Archivo de la categoría: Fulgencio Martínez

“Objetos”, Luisa Grajalva

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HAY un alma pequeña y silenciosa

en cada objeto de la habitación,

en cada cosa que contiene el mundo.

Un alma leve, un inaudible soplo,

un diminuto vuelo de milímetros.

Su tímido aleteo nos pide mil perdones

por causarnos molestias, pero de alguna forma

necesitan llamar nuestra atención;

han comprobado suficientemente

que el ser humano es casi ciego y sordo,

y sólo le permite al movimiento

hablar de tú a tú con su transcurso.

Con paciencia infinita,

el alma de las cosas nos contempla

y nos tiende la mano

desde los límites de sus perfiles.

Desciende hacia nosotros

—condesciende—,

Nos habla humildemente.

Sabe que es superior, pero procura

que no nos demos cuenta,

que pase inadvertido que son ellas

quien no temen daño ni futuro,

quienes no mienten ni pretenden nunca

mostrar lo que no son. Y, sobre todo,

que les será otorgado, sin esfuerzo, quedarse

cuando el tiempo decida

soltar de él nuestras manos,

aferradas desesperadamente.

Las cosas, los objetos,

las verdaderas forma de la vida.

Luisa Grijalva© del libro “Nada nuevo en la sombra”


“Las tres hijas del capitán”, José del Río Sainz/Iris Gotes

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Era muy viejo el capitán, y viudo,
y tres hijas guapísimas tenía;
tres silbatos, a modo de saludo,
les mandaba el vapor cuando salía.
 
Desde el balcón que sobre el muelle daba
trazaban sus pañuelos mil adioses,
y el viejo capitán disimulaba
su emoción entre gritos y entre toses.
 
El capitán murió…Tierra extranjera
cayó sobre su carne aventurera,
festín de las voraces sabandijas…
 
Y yo sentí un amargo desconsuelo
al pensar que ya nunca las tres hijas
nos dirían adiós con el pañuelo…

José del Río Sainz©

582664_448325378570856_1441396619_nRelato brevemente el momento emotivo que ocurrió el miércoles 16 de Octubre en “La Barraca”. Yo salí  a recitar un poema  de D. José del Río Sáinz, al que tengo especial cariño por ser el primero que aprendí cuando era una niña de cuatro o cinco años.

Al terminar, un chico, llamado Chisco, se  acercó y me dió dos besos, estaba emocionado pues el viejo capitán era su bisabuelo y una de las tres hijas ,su abuela . Para quien crea en las casualidades, fue puro azar, yo prefiero pensar que fue el Destino quien me llevó esa noche a “La Barraca” y me animó a recitar ese soneto en particular, para regalarnos ese instante brillante de emoción que hacen de la vida algo precioso y  que guardaré en el recuerdo, ya que me llevó a escribir mi este soneto.

Era el primer poema que ella recordara,
del que ella tuviera infantil memoria,
nunca imaginó que en él encontrara
para su alma un gozo que sutil escondía.
 
El viejo capitán, así se llamaba
y en sus versos su alma halló cobijo
mas nunca pensó que en ellos hallara
para su corazón un gran regocijo.
 
La vida, el Destino quiso premiarla
y allí en La Barraca, donde acudía,
del viejo capitán el bisnieto estaba
 
y que al oir lo que se recitaba
a su mente acudió el recuerdo fijo
de las hijas por las que Del Río suspirara…
 
Iris Gotes©