Archivo de la categoría: Golpe de Estado

“Aquí cae mi pueblo”, Gonzalo Rojas

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Aquí cae mi pueblo. A esta olla podrida de la fosa
común. Aquí es salitre el rostro de mi pueblo.
Aquí es carbón el pelo de las mujeres de mi pueblo,
que tenían cien hijos, y que nunca abortaban como las meretrices
de los salones refinados, en que se compra la belleza.

Aquí duermen los ángeles de las mujeres que parían
todos los años. Aquí late el corazón de mis hermanos.
Mi madre duerme aquí, besada por mi padre.
Aquí duerme el origen de nuestra dignidad:
lo real, lo concreto, la libertad, la justicia.

Gonzalo Rojas©


“Los momentos”, Eduardo Gatti

Tu silueta, va caminando
con el alma triste y dormida,
ya la aurora no es nada nuevo
pa’ tus ojos grandes y pa’ tu frente;
ya el cielo y sus estrellas
se quedaron mudos, lejanos y muertos
pa’ tu mente ajena.

Nos hablaron una vez cuando niños,
cuando la vida se muestra entera,
que el futuro, que cuando grandes,
ahí murieron ya los momentos,
sembraron así su semilla
y tuvimos miedo, temblamos,
y en ésto se nos fue la vida.

Cada uno aferrado a sus dioses,
productos de toda una historia,
los modelan y los destruyen
y según eso ordenan sus vidas;
en la frente les ponen monedas,
en sus largas manos les cuelgan
candados, letreros y rejas.

Eduardo Gatti


“La historia de Carli”, Roberto Sánchez Soria

carliEl abogado de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos (AAPDH) de Madrid, Carlos Slepoy, fue detenido por razones políticas antes del golpe de Estado y siendo interrogado en la Escuela de Mecánica de la Armada le anticiparon lo que pasaría tiempo después con los desaparecidos. “Me dijeron que si era subversivo iba a aparecer en el río”.

“Yo formaba parte de un grupo de abogados jóvenes que habíamos decidido poner estudios jurídicos en distintos puntos de la provincia para asesorar a delegados gremiales. Éramos doce, pero desaparecieron cinco: Oscar Di Dío, Adolfo Chorni, Alberto Antebi, Nora Hochman y Alberto Podgaetsky”.

El abogado Carlos Slepoy Prada, “Carli” para la familia y amigos, fue detenido el 15 de marzo de 1976 -nueve días antes del golpe de Estado- en una confitería del barrio porteño de la Chacarita. El grupo que lo detuvo estaba integrado por marinos de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

“En la ESMA nos separaron. En la celda, un oficial me puso una pistola en la cabeza porque yo invocaba la Constitución Nacional y mis derechos. Me dijo que si pertenecía a la subversión iba a aparecer en el río, y que si no tenía nada que ver me pedirían disculpas. Luego de una ronda de golpes y preguntas fui subido a un auto y llevado, encapuchado, a un descampado. Me dijeron que era la última posibilidad de hablar e hicieron un simulacro de fusilamiento”. Cuando se produjeron estos episodios aún gobernaba María Estela Martínez de Perón.

Tras el simulacro, Carli fue trasladado al edificio de Coordinación Federal donde escuchó torturas.

Al poco tiempo recayó en el Departamento Central de la Policía Federal. “Estábamos como en una gran cuadra, donde todo el tiempo tiraban personas vendadas. Muchas tenían su nariz ensangrentada producto de la venda apretada que no los dejaba ver”.

El periplo por las dependencias policiales duró unos días, al cabo de los que fue trasladado al penal de Villa Devoto, donde estuvo hasta octubre de 1977. “Aquí obligaban a los presos a desnudarse y a hacer ejercicios como el salto de rana”.

El siguiente traslado fue a la Unidad Penal N°9 de La Plata. “Cuando entramos nos desnudaron. Los detenidos formamos en fila india y pasamos, entre golpes del personal penitenciario, hasta nuestra celda”. Estuvo alojado en el Pabellón 16.

“Durante las requisas nos hacían desnudar y abrir las nalgas. Además, nos hacían formar en fila india para darnos golpes. Hubo varios compañeros con quebraduras”.

“Entre el 4 y el 6 de enero de 1977 los detenidos de la U9 fuimos sacados al patio a jugar al fútbol . Este hecho coincidió con el traslado a otro penal de dos hombres del Pabellón de la Muerte, que más tarde aparecieron muertos”.

Su ex mujer Andrea Benítez fue secuestrada cuando salía de visitarlo del Departamento Central de la Policía Federal. “Ella no supo dónde estuvo; la dejaron en un descampado”.

También su hermana, Silvia, sufrió un secuestro, “la detuvieron cinco días en el centro clandestino ‘Club Atlético’. Fue vejada y humillada”.

Durante toda su detención, Slepoy estuvo bajo responsabilidad del Poder Ejecutivo Nacional, que le denegó el exilio. El decreto 423 de 1977 fundamenta la detención del abogado y de decenas de presos políticos que también habían pedido dejar el país en que “podrían poner en peligro la paz y la seguridad de la Nación en caso de permitirse su salida del territorio nacional”.

Finalmente, Slepoy salió en libertad de la U9 en octubre de 1977.

Esa mañana éramos cinco o seis familiares acompañándolo en el aeropuerto de Ezeiza en las dependencias militares, en una habitación custodiada, tuve la oportunidad de abrazarlo por primera vez.

Roberto Sánchez Soria.


“La memoria”, León Gieco

Los viejos amores que no están,
la ilusión de los que perdieron,
todas las promesas que se van,
y los que en cualquier guerra se cayeron.
Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.

El engaño y la complicidad
de los genocidas que están sueltos,
el indulto y el punto final
a las bestias de aquel infierno.

Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.

La memoria despierta para herir
a los pueblos dormidos
que no la dejan vivir
libre como el viento.

Los desaparecidos que se buscan
con el color de sus nacimientos,
el hambre y la abundancia que se juntan,
el mal trato con su mal recuerdo.

Todo está clavado en la memoria,
espina de la vida y de la historia.

Dos mil comerían por un año
con lo que cuesta un minuto militar
Cuántos dejarían de ser esclavos
por el precio de una bomba al mar.

Todo está clavado en la memoria,
espina de la vida y de la historia.

La memoria pincha hasta sangrar,
a los pueblos que la amarran
y no la dejan andar
libre como el viento.

Todos los muertos de la A.M.I.A.
y los de la Embajada de Israel,
el poder secreto de las armas,
la justicia que mira y no ve.

Todo está escondido en la memoria,
refugio de la vida y de la historia.

Fue cuando se callaron las iglesias,
fue cuando el fútbol se lo comió todo,
que los padres palotinos y Angelelli
dejaron su sangre en el lodo.

Todo está escondido en la memoria,
refugio de la vida y de la historia.

La memoria estalla hasta vencer
a los pueblos que la aplastan
y que no la dejan ser
libre como el viento.

La bala a Chico Méndez en Brasil,
150.000 guatemaltecos,
los mineros que enfrentan al fusil,
represión estudiantil en México.

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

América con almas destruidas,
los chicos que mata el escuadrón,
suplicio de Múgica por las villas,
dignidad de Rodolfo Walsh.

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

La memoria apunta hasta matar
a los pueblos que la callan
y no la dejan volar
libre como el viento.

León Gieco©


“Nosotros acusamos”

acusamos

El 24 de enero de 2012 el Tribunal Supremo de España ingresará definitivamente en la historia universal de la infamia: el juez Baltasar Garzón va a ser sometido a juicio por pretender investigar los crímenes del franquismo.

La impiadosa e inaudita persecución judicial que este juez está sufriendo excede a su persona. Sin perjuicio del odio visceral que trasluce el dislate jurídico que algunos magistrados han puesto en marcha, es el propósito de enterrar la posibilidad de juzgar dichos crímenes lo que explica el desafuero que están cometiendo.

Contraviniendo la Constitución, el Derecho Internacional, el Código Penal, la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la doctrina de que un día supo hacer gala el propio Tribunal Supremo, miembros de este Tribunal se proponen inhabilitar a Garzón por cumplir lo que los mismos establecen.

Las consecuencias que ha tenido este insólito desmán judicial perturban y acongojan. En lo inmediato, la suspensión en sus funciones del juez, el absoluto desamparo para las víctimas, la paralización de toda investigación penal sobre uno de los mayores genocidios cometidos en el siglo pasado y la advertencia implícita a cualquier juez español que coincida con el sancionado. A más largo plazo, advierten que cuando median intereses materiales, ideológicos o políticos hay crímenes que no se investigan y criminales que no se juzgan.

Le imputan a Garzón haber dictado resoluciones injustas por haber tenido la osadía de pretender investigar crímenes que sólo se explica que aún no estén juzgados por la impunidad que se ampara en la Ley 46/1977 de 15 de octubre, de Amnistía, cuya declaración de nulidad ha sido instada por el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, entre otros organismos internacionales, por ser violatoria de normas imperativas del derecho internacional y, por tanto, obligatorias para todos los Estados.

La Ley de Amnistía, en todo caso, sólo se refiere a la extinción de responsabilidad penal de los delitos cometidos con intencionalidad política. Ni de su texto se desprende que pretendiera albergar a quienes hubieran cometido crímenes lesivos para la humanidad ni, aunque así se lo hubiera propuesto o se quisiera interpretar, sería admisible. Salvo que se entienda, por ejemplo, que los nazis hubieran podido o pudieran ser eximidos de responsabilidad por estas causas.

En el colmo del despropósito, se trata del mismo Tribunal Supremo que juzgó – y condenó a más de mil años de prisión – al represor argentino Adolfo Scilingo por crímenes de lesa humanidad cometidos en Argentina sosteniendo que éstos pueden y deben ser enjuiciados por ofender a la comunidad internacional, siendo inhábiles cualesquiera leyes que los amparen. Ahora, cuando el mismo juez español que procesó a aquél pretendió investigar delitos de similar tenor cometidos por españoles contra españoles en España, algunos miembros de ese Tribunal lo acusan de prevaricador y van a juzgarlo.

La torcida interpretación de la ley de amnistía y la negativa judicial a juzgar estos hechos ilícitos no sólo sumen en el descrédito y la vergüenza, nacional e internacional, a la administración de justicia española, sino que desamparan a los cientos de miles de víctimas que en su día lucharon por defender la legalidad republicana y por eso sufrieron muerte, desaparición y destierro. Y a sus familiares que, pasados ya más de setenta y cinco años del comienzo de la acción criminal, deben seguir reclamando infructuosamente reparación y justicia.

En Alemania, Francia, Italia… se sigue juzgando a los genocidas nazi-fascistas por hechos cometidos aún antes de los que Garzón imputaba a los asesinos españoles. En Argentina, Chile, Uruguay… se juzga a criminales que pretendieron ser amparados con leyes que los exoneraban de responsabilidad penal.

Tras cuarenta años de dictadura y treinta y cinco de democracia, en España no existe siquiera una Comisión de la Verdad a modo de las que se instituyeron en numerosos países en los que se cometieron crímenes semejantes. Ni a un solo niño robado por la dictadura se le ha restituido su identidad; ni un solo victimario ha sido identificado judicialmente; ni a uno un juez le ha tomado declaración. No hay nadie, en fin, que haya sido imputado por la comisión de alguno de los múltiples, masivos y generalizados crímenes cometidos.

Los crímenes contra la humanidad cometidos por el franquismo pueden y deben ser juzgados.

Encubren estos crímenes quienes se niegan a investigarlos, calumnian quienes le atribuyen delito al juez que pretende hacerlo.

Hay prevaricadores, pero Garzón no es uno de ellos.

Los prevaricadores son los que se han opuesto a la investigación de los crímenes de la dictadura y los que contra este juez vienen dictando resoluciones manifiestamente injustas.

A ellos han de serles aplicadas las sanciones que el Código Penal prevé para quienes encubren delitos y prevarican. A esas penas deberán enfrentarse cuando cese el desvarío y el derecho y la justicia sean restablecidos. A ellos los acusamos.

Enviar firmas a : nosotrosacusamos@gmail.com


“Argentina, Diciembre 23 de 1980” o “Sueños y pesadillas de una noche de verano”, Juan Zapato

Estos hijos de puta no sueltan prenda cada día dan más trabajo, para qué sufrir si al final se van a cagar muriendo. A estas alturas poco me importa que delaten a alguien, si el médico nos permitiera subir el voltaje acabaríamos el trabajo en cuestión de minutos, si no hablaron hasta ahora no hablaran, si lo que desean es que acabemos con ellos cuanto antes –sus pensamientos son interrumpidos por las palabras de un suboficial.

Mañana es nochebuena y vendrá el capitán Fantino –anuncia el sumbo1 y agrega-, el sargento Roi ha comprado unos pan dulces, una caja de sidras y turrones, para darles a los guachos estos, no sé con qué dientes los van a poder morder, ¡este sargento! –riéndose se retira.

Mientras moja el elástico de flejes -de forma metódica y casi mecánica-, donde apoyará al próximo detenido-desaparecido, sueña con ver las caritas radiantes de sus hijos desenvolviendo los regalos que Papá Noel les traerá, la bici azul para Oscarcito y la cocinita para Maby. Son buenos chicos –se dice para sí. Imagina a Susana –su mujer- con el baby doll blanco que le ha comprado. A Federico su suegro cuando abra el sobre conteniendo el abono anual para ver a River Plate2, inclusive con lo cómodo que le quedará llegar al estadio desde la “ESMA”3 y a doña Rosa su suegra la que siempre dice ante toda la familia: “Maldonado es un primor, no es un yerno es un hijo mío, siempre tan cariñoso”. Y con las pagas extraordinarias que ha juntado podrán irse con los niños a Disneyworld.

Hoy le toca a la puta esta que está embarazada, lo único que me falta es que me lo vaya a parir aquí y me joda la Navidad –son sus pensamientos cargados de ecos que retumban en su cabeza. Una vez más acaba la tarea, los despojos de esa mujer inconsciente reposan unos minutos sobre ese catre hasta ser retirados y traigan a la siguiente.

Maldonado enciende un cigarrillo negro, juega con el humo, ondea aureolas de santidad que se evaporan y piensa en la cena de nochebuena.

Juan Zapato©

1 En el argot militar, denominación de suboficial.

2 Club Atlético River Plate.

3 Siglas de la Escuela de Mecánica de la Armada, centro clandestino de confinamiento y torturas de presos detenidos-desaparecidos durante la última dictadura en Argentina, ubicada en cercanías al estadio de futbol de River Plate.


“Quince días y veinte años con Candela”, Ana Caliyuri

Corría el año 1955; un aire revolucionario marcaba la época, irrespirable, como se siente cuando hay humedad. La gente en las calles cuchicheaba desalentadora, no mucho ni muy altisonante, porque quizás las paredes podían escuchar.

Las callejuelas de adoquines parecían enceradas, como los rostros de los protagonistas de una Argentina que se empeñaba en sumergirse y emerger caprichosamente.

A medida que se acercaba la profundidad de la noche, en el silencio ruidoso de la nada a punto de estallar ( la calma chicha como le dicen), comenzaron a llegar las fuerzas de seguridad a allanar la única pinturería del pueblo, en busca quién sabe de qué conciencia o idea que consideraban disforme para la ocasión.

Mares rojos, azules, verdes, amarillos circulaban viscosos y más latas al piso, un grito, una contracción y más latas al piso, otra contracción y caras de espanto y desasosiego. No era tiempo, aún no era tiempo, pero la niña ya no quería permanecer ajena al espectáculo. No era tiempo niña tonta, niña frágil, niña sin uñas y arrugada, sin peso pero con coraje.

La llamaron Candela, quizás por su luz o tal vez por el fuego de su origen calabrés. Candela creció y asimiló de a pequeños sorbos el mundo.

Transcurrieron los años – más de quince – y Candela seguía buscando despertares nuevos, siempre con la sonrisa plena y estampada, como si no fuese posible borrarla de sus labios. Así, poco a poco, construyó sus convicciones. Algunas propias y otras contagiadas. Los sueños de justicia y equidad le embargaban la mente y el alma, ávida por leer lo que no se debía, pero sí se podía. Parecía no suceder nada en su vida, pero sucedía casi todo.

Una trapisonda que le jugó el destino desembarcó en su casa a las fuerzas de seguridad y Candela conoció el horror por error impropio. El viento crispado de junio del 1977 lo trajo a él, su compañero. Él era sobreprotector y sutil; tenía la seguridad incorporada a su paso, era posible imaginar su rostro de formas y gestos distintos. Candela y él lograron una conjunción notable, con algunos visos contradictorios. Convivió con Candela 15 días y 20 años. Con él se agitaba su corazón , con él supo de ahogos, de noches profundas y noches en vela, de días grises y días nuevos; con él aprendió Historia, Lengua, Filosofía, Sociología y mucho más. Si había algo irreprochable en él era que nunca la abandonaba, siempre estaba con ella y en ella; en cada célula de su cuerpo cuyo núcleo tenía la información genética precisa: “aquí estoy”.

Candela transcurría sus días entre la mediocridad y la rebeldía; él muchas veces estuvo a tiempo para sacarla de algún problema o para evitar que ella dijese algo inconveniente; después de todo para eso era su compañero. Pero Candela se desdibujaba cada día más; su corazón latía demasiado apresurado, su peso disminuía, ya no tenía certezas y había perdido la fe. Cayó enferma. Él comenzó a morir con ella, en una noche de invierno crudo. De puro invierno. En realidad, él la quería matar y ella no quería morir. Cómo lo iba a dejar.

Tantas confesiones, tamaña alquimia. Se trenzaron en una lucha intestina que duró quince días y veinte años. El fin había llegado, Candela pudo comprenderlo, pudo reírse de él, pudo verlo tal cual era sin ningún velo.

Hoy ya no son compañeros, ni conviven; él ya no posee la misma seguridad. A veces, su fragilidad causa escozor. De vez en cuando visita a Candela. Ella lo trata con respeto, pero camina sola, siempre en busca de despertares nuevos. Candela con convicciones agudas y certezas prestadas, con sonrisa estampada y ganas de vivir. Él, según cuentan, no tiene paradero fijo. Tiene la edad de Candela y la fuerza del Zonda. Los más audaces comentan que fue el compañero de todo un pueblo, aunque Candela lo juzgaba fiel. Candela no cree en las leyendas ni deja de creer, pero dicen que si te encuentras con él, puede que no lo reconozcas: no lleva documento, vive en la Argentina, un país que se empeña en sumergirse y emerger caprichosamente. Ella conoció muy bien a ese compañero inquietante y advenedizo. Supo su nombre desde el primer día y durante quince días y veinte años convivió con él. Se llamaba…miedo.

latidosperenneslatidosperenneslatidosperennesAna Caliyuri© 

       Relato del Libro “Latidos Perennes”

 

 

 

 

 

http://anacaliyuri.blogspot.com/2011/06/cristales-rotos.html


“Me llamo barro aunque Miguel me llame”, Miguel Hernández

Miky-Molina

Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.
 
Soy un triste instrumento del camino.
Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro desplegada.
 
Como un nocturno buey de agua y barbecho
que quiere ser criatura idolatrada
embisto a tus zapatos y a sus alrededores,
y hecho de alfombras y de besos hecho
tu talón que me injuria beso y siembro de flores.
 
Coloco relicarios de mi especie
a tu talón mordiente, a tu pisada,
y siempre a tu pisada me adelanto
para que tu impasible pie desprecie
todo el amor que hacia tu pie levanto.
 
Más mojado que el rostro de mi llanto,
cuando el vidrio lanar del hielo bala,
cuando el invierno tu ventana cierra
bajo a tus pies un gavilán de ala,
de ala manchada y corazón de tierra.
Bajo a tus pies un ramo derretido
de humilde miel pataleada y sola,
un despreciado corazón caído
en forma de alga y en figura de ola.
 
Barro en vano me invisto de amapola,
barro en vano vertiendo voy mis brazos,
barro en vano te muerdo los talones,
dándote a malheridos aletazos
sapos como convulsos corazones.
 
Apenas si me pisas, si me pones
la imagen de tu huella sobre encima,
se despedaza y rompe la armadura
de arrope bipartido que me ciñe la boca
en carne viva y pura,
pidiéndote a pedazos que la oprima
siempre tu pie de liebre libre y loca.
 
Su taciturna nata se arracima,
los sollozos agitan su arboleda
de lana cerebral bajo tu paso.
 
Y pasas, y se queda
incendiando su cera de invierno ante el ocaso,
mártir, alhaja y pasto de la rueda.
Harto de someterse a los puñales
circulantes del carro y la pezuña,
teme del barro un parto de animales
de corrosiva piel y vengativa uña.
 
Teme que el barro crezca en un momento,
teme que crezca y suba y cubra tierna,
tierna y celosamente
tu tobillo de junco, mi tormento,
teme que inunde el nardo de tu pierna
y crezca más y ascienda hasta tu frente.
 
Teme que se levante huracanado
del blando territorio del invierno
y estalle y truene y caiga diluviado
sobre tu sangre duramente tierno.
 
Teme un asalto de ofendida espuma
y teme un amoroso cataclismo.
 
Antes que la sequía lo consuma
el barro ha de volverte de lo mismo.

Miguel Hernández©

Fotografía: ©Araceli Merino, Micky Molina, Mataró, 2011

Fuente: http://aracelifoto.blogspot.com/2011/05/micky-molina.html


“Al vent”, Raimon Pelegero

AL VENT

Al vent,
la cara al vent,
el cor al vent,
les mans al vent,
els ulls al vent,
al vent del món.

I tots,
tots plens de nit,
buscant la llum,
buscant la pau,
buscant a déu,
al vent del món.

La vida ens dóna penes,
ja el nàixer és un gran plor:
la vida pot ser eixe plor;
però nosaltres

al vent,
la cara al vent,
el cor al vent,
les mans al vent,
els ulls al vent,
al vent del món.

I tots,
tots plens de nit,
buscant la llum,
buscant la pau,
buscant a déu,
al vent del món.

AL VIENTO

Al viento,
la cara al viento,
el corazón al viento,
las manos al viento,
los ojos al viento,
al viento del mundo.

Y todos,
todos llenos de noche,
buscando la luz,
buscando la paz,
buscando a dios,
al viento del mundo.

La vida nos da penas,
ya al nacer es un gran llanto:
la vida puede ser ese llanto;
pero nosotros

al viento
la cara al viento,
el corazón al viento,
las manos al viento,
los ojos al viento,
al viento del mundo.

Y todos, todos llenos de noche
buscando la luz,
buscando la paz,
buscando a dios,
al viento del mundo.


“A partir de una obra de arte de Rene Magritte”

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Dos reflexiones sobre lo que sugiere una obra de arte de René Magritte, un juego donde podemos observar  visiones de diferentes realidades pasadas, presentes y/o futuras. Juan Zapato.

“Si tan sólo fuese un espejismo, si tan sólo pudiese considerarlo como una foto entre dos amantes, mas a la memoria la golpea la historia y a la historia la lleva sin máscaras un río de ausentes y lágrimas…”

Ana Caliyuri© Argentina.

http://anacaliyuri.blogspot.com

“Moderno modelo de burka corto mínimo instaurado por el feminismo afgano y obligatorio ya para ambos sexos, una vez conseguida la igualdad de derechos y costumbres en la sociedad. El cambio social, después de años de estancia de las tropas occidentales, ha sido realizado sin problemas, observándose cada día como la igualdad de costumbres libera tanto al hombre como la mujer, pero oprime sus cabezas”.

Emilio Porta© España.

http://emilioporta.blogspot.com

 


“Carta de Ángel Parra a Víctor Jara”

Lentes_Salvador_Allende

Querido Víctor:

Me despierto con ganas tremendas de escribirte para contarte lo que me sucedió anoche 24 de diciembre. Serían como las 12:10 cuando sonó el teléfono, nosotros dormíamos profundo, lo de siempre cuando te despiertas antes de haber terminado su noche, ¿quién será? ¿Porqué tan tarde? etc. La llamada era de Chile, para decirme que formaba parte de los perdonados, que era parte del paquete de regalo de pascua que la dictadura ofrecía este año.

La voz querida de mi hermana sonaba radiante, ¿te acuerdas Víctor de su voz? ¡Se te acabó el exilio hermano, se te acabó el exilio! Por un segundo compartí de corazón su alegría, la alegría de tantos otros que pelean todos los días a brazo partido por el fin del exilio y que en mi caso consiguieron mi perdón. Perdón, ¿pero de qué, Dios mío me pregunto?

¿Me están perdonando tus 40 balas por la espalda?

¿Mi padre a quien no volveré a ver?

Quema de libros, revistas y periódicos políticos después del golpe militar.

Ellos me están perdonando nuestros 30 mil muertos y ¿el río Mapocho ensangrentado?

¿Me perdonarán acaso los cadáveres que traía el Renaico en Mulchén? ¿Los fusilados de Calama (al quinteo, es decir 1-2-3-4-5-tú), el director de la Sinfónica Infantil de La Serena? ¿El padre Jarlan símbolo de los pobladores torturados violados relegados expulsados encarcelados desaparecidos? ¿Carmen, Gloria, Rodrigo? Parece que debo hacer una reverencia y agradecer el perdón. Aquí no ha pasado nada y tan amigos como antes.

¿Qué te parece Víctor? A veces pienso que es mucha la generosidad, y que soy un mal agradecido.
Me perdonan Marta Ugarte, Tucapel, el Chino Díaz, Weibell, los degollados, Pepe Carrasco, Corpu Cristi y yo no sé agradecer.

¿Me siguen perdonando los cinco jóvenes desaparecidos en septiembre del ’87, mi pueblo hambriento, la cesantía, la Prostitución infantil y este nudo en la garganta permanente desde hace 14 años también me lo perdonan? Me pregunto si en este gesto están incluidos mis amigos muertos en el exilio, Lira Massi, Ramírez Necochea, Guillermo Atias, Vega Queratt.

Estas en la lista, ¿Cuál lista?, la de los que pueden reír pensar, circular, amar, morir, vivir.
En fin Víctor amigo, mucho tiempo que quería escribirte pero ya me conoces soy un poco flojo. Te contaré que estoy componiendo mucho, entre merengues, tonadas, cumbias y cuecas, oratorios y pasiones, el tiempo pasa y se queda inscrito en el alma.

Quiero hablarte un poco de mi mujer a quien no conociste, pero conocerás algún día o no, mejor lo verás en ella cuando llegue el momento. Ella me ha dado algo que yo no sé cómo se llama, pero que se traduce en una cierta seguridad equilibrio y alegría de vivir, la misma que tú tenías junto a tu mujer. Me acuerdo perfectamente de tu claridad y seguridad en tus pasos, aventuras y destinos. Y eso se reflejaba en tu trabajo, el teatro, la peña, el partido, los sindicatos y los amigos. Siempre tenías tiempo para todo (yo me cansaba de mirarte). Me acuerdo que la Viola me decía, aprende, aprende. Espero haber aprendido algo.

La humildad, el heroísmo no se venden ni se compran, que la amistad es el amor en desarrollo, que los hombres son libres solamente cuando cantan, flojean o trabajan, chutean el domingo la pelota o se toman sus vinitos en las tardes, le cambien los pañales a su guaguas, distinguen las ortigas del cilantro, cuando rezan en silencio porque creen y son fieles a su pueblo eternamente como tú y como miles de anónimos, maestros, somnolientos, de domésticas, mineros, profesores, bailarinas, guitarreros de la Patria. También quiero decirte al despedirme que París está bello en este invierno, que no acepto los perdones ofrecidos, que mi patria la contengo en una lágrima, que vendré a visitarte en primavera, que saludes a mis padres cuando puedas, que tengo la memoria de la historia y que todo crimen que se haya cometido deberá ser juzgado sin demora, que la dignidad es esencial al ser humano, que el año que comienza será ancho de emociones, esperanzas y trabajos sobre todo para Uds. Víctor Jara que siembran trigo y paz en nuestros campos.

Ángel Parra, París, Diciembre 1987.