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«Esperanza», Juan Zapato

esperanza

Esperanza de descubrir una llave blanca que no quiera darse vuelta.
Un cristal inocente envuelto en una palabra abierta.
Un barrilete fugitivo que un día remontó a un niño.
Esa sortija inmóvil que amanece en un boleto.
Un reloj amnésico parpadeando frente a un espejo.
Un cielo extendido posando su nariz sobre la superficie de las olas.
Esa poesía muda interpretando a dos cuerpos.
Una estrella dibujada destellando a una escalera.
Un ave de arena a la que le crecieron ramas.
Ese sueño de almohada que descansó recordando.
Un sonido de la naturaleza al que nombraron melodía.
Una página rota conteniendo recuerdos de la vida.
Esa nube de ensueño marcando surcos en tus manos.
Los latidos del fuego consumiendo a los ardores.
Mil mariposas que desvelaron al tiempo.
Un planeta utopía que disipó las miserias de los hombres.
Una mirada de frente, hablarnos
En cenizas curarnos y ser luz del Universo.

Juan Zapato©


“El regalo”, Clementina Suárez

Quisiera regalarte un pedazo de mi falda,
hoy florecida como la primavera.

Un relámpago de color que detuviera tus ojos en mi talle
– brazo de mar de olas inasibles –

la ebriedad de mis pies frutales
con sus pasos sin tiempo.

La raíz de mi tobillo con su
eterno verdor,

el testimonio de una mirada que te dejara en el espejo
como arquetipo de lo eterno.

La voluble belleza de mi rostro, tan cerca de morir a cada instante
a fuerza de vivir apresurada.

La sombra de mi errante cuerpo
detenida en la propia esquina de tu casa.

El abejeante sueño de mis pupilas
cuando resbalan hasta tu frente.

La hermosura de mi cara
en una doncellez de celajes.

La ribera de mi aniñada voz con tu sombra de increíble tamaño,
y el ileso lenguaje que no maltrata la palabra.

Mi alborozo de niña que vive el desabrigo
para que tú la cubras con la armadura de tu pecho.

O con la mano aérea del que va de viaje
porque su sangre submarina jamás se detiene.

La fiebre de mis noches con duendes y fantasmas
y la virginal lluvia del río más oculto.

Que a nivel del aire, de la tierra y el fuego,
el vientre como abanico despliega.

La espalda donde bordas tus manos
hinchadas de oleaje, de nubes y de dicha.

La pasión con que desgarras
en el lecho del mismo torrente inabarcable

como si el mismo corazón se te hiciera líquido
y escapara de tu boca como un mar sediento.

El manojo de mis pies
despiertos andando sobre el césped.

Como si trémulos esperaran la inexpresada cita
donde sólo por el silencio quedaron las cadenas rotas.

Y en tus dedos apresado el apremio de la vida
que en libertad dejó tu sangre,

aunque con su cascada, con su racha,
los árboles del deshielo, algo de ti mismo destrozaran.

La cabellera que brota del aire
en líquidas miniaturas irrompibles

para que tus manos indemnes hagan nido
como en el sexo mismo de una rosa estremecida.

La entraña donde te sumerges como buscando estrellas enterradas
o el sabor a polvo que hará fértiles nuestros huesos.

La boca que te muerde
como si paladeara ríos de aromas;

o hincándote los dientes
matizara la vida con la muerte.

El tálamo en que mides mi cintura
en suave supervivencia intransitiva,

en viaje por la espuma difundido
o por la sangre encendida humanizado

el mundo en que vivo
estremecida de gestaciones inagotables.

El minuto que me unge de auroras
o de iridiscencias indescriptibles.

Como si a ritmo de tu efluvio soberano
salvaras el instante de miel inadvertida;

O dejaras en el mágico horizonte de luces apagadas
el tiempo desmedido y remedido.

En que apresados quedaran los sentidos
y al fin ya sin idioma, desnudos totalmente.

Como si ensayando el vuelo se quemaran las alas
o por tener cicatrices se extenuaran los brazos.

La piel que me viste, me contiene y resuma,
la que ata y desata mis ramajes.

La que te abre la blanca residencia de mi cuerpo
y te entrega su más íntimo secreto.

Mi vena, llaga viva, casi quemadura,
huella del fuego que me devora.

El nombre con que te llamo
para que seas el bienvenido.

El rostro que nace con la aurora
y se custodia de ángeles en la noche.

El pecho con que suspiro, el latido,
el tic-tac entrañable que ilumina tu llegada.

La sábana que te envuelve en tus horas de vigilia
y te deja cautivo en él, duerme, sueño del amor.

Árbol de mi esqueleto
hasta con sus mínimas bisagras.

El recinto sombrío
de mis fémures extendidos.

La morada de mi cráneo, desgarrado lamento,
pequeña molécula de carne jamás humillada.

El orgullo sostenido de mis huesos
al que hasta con las uñas me aferro.

Mi canto perenne y obstinado
que en morada de lucha y esperanza defiendo.

La intemporal casa
que mi polvo amoroso te va ofreciendo.

El nivel del quebranto
o la herida que conmigo pudo haber terminado.

El llanto que me ha lavado
y que este pequeño cuerpo ha trascendido.

Mi sombra tendida
a merced de tu recuerdo.

La aguja imantada
con su impensable polen y sus rojas brasas.

Mi gris existencia
con su primera mortaja

Mi muerte
con su pequeña eternidad.

Clementina Suárez©

Juticalpa, Olancho, 1902-1991. Vino al mundo un 12 de mayo. Sus padres fueron: Don Luis Suárez, profesional del derecho, y Amelia Zelaya Bustillo, una bella mujer proveniente de una de las familias más ricas de Olancho. Clementina Suárez realizó sus estudios primarios en su lugar de origen y luego, en 1918, se trasladó a Tegucigalpa, donde estudió en una escuela privada para señoritas. Desde niña manifestó su clara vocación de poeta. En 1930 publicó Corazón Sangrante, el primer libro de poemas de una mujer hondureña. Viajó a México, donde, en contacto con un medio más evolucionado, publicó Templos de Fuego, Iniciales y De mis sábados el último (1931). En Costa Rica publica Engranajes (1935). Después de residir en Nueva York se traslada a La Habana, donde sale a la luz Veleros (1937) ya en una forma totalmente nueva. En San Salvador, el Ministerio de Cultura le edita su libro Creciendo con la hierba. Pero la línea de su actividad no se limita a la poesía; publica en Honduras la revista Mujer y funda en México una galería de arte centroamericano. En San Salvador funda El Rancho del Artista, donde, además de tener una exposición permanente, se escucha la voz de Miguel Ángel Asturias, Salarrué, Pablo Antonio Cuadloira, Eunice Odio y otros valores de América. En Tegucigalpa funda la primera galería de arte, a la que llama Morazánida. No pertenece a ningún grupo, porque ella crea los grupos. Colaboró con diarios y revistas escribiendo artículos, entrevistas y semblanzas. Fue una madre soltera. Tuvo dos hijas: Alba y Silvia. Posteriormente contrajo matrimonio con el poeta Guillermo Bustillo Reina, hondureño, y más tarde con el pintor José María Vides, salvadoreño. Se divorció de ambos porque consideró que le interrumpían en su carrera y en su forma de pensar y vivir. Recibió el Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa” en 1970.


“Una taza de caldo”, Isla Correyero

A mi señora, María Victoria Atencia.

Amnón andaba por ella atormentado, hasta

enfermar por Tamar, su hermana.

(2 Samuel, 13, 2-3)

Cuando yo era muy niña

una mujer amada me cantaba un romance

en las tardes altísimas del final del verano.

Pretendía dormirme con aquella canción

que contaba la historia

de dos hermanos moros cautivos en Granada:

Ella estaba con fiebres malignas en el lecho

y él, un guapo muchacho,

le llevaba una taza de caldo

oculta en la chilaba.

Yo jamás me dormía

porque jamás historia alguna me pareció tan bella.

La ternura corría caliente por mi sangre

como el caldo que a ella le calentaba el cuerpo.

y cerraba los ojos

y veía acercárseme a mi hermano

al que amaba más que a mi propia vida.

¿Cómo podría el tiempo disipar la memoria

de aquellas escaleras

pintadas en un ocre maravilloso y cálido,

y el mandil de la yaya

con el pañuelo siempre guardado en un bolsillo,

o aquella porcelana colgando en las paredes,

y los relojes viejos con esmaltes gastados,

y los paños de hilo componiendo figuras,

y aquellos reposteros de seda descrudada

cubriendo los pasteles?

¡Soñaba tantas veces con ser aquella mora

enferma palidísima!

Quizá para sentirme, como ella,

asistida, por el hermano amado.

Un día de tormenta partimos de viaje.

Y en el coche mi hermano jugaba con un coche.

Una vez más cerré los ojos húmedos

y me metí por dentro del juguete de plástico.

La penumbra y los rayos caían a mi boca

como cayera el caldo de la historia en la Historia.

No sé qué es el incesto.

Pero si alguna vez amé con amores carnales

a alguien de mi sangre,

fue aquella tarde hermosa de truenos y de lluvia,

en el asiento azul de un coche de juguete.

Isla Correyero©

Nació en Miajadas (Cáceres, España) en 1957. Estudió periodismo y cinematografía en Madrid. Es guionista de cine y televisión. Premios de Poesía:Cráter, Colección Provincia, 1984, Diario de una enfermera, Premio Ricardo Molina, 1996, La Pasión, Finalista Premio Mundial De Poesía Mística Fernando Rielo, 1999, Amor Tirano, Premio Hermanos Argensola 2002. Otras publicaciones: Lianas, 1988, Crímenes, 1993, Feroces, 1999. Incluida en Las Antologías De Poesía: Las Diosas Blancas y Ellas Tiene La Palabra. Lecturas significativas y eventos literarios: Palacio Real, Madrid, 2000, Fundación Monasterio de Yuste, 2004, Festival Poetry Internacional de Rotterdam, junto a Seamus Heaney, 2005, Cumbre Iberoamericana, representando a Cáceres: Patrimonio de la Humanidad,  Salamanca 2008.


“IV”, Gerardo Guinea Diez

Puede que él no sepa de mujeres fenicias
ni de galeones españoles
ni de sefarditas con su ladino de siempre
en África o Nueva York.
 
Pero ella, más torrencial parpadea
y habla según sus cálculos
de mares de mediodía
con sus fragatas inglesas
con algo del Caribe filtrado
ventarrones por añadidura,
y por análogas razones
de atmósferas con peces de colores
y señoritas con su cuerpo a la vista.
 
Entonces él reconoce su ignorancia
de esos desusados hombres,
accede a que ella desafíe sus saberes,
no de Ovidio ni los dioses griegos,
menos sus conocimientos de geografía,
sino aquellos que resumen miserias
morales y dudosas legalidades.
 
Siendo así las cosas,
ella muestra su espinazo
entrado en eternidades
para danzar en el corredor
con un silencio que no se mueve
más allá de sus fronteras
en la palma del sueño.

Gerardo Guinea Diez©


“Rapsodia Judía”, Adolfo (Fito) Chammah

Kol Nidréi, Aníi maamin, Nigún y Shofar, Procesión nocturna, danza, oración.

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Distancia y murmullos entre el proscenio y mi espera.
Dos canastos rebosantes de flores y ramas viva adornando el escenario.
Los músicos van entrando, ellos de elegante smoking, ellas de negro soirée.
El violino concertante cual clave de sol andante da ejemplo con su sonido y
                                                                                                                  /todos ajustan el “la”.
El aplauso adelantando al talentoso maestro y opresto la batuta diestra
                                                                                                         /que sugiere a los violines.
En un adagio muy lento dar bienvenida a los vientos.

Ébano y níquel, níveas manos, rojos labios, con su largo clarinete una elegante
                                                                                                                                                  /solista
va triturando promesas en la antigua melodía del esperado Kol Nidrei.
Fui frelajando ansiedades y con la imaginación alerta las raíces de la sasngre
palpitaron en mis ojos, y un vendaval de recuerdos casi afiebrado despierta.
La figura del abuelo e su sufrido silencio, el taled, las filacterias, el pan
                                                                                                                        /trenzado, las velas
y un  laberinto de ensueños con Chagall y su paleta.

El Purim con su suave rojo, o el violinita verde o el rabino de limón.
Aní maamín “yo creo” pregonan con su color.
Rojo, verde, azul, turquesa y en mi follaje de otoño el amarillo tristeza.
La cadencia del shofar, cuerno de macho cabrío, sonando bronco y terrible
recuerda al pueblo elegido que Adoshem es uno y solo
y la plebe con unción se prosterna arrepentida rogándole su perdón.

En la procesión no, qué ensación tan extraña: la alegría de un jasid todo
                                                                                                                           /vestido de negro
con su gorra y las polainas y un charco rojo en el pecho de alguna daga pagana
que paraliza su danza.

Las violas y los oboes, los cellos y los violines recitan una oración.
Es dulzura y es torrente, es esperanza escondida, es lejanía, es presente.

Adolfo (Fito) Chammah©

Nació en Tucumán, Argentina. Desde joven se sintió atraído por las expresiones artísticas. Estudió en el Conservatorio Nacional de arte escénico. En Argentina fue miembro del elenco estable del teatro S.H.A., perteneció a la comisión directiva del club C.A.S.A., dirigente de FESELA. (Federación Sefaradí Latinoamericana) y de la D.A.I.A. Publicó artículos en diarios y revistas de la comunidad judía. Creador y director de “Encuentro con la canción Sefaradí (música y poesía). escribe cuentos y poesías e intervino en dos antologías y en numerosas veladas literario-musicales.
En Israel se integró a las peñas “Escritores del Alba” y “Brasego”. En la actualidad es miembro activo de la peña “Literarte”, es socio de la Asociación Israelí de escritores ene Lengua Castellana.


“Él”, Juan Zapato

 

Tuvo un sueño,
ideales libertarios
por abolir desigualdades,
quizá el mismo
que parte del inconsciente colectivo
conserva en letargo.

Yerro de los hombres
que persiguen una esperanza,
abandonado a su suerte
por el afán de ser libre y ser libres.

Errando por la selva,
en su error fatal.
Solo y solos,
traicionado
y al final,
asesinado.

Disiente,
rotúlame,
que también me equivoco y pienso.

Juan Zapato©

 


“Ramón Gómez de la Serna y los cafés literarios” Juana Martínez Gómez

En España, así como en otros lugares de Europa, los cafés literarios llegaron a convertirse en las más activas sedes de una universidad libre en la que se gestaban los movimientos artísticos, intelectuales y espirituales[1]que contribuyeron a crear las transformaciones de la modernidad. Algunos intelectuales, como Unamuno ―incluso desde su cargo de rector de la Universidad de Salamanca—, vieron en el café el germen de la verdadera universidad popular en España.

Para Gómez de la Serna el café también era una  institución independiente con un valor alternativo al de la cultura oficial. Era una especie de para-academia mucho más vital que la Academia, en donde según él “se muere mucho, se muere dentro, mucha gente”, y los que más se morían, según él, eran sobre todo los jóvenes.

El café es un espacio de conversación y de escritura, una especie de ágora, de plaza pública en donde implícita o explícitamente se adopta una actitud desafiante hacia las instituciones establecidas, aquellas más cerradas o estereotipadas. Ramón buscó un lugar donde reunirse con “los suyos”,[2] y encontró Pombo, una antigua botillería junto a la Puerta del Sol, en el centro de Madrid, bien comunicada con el resto de la ciudad ―los tranvías de la época se encargaban de ello―, que le atrajo por darse la paradoja de ser un lugar anticuado donde se podría reunir con los jóvenes  innovadores: “Siempre me pareció un café vetusto, pero tendrá gracia que en él se cobijen y alboroten los más modernistas”.[3]

Tertulia en el café Pombo

Todos los sábados organizaba una tertulia para la que él reivindicaba la supremacía de la conversación sobre la lectura, de la que simulaba irónicamente desconfiar por ser “el acto más desvanecido, más pobre del espíritu, más deleznable que se pueda realizar, por bien escogidas que estén las lecturas”.[4] Mientras que veía en la lectura (y también en la música) una forma de aislamiento, una “abstracción onanista”, la tertulia resolvía una necesidad esencial del alma de relacionarse con otras almas y crear la amistad, pero, para Ramón, no cualquier amistad, sino la amistad grande y pactada para pensar.

Entendía la tertulia como una mezcla de revista y de diario íntimo donde se expresara la verdad de forma completamente sincera. Y muy importante era también para él que el lugar de la tertulia fuera un sitio reservado y puro pero desde el que pudiera captarse el pulso de la calle y donde se sintiera el “alma humilde y real de la vida”, de manera que las emociones individuales, subjetivas, y la actualidad del mundo exterior no se vivieran separadas sino que quedaran perfectamente trabadas en la experiencia tertuliana.

En Pombo se propuso crear un clima de serenidad y estabilidad que fuera un verdadero refugio frente a las amenazas de entonces contra la civilización, “un oasis frente al mundo que se bombardeaba”, de donde estaba desterrada cualquier actitud pomposa y engreída, y en el que los términos “humildad” y “sinceridad” eran claves de la actitud requerida entre los tertulianos. Quiso también que las reuniones pombianas evitasen el tono trascendente para no caer en la hueca grandilocuencia y en la “tontería” en las que, según Ramón, era muy fácil caer en las discusiones serias. En consecuencia, las tertulias se desarrollaban en un tono relajado y con un gran sentido del humor: “Lo echo todo a chirigota. Se nota menos la intromisión del tonto y todo marcha con una banalidad que va bien al fondo de la reunión. Es preferible oír esa insistente ironía que oír las absurdas opiniones de los inevitables”.[5]

Con un aire alegre y bondadoso Ramón se encargaba de que el visitante sintiera de inmediato el ambiente peculiar de Pombo. Así, las presentaciones de los recién llegados se hacían siguiendo un ritual que introducía a los tertulianos en la situación requerida por él:

Yo hago las presentaciones un poco en broma. Me parece que se van a avergonzar, se van a encontrar cohibidos y se van a reír unos de otros silenciosamente, si las hago con esa seriedad que caracteriza a las presentaciones. Así digo yo al que entra: ―Fulano de Tal bastante buen artista ―Fulano de tal bastante triste humorista ―Fulano de Tal que ha estado en los mejores presidios del mundo, vistiendo los elegantes pijamas del presidiario. ―Fulano de Tal que habla el inglés a la perfección. ―Fulano de Tal que tiene un alfiler de herradura. Quiero conseguir así que nuestra unión esté desprovista de orgullo y la gobierne una exquisita ironía amable. Porque las cosas del mundo no pueden ser miradas en serio más que con ironía.[6]

Tertulias Café Pombo

Cumpliendo con toda esta parafernalia de rito iniciáticose encontraron cerca de treinta latinoamericanos, escritores en su mayoría, que en los años de existencia de Pombo, es decir entre 1914 y 1936, vivían o estaban de paso en Madrid. Allí llegaron, directamente o desde París, los chilenos Augusto D’Halmar, Vicente Huidobro, Teresa Wilms Montt, Joaquín Edwards Bello y Pablo Neruda; los guatemaltecos Enrique Gómez Carrillo y Francisco Soler y Pérez; los peruanos Alberto Hidalgo, Alberto Guillén, César Miró, Xavier Abril y Ventura García Calderón; los venezolanos Manuel Díaz Rodríguez, Rufino Blanco Fombona, Pedro Emilio Coll y Arturo Uslar Pietri; el cubano Alonso Hernández Catá; el dominicano Pedro Henríquez Ureña; el colombiano Jorge Zalamea; los argentinos Alberto Ghiraldo, Oliverio Girondo y Jorge Luis Borges, y los mexicanos Martín Luis Guzmán, Artemio de Valle Arizpe, Orozco, Eusebio de la Cueva y Alfonso Reyes. Seguramente algunos fueron una vez, dejaron su foto y su firma y no volvieron más porque se sintieron incómodos con el singular estilo que Ramón imponía a su tertulia. Borges, sin duda, fue uno de ellos:

Me mezclé alguna vez con ese grupo y no me gustó su manera de comportarse. Había allí un gracioso que llevaba un brazalete del que colgaba una campanilla. Daba la mano a los concurrentes y la campanilla sonaba, y Gómez de la Serna decía invariablemente: “¿Dónde está la serpiente?” Suponía que eso era divertido. En una ocasión se volvió orgullosamente hacia mí. “¿Seguro que usted no ha visto en Buenos Aires nada parecido?” ―me dijo―. Tuve que convenir, gracias a Dios, que así era.[7]

Pese a esta primera reacción contraria, Borges y Ramón lograron mantener durante algún tiempo una relación respetuosa que no excluía cierta admiración. Al principio, para Gómez de la Serna, Borges era sólo el hermano poeta de la pintora Norah Borges, que vivía un intenso noviazgo con su amigo Guillermo de Torre, estudiante de Derecho y tertuliano de Pombo. Ramón lo retrataba como un “muchacho pálido, de gran sensibilidad, un joven medio niño al que nunca se encuentra cuando se le llama, […] huraño, remoto, indócil, sólo de vez en cuando soltaba una poesía que era pájaro exótico y de lujo en los cielos del día”. Cuando se conocieron en Madrid, Ramón ya había leído Fervor de Buenos Aires y consideraba a Borges un “Góngora más situado en las cosas que en la retórica”; sin embargo, descubrió al poco que el joven porteño llevaba siempre en el bolsillo una edición príncipe de los Sueños de Quevedo y que no titubeaba en divulgar su amor excepcional por el poeta español.

La Gaceta de Pombo

Otros visitantes, sin embargo, más acordes con la filosofía de Pombo, se hicieron asiduos tertulianos, como el venezolano Pedro Emilio Coll, hacia quien Ramón sentía un gran respeto por considerarlo un hombre justo, bueno, generoso, sensato y ecuánime. Lo veía como un gran intelectual, que compartía con él su espíritu antiacademicista, y valoraba muy especialmente su contribución al entendimiento de la idea de América entre los españoles y a la difusión de la literatura hispanoamericana en la península. Pero Ramón sintió, y lo dijo explícitamente, una predilección especial por los mexicanos:

Yo encuentro que los mejicanos  son como mis compañeros, mis paisanos del otro Madrid, del único otro Madrid fuera de España, que es Méjico. Madrid con sus grandes edificios de Carlos III y grandes muestras churriguerescas. El Cuartel del Conde Duque está en todas las calles de Méjico.

Llegan francos, con miradas exaltadas y levantadas, y ese tono apasionado, cálido, característico, del español. Su mirada no rechaza las cosas, sino que las acepta, sabiendo escoger las de más carácter, aunque sean las que más aspecto tengan de pobreza. Son los mejicanos los que encuentran con nuestra nítida facultad de miserables el encanto de una clase de luz, de una clase de frío, de una clase de hambre. Eso solo los castellanos y los mejicanos saben comprenderlo. ¡Y para eso qué clase de fineza espiritual no es necesaria!

Yo me los encuentro constantemente en mi camino y charlamos como condiscípulos.[8]

Alfonso Reyes

El más asiduo a la tertulia de Pombo fue Alfonso Reyes y fue también uno de los primeros visitantes del café cuando llegó a España desde París, el mismo año de su inauguración como sede de los encuentros literarios de Ramón. Lo primero que observó el patriarca de Pombo fue la tragedia que vivía cada día el mexicano al no tener a mano las librerías de París. “Reyes nos lo repetía con la voz gangosa de niño gordo que cuenta lo que le ha pasado en un dedo del pie”.[9] Sólo se llevaban un año de edad y compartían, a pesar de las grandes diferencias entre ellos, un modo de vivir y sentir el arte. La común identificación debió ser muy grande, a juzgar, entre otras cosas, por el retrato que Ramón le hizo en Madrid, señalando, con su particular óptica, detalles de la personalidad de Reyes que, dichos por Ramón, resultan inolvidables:

Reyes tenía tipo de haber sido un célebre doctor en otra parte y de estar pasando la crujida de incógnito, apesadumbrado con sus cargos de ocasión, como con un gabán excesivamente pesado y largo. Reyes, con su cabeza de pera y su sonrisa en los ojos, oía todo lo que se decía en todas partes y sabía contestar la respuesta atinada, y que hasta cuando no tenía más remedio que ser maligna era bondadosa. […] Alfonso Reyes, regordete y muy parecido a un señor chiquitín ―mucho más chiquitín de lo que en realidad es―; es como un gnomo de los bosques, con el rostro aperalado y seriecísimo de los gnomos. Con su rostro carrilludo. De carrillos caídos ―sin que por eso su tipo sea de gordo―, siempre lleva una viva impresión de listo, muy sobre sí; siempre esperando que le pregunten para contestar, siempre como esos chiquillos que quieren parecer mucho más listos de lo que son. Él ya lo es bastante, pero quiere serlo más, y toma tipo de iniciado en todas las cosas, […] Si a Reyes le afeitasen la ceja derecha se quedaría sin malicia. En la ceja izquierda tiene los acentos de las cosas, y eso es muy importante en él, porque Reyes es el acentuador por excelencia.[10]

Aunque Reyes asistió a algunas de las muchas tertulias que se hacían en Madrid durante los años en que él permaneció en la ciudad, entre 1914 y 1924, su presencia en Pombo fue muy frecuente y su tertulia le dejó una honda e inquietante impresión: Pombo es una realidad trascendente, no se le puede olvidar. Las proclamas de Pombo hablan siempre de los Iscariotes, de los infieles y de los buenos apóstoles: recuerdan la manía persecutoria de los profetas. ¿Qué tragedia se esconde en Pombo? ¿Quién los ha vendido? ¿Por qué le exigen a uno ese compromiso sagrado de la firma en cuanto se acerca? Yo tiemblo[11]

A pesar de ese temblor, Reyes fue uno de los contertulios más participativos en las distintas actividades que, además de la tertulia de los sábados, Ramón organizaba con un gran espíritu lúdico. A éste le gustaba fomentar el juego, por ejemplo,  con concursos de “palabras expresivas”, palabras que debían llevar en su escritura su significación gráfica para aproximarnos más a las cosas que representan. Los contertulios se ejercitaban también en el arte de “los borrones de tinta”: la kleksografía, que es el “arte de aprovechar el borrón que cae en el papel y convertirlo en una figura pintoresca, organizada, elevada sobre su categoría de casualidad”;[12] o en el “juego del cerdo”, que consistía en dibujar un cerdo con los ojos tapados y sin levantar la mano hasta el final para, de manera súbita y sin pensar, pintar los ojos, etc.

Para un escritor tan madrileño como Ramón Gómez de la Serna, pero, sin duda, el más internacional de su tiempo, el encuentro con los escritores que venían de América fue un gran acicate, y por eso trató de mantenerse siempre en contacto con ellos. Incluso desde su exilio en Argentina recordará más tarde sus antiguas amistades pombianas con escritores americanos: “Allí recibí a través de los años a los jóvenes ―y a los viejos― que llegaron de América y los senté a mi derecha y recabé para ellos el respeto y la amistad de todos, siendo por eso que en todas las Repúblicas de habla española quedan artículos insertos en sus diarios y alusiones en muchos libros que le recuerdan [a Pombo] con afecto”.[13]

Con el transcurrir del tiempo, y ante las incomprensiones y hostilidades de algunos de sus compatriotas, Gómez de la Serna llegó a ver más factible su proyección en América que en España:

De todo me recompensa esa diáfana repercusión con que cuento en el público de América y en sus juventudes […]

El caso sincero de mi espíritu ha encontrado allí la atención desinteresada, sencilla, sin prejuicios ni cabildeos. Nos hemos entendido con la más espontánea de las inteligencias. Hay muchos ratos en que sólo confío en el espíritu clarividente y absuelto de América.

Yo creo y espero en esas juventudes y en aquellos públicos que, aún con canas en las sienes, comprenden, ven, tienen la expedita mirada de frente que yo necesito. Espero que alguna vez me salve sólo América…[14]

Juana Martínez Gómez©

Catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid. Entre sus líneas de investigación están la narrativa hispanoamericana y las relaciones literarias entre España e Hispanoamérica.

__________

Publicado en: Julio  Ortega (compilador), Reyes, Borges, Gómez de la Serna. Rutas trasatlánticas en el Madrid de los años veinte. México (Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y Cátedra Alfonso Reyes): Grupo Orfila, 2011.


[1] Vid. Antoni Martí Monterde, Poética del café,  Anagrama ,Barcelona, 2007

[2] Así llama a los que conectan con sus ideas y sus formas en claro distanciamiento de los que no, de “los otros”

[3] Ramón Gómez de la Serna, Automoribundia, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1948

[4] Ramón Gómez de la Serna, La sagrada cripta de Pombo, Imp. G. Hernández y Galo Sáez, Madrid, 1924 p.6

[5] La sagrada cripta de Pombo, ed.  cit.  p. 9

[6] La sagrada cripta de Pombo, ed cit. p. LXVIII

[7] Saul Yurkievich, “Jorge Luis Borges y Ramón Gómez de la Serna: el espejo recíproco” en España en Borges,ed. El Arquero, Madrid, 1990. p. 88. Recogido de Emir Rodríguez Monegal: Jorge Luis Borges: Biographie Litteraire, Paris, Gallimard, 1983

[8] La sagrada cripta de Pombo,E. Cit., p.408

[9] Ibidem, p.439

[10] Ibidem p. 439-440

[11] Alfonso Reyes, Simpatías y diferencias, O.C. T.IV.

[12] La sagrada cripta de Pombo ed. Cit. p. LXXVII

[13] Ramón Gómez de la Serna, Nuevas páginas de mi vida, Alianza editorial, Madrid, 1970, p.96

[14] La sagrada cripta de Pombo, ed cit. p. 545


“Tomo secreto”, Emilio Porta

Yo no sé de qué color llegarás tarde
a las citas. Supongo que llegar tarde
es gris, verde llegar temprano.
De algún color se pusieron tus ojos
y ninguno de ellos era. Color como una
mesa de al fondo posiblemente fuera.

⁞⁞⁞⁞

Violeta,
como la semana Santa de mi país.

⁞⁞⁞⁞

Se me antoja
que nunca fuiste un niño
pequeño del todo,
un niño recién estrenado.

⁞⁞⁞⁞

Para el compositor, acariciar
las teclas del piano
es, como es para el poeta, acariciar
el cuerpo misterioso de la vida.
Tocar, ¡oh, sí!, el marfil inanimado.
Tantear el pecho de la desconocida.

⁞⁞⁞⁞

“Una ola de antisemitismo cruza el país”

Quemaron todos los escritos.
Sigmund Freud debería hacer lo mismo,
hincado de hinojos por la ola, con su obra.
Con todo lo que no había traspapelado
tras sus anteojos. Porque la ola había regresado.
Recuperada del sopor de centurias
en que la había encerrado el Renacimiento,
se desbordaba de nuevo sobre el arte y la ciencia.

Sigmund Freud había muerto hace años.
Y se encontraba solo frente a ella.
A punto de ser devorado.

Emilio Porta© de su libro “Tomo secreto” ISBN:978-84-95140-27-2

http://emilioporta.blogspot.com


“Sábado por la tarde”, Raquel Luisa Teppich

sabado

Cae la lluvia lentamente,
esta envuelve a cada
pasajero del universo…

El escritorio revuelto
de infinidad de papeles
de diversos trabajos.

El calor del hogar a leños,
abstraída y sin luces,
sedienta de ti .

Mis lágrimas
se convirtieron en río,
mi existencia en desvarió.

Puñal filoso,
heridas aniquilantes,
simplemente sábado por la tarde.

Kellypocharaquel©http://www.kellypocharaquelmdp.com.ar/


“Malaventura”, Luisa García Grajalva Bernal

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El mecánico andar
de los minutos
no deja que la Historia
se disuelva en sus gotas
ni que la lluvia cuente
su cuento de pesar.

Peso y paso de agua,
tan tristemente dulce,
sobre la aceptación.

La voluntad mojada
podrá secarse al sol,
aunque te encoja.

En esta espera mansa
de los que nunca poseerán la Tierra,
tan sólo queda la inquietud,
eternamente malaventurada.

Luisa García Grajalva Bernal© de su libro “Nada nuevo en la sombra’, I Premio de Poesía “Marina Romero”


“Nómbrame”, Stephanie Alcantar

Escribe mi nombre para salvarme

con la sal que se adhiere a los barcos

con el murmullo de fantasmas que no has visto.

Sostenme con la forma de la espera

con un clavo vencido que haya sujetado una sombra

detén mi nombre contra la puerta

para no salir

            en forma de poema

                        como el vuelo de la gaviota.

Stephanie Alcantar©

Illinois, EUA/ Durango, México/ 1990. Poeta, practicante también de la narrativa y el ensayo. Estudiante de la Lic. Matemáticas Aplicadas de la UJED. Becaria del PECDA en el área de poesía. Docente de la materia de Literatura en la Escuela Primaria Humanista “Carl Rogers”.  Autora de los libros: Los lirios contarán cuentos de hadas (2008-2009) y La incertidumbre también tuvo infancia(2009; Premio Estatal de Poesía Olga Arias 2008, obra traducida al polaco). Acreedora al Premio Estatal de la Juventud 2009 en la Categoría de Arte y Cultura. Segundo lugar en el Concurso Internacional Caminos de la Libertad, con el poema “Si libertad fuera una palabra”. Su obra ha sido incluida en diversas antologías y revistas nacionales e internacionales.


“Dónde decirte”, Kepa Murúa

Si pudiera decirte tan sólo que las palabras
hacen daño y que tarde o temprano
se olvidan, no te lo diría.

Si supiera quererte como se ama
a quien no se tiene o está lejos,
te rogaría que me olvidaras.

Si hubiera una palabra más alta que la otra
donde decirte que las palabras
son como los hechos, te lo diría.

Pero dónde, dónde puedo encontrar
lo que nadie busca y existe,
si en nada ni en nadie creo.

Kepa Murúa©

(Zarautz, País Vasco, 1962) es un poeta anómalo: independiente, clásico y vanguardista, lírico y comprometido con la realidad. Autor de, entre otros,Cavando la tierra con tus sueños o Un lugar por nosotros, recientemente ha publicado el libro de aforismos poéticos La poesía y tú. Dirige la editorial Bassarai y la revista virtual Luke. J. Lezama ha dicho de su obra: “Poesía como un camino al conocimiento, que no reniega del lector, que lo atrapa con sus gestos, y lo sorprende con el tono y los matices que muestra y oculta a su vez a la hora de describir los sentimientos de amor y dolor especialmente, soledad y existencia de la palabra con el que el poeta justifica las necesidades creativas del hombre.”


“Iom haAtzmaút”, Juan Zapato

independenciaY la noche fue primera y tuvimos que construir el día.

Y la tarea demandó más de cinco mil años a partir de unas escrituras.

Marchas y contramarchas. Perseguidos, expulsados, luchando contra la ignorancia, dando batalla al exterminio y a su cómplice: la indiferencia. El trabajo no se detuvo, las raíces desplegadas en la Diáspora emprendieron una y otra vez el camino.

Nada fue de regalo, con lo poco y con lo que queda, hace sesenta y cuatro años comenzó a edificarse el Estado.

En cuestión de segundos el paso del silencio a la algarabía.

Una movilización popular va cubriendo cada espacio a cielo abierto de este diminuto terreno. Por la radio se anuncia la congestión del tránsito en las rutas que conducen a la Galilea o Tiberíades, parques circundantes a Tel Aviv se pueblan. Todos estamos impregnados del humo que emanan parrillas y barbacoas invadiendo el aire. Hileras de asado, hamburguesas, kebabs, pimientos morrones y berenjenas dispuestas sobre las brasas. No se ha podido imaginar una forma tan original para celebrar la Independencia.

Del otro lado, también podrían estar festejando, pero hace sesenta y cuatro años optaron por la causa perdida.

Juan Zapato© http://juglarias.wordpress.com


“El hombre ilustrado”, Ray Bradbury

Adhesión al Día Internacional del Libro

Imaginantes©


“Fotografía de una mujer imaginada”, Juan José Millas

Adhesión al Día Internacional del Libro

Imaginantes©


“Izkor”, Abba Kovner

Quién gritó y cayó en su grito
La mujer abrazando a su bebé y que sus brazos se desplomaron
El bebé cuyos dedos buscan el pezón materno y este esta azul de frío
Las piernas
Las piernas que buscaron salida y ya no había
Y las manos cerrándose en puños
Y los puños que levantaron el hierro
Y el hierro que se transformó en el arma de la esperanza, de la desesperación y de la rebelión
Y ellos de corazón generoso
Y ellos con sus ojos abiertos
Son los que se arrojaron sin posibilidad de salvar
Recordemos el día, su mediodía
El sol que ascendió sobre el altar sangriento
Los cielos altos y mudos
Recordemos los montículos de cenizas debajo de los jardines florecientes
Recordara el vivo a sus muertos
Porque ellos nos enfrentan
Y sus ojos alrededor
Y no cesaremos, no cesaremos hasta que seamos dignos a su memoria.

Abba Kovner 1918 -1987

BIOGRAFÍA DEL AUTOR
Líder de la resistencia judía y comandante partisano, poeta y escritor hebreo.

Nacido en Sebastopol, Rusia. Curso estudios secundarios en la escuela hebrea de Vilna, donde se incorporó al movimiento juvenil sionista socialista “Hashomer Hatzair”. Cuando Vilna fue ocupada por los nazis en 1941, resolvió que la única respuesta posible era la resistencia activa. Concentro sus esfuerzos en la creación de una fuerza judía combatiente clandestina. Ello inspiró a otros jóvenes judíos de toda Europa oriental a hacerle frente a los nazis. El 21 de enero de 1942 se creó una agrupación militar judía en Vilna.” La organización Partisana Unida (FPO). Abba Kovner fue uno de sus líderes y luego su comandante a partir de  julio de 1943. Durante la deportación final en septiembre de 1943  dirigió las acciones de la FPO y la fuga a los bosques de los combatientes del guetto. Luego dirigió una unidad partisana en los bosques.

Después de la guerra participó en la creación del movimiento HaBrijá, (La Huída) el cual organizó la evacuación de centenares de sobrevivientes judíos hacia el oeste para llegar así a Palestina. Él mismo se estableció en Eretz Israel junto a su esposa Vitka Kempner y se convirtió en un escritor importante (Extraído de la Enciclopedia del Holocausto, Yad Vashem, Jerusalem, 2004)


“ON/OFF”, Luisa García-Grajalva Bernal

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Ni siquiera merece la pena
encender hoy la vida,
dar al interruptor que ponga en marcha
otro nuevo episodio del absurdo.
Nadie echará de menos,
en este maremágnum,
dos nombres extraviados,
dos intentos estériles perdidos.
Nadie se dará cuenta
de tu ausencia o la mía
mientras el calendario
siga dictando fechas.
Tal vez valga la pena
ignorar por un día tantas causas
y todos sus efectos,
aliviar unas horas este peso
de andar a cuestas con nosotros mismos.
Tal vez así mañana no sepamos
que hemos muerto en algún lugar del mundo.

Luisa García-Grajalva Bernal©


“El Marcapáginas–Radio Sefarad”

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Raquel Cornago entrevista a Juan Zapato en el programa “El Marcapáginas” de Radio Sefarad.

Cliquéa en la imagen para escucharla.


“La tierra natal”, Ana Aimatova

No la llevamos en oscuros amuletos,
ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella,
no perturba nuestro amargo sueño,
ni nos parece el paraíso prometido.
En nuestra alma no la convertimos
en objeto que se compra o se vende.
Por ella, enfermos, indigentes, errantes
ni siquiera la recordamos.

Sí, para nosotros es tierra en los zapatos.
Sí, para nosotros es piedra entre los dientes.
Y molemos, arrancamos, aplastamos
esa tierra que con nada se mezcla.
Pero en ella yacemos y somos ella,
y por eso, dichosos, la llamamos nuestra.

Ana Ajmatova©

Rusia – 1889 – 1966. Ana Andreyevna Gorenko cambió su nombre de familia (Anna Andreievna Gorenko) cuando empezó a escribir y tomó de sus ancestros maternos el de Ajmátova, descendientes al parecer del Khan Ajmat, el último príncipe tártaro de la Horda de Oro. Esta fantasía genealógica coincide con el fondo indómito, áspero y apasionado de su temperamento. Pero su formación, como todo poeta ruso, la recibe de Pushkin: esa escuela de sobria alegría, elegancia y humanidad. Si a esta primera y doble vertiente de su sensibilidad añadimos la resonancia grave y melancólica de los versos de Blok y de Annensky, la huella dostoyevskiana de la prosa rusa del siglo XIX y la clásica claridad de los acmeístas, tendremos una imagen del linaje poético de “Ana de todas las Rusias”.

Su nombre es inseparable del de Osip Mandelstam, lo cual basta para saber que ella forma parte de las constelación mayor de la poesía de todas las épocas”.

Junto a Mandelstam encabezó el acmeísmo, movimiento artístico de principios del siglo XX que, en oposición al simbolismo, preconizaba el uso de un lenguaje poético que contuviera significados exactos. Las primeras composiciones líricas de Ajmátova, Atardecer (1912) y El rosario (1914) utilizan imágenes concretas para presentar detalles íntimos. Las obras posteriores, como Anno domini MXMXXI (1922 ), introdujeron temas patrióticos, pero no apaciguaron a los críticos soviéticos, que consideraban a los acmeístas demasiado personalistas. No volvió a publicar más poemas hasta 1940, fecha de publicación de Iva (Sauce). Su poema Requiem (1935-1940) no se publicó en la antigua URSS hasta 1987, ya que por su temática, una elegía por los prisioneros de Stalin, fue considerado demasiado polémico. Sin embargo, durante la última década de su vida escribió varios poemas caracterizados por la gran belleza de su imaginería visual. Entre ellos está su autobiográfico Poema sin héroe (1962).


“desencadenas la furia…”, Juan Zapato

 

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desencadenas la furia,
traes tu abrigo corpóreo
a la quietud de mis mieses,
de través
recostando tu figura,
avivas el incendio de la siega.

girándote, estrella,
paso la noche.
vuelco la desnudez
de mi océano cósmico
sobre tu meseta,
y cobijas el eclipse del alba
recién habitada.

Juan Zapato©