Archivo de la categoría: Lohamei Hagetaot

“Juglarías, un poeta en Israel”, Juan Zapato

“Impresiones”

Una blanca gaviota detenida sobre las toscas marinas contempla al oleaje llegar.

A lo lejos un pescador solitario se ha introducido campo adentro de las aguas y espera.

Rosh HaNikrá¹ se esconde tras una bruma tenue hasta convertirse en una silueta recostada invisible.

La música acompasada de mar y de viento salado se introduce por mis orificios nasales.

Sentado sobre el suelo de este terraplén, con mis piernas estiradas prosigo la lectura de “Lorca – Dalí, el amor que no pudo ser”, de Ian Gibson.

Un ruido de aletas se aproxima. Dos puntos en el Occidente van figurándose a medida que avanzan hacia mí. Los helicópteros verdeoliva cruzan a baja altura y continúan con su misión rumbo a Oriente.

Cruzo el señalador en la página abierta, cierro el libro, me incorporo y camino destino a Shavei Tzión².

Aún me queda tiempo por delante.

Juan Zapato©

¹ Cuevas de Rosh HaNikrá, punto extremo norte limítrofe entre Israel y El Líbano.

² Moshav Shavei Tzión, granja de propiedad privada, con viviendas particulares y de dimensiones más pequeñas que las de un kibutz. Kibutz: Granja colectiva en Israel.

DSCF0650 (1)Mañana Viernes 13 de Julio, estaré presente en la “Feria del Libro en Español” a realizarse en la ciudad de Raanana, bajo la organización de la Filial local de la OLEI (Organización Latinoamericana, España y Portugal en Israel).

Disertará el escritor Gustavo Perednik, asistirán escritores latinoamericanos-israelíes quienes venderán y firmaran sus obras. Actuarán el maestro Mario Solan acompañado del guitarrista David Solan y el coro “Lejaim”, bajo la dirección de Najman Stofblat  y se contará con la presencia de los diplomáticos de Argentina y Colombia.

Viernes 13 de Julio en el horario de 10 a 14 horas en la explanada de la OLEI Raanana, sita en Ahuza 68, Mercaz Eliav, Semáforo 2. Tel. 09-7442915/7461946.

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“Magnetismo”, Pesaj (Lito) Skudizki

Israel_Declaration_of_Independence¿Cuál es la esencia de mantenernos históricamente judíos por miles de años?

¿Acaso existe otro pueblo con las mismas características?

Comparado al imán, material magnético indestructible, inseparable, equivalente a fe, dos polos opuestos que se unen. Así como la celebración de Yom Hazikaron y Yom Hatzmaut, separados y unidos por cordón umbilical, un día tras otro. Uno simboliza el dolor y penas de todos los caídos en la lucha por nuestra existencia y el otro la alegría de nuestra independencia como nación.

El imán-eje esférico de huellas cicatrizadas dolientes y sufrientes de pogroms, holocausto, atentados, guerras; se ve cubierto por nuevos pimpollos de grandes logros en ciencias, tecnología, literatura. Polo de efectos antagónicos inseparables, mencionado en el Tanaj como “el pueblo elegido” quedó sellado en nuestras entrañas.

Este año festejamos con felicidad y alegría los 64. Reconocemos que el precio pagado por esa Independencia es muy alto, valorado y apreciado por todos, no olvidando el otro polo de congoja y dolor. Tampoco el horizonte está exento de amenazas por aquellos que aún pretenden destruirnos. No es extraño entonces, que la fuerza de nuestro destino, sea la fe eterna e irrompible de ese imán al que nos referimos.

Confiamos en nuestro pueblo, equivalente a imán-fe.

Pesaj (Lito) Skudizki©


“Lohamei Hagetaot: la voz del gueto de Varsovia”, Ricardo Coarasa

A sólo unos kilómetros de la frontera con El Líbano, en la Galilea Occidental que mira al Mediterráneo, se encuentra Lohamei Hagetaot, el kibbutz de los supervivientes del gueto de Varsovia. Habían logrado esquivar la barbarie nazi, pero tan importante como estar vivos y mirar decididamente hacia el futuro era perpetuar la memoria de los que se quedaron por el camino, luchar para que el Holocausto no se perdiese en los meandros del olvido.

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«No quise olvidar. Es importante no hacerlo, pero no para enfangarme en el pasado, sino para mirar hacia el futuro». Quien así habla es Havka Raban, 84 años, aparentemente una mujer frágil vencida por la vida. Pero nada más lejos de la realidad. Havka es una de las últimas supervivientes del Gueto de Varsovia. Una mujer dura como un pedernal, una heroína en toda regla con la memoria intacta y la palabra certera. Nacida en Varsovia, tras la invasión nazi se integró en los grupos de resistencia del gueto en 1941. Trabajaba como mensajera entre los distintos guetos. Pasaba de Varsovia a Cracovia con identidad falsa con diarios clandestinos que alimentaban la resistencia de los judíos polacos.
En 1942, sus compañeros partisanos colocaron una bomba en la cafetería Cyganeria, frecuentada por oficiales de la SS. A ella no le dejaron participar, pero esperó a los autores del atentado en un piso franco «con comida caliente». Alguien les delató y los arrestaron a todos. Condenada como colaboradora, fue trasladada a Auschwitz, donde le raparon y le tatuaron el número que todavía luce en su brazo izquierdo. Se adentró durante dos años «en un mundo que no es mundo». «No olvidaré nunca el olor a carne quemada ni el humo que salía de las chimeneas de los crematorios», confiesa con una entereza que paraliza. Terminada la guerra, fue canjeada por prisioneros alemanes en Suecia a través de Cruz Roja Internacional. Cuatro años después, se convirtió en una de las fundadoras de este kibbutz. «La idea surgió en el gueto, cuando empezamos a pensar en la insurrección y en que los que sobreviviéramos creásemos una comunidad en Israel», recuerda. Havka se deja fotografiar, enseña su número tatuado con el orgullo de quien ha mirado cara a cara a la muerte y ha vivido para contarlo. Sigue residiendo en el kibbutz y cualquiera que se acerque hasta allí debería tener el privilegio de escucharla.

Un kibbutz contra el olvido
Havka, como otros cuarenta partisanos y sobrevivientes del Holocausto (la mayoría proveniente del gueto de Varsovia), se asentó aquí en abril de 1949. Con el empeño de preservar la memoria del dolor (tan necesaria para no reincidir en la ignominia) juntos levantaron el primer museo que se edificó en el mundo sobre esa gran tragedia. Visitarlo hoy es una deuda pendiente para cualquiera que piense que mantener viva la memoria es el único antídoto para no repetir las páginas más desoladoras de nuestra historia.
Todo gira en torno a la Casa de los Combatientes del Gueto (Beit Lohamei Hagetaot). A simple vista, lo primero que sorprende al viajero es un imponente acueducto que parece proteger al museo. Fue construido hace casi 200 años por los otomanos para abastecer de agua a los habitantes de San Juan de Acre (Akko) desde los manantiales de Kabri. A su lado, un anfiteatro con capacidad para 15.000 personas ahora vacío, donde cada año se conmemora el Día del Recuerdo del Holocausto.
Las salas del museo se recorren con el estómago atenazado y el corazón triste. El visitante tiene ante sí, por ejemplo, el cubículo donde fue juzgado a principios de los 60 Adolf Eichman, el responsable de que los trenes que llevaban a los judíos a la muerte no se detuvieran. El Mossad, los servicios secretos israelíes, le siguieron los pasos durante más de diez años. Se había refugiado en Argentina bajo la identidad de Ricardo Clemen, pero finalmente fue capturado y en mayo de 1960 llegó a Tel Aviv para ser juzgado. Muchos de los testigos que declararon contra él vivían en el kibbtuz Lohamei Hagetaot. Para el pueblo de Israel fue una especie de exorcismo: una cuarta parte de la población era superviviente de la Shoa (el término hebreo que define el Holocausto).

Dejadme seguir siendo niño
Lohamei Hagetaot está lleno de frases que te llegan al corazón con la fría precisión del horror. El Museo de los Hijos de Yad Layeled habla a los niños del Holocausto. ¿Están nuestros pequeños preparados para entenderlo? El recinto, un enorme cilindro de hormigón, se recorre en sentido descendente. Es un viaje en el tiempo a través de los guetos, de la atmósfera opresiva del nacismo y un homenaje, a la vez, al millón y medio de niños que sucumbieron a la barbarie. «Nunca habría querido crecer. Es cien veces mejor seguir siendo un niño», se lee en una de las paredes. Una reflexión entre un millón de esos niños a los que el Holocausto no dio opción de añorar su niñez.

Fotos y texto: Ricardo Coarasa Artigas©

PD: En el momento de escribir estas líneas los obituarios de los periódicos informan de la muerte, a los 97 años, de otro superviviente del Holocausto, Jacques Stroumsa, “El violinista de Auschwitz”, a quien tuve el honor de conocer y escuchar en Jerusalén, gracias a la amabilidad de Casa Sefarad de España, hace ahora un año. Vaya desde aquí mi homenaje sincero a un hombre extraordinario, sobre el que VaP escribirá más adelante el reportaje que se merece.

Fuente: http://www.viajesalpasado.com/?s=lohamei&x=15&y=12