Archivo de la categoría: Poesía Erótica

“Sobre poesía y poetas”, Autores varios

Contra los poetas

castleeLos poetas no sólo escriben para los poetas, sino que se celebran unos a otros, se elogian mutuamente. Su mundo, o mejor dicho, su pequeño mundo no se distingue de otros pequeños mundos herméticos y especializados: los ajedrecistas ponen al ajedrez en la cima de la creatividad humana; tienen sus jerarquías (hablan de Capablanca como los poetas hablan de Mallarmé); refuerzan entre ellos la convicción de ser gentes eminentes. Los ajedrecistas, sin embargo, no tienen pretensiones tan universales y, además lo que a ellos se les puede perdonar resulta imperdonable en el caso de los poetas. Debido al aislamiento, todo se hincha: hasta el poeta más mediocre adquiere dimensiones apocalípticas y los problemas más irrelevantes se convierten en problemas vitales.
Recordemos, por ejemplo, las pavorosas polémicas sobre la cuestión de la asonancia y el tono con que se abordaban: parecía que la suerte de la humanidad dependía de la legitimidad o no de la rima asonante [si es posible o no «rimar espesura y susurran »] como recurso poético. Cosas como ésta ocurren cuando el espíritu de la grey eclipsa el espíritu humano.

Witold Gombrowicz: “Contra los poetas”. Sequitur, Madrid, 2009, pp. 36-37.

separador2Manoel de Barros

Noventa por cento do que escrevo é invenção. Só dez por cento é mentira.

Manoel de Barros: “Todo lo que no invento es falso” (Antología). Diputación de Málaga, Málaga, 2002.

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Faulkner

William Faulkner (1897-1962) quiso ser poeta durante más tiempo del que se cree: desde 1919, en que publica su primer poema, The Afternoon of a Faun, hasta 1933, fecha de aparición de su segundo y último poemario, A Green Bough –«Una rama verde»–. En 1924, había dado a conocer The Marble Faun –«El fauno de mármol»–, su primer libro publicado. Estos catorce años de acarreo lírico –casi un tercio de su carrera literaria– revelan su ansia por erigirse en poeta, aunque no le rindieran, a su juicio, los frutos deseados. Faulkner era su crítico más implacable, y siempre menospreció sus poemas: en cartas dirigidas a sus editores en 1932, los consideraba «de segundo rango» o, simplemente, malos. Faulkner estaba convencido de que nunca sería buen poeta; por eso, dice, «probó con algo en lo que pudiera ser un poco mejor», como el relato breve y la novela, aunque siempre sostuvo que su prosa era, en realidad, poesía.

Eduardo Moga: «William Faulkner, el poeta que se menosprciaba», en El Ciervo, año LVII, Julio-Agosto 2008, nº 688-689, p. 48.

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Verso libre

Escribir en verso libre es como jugar al tenis con la red bajada.

Robert Frost,  en ‹http://www.poetsgraves.co.uk/poets_
on_poetry.htm›.

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El nervio de la espada es el camino de la muerte

jardin andalusiEstamos convencidos de que la poesía –o mejor, la esencia de lo poético– fue el combustible de la espiritualidad arcaica, y por consiguiente el de sus conquistas artísticas. La poesía no es algo moderno, ni jamás fue patrimonio de nadie. Es el medio de que se sirve nuestro anhelo por asimilar cuanto nos resulta a la vez sensible e incomprensible. A mi entender, los actuales analistas de la prehistoria debieran valorar más la poesía y entregar menos su alma a las ciencias experimentales, cuyas certidumbres producen con frecuencia enormes errores de interpretación en este campo. Y lo peor es que se trata de errores muy difíciles de superar porque se consideran asentados sobre la roca científica, ante la cual no existen hoy más alternativas que bajar la cabeza y levantar el trasero. Por otro lado, y puestos a ser cínicos, cuando sospecho que dos interpretaciones distintas pueden ser igualmente erróneas, valoro la más sugestiva sobre la más ramplona.

Alberto Porlan: “La hipótesis del ganso”.

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Un poema de Chuang Tzu (China, s.IV a. EC.)

El sonido del agua
dice lo que pienso.

Alan Watts: “El camino del Tao”. Kairós, Barcelona, desde 1976, p. 128.

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Jonia y Grecia, alrededor del 700 a. EC.

250px-Hildegard_von_Bingen_Liber_Divinorum_OperumEn Jonia y Grecia domina, en cambio, por lo menos entre los ciudadanos libres, la libertad de concurrencia económica. Con el comienzo del individualismo económico llega a su fin la compilación de la epopeya; y con la simultánea aparición de los líricos también el subjetivismo comienza a imponerse en la poesía; esto no sólo en cuanto a los temas, ya que la lírica trata objetos de por sí más personales que la épica, sino también en la pretensión del poeta de ser reconocido como autor de sus poemas. La idea de la propiedad intelectual se anuncia y echa raíces. La poesía de los rapsodas era un producto colectivo, propiedad común y proindiviso de la escuela, del gremio, del grupo; ninguno de ellos consideraba de su propiedad personal los poemas que recitaba. En cambio, los poetas de la época arcaica, y no sólo los líricos del sentimiento subjetivo, como Alceo y Safo, sino también los autores de la lírica gnómica y coral, hablan al oyente en primera persona. Los géneros poéticos se transforman en expresiones más o menos individuales; en todos ellos el poeta se expresa directamente o habla directamente a su público.

Arnold Hauser: “Historia social de la literatura y el arte”. Guadarrama, Madrid, 1969, t. 1, p. 106.

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Jean Cocteau

Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué.

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Vates

El apelativo uates deriva de uis mentis, «frenesí», según Varrón, o de uiere, «trenzar» versos, es decir, darles una línea ondulada, modularlos; así, antaño «poeta» se decía en latín «vate» y sus escritos «vaticinios», porque al escribir los agitaba una especie de violencia, casi una locura, o bien porque, como unían melódicamente las palabras, los antiguos no decían que las enlazaban sino que las trenzaban. También los adivinos recibían este mismo nombre por el estado de furor en que caían, y porque solían expresar sus profecías en verso.

Isidoro: Etimologías, VIII 7, en Biografías literarias latinas, Gredos, Madrid, 1985, pp. 71-72.

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La poesía siempre es lo lejano

La poesía infantil consiste en simular el porvenir adelantándosele, como la poesía de la edad madura consiste a veces en retroceder hasta la edad de oro. La poesía siempre es lo lejano. El arte del gobierno moral es siempre entrar en la poesía de una edad para dirigirla.

Enrique Federico Amiel: “Diario íntimo”. Tebas, Madrid, 1976, p. 89.

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Juglares y trovadores

Los juglares, que se encuentran de nuevo en todas las cortes, y que, en lo sucesivo, forman parte de la comitiva, incluso en las cortes más modestas, eran expertos histriones, cantaban y recitaban.
¿Eran obras suyas las composiciones que recitaban? Al principio, como sus antecesores los mimos, probablemente tuvieron que improvisar con frecuencia, y hasta la mitad del siglo xii fueron, sin duda alguna, poetas y cantores al mismo tiempo. Más tarde, sin embargo, debió de introducirse una especialización y parece que al menos una parte de los juglares se limitó a la recitación de obras ajenas. Los príncipes y nobles, sin duda, les ayudaban como expertos en la solución de dificultades técnicas.
Desde el primer momento, los cantores plebeyos estaban al servicio de los nobles aficionados, y, más tarde, probablemente también los poetas caballeros empobrecidos sirvieron del mismo modo a los grandes señores en sus aficiones. En ocasiones, el poeta profesional que alcanzaba el triunfo recurría a los servicios de juglares más pobres. Los ricos aficionados y los trovadores más ilustres no recitaban sus propias composiciones, sino que las hacían recitar por juglares pagados.

Arnold Hauser: “Historia social de la literatura y el arte”. Guadarrama, Madrid, 1969, t. 1, p. 293.


“desencadenas la furia…”, Juan Zapato

 

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desencadenas la furia,
traes tu abrigo corpóreo
a la quietud de mis mieses,
de través
recostando tu figura,
avivas el incendio de la siega.

girándote, estrella,
paso la noche.
vuelco la desnudez
de mi océano cósmico
sobre tu meseta,
y cobijas el eclipse del alba
recién habitada.

Juan Zapato©


“Cuentos infantiles para adultos”, Juan Zapato

La vuelta

calesita de jose neuquen 1701Ve a un hombre que pasa, se acerca a él y le saluda cortésmente, y atrevidamente su nombre le pregunta.

—Me llamo ¡Aldón Pirulero1!, ¿nunca escuchó cantar de mí?

—Sí, pero, hace ya mucho…- responde sorprendido.

-No es el único, créame. Yo ando cabalgando día tras día, montado con ancha hidalguía, disculpe mi jactancia, en este caballo brincador. -Y señala a un caballito que sube y baja sin cesar, dentro de una pequeña calesita. Descubre esa inquietud infantil, agonizando dormida en cada hombre. Lo interrumpe:

— ¿Dígame Aldón, si por ser “grande”, ya no puedo cantar y bailar y tener la aventura de enamorar a “La hija del Chocolatero”?

Necesitaría una rayuela de color verde, para poder vivir, y ahí levantar una casa amarilla y roja, con techo de estrellas y luna blanca.

Necesitaría una sonrisa auténtica, para recordar mi niñez y compartirla.

Eso sí, ahora que me encuentro desarmado, quisiera ser sordo un instante, sería suficiente, para no escuchar la voz de Mambrú, llamándome, – llevándome – a la guerra, guerra de la que nunca volveré.

No puedo ir con él, quiero jugar con cubos de madera, de tamaños diversos llenos de letras por todos sus costados, y sentarme sereno, a armar palabras que en realidad no conozco.

— ¿Dígame Aldón, qué hago?, sentado solo en una plaza desierta de gritos; sin oler el pasto, sin apreciar sus silvestres flores, quietecitas, inmóviles, aguardando el cuidado natural de una lluvia fresca. ¿Dónde están mis compañeros de juego? ¿No los has visto? ¿Y ese amor que nació aquí, hace ya muchos años?

Llévame a formar una gran ronda que recorra todos los barrios de la ciudad.

Acompáñame, Aldón Pirulero, a subir toboganes, para que una vez que estemos allá arriba, demos un salto grande, con los brazos abiertos, queriendo atrapar contra nuestros pechos, ese inmenso globo rojo que sube y desaparece tras la nubes formadas por el humo que lanza una vieja chimenea.

¡Con cuidado Aldón! Estamos llegando al suelo, ¡mira!, ha salido la luna blanca.

¿Sabes, me parece ver a muchas mujeres embarazadas, cantándole a los hijos que pronto han de nacer. ¡Escucha!, sí, y por qué no, el llanto de un niño se introduzca en nuestros oídos, para despertarnos, cuando sea necesario saltar de la realidad.

Vamos juntos Aldón, a embarrarnos en los charcos que dejó la lluvia pasada.

Bajemos las barrancas que inventamos, que el que llega primero, tendrá más tiempo para descansar, cuando nuestros corazones rompan violentamente contra nuestros agitados huesos.

Ahora sí, ahora estoy comenzando a sentirme mejor. Retomemos el juego:

“Aldón, Aldón, ¡Aldón Pirulero!;

compañé, compañé, compañero de juego;

nunca más, nunca más, nos separaremos;

porque hoy, porque hoy, nacimos de nuevo;

cara al sol, cara al sol;

sin llanto y sin miedo;

y el dolor se fugó;

porque nació el amor;

porque Usted, porque Yo;

Nosotros y Todos…

Larala, larala, larala lalála…”

—Disculpe señor, aquí termina el recorrido, ¿se quedó dormido?

— ¡Ah!, sí, gracias. Sí, ya bajo.

Baja del colectivo2 y se dirige a una plaza.

Juan Zapato©

1 Referencia al juego infantil de Al don Pirulero, también llamado Antón Pirulero. Juego en el que cada participante hace la mímica de tocar un instrumento musical.

2 Colectivo: autobús.


“Trovadores y trobairitz”, La Dama descubierta

Edad Media. Occitania.

La poesía occitana brilló con gran resplandor durante los siglos XII y XIII.
Representó un vasto movimiento poético y social que provocó cambios sustanciales en la manera de concebir el amor.
En esta área geográfica genuina de la producción trovadoresca, y en los ambiente nobles, cuajaba el llamado amor cortés, poesía donde los trovadores cantaban a las damas ausentes y deseadas, y las trobairitz expresaban sus sentimientos hacia los caballeros – o incluso hacia sirvientes – sin esconderse.
Los trovadores eran artistas que creaban composiciones literarias y musicales, destinadas a ser difundidas mediante el canto de los juglares. Poetas y músicos a la vez, sus obras no eran concebidas para ser leídas, sino escuchadas. Reciben este nombre ya que eran los que dominaban el arte del trovar, el de la música y la versificación. No se ha de confundir al juglar con el trovador. El juglar era el personaje que recitaba o ejecutaba una determinada composición acompañado de instrumentos musicales.
El trovador gozaba de cierta consideración, podía llegar a instalarse en la corte, fuera cual fuera su origen, gracias a su cultura y a su exquisita educación. Ejemplos de estos compositores fueron Guillermo IX de Aquitania, primer trovador conocido, Chetrien de Troyes, famoso por su Perceval y el mito del Graal, Raimón de Miraval, que definió como nadie los deberes de los amantes con respecto al amor puro, o Bernat de Ventadorn, considerado como uno de los mas grandes nombres de la literatura medieval.

Sin embargo, la historia casi ha olvidado a las poetisas occitanas de aquel siglo. Trobairitz que a menudo formaban parte del círculo íntimo de Leonor de Aquitania, una ferviente impulsora de la cultura trovadoresca, como fue el caso de María de Francia, encantadora poetisa de mucho talento y sentimientos feministas, de la que se conocen doce lais, poemas narrativos cortos centrados generalmente en glorificar conceptos del amor cortesano. Estas damas valerosas hacían composiciones poético musicales con un realismo y unas referencias directas al amor carnal que sorprenden, pues siempre se ha conocido el amor cortés como la expresión de un sentimiento platónico. Las canciones de las trobairitz eran por contra bien explícitas, como por ejemplo la que escribió la mas famosa poetisa occitana de todos los tiempos, la Condesa Beatrice de Die ( nacida en 1140 ), casada con el Conde de Poitiers, pero enamorada del Conde de Orange Raimbaut d’Aurenga, gran señor y trovador, y que habla sin tapujos:

¿Querría tener a mi caballero
una noche, desnudo en mis brazos,
y que él se tuviera por feliz
solo que yo le hiciera de cojín…?
Le doy mi corazón, mi amor
mi juicio, mis ojos y mi vida.
Viejo amigo amable y bueno,
¿Cuándo os tendré en mi poder?
Y que yaciera con vos una noche
y que os diera un beso amoroso.
Sabed que tendría gran deseo
que os tuviera en lugar del marido.
Tan solo que me hubierais concedido
de hacer todo lo que yo querría.

La dama descubierta Licencia Creative Commons (traducción del original en lengua d’oc)


“Amor Sádico”, Julio Herrera y Reissig

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Ya no te amaba, sin dejar por eso, po
de amar la sombra de tu amor distante.
Ya no te amaba, y sin embargo, el beso
de la repulsión nos unió un instante…

Agrio placer y bárbaro embeleso
crispó mi faz, me demudó el semblante,
ya no te amaba, y me turbé, no obstante,
como una virgen en un bosque espeso.

Y ya perdida para siempre, al verte
anochecer en el eterno luto,
mudo el amor, el corazón inerte,

huraño, atroz, inexorable, hirsuto,
jamás viví como en aquella muerte,
nunca te amé como en aquel minuto!

Julio Herrera y Reissig©


“La formal”, Miguel Méndez Camacho

Ponte el pudor
está allí debajo del lecho
junto a las ropas caídas.
Recógelo y dilúyelo sobre tus mejillas
como si fuese un maquillaje.
Alisa tu piel
y ese tablero de ajedrez borracho
de tu falda de cuadros.
Abróchate la blusa
y adopta otra vez
esa actitud ingenua de muchacha formal.
Ordena tus cabellos
y tus prejuicios.
Camina con esa dignidad desvencijada
que usas los domingos
para asistir a misa.

Tan pronto atravieses el umbral
serás nuevamente tú
la pequeña burguesa incomprendida
con tus veinte años de lugares comunes
y tu boca repleta de palabras usadas.

Serás la rutinaria
la formal
la limitada.

Creerás otra vez en dios
así como antes creías en tu cuerpo
y estarás llena de moral
así como antes estabas llena de mí.

Volverás a la iglesia
con tu andar milimétrico
y estarás  de rodillas observando
el rostro masoquista de Cristo
como si fuese el aviso de un circo.
Leerás con cansancio
una novela idiota
—presintiendo el final—
pero irremediablemente
tendrás húmedos los ojos
en la última página.

Aquí en mi habitación
quedó tu lujuria hipócrita
y tu doble moral.
Mañana volverás y entonces te diré
las palabras de siempre:
ponte tu cuerpo
quítate el pudor y las ropas
y ven así, desnuda
a engañarnos pensando
que no hemos empezando a envejecer.

Miguel Méndez Camacho©


“Dos poemas de Sergio Gerszenzon”

“Tener a mano”

Tengo siempre a mano
una mujer desnuda,
y ésa es mi desdicha.
Porque ella está sola
y yo estoy solo
aunque a veces juntos.
No importa cómo ni cuándo
la recreo con mis manos
viejas y sabias, desde mi cuerpo
ignorante y viejo.
La miro la huelo la imagino
y es tan duro
imaginármela sin mí
que retorno
incansable insaciable terco
a esa imagen
de ella
desnuda
sin mí no sola.
Hasta que llegue
algún alivio
y retome una y otra vez
el aliento
tormento
para repetir
el mismo orgasmo:
la angustia.
Tengo siempre a mano
una mujer desnuda
y ésa es mi desdicha.

¿El mismo tango?

El tango se expande
en otra velocidad que la recordada
hay otro ritmo
cincuenta años después
como si los tiempos
reclamaran con perentoriedad
una aproximación todavía desconocida.
y surge una pregunta
nada ingenua
alimentada por el olvido
como la mejor memoria:
¿cómo habrán bailado
                               escuchado
                               con un compás interior,
                               tal vez,
con otra adecuación de tiempos distintos
sin filigranas
sin polleras tajeadas en lo profundo
sin el aparente manejo machista,
quizá a coro destemplado
golpeando la mesa
en violación de la erótica intimidad
y un compartir perdido,
¿cómo vivían el tango
los desaparecidos?

Sergio Gerszenzo©, de su libro “Salvando vidas por las carreteras”.


“Éxtasis”, María Granata

Lienzo embebido en ti
es ahora mi cuerpo,
del todo desasido
y sin otra envoltura que tu imagen.
En mí te llevo como si cargara
sobrecogida sangre.
Sales de ti
hacia el encuentro, génesis reciente,
y yo bebo y respiro
tu exhalación, la rama de tu gozo.
Allí donde se forma
el color de tus brazos enlazados
gira el anillo impar que me contiene.
Nadie me busque, nadie.
Soy tu vigilia,
me disuelvo, pequeña,
en la dulzura que tu pecho emana.
Soy tu sombra y la mía,
soy un desprendimiento de ti mismo.
Allí donde comienza
esa felicidad sufriente y bella,
voy a tu encuentro.
Me despojo de mí
con un sacudimiento
de aterrados manzanos.
Puedo en amor morir que seguiría
recorriendo la tierra con tus pasos,
en tus manos ahogada.

María Granata©


“De sólo imaginarme…”, Alicia Larde de Venturino

beso 

De sólo imaginarme que tu boca
pueda juntarse con la mía, siento
que una angustia secreta me sofoca,
y en ansias de ternura me atormento…

El alma se me vuelve toda oído;
el cuerpo se me torna todo llama
y se me agita de amores encendido,
mientras todo mi espíritu te llama.

Y después no comprendo, en la locura,
de este sueño de amor a que me entrego;
si es que corre en mis venas sangre pura,
o si en vez de la sangre corre fuego…

Alicia Larde de Venturino©


“Juglarías …un poeta en Israel”, Juan Zapato

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La calle Nachlat Binyamin tiene el encanto de feria artesanal, que podemos encontrar en cualquier otra parte, pero no por conocida menos atractiva.

Junto con los cafés que pronto se colmarán de asiduos concurrentes de día viernes, las tiendas minoristas y los importadores de telas van subiendo sus cortinas. Luego comienzan a llegar los puesteros: un par de artistas plásticos, el dúo de músicos rusos con su violín y bandoneón para interpretar tangos, el inventor de juegos de ingenio, artesanos varios difíciles de calificar, la señora gorda que predice el futuro, sobretodo para las jóvenes enamoradas –casamenteras. Y a medida que se van instalando comienzan a aparecer los primeros visitantes locales o extranjeros, o esa mixtura que vengo a ser yo, un israelí con ojos de turista en Tel Aviv.

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“Olvido”, Carlos Medellín

Se me olvidó tu nombre,
no recuerdo
si te llamabas luz o enredadera,
pero sé que eras agua
porque mis manos tiemblan cuando llueve.

Se me olvidó tu rostro y tu pestaña
y tu piel por mi boca transitada
cuando caímos bajo los cipreses
vencidos por el viento,
pero sé que eras luna
porque cuando la noche se aproxima
se me rompen los ojos
de tanto querer verte en la ventana.

Se me olvidó tu voz, y tu palabra,
pero sé que eres música
porque cuando las horas se disuelven
entre los manantiales de la sangre
mi corazón te canta.

Carlos Medellín©


“Amé su cuerpo…”, Otto Raúl González

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Amé su cuerpo entonces y su alma.

Su piel fue para mí la tierra firme;
la soñé como un sexto continente
no registrado en mapas todavía.

Soñé con la bahía de su boca.

Su pelo era una selva virgen
que abría su misterio mineral y oscuro.
Soñé con las ciudades de sus pechos.

Los ríos de las venas que afloran en su piel
eran rutas abiertas
a la navegación y al gozo.

Se podía viajar en su mirada.

En las blancas llanuras de sus manos
yo cultivé el maíz y buenas relaciones.

Después no pude estar sino en su cercanía.

Otto Raúl González©


“Humus Said”, Juan Zapato en Juglarías

Te invito a descubrir un país a través de los ojos de un poeta y compartir fantasías reales y realidades fantásticas.

http://juglarias.wordpress.com/2011/

 

akko-humus-said El juglar recorre las callejuelas de la vieja ciudadela de Acre. Gente cruza a su paso en sentido contrario, observa a otros sentados a la vera bebiendo café turco, fumando narguile y conversando. Los lugareños que allí viven no han cambiado mucho desde la época en que Napoleón la conquistara. Las historias de siempre renovadas con algún agregado por parte de quien las relata. Y la Historia que en estos instantes lejos de aquí se está construyendo sobre esta tierra, poco tiene de verdad aunque sea creíble para muchos, convenientemente creíble.

Alfombras tendidas aireándose al Sol que por entre alguna rendija de las paredes de piedra se cuela, bien podrían representar una escenografía teatral. Los actores- transeúntes llevan sus compras y sus niños de la mano, se desplazan en medio de turistas llegados de fuera. Sus voces mezclan alfabetos así como en los anuncios que visten las tiendas del shuk¹. La luz aquí conserva cierta intimidad, los olores se contagian: especiados, marinos, de azúcares y miel, de frutos secos y fritangas.

Llegamos al lugar por el cual hoy nos encontramos: “Humus Said”. Tenemos suerte tal vez por la hora, que no haya mucho que esperar.

¿Dos? –nos pregunta quien ordena los lugares disponibles. Afirmo con la cabeza y nos indica una mesa ocupada por un niño. Angie me mira como diciéndome ¿allí? Nos ubicamos uno al lado del otro y frente a nosotros el niño que su boca tiene hinchada de alimento, le digo saha saha² y sin responder continúa comiendo sin perturbarse ante nuestra presencia.

Se acerca un hombre para tomarnos el pedido y a su pregunta le respondo: humus –como si se diese por entendido que uno viene a este restaurante a comer solamente eso. Y la realidad es esa, sólo que hay cuatro variaciones de un solo plato. Le pido que nos sugiera y hemos de probar dos de las opciones. El niño no acaba nunca su plato y en su boca no hay lugar para un nuevo bocado que introduce. Inmediatamente nos traen nuestro almuerzo acompañado de cebollas y tomates, pepinos en vinagre, aceitunas y ajíes picantes y una buena cantidad de pitas para untar el humus.

El niño ha terminado y se levanta.

Nosotros no podemos terminar los platos, no tenemos el ejercicio del niño que se fue. Nos ofrecen café o té, preferimos caminar.

Juan Zapato©

¹ Zoco, mercado.

² “Buen provecho” transliteración del árabe.


“Juglarías, un poeta en Israel”

 

 

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“Cuando ella se viste”, Luis Jiménez-Claveria

Cuando ella se viste,
la lenta transformación de un cuadro veo.
Cuando ella se viste mientras llueve
y queda presa en el terrible lacrimario,
destilan sangre las acacias.

Como una criatura carroliana
introduce sus piernas en las medias de cristal,
y los peces de cera crepitan:
acaba de arrojar un puñado de diamantes contra el suelo.

Se sigue vistiendo
y lenta
transforma su cuerpo.
Su cuerpo es una nave de conquista que surca aguas de nadie;
el trauma corrosivo de la gran ciudad.

Se tambalea el cuarto bajo su paso romano,
mientras una brocha llorosa
pinta de color su indumentaria;
la tristeza del negro para su jersey,
el alegre fresa para su falda de metal.
Como un áspid el collar se enrolla a su garganta;
son siete vueltas de dolor.
Luego, las oscuras sombras de los ojos,
dibujadas con una línea de carbón
que enarca también las cejas del orgullo.
Así queda la memoria, o el olvido,
en su mirada de ultratumba.

Fuera, en la calle, ha dejado de llover.
Negros son los zapatos de largo tacón
que impulsan su figura.
Y tras la última contemplación ante el espejo
resuena la hoja de la puerta y se va.
Se va.
Se ha ido.
Por la calle traspasada de un fuerte olor a tierra y pasto,
camina.
Queda en la estancia,
entremezclado,
el delicado perfume de Rabanne
y reinando en la recia mansedumbre del orden,
el aroma, inextinguible, de su ausencia.

Luis Jiménez-Claveria©


“La manigua”, Eliana Maldonado Cano

“Ven, acércate más,  Muerde mi carne

con tus manos morenas”

Laura Victoria

Tengo la piel muy suave

para que puedas navegar

por los paisajes de mi cuerpo,

tengo un cacto sin espinas,

tengo dos pequeñas colinas

coronadas por pájaros silvestres.

Y un bosque húmedo

donde nacen los ríos de mis piernas.

Ven, acércate más,

acércate,

cartografía mi paisaje,

no tengas miedo,

ya no quedan fieras en la manigua.

Eliana Maldonado Cano©


“Canción marina en el pinar”, Jaime Fontana

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Te conocí en el vértice nervioso de una ola,
en la frontera móvil entre el ave y la sal,
entre el astro y el pez. Estabas sola,
centrando la ondulante soledad.
Estabas a media agua, a medio día,
a media nube, a medio caracol.
Abril andaba por la sangre. Ardía
a media primavera el corazón.
¡Qué ruda tiranía
ejercitaba el sol sobre la arena,
sobre tu piel y sobre mi ansiedad!
Contra los bravos músculos del día
"por saborear tu juventud morena"
luchaban los instintos famélicos del mar.
Tus senos, a media alga, a media brisa,
eran proas gemelas a medio navegar;
al aire: eran las aves bebiéndose tu risa;
al agua: eran tus muslos mordidos por la sal.
Como nacen las olas, como los vendavales,
entre las olas estalló el amor.
¡Urgencias del paisaje marino! Los rivales
éramos tres: el mar, el sol y yo.
Después… hacia la tarde y hacia los cocoteros
y hacia tus labios llenos de arena y de sabor…
¡Ah las caricias anchas y densas como esteros
y la sangre en función de mar y sol!
¡Ah los besos salobres, los besos minerales,
y el amor con urgentes costumbres de alcatraz!
¡Ah el amor que se tuesta sobre los litorales
y los besos piratas, sabrosos como el mal!
Nuestro amor es marino, y hoy viene hasta la tierra,
hasta la arisca entraña del pinar;
hoy me hallas en la giba vegetal de mi sierra
( ¡qué de aquel sol y de aquel mar!)
y los labios se buscan… Más… ¡espera!… ¡Tu risa
ya no es como el oleaje ni como el vendaval,
ya no sabe enredarse como alga tu caricia,
ya los besos perdieron su sabor mineral!
Aquí el amor es arroyuelo y trino,
y clorofila y miel,
y trepa en los peñascos como el pino
y tiene olor a fruto montañés.
Aquí el amor se nutre de gredas y resinas
y es hermano del lirio y del panal.
Los besos son como esas abejas inquilinas
de los robles eternos. Como orquídea y zorzal…
Pero…. ese es otro amor. El tuyo es extranjero
en la sierra. No vive sin ola y caracol,
sin los besos salobres, sin besos marineros,
sin la sangre en función de mar y sol.
Este sol es muy frío
para un amor que tiene costumbre de alcatraz.
¡El amor tuyo y mío
no puede aclimatarse en el pinar!
Le digo adiós. No vive de néctar y resinas
el amor que es oriundo del alga y de la sal.
¡Cómo quieres que viva si las aves marinas
caen muertas el día que se alejan del mar!

Jaime Fontana©


“La sociedad necesita la participación de la mujer”, reportaje a Gioconda Belli

En su última novela, la escritora nicaragüense plantea un país imaginario, Faguas, donde el gobierno está a cargo del Partido de Izquierda Erótica, más libertario que feminista. El movimiento realmente existió en el país centroamericano y ahora Belli intenta reflotarlo. Silvina Friera

Las generosas proporciones de Gioconda Belli conquistan admiradores silenciosos en el lobby del hotel. Los ojos tildados de ese puñado de hombres no pueden evitar –ni se esfuerzan por disimular– el efecto hipnótico que genera ese físico voluptuoso. Tal vez no sepan que esa mujer de pelo volcánico y boca sensual espantó a la sociedad nicaragüense de los años ’70, que la acusó de celebrar en exceso los misterios del cuerpo, el sexo, el erotismo y el goce íntimo, cuando se atrevió a hablar de “vientres y humedades” en sus primeros poemas. Quizá tampoco sepan que fue guerrillera en tiempos en que había que luchar contra la dictadura de Anastasio Somoza; que fue madre y tuvo a tres de sus cuatro hijos en medio de la revolución sandinista, de la que fue una de las máximas protagonistas. La escritora pide una botella de vino tinto y responde un imperioso mensaje de texto que le llega desde Lima, Perú. No importa que recién sean las 6 de la tarde. Necesita un poco de alcohol para transitar el final de una gira que la tiene viajando por toda América latina con El país de las mujeres (editada por Norma y ganadora del Premio La Otra Orilla 2010), novela en la que postula, con alta dosis de humor, cómo sería llevar a la práctica un gobierno sin varones en un país imaginario, Faguas, al que recurrió para explorar la realidad a la que se enfrentan las mujeres, tanto en Latinoamérica como en otras regiones del mundo. “Me quieren poner una entrevista muy temprano; pero a las 7 de la mañana no sé quién soy”, se excusa Belli.

“Prometemos limpiar este país, barrerlo, lampacearlo, sacudirlo y lavarle el lodo hasta que brille en todo su esplendor. Prometemos dejarlo reluciente y oloroso a ropa planchada”, se lee en el Manifiesto del Partido de la Izquierda Erótica (PIE), movimiento quizá más libertario que feminista, cuyo llamativo emblema está representado por dos pies con las uñas pintadas de rojo. La protagonista de El país de las mujeres, Viviana Sansón, ha sido elegida presidenta apoyada por el PIE, un partido que existió en Nicaragua y que ahora Belli está impulsando a través de una página web: www.partidoizquierdaerotica.com. “Las eróticas”, como las llaman peyorativamente a la presidenta y al grupo de mujeres que la acompañan, deciden tomar una medida “revolucionaria” en Faguas, espacio imaginario que aparece en la primera novela de Belli, La mujer habitada: envían a todos los funcionarios hombres del gobierno a sus casas por seis meses para que se entrenen en las tareas del hogar. La presidenta quiere revertir la idiosincrasia de ese país que tiene la mentalidad de “una mujer dependiente y abusada”. En pocos meses la presidenta trastrueca las costumbres y convierte al Estado en un ejecutor de políticas que algunos consideran “disparatadas”, como que el agua llegue gratis a los barrios, para que se mantengan limpios; la inauguración de la carrera de Maternidad en la universidad y en escuelas secundarias (para hombres y mujeres); la alfabetización obligatoria para las mujeres analfabetas del campo y la ciudad; y los talleres de “respeto y poder” para las parejas víctimas de la violencia doméstica, entre otras medidas.

–Más allá de la historia que se cuenta en la novela, ¿ cómo cree que se puede revertir esa mentalidad de dependencia y abuso en países latinoamericanos que han tenido, para colmo de males, tantas dictaduras?

–Mire, los gobiernos autoritarios en general son paternalistas para mantenerse en el poder. El paternalismo lo viví en Nicaragua y se sigue reproduciendo; es muy negativo para la formación política de los pueblos: genera dependencia y abusos. Creo que se revierte rompiendo ese círculo de dependencia para recuperar el sentido de tener el poder para cambiar las mentes. El sistema te obliga siempre a estar dividiéndote, a escindirte como persona, a vender tu libertad por comida, a vender tu dignidad para avanzar políticamente. Lo que se está planteando en El país de las mujeres es un gobierno que no solamente atienda la dignidad de las personas, sino que atienda una concepción más integral, donde la gente no se tenga que estar partiendo en dos, donde la vida no tenga que estar separada entre lo privado y lo público, sino que el ejercicio del poder tenga otra característica; que no sea un ejercicio de dominación, sino un ejercicio de “cuido”, de alimentación del alma, que consiste en brindar felicidad a la gente, incorporándola plenamente en la solución de sus propios problemas.

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“El Corazón de Piedra”, por Pablo Neruda

piedras

Mirad,
éste
fue el corazón
de una sirena.
Irremediablemente
dura,
venía a las orillas
a peinarse
y a jugar a la baraja.
Juraba
y escupía
entre las algas.
Era la imagen
misma
de aquellas
infernales
taberneras
que
en los cuentos
asesinan
al viajero cansado.
Mataba a sus amantes
y bailaba
en las olas.

Así
fue transcurriendo
la malvada
vida de la sirena
hasta
que su feroz
amante marinero
la persiguió
con harpón y guitarra
por todas las espumas,
más allá
de los más
lejanos archipiélagos,
y cuando
ya en sus brazos
reclinó
la frente biselada,
el navegante
le dio
un último beso
y justiciera muerte.

Entonces, del navío
descendieron
los capitanes
muertos,
decapitados
por aquella
traidora
sirena,
y con alfanje,
espada,
tenedor
y cuchillo
sacaron el corazón de piedra
de su pecho
y junto al mar
lo dejaron
anclado,
para
que así se eduquen
las pequeñas
sirenas
y aprendan
a comportarse
bien
con
los
enamorados
marineros.


Pablo Neruda©


“Universo Infinito”, por Hugo Orozco

      Manto de estrellas y luceros
      cartografía cósmica y sagrada
      epopeya celestial y mensaje divino
      parcelas y surcos de luz genésica
      polvo estelar y gas galáctico
      nébulas coquetas y sensuales
      cadencia de órbitas elípticas
      bóvedas de gemidos y espasmos
      geometría astral y orgásmica
      caos ordenado y sublime
      fusión nuclear de galaxias
      alucinar de constelaciones
      creación jeroglífica.
      Amor celestial que el alma ilumina
      deseos y sortilegios de los dioses
      parto codificado de forma binaria
      flama incandescente, mística y litúrgica
      emulsión de hechizos y cometas
      auroras delirantes y firmes pezones
      plasma ancestral embriagador
      comunión de lirismo y pasiones
      enigma corporal del placer y el dolor
      orgía quijotesca y subversiva
      adicción de eclipses y corolas
      Eurípides y Pléyades
      prosa eterna y arcaica.
      Moción y sonido perpetuo
      acta endecasílaba y faleciana
      trimétrica y sáfica
      triangulación Atlántica
      cascadas de vía láctea
      agujero negro devorador
      fusión de puntos en el sol
      oráculo adónico
      predicción apocalíptica
      fuego que termina lo prohibido,
      lo malvado, lo satánico, el pecado
      negación de la santa unión carnal
      de el Nazareno y Magdalena.

      Hugo Orozco©