Archivo de la categoría: José Saramago

“A correspondência de Fradique Mendes”, Eça de Queirós

A Poesia não se Inventou para Cantar o Amor A poesia não se inventou para cantar o amor — que de resto não existia ainda quando os primeiros homens cantaram. Ela nasceu com a necessidade de celebrar magnificamente os deuses, e de conservar na memória, pela sedução do ritmo, as leis da tribo. A adoração ou captação da divindade e a estabilidade social, eram então os dois altos e únicos cuidados humanos: — e a poesia tendeu sempre, e tenderá constantemente a resumir, nos conceitos mais puros, mais belos e mais concisos, as ideias que estão interessando e conduzindo os homens. Se a grande preocupação do nosso tempo fosse o amor — ainda admitiríamos que se arquivasse, por meio das artes da imprensa, cada suspiro de cada Francesca. Mas o amor é um sentimento extremamente raro entre as raças velhas e enfraquecidas. Os Romeus, as Julietas (para citar só este casal clássico) já não se repetem nem são quase possíveis nas nossas democracias, saturadas de cultura, torturadas pela ansia do bem-estar, cépticas, portanto egoístas, e movidas pelo vapor e pela electricidade. Mesmo nos crimes de amor, em que parece reviver, com a sua força primitiva e dominante, a paixão das raças novas, se descobrem logo factores lamentavelmente alheios ao amor, sendo os dois principais aqueles que mais caracterizam o nosso tempo: o interesse e a vaidade. Nestas condições, o amor que voltou a ser, como na Grécia, um Cupido pequenino e brincalhão, que esvoaça, surripiando aqui e além um prazer fugitivo — é removido para entre os cuidados subalternos do homem, muito para baixo do dinheiro, muito para baixo da política… É uma ocupação, sem malícia o digo, que se deixa para quando acabar o dia verdadeiro e útil, e com ele os negócios, as ideias, os interesses que prendem. «Já não há hoje nada de produtivo a fazer? Já não há nada de sério em que pensar?… Bem! Então, um pouco de perfume nas mãos, e abra-se a porta ao amor que espera!» A isto está reduzida a Vénus fatal e vencedora!
Ora quando uma arte teima em exprimir unicamente um sentimento que se tornou secundário nas preocupações do homem — ela própria se torna secundária, pouco atendida e perde a pouco e pouco a simpatia das inteligências. Por isso hoje, tão tenazmente, os editores se recusam a editar, e os leitores se recusam a ler, versos em que só se cante de amor e de rosas. E o artista que não quer ser uma voz clamando no deserto e um papel apodrecendo no armazém, começa a evitar o amor como tema essencial da sua obra.

Eça de Queirós©


“Aquelarre”, Nelly Tarragano – Taller de Escritores Kibutz Saar

Tras haber leído el primer capítulo de “El evangelio según Jesucristo” de José Saramago, invité a los participantes del Taller de Escritores a buscar una imagen y realizar una descripción literaria de la misma, para el próximo encuentro. De los trabajos realizados, he seleccionado el perteneciente a Nelly Tarragano.

sabbat

Esta palabra procede del vasco y es una composición de “aquer”¨que significa cabrón y “larre” prado.

Esta ilustración fue imaginada por el secretario general de la inquisición española: Juan Antonio Llorente.

El demonio sentado en una silla grande y negra, toma la figura de un ser monstruoso, iracundo y triste. Su cabeza de asno muestra dos grandes cuernos, como de cabrón y otro menor en el medio del cual se deprende una llama iluminadora. Sus ojos grandes y redondos muy abiertos, como centelleantes, la barba y pies de cabra; el cuerpo y talle, mitad de hombre y mitad de macho cabrío. En la espalda le nacen alas de negro plumaje, prominentes uñas que crecen a diario como garras.

Se presencia la iniciación por una bruja de una joven que recostada a los pies del diablo observa la danza demoníaca.

Esta virgen doncella será la nueva mani¹ de su majestad. Se adivina que pertenece a la nobleza, por sus rasgos suaves y distinguidos. No se sabe si está allí por deseo propio o por presión de algún tipo.

A la derecha del demonio se ofrece a un niño para ser cocinado por las brujas encargadas del banquete. Dicha preparación culinaria, en una gran olla, es supervisada por un marqués y su bufón. Estos han traído al infante como ofrenda a Satanás.

Se observa a la derecha y arriba el rapto de pequeños niños. Brujas montadas en sus escobas sobrevuelan el aquelarre. No todas quieren estar bajo el control del Diablo, pero temen sublevarse, algunas de ellas juran vengarse por malos tratos. Y desagradecimiento.

La media Luna alumbra otra escena, la de su majestad en una danzando con sus doncellas. Y después de la danza frenética las posee una a una.

Más abajo otra escena, la de la cena, no se describe.

Nelly Tarragano©

¹ Del persa: joya.


“Permiso para disentir” por Pilar Rahola

_jose_saramago Con Saramago me pasó lo que con Cela, que amé su literatura tanto como desprecié su pensamiento

Difícil artículo, no en vano remar contra corriente siempre comporta grandes riesgos. Y sin embargo, ¡qué necesidad de poner la postilla a tanta adulación acrítica, a tanta elevación a los altares, aunque el santo en cuestión fuera un descreído impenitente! Hablo de José Saramago, cuya muerte se ha parecido más a un duelo nacional que a la triste pérdida de un escritor. Por supuesto, se trataba de un gran escritor, y personalmente llegué a amar tanto su obra, que incluso recorrí los paisajes portugueses de su bella novela Memorial del convento. Sin embargo, con Saramago me pasó lo mismo que con Cela, que amé su literatura tanto como desprecié su pensamiento, en ambos casos porque cuando dichos escritores se calzaban las botas de pensadores, no salían perlas de sus bocas. Cela era un machista maleducado, un grosero malhablado, un tipo desagradable, y, sin embargo, La familia de Pascual Duarte es un monumento literario.

Y Saramago, cuyas formas eran educadas, estuvo toda su vida vinculado a los pensamientos más reaccionarios de la izquierda, hasta el punto de dar su apoyo a dictadores comunistas, a partidos como el PC portugués, que habitan ideológicamente en el jurásico inferior, y a todo quisque que machacara a los norteamericanos, hiciera populismo tercermundista y, por supuesto, hablara mal de los judíos. Si las ideas de Saramago hubieran triunfado, habríamos vuelto a los peores tiempos del estalinismo, porque este "lúcido pensador" – según la mayoría de las crónicas laudatorias de estos días – despreciaba a la malvada democracia "burguesa", tanto como amaba a la dictadura del proletariado.

Villatoro lo explicaba muy bien ayer en sus "Trossos" del Avui: "Muchos escritores se han fascinado por formas de pensamiento totalitario, y nadie les discute que sean grandes escritores". Pero no son buenos pensadores. La cuestión es preguntarse por qué Saramago, después de toda una vida defendiendo ideas extremas, mantuvo intacto su prestigio como intelectual "comprometido". ¿Comprometido con qué? ¿Con algunas de las ideas que destruyeron el siglo XX? ¿Y si hubiera defendido al extremo de su propio extremo, el fascismo? Entonces habría sido condenado al ostracismo, porque a la extrema derecha se le niega, por suerte, el pan y la sal.

Los intelectuales de extrema izquierda, en cambio, mantienen su prestigio ideológico intacto, incluso después de que su propia ideología haya fracasado. Disiento, pues, de tanto elogio desmesurado. Lamento la muerte del escritor cuyas novelas me han hecho gozar tanto. Pero nunca pensé que detrás del escritor hubiera un intelectual, sino que había un viejo comunista aferrado a ideas sin futuro, tan obtuso en su pensamiento como sutil en su literatura. ¡Viva, pues, la buena literatura, la única que quedará (por suerte) tras la guillotina del tiempo!

Fuente: La vanguardia. Barcelona España. 22/06/2010