmente, trató de incorporarse pero no pudo.

Me cogió la mano y me dijo en una voz casi inaudible:

―Salomón, hijo mío, pronto partiré de este mundo. ¡Quiero que seas fuerte y te portes como un hombre! Cumple las leyes de Dios, tal como están escritas en la Torá de Moisés. Así prosperarás en todo lo que hagas y Dios cumplirá la promesa que me hizo de que siempre habrá un descendiente mío en el trono de Israel.

Por momentos su voz desfallecía, pero todavía hablaba con claridad.

―Respecto a Joab, mi sobrino y amigo de la infancia, comandante de mi ejército, más hermano que mis hermanos, un hombre que me salvó la vida mas de una vez, que dedicó toda su vida a mi servicio…

―Sí, padre ―le interrumpí―. Lo sé.

―Quiero que lo mates.

―¿Pero por qué, padre? No entiendo…

―¡Tampoco olvides a Shimei! Es cierto que le juré que yo no lo mataría, pero ese juramento no te obliga a ti. ¡Quiero que sufra una muerte sangrienta! ¡Prométeme que harás todo lo que te he pedido!

―Te lo prometo, padre.

El Rey David cerró los ojos, y empezó a hablar en voz muy baja. Me acerqué a su lecho, y le escuché murmurar:

―Dios es mi pastor, nada me faltará. Aún si camino por valles tenebrosos, no temo peligro alguno, porque Dios está a mi lado, su vara de pastor me conforta. En la casa de Dios habitaré para siempre.

Y habiendo dicho esto, expiró.

Me quedé en la habitación largo rato llorando silencio-samente.

Los amigos de mi padre David lavaron su cuerpo y lo ungieron con aceite perfumado. Luego lo envolvieron en una mortaja de lino y lo colocaron sobre una litera que fue cargada por Joab, Abishai, Jushai y Abiatar, sus más fieles y antiguos compañeros.

Marchamos en silencio, acompañando al cuerpo del difunto rey, hasta que llegamos al lugar donde mi padre, años antes, había preparado su tumba en una caverna, cercana a las murallas de la ciudad. No podíamos creer que el Rey David, durante tantos años el centro de nuestras vidas, ya no estaba con nosotros.

Yo iba a la cabeza de la procesión abrazando a mi madre la reina Bathsheba. Nos seguían mis hermanos, sus esposas y sus concubinas. Detrás de ellos iban los funcionarios de la corte y los ancianos de las tribus. Nos seguía una muchedumbre de miles de hombres y mujeres de todas las tribus de Israel.

La cámara donde mi padre reposa por toda la eternidad es amplia y tiene un alto techo. A lo largo de sus paredes hay bancas labradas en piedra. Sobre una de ellas colocaron el féretro. Las otras bancas me recibirán a mí y a mis descendientes, cuando llegue el momento de reunirnos con nuestros antepasados.

Desde entonces, dos preguntas me obsesionan. ¿Por qué me ordenó mi padre, con su último aliento, matar a Joab, su compañero más antiguo y más leal? ¿Quién es ese Shimei al cual mi padre odiaba con tanta pasión como para desearle una muerte sangrienta?

¡Necesito saber las respuestas! Están ocultas en el pasado de mi padre. Ordenaré al Escriba de la corte que obtenga testimonios de las personas que fueron más cercanas a mi padre, y que me informe todo lo que le digan. Entonces, lo sabré. Entonces, lo entenderé.

David Mandel

DATOS DEL LIBRO
Título: «La lira & la espada»
Autor: David Mandel
Género: Novela histórica.
Nº de páginas: 178 págs.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Interior: Blanco y negro.
Papel ahuesado.
Tamaño: 150 x 210 mms.
Peso: 268,14 grs.
Lengua: Castellano
ISBN: 978-965-91073-7-7
Precio: En España 18 €
                                                                                            En Israel ₪ 75

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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