Archivo de la categoría: Delfina Acosta

“Con la voz del pueblo…”, Gregorio García García

Mis versos son de pueblo de buen trigo,
de hermandad, de alegría y de la pena,
los jóvenes, mayores, gente buena,
en mi alma bien guardados van conmigo,

gente obrera, de buenos soy abrigo,
todo un arte derrochan en la escena,
voz del pueblo es la voz del que faena,
la razón va con ellos, soy testigo,

voy con ellos, mi voz con su razón
que tiene el verso sano de la gente
y bebe el agua limpia de su caño,

soy humano con alma y corazón,
yo no quiero esta guerra al inocente
en que hacen marrulleros el amaño.

Gregorio García García©

Nacio en Consuegra, España. Durante treinta y cinco años fue albañil en todas las especialidades y encargado general d obra.
Su afición a la poesía y a escribir es muy reciente. Todo empezó allá por el año 2004, en un polígono de Valdemoro, Madrid: cuando enlucía, a pie de calle, la fachada de una nave industrial, un peón que hacía limpieza, desde la terraza de la planta de arriba, descargaba libros con una carretilla en el contenedor que estaba a su lado. Al caer do rebotaron algunos en su cabeza; viendo a Pablo Neruda caer junto a otros inmortales  entre escombro por el suelo, le dio pena y recogió todos sus trozos. Cuenta que fue Neruda quien al leerle sus “Veinte poemas de amor…” le contagió su enfermedad. Después, rescató del contenedor otras importantes y antiguas joyas literarias que aún conserva.
Ha publicado relatos en antologías y poemas en revistas. El presente se incluye en “EnREDados”, 1ra. Muestra poética de Netwriters.


“La alfombra de la palmera y la media luna”, Salomé Ortega Martínez

CubiertaSalome¿Piensas en el Cairo? yo lo recuerdo a menudo, fue allí donde concebí el asomo del llanto en un azote, era un cuerpecito solitario pendiendo de un pie, luego me acostaron a la vera de nuestra madre, me amamantó mudamente en un lecho de fatiga, llegó papa con una veta sanguinolenta en los ojos, y maldijo que fuera una niña, no se inclinó para verme, fui una invisible criatura para el corazón varonil. Ajena a la indiferencia, yo, la pequeña Hayriye, codo a codo con mamá buscando desesperádamente, en un acto reflejo mi afán por vivir, succionando con entusiasmo el infantil sustento de la leche. Había nacido el tesoro de la desdicha, unos ojillos anhelantes de chispitas risueñas, no hubo bienvenida, sólo mi leal mamá sola en su ilusión.

Salomé Ortega Martínez©


“Lira Política, David Gutiérrez García

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Las silvas ancestrales
que paran el dolor y los sentidos
son cantos actuales,
palabras como aullidos
en contra de políticos podridos.

Si hubiera más Sanjuanes *
y menos graduados del soborno
y menos charlatanes
pisando nuestro entorno
seguro que acababa este bochorno.

Si hubiera más poemas
volando como átomos visibles
y menos monotemas
que no son comprensibles
los días nos serían asumibles.

Pero no hay más que cutres,
maestros del discurso monocorde
tan cursis y tan futres,
expertos del engorde
con ellos no seré misericorde.

Esta es nuestra desgracia
vivir en el Estado Posmoderno
sólo con bancocracia
y “listos” del infierno:
¡cojamos esta mierda por los cuernos!

David Gutiérrez García©

* San Juan de la Cruz


“No te salves”, Mario Benedetti


“Poema a mis esposos”, Delfina Acosta

Ay, mis esposos, todos mis esposos
se fueron a la mar, ayer, mañana.
Guardé sus blancas ropas, la fortuna
de pobres con que hicimos las moradas.
Viuda me quedé. Vestí de luto
y fui por pueblo esquivo saludada.
Un perro, la comida justa, un lecho
es todo cuanto tengo por cordura,
porque al romperse el viento de la noche,
los búhos al rezar y huir la lluvia,
qué loca voy diciendo por las calles
verdades, si vestida, mal desnuda.
La espina, ¿para qué? ¿Por qué las rosas?
Amor y desamor no dan descanso.
Pasar por esta vida y a esta hora,
se paga con hastío, si no espanto.

Delfina Acosta©