Archivo de la categoría: Poesía argentina contemporánea

«Esperanza», Juan Zapato

esperanza

Esperanza de descubrir una llave blanca que no quiera darse vuelta.
Un cristal inocente envuelto en una palabra abierta.
Un barrilete fugitivo que un día remontó a un niño.
Esa sortija inmóvil que amanece en un boleto.
Un reloj amnésico parpadeando frente a un espejo.
Un cielo extendido posando su nariz sobre la superficie de las olas.
Esa poesía muda interpretando a dos cuerpos.
Una estrella dibujada destellando a una escalera.
Un ave de arena a la que le crecieron ramas.
Ese sueño de almohada que descansó recordando.
Un sonido de la naturaleza al que nombraron melodía.
Una página rota conteniendo recuerdos de la vida.
Esa nube de ensueño marcando surcos en tus manos.
Los latidos del fuego consumiendo a los ardores.
Mil mariposas que desvelaron al tiempo.
Un planeta utopía que disipó las miserias de los hombres.
Una mirada de frente, hablarnos
En cenizas curarnos y ser luz del Universo.

Juan Zapato©


“Tres poemas de Julían Centeya”

Hermano, si ésta te escribo
confiando que la recibas,
es porque mucho me digo
que es algo más que misiva.
A en ella mi voz amarga
desde tanta soledad:
otra vez la adversidad
me ha caído con su peso,
de nuevo me encuentro preso
víctima de la sociedad.

Condenado porque pienso.
Éste es mi crimen, hermano,
y sometido al suspenso
de un juez de ciega mano
̶ nada bueno, espero en vano ̶
caerá el golpe sordo
de la sentencia que luego
en un número señalado
del mundo me habrá alejado
y del cual siempre reniego.

Mis ideales conocés
y de eso estoy acusado
por hombres que desconocen
los derechos que he cantado,
y todo lo que he luchado
para ellos es delito,
mas no ha de callar mi grito
ni cesar mi rebelión:
no me importa la prisión,
yo sueño un bien infinito.

Porque si ser idealista
es vivir en el pecado,
bien claro salta a la vista
por qué vivo desclasado;
otra vez me han apresado
y me van a condenar,
mas no habrán de sofocar
mi actitud de rebeldía
por lo que debo luchar.

Puesto que conocés ya
los motivos de esta carta
escrita en la soledad,
donde el hambre se descarta,
no pienses nunca que harta
el alma por la maldad
de la infame sociedad,
se habrá de entregar vencida.
Yo busco el sol de una vida
que a todos dé libertad

.images (1)

 ENCHABONADA

Yo, que te embagayé con mi ternura,
que en vos me hice chanta
y que por vos con esta chifladura
vivo la más posta metedura
con un cuore gorrión que te la canta.

Yo, que te hice a mí cuando ya nada
a la vida, creelo, le pedía,
entro a junarte y hoy enchabonada
sé que te tengo porque estás ganada
entera como sos, sin fulería.

Hoy te quiero encara. Voy a batirla
con esta lealtad con que chamuyo.
Me era igual empezarla que finirla,
llegaste vos, oí… voy a decirla:
pa’ mí sos todo, mi beguén, mi orgullo.

Te quiero, lo sabés, y sos mi vida,
chalao me entrego a tu ternura mansa.
No pido más y en la contrapartida
de la suerte, entendé, soy una herida
que me cerraste a besos y esperanza.

Me ganaste cuando ya de recalada
iba a estararme estando para el quedo.
Mi vida era baraja rejugada,
andaba propiamente pa’ la nada,
¡yo, que siempre supe cuando puedo!

Me hice de vos y en vos engayolado
encontré la precisa salvadora.
En tus manos el cuore va entregado
y es mi deber saber que estoy jugado.
Yo nunca fui feliz… ¡lo soy ahora!

Pero entiendo, y te hablo francamente,
que si me salvo yo a vos te hundo.
mi deber es hablarte claramente,
quiero  que entiendas que yo voy al frente.
¡De que me querés vivo otro mundo!

Y me declaro entero. Me desnudo.
Te bato mi verdá, vos entendela.
Tengo que abrirte y es un golpe rudo.
Salvate… estás a tiempo. Esto es muy crudo.
No queda otro camino. Comprendela.

images (1)

Alguna vez he vuelto  ̶ quien lo duda ̶
a lo ya inexistente que me da el pasado.
He regresado como un convidado
que le pidió al recuerdo dulce ayuda.

Volví a los muros de la derruida
casona que me dio patios y flores,
la primera aventura y sus temores
pero antes el misterio de la vida.

Y regresé a las voces sucedidas,
a imágenes que fueron tan queridas
en los años distantes de mi infancia.

Lo no visto lo vi sin ser viajero
en un minuto  ̶ ¿un siglo? ̶
que me devuelve a mí con su fragancia.

Julián Centeya©


centeya julian…Julián era un hombre triste que sonreía.
…su tristeza es la tristeza de un hombre que se encuentra ante el dilema de ser sincero en un mundo de hipócritas, valiente en un mundo de cobardes, bueno en un mundo de malvados.

César Tiempo (prólogo del libro “Piel de palabra, La musa maleva y otros poemas inéditos”).


Vocabulario

batir: decir.
beguén:capricho amoroso.
embagayar: enredar.
enchabonado: en amor, estar entregado del todo.
cuore: corazón.
chamuyo: hablar envolviendo con la conversación a alguien.
chanta: pobre, olvidado. En otro sentido, tipo molesto.
finir: del italiano: terminar.
fulería: cosa, actitud, conducta inmerecida. Ser víctima de una fulería.
junar: conocer.
metedura: se dice del individuo ganado por una pasión.
posta: que tiene calidad: trabajo “posta”; mujer atractiva.


“Anhelo”, Marga Mangione

Mi alma sin religión y sin fronteras,
pide a Dios por la sangre de los muertos
y le ruega que nadie en las trincheras,
sufra dolor, congojas y tormentos.

Le pregunto a Jesús, Alá, Mahoma,
qué castigo han de darle al asesino;
al que mata desde que ele sol asoma,
porque cree que hacerlo es don divino.

¿or qué el odio de unos pocos logra tanto,
y el amor de otros siempre es ignorado?
¿Por qué siembran la muerte y el espanto,
a través de un hermano que es soldado?

No recibo respuestas a mi angustia
o tal vez no las oigo en mi quebranto…
la confianza se me ha quedado mustia,
y me pierdo en las sombras de mi llanto.

Pero aún no he perdido la esperanza,
y la elevo en el aire cual bandera
no concibo la paz con la venganza,
porque la anhelo plena y duradera.

Quiero un mundo llenito de alegría,
sin misiles, sin balas, sin metralla;
sin división musulmana o judía,
donde nadie levante una muralla.

Un lugar sin desquites ni revancha,
donde jueguen los niños sin problema,
a las escondidas, al fútbol o a la mancha
buscando que el amor sea su emblema.

En el erial que hoy destruyó la guerra,
mañana quiero campos bien sembrados,
para saciar el hambre de la tierra
con trigales maduros y dorados.

¡Amemos al igual y al diferente
desde el fondo recóndito del alma!
¡Sonriendo sin distingos a la gente,
lograremos la ansiada y dulce calma!

¡Rompamos esas sórdidas cadenas,
que nos separan de cualquier alianza!
¡Brindemos el amor a manos llenas,
y reinará en el mundo la bonanza!

Mi palabra es humilde y no pretende,
exigir que estos sean mandamientos…
La envío cual antorcha que se enciende,
para alumbrar oscuros sentimientos.

Déjala que se mezcle entre la gente,
y que penetre en todos los oídos,
que convenza de a poco y dulcemente,
hasta que invada todos sus sentidos.

Entenderán entonces que la guerra,
es el problema y jamás la solución;
si el hombre de su vida la destierra,
logrará la más excelsa perfección.

Marga Mangione©


“Calle de las Sierpes”, Oliverio Girondo

340px-Calle_de_las_Sierpes_by_Repin

                                                                             A D. Ramón Gómez de la Serna


Una corriente de brazos y de espaldas
nos encauza
y nos hace desembocar
bajo los abanicos,
las pipas,
los anteojos enormes
colgados en medio de la calle;
únicos testimonios de una raza
desaparecida de gigantes.
Sentados al borde de las sillas,
cual si fueran a dar un brinco
y ponerse a bailar,
los parroquianos de los cafés
aplauden la actividad del camarero,
mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
hasta que pueda leerse
el anuncio de la corrida del domingo.
Con sus caras de mascarón de proa,
el habano hace las veces de bauprés,
los hacendados penetran
en los despachos de bebidas,
a muletear los argumentos
como si entraran a matar;
y acodados en los mostradores,
que simulan barreras,
brindan a la concurrencia
el miura disecado
que asoma la cabeza en la pared.
Ceñidos en sus capas, como toreros,
los curas entran en las peluquerías
a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
y cuando salen a la calle
ya tienen una barba de tres días.
En los invernáculos
edificados por los círculos,
la pereza se da como en ninguna parte
y los socios la ingieren
con churros o con horchata,
para encallar en los sillones
sus abulias y sus laxitudes de fantoches.
Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
trescientos doce curas
y doscientos noventa y tres soldados,
pasa una mujer.
A medida que nos aproximamos
las piedras se van dando mejor.

Olivio Girondo©


“Sábado por la tarde”, Raquel Luisa Teppich

sabado

Cae la lluvia lentamente,
esta envuelve a cada
pasajero del universo…

El escritorio revuelto
de infinidad de papeles
de diversos trabajos.

El calor del hogar a leños,
abstraída y sin luces,
sedienta de ti .

Mis lágrimas
se convirtieron en río,
mi existencia en desvarió.

Puñal filoso,
heridas aniquilantes,
simplemente sábado por la tarde.

Kellypocharaquel©http://www.kellypocharaquelmdp.com.ar/


“Antes y después”, Marikena Monti

Mi mundo dentro, dentro del tuyo
y mi amor todo junto a la vez.
Un cigarrillo antes a medias
y un cigarrillo a medias después.

Te quiero dos, te quiero tres,
te quiero cuatro y mañana diez,
te quiero bien, te quiero cien,
te quiero tanto y mañana también.

Sos una flor, sos un clavel,
sos un dibujo pintado en papel,
sos lo que sos, sos sin porqué,
sos un cometa celeste pastel

Mi mundo dentro, dentro del tuyo
y mi amor todo junto a la vez.
Un cigarrillo antes a medias
y un cigarrillo a medias después.

Te quiero seis, te quiero diez,
te quiero doce y vos lo sabes,
te quiero igual o más que ayer,
te quiero tanto que no sé que hacer.

Hoy te quedás, ya no te vas,
te quiero como no quise jamás
y te preciso y me necesitás,
hoy nos amamos solos y en paz.

Mi mundo dentro, dentro del tuyo
y mi amor todo junto a la vez.
Un cigarrillo antes a medias
y un cigarrillo a medias después.

Interpreta: Marikena Monti.

Letra: Jorge Schussheim


“Su color preferido”, Amanda Giorgi

vestidoamarilloElla camina adiestrando los zapatos incómodos como ordinarios. Con su vestimenta provocativa, busca llamar la atención.

Los neumáticos no se detienen y la llovizna empaña las vidrieras mediocres de los suburbios porteños. Esa noche, presiente que el dinero será escaso y piensa en las agudas maldiciones, o la penitencia denigrante de su padrastro.

Antes de cruzar la avenida, queda mirando las hojas que el adelantado invierno sembró, como tapices, en la acera.

̶ ¡Qué colores bonitos! ¡Allí está mi preferido!

Hace frío. Para cubrir su pronunciado escote, levanta el cierre de la camperita con tachas. Del otro lado de la calle, tal vez, haya por lo menos, un cliente. La encandilan los faros de los automóviles. Anaranjados, rojizos…

̶ ¡Amarillo!..

Y su exclamación se confunde entre bruscas frenadas.

Amarillo, sí. ¡Amarillo! Como el color del vestidito que tanto deseó tener. Ése que en el escaparate de la tienda la deslumbrara, no tantos años atrás.

Se toca la frente. La lluvia le ha mojado el pelo y ella piensa que fue en vano comprar ese champú caro para que le otorgue brillo.

̶ Pero… no debe ser bueno, es pegajoso. ¿O es sangre?

Los autos pasan, la gente no la observa, la noche la esquiva, no quiere ver una víctima más. Sólo la banquina es su amiga, su lecho, su refugio, donde más de una vez fue testigo de ese dinero sucio, pero indispensable para que no la echasen a la calle. ¿O sería mejor la calle? Tampoco, allí conviven los vicios, el delito los robos, la droga. Ésa que en reiteradas oportunidades le ofrecieron y nunca aceptó, siguiendo lo consejos de su madre, que, como en una pesadilla, la vio morir, escuálida y temblorosa, precisamente, por sobredosis.

Ella, entreabre lo ojos.

̶ Amarillo… ¡Qué bonito era el vestido! Con botones, moños, voladitos… Todo amarillo…

Se detenía a mirarlo mientras aferraba con manos flacas y uñas sucias, el mandado alcohólico que apenas podía sostener. Y tristemente comparaba ése canesú alforzado, con su ropa descolorida y deforme.

Con la respiración pausada busca brisas para un sueño:

̶ Algún día tendré un vestido de ese color, amarillo, amarilloooh…

Siente zumbidos y cosquillas en la piel. Y repiqueteos, como de campanarios de iglesias, ésos, que tanto gustaba oír…Se esfuerza en escuchar, comprender, preguntar…

̶ ¿Dónde van los niños abusados? ¿Y los chicos sin familia?

Ve un mapamundi, parecido al que nunca pudo tener, chiquito, que se aleja,… confundiendo la tierra con el cielo…Y palomas blancas, muy blancas que le hacen caricias.

̶ ¡Qué lindas son las caricias!..

Y ve palomas, muchas palomas… cuyos aleteos se tornan… amarillos.

Amanda Giorgi©


“Oda al pueblo caminando”, Teresa Parodi

Pie calzado de poesía
Tiene el pueblo caminando,
Camisa de jornalero,
Pecho abierto, brazo en alto.

Aguafuerte de la vida
Que se niega al holocausto;
Padre, madre, hermano, niño,
Corazón encabritado.

Ay de la pala y el pico,
Ay del madero y los clavos,
La herradura y el martillo,
Ay la cuchara y el plato.

En sus manos la herramienta
Quejumbrosa del trabajo,
Que donde pisan sus pies
Va el amor multiplicado.

En los bolsillos la espiga,
Tierra oscura en los zapatos,
Son un solo largo grito,
Son un solo grito largo.

En sus manos la herramienta
Quejumbrosa del trabajo
Que donde pisan sus pies
Va el amor multiplicado.

Ay de la pala y el pico…

En sus manos la herramienta…

Teresa Parodi©


“Conejos en la nieve”, Eugenio Mandrini

eugeniomandrini

Alguien se pasea sin paraguas bajo la lluvia. ¿Para apagar
la locura que lo sigue como una sombra en llamas? ¿Para
gozar como nadie, en ese instante, el cielo sobre su cabeza
¿O para tocar la lluvia con todo el cuerpo y ahogarse en su
perfume?

Instantáneamente después de haberse amado, un hombre y una
mujer quedan en silencio. ¿Angustiados al intuir que allí
algo se ha roto para siempre? ¿Temerosos de presentir que
es la muerte quien ordena esos pequeños cataclismos? ¿O felices
de escuchar el eco de los gemidos que aún perduran en la
penumbra?

Un padre y su pequeño hijo van por la calle tomados de la
mano. ¿Quién elige el camino, quién el regreso? ¿Quién esa
noche soñará que llevó de la mano al otro? ¿Y quién, al
despertar, sabrá que él es el camino?

Un gorrión –ave deslucida– salta obsesivo de un árbol a
otro y a otro. ¿Qué busca? ¿El espíritu del bosque? ¿La
razón de su inquietud? ¿O escapar de los abismos del aire?

El otoño ensombrece a los árboles y se lleva al olvido la
luz de las hojas. ¿Qué quiere demostrar? ¿Qué es el secuaz
de la tristeza? ¿Qué es la tristeza misma engastada en el
tiempo? ¿O que es el alimento irresistible de los exiliados
del mundo?

Quien a menudo se interroga en el espejo, ¿qué espera?
¿Una respuesta que lo haría añicos? ¿Multiplicarse para
repartir las penas? ¿O llegar al fondo de su maltratado
corazón?

La nostalgia, antigua dama que sólo sabe dar opacidad al
ojo y palpitación a la voz, apoya la cabeza en el hombro
de una nueva víctima. ¿Qué hacer entonces? ¿Cortarle los
cabellos llorosos y arrojarlos al fuego? ¿Morderle los labios
hasta apagarle los suspiros? ¿O seguirla, enternecido,
hasta su alcoba de niebla?

Un poeta escribió cierta vez que una mujer tenía en la voz
la flor de una pena. ¿Dónde encontrar esa flor? ¿En los
pantanos que el alcohol refleja en los vasos sin fondo?
¿En la memoria de algún colibrí que libó de esa flor hasta
dejarla sin luz? ¿O en alguien que soñó con los jardines
del paraíso y, puesto a morir, se hizo tatuar esa flor
en el consuelo del pecho, para iluminar el ataúd?

Interminablemente los perros aúllan a la luna. ¿Es acaso
un homenaje a sus ancestros, los tenores olvidados? ¿Es el
aullido un arpón y la luna el linde oscuro de la ballena
de Ahab? ¿O simplemente es un lamento que imita la voz
de la vida?

¿Y si de pronto al doblar una esquina o mirar al fondo de un
aljibe, como un sobresalto o un estallido, aparece la
Belleza? No importa si en forma de revelado amor, de cielo
en un prado nunca visto o de pájaro posado sobre una rama
invisible. Importa que es ella, desnuda en toda su luz,
invasora como el diluvio, real como la sangre de la historia.
¿Qué hacer entonces? ¿Cerrar los ojos y ordenar a la lengua
el olvido del grito para no enloquecer? ¿Arrodillarse
como el sediento ante el último espejismo? ¿O seguir
de largo, imperturbable o con cierto vaivén de
soberbia en los pasos, dado que la Belleza es sólo
un reino fugaz?

Ahora bien: ¿qué miro yo tan fijamente en la llanura blanca
cuando quiero escribir y el poema se niega? ¿Conejos
en la nieve?

Eugenio Mandrini©


“desencadenas la furia…”, Juan Zapato

 

detail_8356299

desencadenas la furia,
traes tu abrigo corpóreo
a la quietud de mis mieses,
de través
recostando tu figura,
avivas el incendio de la siega.

girándote, estrella,
paso la noche.
vuelco la desnudez
de mi océano cósmico
sobre tu meseta,
y cobijas el eclipse del alba
recién habitada.

Juan Zapato©


“Juancito caminador”, Raúl González Tuñón

Juancito caminador
murió en un lejano puerto-
El prestidigitador
poca cosa deja al muerto.

Terminada su función
-canción, paloma y baraja-
todo cabe en una caja,
todo, menos la canción.

Ponle luto a la pianola,
al conejito, a la estrella,
al barquito, a la botella,
al botellón, a la bola.

Música de barracón
-canción, baraja y paloma-
flor de campo sin aroma
Todo, menos la canción.

Ponle luto a la veleta,
al gallo, al reloj de cuco,
al fonógrafo, al trabuco,
al vaso y a la carpeta.

Su prestidigitación
-canción, paloma y baraja-
el tiempo humilla y ultraja,
Todo, menos la canción.

Mucha muerte a poca vida,
que lo entierre de una vez
la reina del ajedrez
y un poeta lo despida.

Truco mágico, ilusión,
-canción, baraja y paloma-
que todo en broma se toma,
todo, menos la canción.

Raúl González Tuñón


‘Café Tortoni & Plaza Roberto Arlt”, Juan Zapato

XIII

mientras avanza la mañana

sobre tu verde recién amanecido,

esa imagen de hombre metamorfoseado

canta su primer bostezo,

dejándolo caer sobre tu largo pasillo

empedrado de poemas y flores,

que desemboca en las mejillas del “Viejo Tortoni”.

entro en tu baño único de caballeros,

y aparece el sol acompañado de muchos chicos

y te cubren de alegría;

invadiéndote por todos tus costados.

los niños corren por tu cuerpo,

y dentro de su cuerpo se esconden

y sueñas junto a ellos.

los rostros que te habitan

saludan al nuevo día

con una lágrima de perfil,

o

desde una nube color ceniza;

en tanto, un millón de viejos viejos

se sientan en tus dedos

para hacerte conocer sus recuerdos e ilusiones,

sus diálogos apacibles y sus llantos con sonrisas,

por inventar y destruir proyectos.

jóvenes estudiantes juegan en tu arco de hamacas;

el mediodía de tus dientes almuerza con los empleados de visita;

un barquito de papel conversa con el viento.

llegan palomas por miles,

mi tía Friné se da cita para darles migajas.

llega la primavera,

levanta un escenario de voces;

se escuchan los versos de una canción popular,

de tus faroles se asoman las estrellas,

y toda la gente aplaude.

Juan Zapato©


“En una cajita de fósforos”, María Elena Walsh

 

María Elena Walsh

En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.
Un rayo de sol, por ejemplo.
(Pero hay que encerrarlo muy rápido,
si no, se lo come la sombra).

Un poco de copo de nieve,
quizás una moneda de luna,
botones del traje del viento,
y mucho, muchísimo más.

Les voy a contar un secreto.
En una cajita de fósforos
yo tengo guardada una lágrima,
y nadie, por suerte, la ve.
Es claro que ya no me sirve.
Es cierto que está muy gastada.
Lo sé, pero qué voy a hacer,
tirarla me da mucha lástima.

Tal vez las personas mayores
no entiendan jamás de tesoros.
“Basura” dirán, “Cachivaches”,
“No sé por qué juntan todo esto”.

No importa, que ustedes y yo
igual seguiremos guardando
palitos, pelusas, botones,
tachuelas, virutas de lápiz,
carozos, tapitas, papeles,
piolín, carreteles, trapitos,
hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.
Las cosas que no tienen mamá.

María Elena Walsh©


“Se va noviembre”, Gianni Siccardi

noviembre

Desaparecen noviembre y tantas cosas.
He bebido en tu boca
el llanto y el tormento.
Me he perdido
en el enjambre de tu nombre.
He tambaleado
en el relámpago de tu mirada.
He despertado
junto al abismo de nuestra juventud.
           
Pero se van noviembre y tantas cosas.
Se va el jardín, el viento, las palabras,
se van tus ojos y tu nombre.
Y para siempre se va el mundo.
           
Llegan las sombras
la distancia
llega la ausencia
llega el torrente del silencio
mientras se va noviembre.

Gianni Siccardi©


“La piedra blanca de Rosh haNikrá”, Juan Zapato

 

Rosh-Hanikra-sunstar

El viento cual titiritero dispone mis movimientos,

mis pies caen con fuerza sobre la playa

y resistiendo a la presión de la arena

dan un nuevo paso hacia adelante.

El mar emite una voz, la voz me llama,

pero no soy ave marina y prosigo la marcha.

El h o r i z o n t e se anuncia próximo,

la piedra blanca recuesta su brazo y la frontera

se sumerge en tus aguas Mar de las Historias,

la piedra blanca da cobijo en sus cavidades

a las tortugas mediterráneorientales que vienen a desovar.

No hay ecos en tus grutas,

sí senderos resbalosos salpicados de humedad,

peces en cardúmenes que recorren laberintos interiores.

La roca blanca se va transformando por la acción de

acariciarla noche y día amante Mar.

La luna asoma temprana en otoñal asombro,

para elevar la visión sobre un cielo pastel celeste

y el Sol te mira e intenta atraerte hacia las olas,

pero no es día de eclipse y no podrá poseerte.

El túnel por el que te atravesara un día el Oriente Express,

es una cripta que encierra chirridos de vías,

temores de obscuridad, la ausencia de fantasmas pasajeros

y el olvido del verbo de alguna ficción no escrita.

Todo concluye,

los damanes roqueros1 descienden por tus laderas

ya es hora de volver a casa, abandonar la realidad,

para introducirnos en la fantasía y plasmar este poema.

Juan Zapato©

1 Damán roquero o Rock Hyrax (Procavia capensis), simpáticos animalitos parecidos a marmotas que habitan entre las rocas.

Sitio oficial de Rosh HaNikrá: http://www.rosh-hanikra.com/default.asp?lan=eng

Imagen: Rosh Hanikra –sunstar.jpg de Yeoshua Halevi© http://israelthebeautiful.blogspot.com/


“Cuentos infantiles para adultos”, Juan Zapato

La vuelta

calesita de jose neuquen 1701Ve a un hombre que pasa, se acerca a él y le saluda cortésmente, y atrevidamente su nombre le pregunta.

—Me llamo ¡Aldón Pirulero1!, ¿nunca escuchó cantar de mí?

—Sí, pero, hace ya mucho…- responde sorprendido.

-No es el único, créame. Yo ando cabalgando día tras día, montado con ancha hidalguía, disculpe mi jactancia, en este caballo brincador. -Y señala a un caballito que sube y baja sin cesar, dentro de una pequeña calesita. Descubre esa inquietud infantil, agonizando dormida en cada hombre. Lo interrumpe:

— ¿Dígame Aldón, si por ser “grande”, ya no puedo cantar y bailar y tener la aventura de enamorar a “La hija del Chocolatero”?

Necesitaría una rayuela de color verde, para poder vivir, y ahí levantar una casa amarilla y roja, con techo de estrellas y luna blanca.

Necesitaría una sonrisa auténtica, para recordar mi niñez y compartirla.

Eso sí, ahora que me encuentro desarmado, quisiera ser sordo un instante, sería suficiente, para no escuchar la voz de Mambrú, llamándome, – llevándome – a la guerra, guerra de la que nunca volveré.

No puedo ir con él, quiero jugar con cubos de madera, de tamaños diversos llenos de letras por todos sus costados, y sentarme sereno, a armar palabras que en realidad no conozco.

— ¿Dígame Aldón, qué hago?, sentado solo en una plaza desierta de gritos; sin oler el pasto, sin apreciar sus silvestres flores, quietecitas, inmóviles, aguardando el cuidado natural de una lluvia fresca. ¿Dónde están mis compañeros de juego? ¿No los has visto? ¿Y ese amor que nació aquí, hace ya muchos años?

Llévame a formar una gran ronda que recorra todos los barrios de la ciudad.

Acompáñame, Aldón Pirulero, a subir toboganes, para que una vez que estemos allá arriba, demos un salto grande, con los brazos abiertos, queriendo atrapar contra nuestros pechos, ese inmenso globo rojo que sube y desaparece tras la nubes formadas por el humo que lanza una vieja chimenea.

¡Con cuidado Aldón! Estamos llegando al suelo, ¡mira!, ha salido la luna blanca.

¿Sabes, me parece ver a muchas mujeres embarazadas, cantándole a los hijos que pronto han de nacer. ¡Escucha!, sí, y por qué no, el llanto de un niño se introduzca en nuestros oídos, para despertarnos, cuando sea necesario saltar de la realidad.

Vamos juntos Aldón, a embarrarnos en los charcos que dejó la lluvia pasada.

Bajemos las barrancas que inventamos, que el que llega primero, tendrá más tiempo para descansar, cuando nuestros corazones rompan violentamente contra nuestros agitados huesos.

Ahora sí, ahora estoy comenzando a sentirme mejor. Retomemos el juego:

“Aldón, Aldón, ¡Aldón Pirulero!;

compañé, compañé, compañero de juego;

nunca más, nunca más, nos separaremos;

porque hoy, porque hoy, nacimos de nuevo;

cara al sol, cara al sol;

sin llanto y sin miedo;

y el dolor se fugó;

porque nació el amor;

porque Usted, porque Yo;

Nosotros y Todos…

Larala, larala, larala lalála…”

—Disculpe señor, aquí termina el recorrido, ¿se quedó dormido?

— ¡Ah!, sí, gracias. Sí, ya bajo.

Baja del colectivo2 y se dirige a una plaza.

Juan Zapato©

1 Referencia al juego infantil de Al don Pirulero, también llamado Antón Pirulero. Juego en el que cada participante hace la mímica de tocar un instrumento musical.

2 Colectivo: autobús.


“Extrañezas”, Carlos Alberto Boaglio

 

1

Después del temporal la huella de una zapatilla fue partida en dos por la rueda de una bicicleta en la calle de tierra al final del pueblo.

En este momento está siendo intervenida quirúrgicamente por las manos de un niño que opera con barro.

2

Después de una intensa noche, escapando de una patota de gomas, una frase se quedó dormida debajo del puente de un renglón sombrío en cercanías del margen azul del río.

Una lapicera la encontró esta mañana y, después de abrazar sus letras con ternura, la incorporó a las líneas de un poema.

3

Una damajuana ha sido discriminada por obesa.

Llora, con desconsuelo, frente a la puerta cerrada del aparador.

Desde la ventana un coro de ángeles, colgados de un llamador, le canta canciones para aliviar su pena.

4

Sobre la playa de una mesa de planchar una media llora la pérdida de su pareja. Una mujer se ha hecho cargo de la búsqueda. Hasta hoy no ha habido novedades.

Dicen que desapareció después de un maremoto que se originó en horas de la siesta, en el océano de un lavarropas.

5

          Ayer se escapó un secreto. Fue de la boca de un hombre que conversaba con un amigo mientras tomaba un café. Abrió tanto la boca que el secreto cayó dentro de la taza salpicando la mesa que se vistió de dálmata. De allí rebotó contra el techo del bar y quedó prendido de una lámpara. Una señora lo vio al abrir la puerta y el secreto, como una pelota de pin pon saltó a la calle.

El hombre corrió detrás de él, con desesperación. Era un secreto importante.

Al llegar a la avenida principal fue tomando fuerza y aumentó su volumen. Y el secreto se transformó en rumor y, como un enjambre de abejas, se propagó por el pueblo como un río furioso.

El secreto estalló al llegar a la plaza. Los altavoces anunciaron su llegada y se coló en las alcantarillas, en los patios, en los estantes, en las copas de los árboles, en las bocas, en los hilos de lo cables, en las lenguas, las macetas, los oídos, y los párpados…

Al morir la tarde el secreto era ya evidencia y el hombre fue mucho más pobre.

6

En el pasillo oscuro del colectivo de un placard se ha caído al piso un saco negro. Es negro y es viejo.

El guarda, que sube y baja pasajeros colgados de las perchas no se ha percatado de lo sucedido.

El saco llora. Las lágrimas que escapan desde su ojal tienen la dureza de los botones.

Un pañuelo amarillento, surcado por arrugas, se escapa del bolsillo superior y le brinda un aliento nostalgioso, con olor a naftalina.

El colectivo sigue su marcha transitando los días.

7

Una guitarra ha amanecido esta mañana recostada en el regazo de un hombre. Él duerme, todavía, apoyado al rincón de un viejo bar.

Ella siente que las manos de él le oprimen suavemente la cintura; sin embargo se siente cómoda. Son manos fuertes, de hombre fuerte. Son manos selectas, de hombre refinado. Las yemas de esos dedos rozan su dilatado ombligo, lunar gigante, túnel sombrío.

Anoche fue tocada como nunca y sabe que ha perdido la cabeza. Sabe que está loca y no le importa. Ya no siente ni sus brazos ni sus piernas. Sólo percibe un aliento, mezcla de alcohol y cigarrillo. Mezcla de tango, sabor a vino tinto.

Ella está entregada a él y él le regala el sueño.

8

Los soldados de un ejército de libros están alineados, firmes y rígidos, sobre el piso de madera encerada del estante de la biblioteca.

Están de espaldas y en silencio, casi dormidos, mirando, siempre, el mismo punto fijo de la oscura pared.

Son soldados de buen lomo. Son soldados de buen porte. Tropa instruida. Centinelas del tiempo y la palabra.

El dedo índice de la máxima autoridad pasa revista tocándole los hombros con cierta suavidad.

Hay seducción en el roce.

Todos saben que busca al elegido. Quizás no sea el mismo de ayer ni el mismo de mañana.

De pronto, el jefe toma a uno por la espalda y el letrado guerrero, abre sus brazos, en señal de victoria, y queda suspendido en la hamaca paraguaya de unas manos.

9

Cuando apago la luz de mi casa y la luna ilumina mi entorno, todo se trasforma. Las sombras fantasmean por los pisos y paredes adormecidas y lánguidas. Las sillas se estiran como perros galgos sobre la alfombra negra y los sillones del living son enanos monstruosos.. Las plantas

Los cuadros se deslizan para besarse en el rincón. Las plantas crecen en un bosque oscuro y el candelabro duerme adherido a la mesa.

En la cocina, la pava se convierte en la mágica lámpara de Aladino para cumplir los sueños de mi hombre pequeño.

Carlos Alberto Boaglio©

www.carlosboaglio.com.ar


“Guerrero del Arco Iris”, Rata Blanca

Sufriendo nuestra inconciencia
tal vez pueda morir,
la tierra hoy se desangra,
¿qué harás sin su existir?

Ayúdame, tu ser también
es de este mundo,
tus hijos no podrán vivir
entre el dolor.

Peleemos contra los tontos,
que harán nuestro final,
la vida la da esta tierra
no hay otro lugar.

Ayúdame, tu ser también
es de este mundo,
tus hijos no podrán vivir
entre el dolor.

Guerrero, sólo tu puedes
ganar con la verdad,
luchemos por los que vienen
por ver felicidad.

Ayúdame, tu ser también
es de este mundo,
tus hijos no podrán vivir
entre el dolor.


“Del libro Dos sentencias”, Aída Roisman

I
tarde descubrí alientos en el mundo
revelación del tú-corpóreo
de piel animal
y en mano del asombro
vislumbré que estás que estoy
y comencé a ser que eres
y comencé a ser que soy
una filial de espejos en espejos
ángel caído de tu luz

II
con fuego a cuestas y argumentos
hacia la propia tempestad
lejos del ancla y las amarras
y por simple causalidad
de los corales
en sosiego de mar
de lenta sal
o porque sí
regresé a mis puertos

III
ni se trata sólo de Brecht
y el golpe en mi puerta
ni del gesto hermanado 
apenas de mi nada
sino de la devoción
terca del desierto
de acostarse panza arriba
custodiando todo el aire
y el maná

IV
obstruido el paso
la voluntad
un alfiler quebradizo
 
cada anhelo      
un  trazo excedido
a mitad de camino
 
se empujan grietas
rajaduras firmes o sigilosas
en el muro sin muro
 
y el nunca arribo
al tú ansiado  
es una propia ausencia
 
una estrella descompuesta
a las siete de la tarde
a la hora de alumbrar         

Aída Roisman©

Los poemas pertenecen al libro inédito “Dos sentencias” (textos inspirados en el libro de Martín Buber “Yo y tú”).

Datos de la autora:

B.A : Filosofía y Estudio de las lenguas de romance Universidad Hebrea de Jerusalén. Israel.
Master en Estudios Románicos. Universidad Hebrea de Jerusalén. Israel.
Profesorado de Letras. Universidad Católica de Córdoba. Córdoba.

Libros de poesía publicados:
1991 “Ningún lugar cómo”. Ediciones Último Reino. Buenos Aires.
1994 “Un apodo de las cosas”. Ediciones Argos. Córdoba.
2000 “Miradas de la palabra quieta”. Ediciones Argos. Córdoba.


“A partir de una obra de arte de Rene Magritte”

5fe334e4a51cefe79746c1c7fb95fddb

Dos reflexiones sobre lo que sugiere una obra de arte de René Magritte, un juego donde podemos observar  visiones de diferentes realidades pasadas, presentes y/o futuras. Juan Zapato.

“Si tan sólo fuese un espejismo, si tan sólo pudiese considerarlo como una foto entre dos amantes, mas a la memoria la golpea la historia y a la historia la lleva sin máscaras un río de ausentes y lágrimas…”

Ana Caliyuri© Argentina.

http://anacaliyuri.blogspot.com

“Moderno modelo de burka corto mínimo instaurado por el feminismo afgano y obligatorio ya para ambos sexos, una vez conseguida la igualdad de derechos y costumbres en la sociedad. El cambio social, después de años de estancia de las tropas occidentales, ha sido realizado sin problemas, observándose cada día como la igualdad de costumbres libera tanto al hombre como la mujer, pero oprime sus cabezas”.

Emilio Porta© España.

http://emilioporta.blogspot.com