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«¡Madre, vende el azafrán!», Gregorio García García

EL AZAFRÁN EN ESOS LUGARES DE LA MANCHA…

La rosa del azafrán
triste visita nos hace,
cuando nace el sol saldrá
a morirse con la tarde.

azafránEl azafrán en esos lugares de la Mancha, de cuyos recuerdos guardo en mi alma y nunca voy a olvidarme. No era cultivo de poderosos y ricos terratenientes, dado la gran cantidad de mano de obra que necesita y el especial cuidado que su cultivo requiere. Ellos, no todos, solo algunos arrendaban tierras que, se dividían en parcelas de un celemín (cuatrocientos sesenta y siete metros cuadrados), cobrando un alto precio por el arriendo a obreros, pobres enfermos o con alguna minusvalía física. Estos no podían trabajar siempre por cuenta ajena, por la dureza salvaje de algunos trabajos del campo, como por ejemplo: el destajo de la siega o hacer hoyos para viñedos y olivos, por eso cultivaban el azafrán, porque nadie les imponía ningún ritmo ni exceso siendo dueños de sus propias tareas. Aunque las ganancias no eran muy rentables, teniendo en cuenta la cantidad de horas dedicadas en su cultivo y recolección. En la monda colaboraba toda la familia de la casa, incluidos niños y los más mayores también, ajenos que se les pagaba en azafrán con la cuarta parte de lo que mondaban.

De los años sesenta a los noventa, su cultivo se generalizó más entre obreros del campo y pequeños agricultores y también albañiles y peones de la construcción que, al no tener trabajo en esta zona de la Mancha, debido a su precario desarrollo (intencionado) que, en años atrás no consintieron los poderosos terratenientes ricos, para tener mano de obra barata y disponible siempre al alcance de sus manos. Unos tuvieron que emigrar, otros si querían trabajar tenían que desplazarse todos los días a Madrid y a otras lejanas ciudades, saliendo a las cuatro y media de la madrugada y regresando a sus casas a altas horas de la noche. Con los consiguientes gastos y riesgos que esto les originaba que, podrían calcularse en un treinta y cinco por ciento de merma en su salario y mucho más con la moda que llego a generalizarse, de los intermediarios del trabajo, llamados «pistoleros», con los perjuicios que de estos se derivan (hoy parecen ser especie protegida), aparte de las penurias y el no poder gozar ni disfrutar de sus hijos. Cultivando el azafrán en sábados y domingos les ayudaba a sacar su familia adelante.

Hasta el año 2011 han trascurrido dos décadas, de casi su total desaparición, debido a innumerables causas de crisis y burocráticas. Parece ser que en estos tiempos, la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, está poniendo los mecanismos y ayudas para su nuevo renacimiento en la región.

azafrán1El azafrán en las familias obreras pobres, era necesario para poder sobrevivir, criar y casar a los hijos, comprar un solar para después hacer la casa, reformarla o comprar algún mueble. Era parte de nuestra necesaria economía y también nuestra cultura. El azafrán no es un producto agrícola más, sino que también este forma parte de nuestro patrimonio histórico y cultural de la región y debe de ser conservado y además protegido.

¡MADRE, VENDE EL AZAFRÁN…!

¡Madre, vende el azafrán!
que anoche mondando rosa
mi novio encima la mesa
me dijo que soy preciosa.

¡Madre, vende el azafrán!
que con sus besos de miel
entre suspiros me dijo
que me casara con él.

¡Madre, vende el azafrán!
que casarme yo requiero
que en el trabajo del campo
se muere pobre el obrero.

¡Madre, vende el azafrán!
prepara pronto mi boda
que mi novio tiene casa
y los muebles a la moda.

¡Madre, vende el azafrán!
que mi novio tiene mulas
también viñas y olivares
y dos galeras muy chulas.

¡Madre, vende el azafrán!
cómprame el ajuar que espero
que en el banco mi Manolo
tiene guardado dinero.

¡Madre, vende el azafrán!
que la miseria es martirio,
siendo obrera paso hambre,
con mi novio es un delirio.

¡Madre, vende el azafrán!
que en lo que digo no miento
que me parece que tengo
en el vientre alumbramiento.

¡Madre, vende el azafrán!
es tanto lo que le quiero
que con el quiero vivir
y por tenerle me muero.

Gregorio García García©

El poema expone una realidad del pasado aún latente en los que todavía la recordamos. Pudiera ser que algunos conceptos las nuevas generaciones no lo entiendan del todo. De los cuatro personajes del poema el principal no sale a escena. Aunque la hija para el padre fuera la niña de sus ojos… algunas cosas que ella cuenta a su madre en aquellos tiempos no se solían contar a un padre. Aparentemente en un principio, parece ser que a nuestra joven protagonista, por ser su novio de una clase social más alta solo le moviera el interés. Aunque para ella era un buen logro el salir de la miseria que la envolvía. Pero lo que de verdad pretende, porque esta locamente enamorada, es convencer a su madre, como era tradición, una vez conseguido esto, entre las dos convencer al padre sería pan comido.


“Lira Política, David Gutiérrez García

1891947186 

Las silvas ancestrales
que paran el dolor y los sentidos
son cantos actuales,
palabras como aullidos
en contra de políticos podridos.

Si hubiera más Sanjuanes *
y menos graduados del soborno
y menos charlatanes
pisando nuestro entorno
seguro que acababa este bochorno.

Si hubiera más poemas
volando como átomos visibles
y menos monotemas
que no son comprensibles
los días nos serían asumibles.

Pero no hay más que cutres,
maestros del discurso monocorde
tan cursis y tan futres,
expertos del engorde
con ellos no seré misericorde.

Esta es nuestra desgracia
vivir en el Estado Posmoderno
sólo con bancocracia
y “listos” del infierno:
¡cojamos esta mierda por los cuernos!

David Gutiérrez García©

* San Juan de la Cruz


“Una taza de caldo”, Isla Correyero

A mi señora, María Victoria Atencia.

Amnón andaba por ella atormentado, hasta

enfermar por Tamar, su hermana.

(2 Samuel, 13, 2-3)

Cuando yo era muy niña

una mujer amada me cantaba un romance

en las tardes altísimas del final del verano.

Pretendía dormirme con aquella canción

que contaba la historia

de dos hermanos moros cautivos en Granada:

Ella estaba con fiebres malignas en el lecho

y él, un guapo muchacho,

le llevaba una taza de caldo

oculta en la chilaba.

Yo jamás me dormía

porque jamás historia alguna me pareció tan bella.

La ternura corría caliente por mi sangre

como el caldo que a ella le calentaba el cuerpo.

y cerraba los ojos

y veía acercárseme a mi hermano

al que amaba más que a mi propia vida.

¿Cómo podría el tiempo disipar la memoria

de aquellas escaleras

pintadas en un ocre maravilloso y cálido,

y el mandil de la yaya

con el pañuelo siempre guardado en un bolsillo,

o aquella porcelana colgando en las paredes,

y los relojes viejos con esmaltes gastados,

y los paños de hilo componiendo figuras,

y aquellos reposteros de seda descrudada

cubriendo los pasteles?

¡Soñaba tantas veces con ser aquella mora

enferma palidísima!

Quizá para sentirme, como ella,

asistida, por el hermano amado.

Un día de tormenta partimos de viaje.

Y en el coche mi hermano jugaba con un coche.

Una vez más cerré los ojos húmedos

y me metí por dentro del juguete de plástico.

La penumbra y los rayos caían a mi boca

como cayera el caldo de la historia en la Historia.

No sé qué es el incesto.

Pero si alguna vez amé con amores carnales

a alguien de mi sangre,

fue aquella tarde hermosa de truenos y de lluvia,

en el asiento azul de un coche de juguete.

Isla Correyero©

Nació en Miajadas (Cáceres, España) en 1957. Estudió periodismo y cinematografía en Madrid. Es guionista de cine y televisión. Premios de Poesía:Cráter, Colección Provincia, 1984, Diario de una enfermera, Premio Ricardo Molina, 1996, La Pasión, Finalista Premio Mundial De Poesía Mística Fernando Rielo, 1999, Amor Tirano, Premio Hermanos Argensola 2002. Otras publicaciones: Lianas, 1988, Crímenes, 1993, Feroces, 1999. Incluida en Las Antologías De Poesía: Las Diosas Blancas y Ellas Tiene La Palabra. Lecturas significativas y eventos literarios: Palacio Real, Madrid, 2000, Fundación Monasterio de Yuste, 2004, Festival Poetry Internacional de Rotterdam, junto a Seamus Heaney, 2005, Cumbre Iberoamericana, representando a Cáceres: Patrimonio de la Humanidad,  Salamanca 2008.


“Sé todos los cuentos”, León Felipe

buacenerosauncio

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

León Felipe©


“Ramón Gómez de la Serna y los cafés literarios” Juana Martínez Gómez

En España, así como en otros lugares de Europa, los cafés literarios llegaron a convertirse en las más activas sedes de una universidad libre en la que se gestaban los movimientos artísticos, intelectuales y espirituales[1]que contribuyeron a crear las transformaciones de la modernidad. Algunos intelectuales, como Unamuno ―incluso desde su cargo de rector de la Universidad de Salamanca—, vieron en el café el germen de la verdadera universidad popular en España.

Para Gómez de la Serna el café también era una  institución independiente con un valor alternativo al de la cultura oficial. Era una especie de para-academia mucho más vital que la Academia, en donde según él “se muere mucho, se muere dentro, mucha gente”, y los que más se morían, según él, eran sobre todo los jóvenes.

El café es un espacio de conversación y de escritura, una especie de ágora, de plaza pública en donde implícita o explícitamente se adopta una actitud desafiante hacia las instituciones establecidas, aquellas más cerradas o estereotipadas. Ramón buscó un lugar donde reunirse con “los suyos”,[2] y encontró Pombo, una antigua botillería junto a la Puerta del Sol, en el centro de Madrid, bien comunicada con el resto de la ciudad ―los tranvías de la época se encargaban de ello―, que le atrajo por darse la paradoja de ser un lugar anticuado donde se podría reunir con los jóvenes  innovadores: “Siempre me pareció un café vetusto, pero tendrá gracia que en él se cobijen y alboroten los más modernistas”.[3]

Tertulia en el café Pombo

Todos los sábados organizaba una tertulia para la que él reivindicaba la supremacía de la conversación sobre la lectura, de la que simulaba irónicamente desconfiar por ser “el acto más desvanecido, más pobre del espíritu, más deleznable que se pueda realizar, por bien escogidas que estén las lecturas”.[4] Mientras que veía en la lectura (y también en la música) una forma de aislamiento, una “abstracción onanista”, la tertulia resolvía una necesidad esencial del alma de relacionarse con otras almas y crear la amistad, pero, para Ramón, no cualquier amistad, sino la amistad grande y pactada para pensar.

Entendía la tertulia como una mezcla de revista y de diario íntimo donde se expresara la verdad de forma completamente sincera. Y muy importante era también para él que el lugar de la tertulia fuera un sitio reservado y puro pero desde el que pudiera captarse el pulso de la calle y donde se sintiera el “alma humilde y real de la vida”, de manera que las emociones individuales, subjetivas, y la actualidad del mundo exterior no se vivieran separadas sino que quedaran perfectamente trabadas en la experiencia tertuliana.

En Pombo se propuso crear un clima de serenidad y estabilidad que fuera un verdadero refugio frente a las amenazas de entonces contra la civilización, “un oasis frente al mundo que se bombardeaba”, de donde estaba desterrada cualquier actitud pomposa y engreída, y en el que los términos “humildad” y “sinceridad” eran claves de la actitud requerida entre los tertulianos. Quiso también que las reuniones pombianas evitasen el tono trascendente para no caer en la hueca grandilocuencia y en la “tontería” en las que, según Ramón, era muy fácil caer en las discusiones serias. En consecuencia, las tertulias se desarrollaban en un tono relajado y con un gran sentido del humor: “Lo echo todo a chirigota. Se nota menos la intromisión del tonto y todo marcha con una banalidad que va bien al fondo de la reunión. Es preferible oír esa insistente ironía que oír las absurdas opiniones de los inevitables”.[5]

Con un aire alegre y bondadoso Ramón se encargaba de que el visitante sintiera de inmediato el ambiente peculiar de Pombo. Así, las presentaciones de los recién llegados se hacían siguiendo un ritual que introducía a los tertulianos en la situación requerida por él:

Yo hago las presentaciones un poco en broma. Me parece que se van a avergonzar, se van a encontrar cohibidos y se van a reír unos de otros silenciosamente, si las hago con esa seriedad que caracteriza a las presentaciones. Así digo yo al que entra: ―Fulano de Tal bastante buen artista ―Fulano de tal bastante triste humorista ―Fulano de Tal que ha estado en los mejores presidios del mundo, vistiendo los elegantes pijamas del presidiario. ―Fulano de Tal que habla el inglés a la perfección. ―Fulano de Tal que tiene un alfiler de herradura. Quiero conseguir así que nuestra unión esté desprovista de orgullo y la gobierne una exquisita ironía amable. Porque las cosas del mundo no pueden ser miradas en serio más que con ironía.[6]

Tertulias Café Pombo

Cumpliendo con toda esta parafernalia de rito iniciáticose encontraron cerca de treinta latinoamericanos, escritores en su mayoría, que en los años de existencia de Pombo, es decir entre 1914 y 1936, vivían o estaban de paso en Madrid. Allí llegaron, directamente o desde París, los chilenos Augusto D’Halmar, Vicente Huidobro, Teresa Wilms Montt, Joaquín Edwards Bello y Pablo Neruda; los guatemaltecos Enrique Gómez Carrillo y Francisco Soler y Pérez; los peruanos Alberto Hidalgo, Alberto Guillén, César Miró, Xavier Abril y Ventura García Calderón; los venezolanos Manuel Díaz Rodríguez, Rufino Blanco Fombona, Pedro Emilio Coll y Arturo Uslar Pietri; el cubano Alonso Hernández Catá; el dominicano Pedro Henríquez Ureña; el colombiano Jorge Zalamea; los argentinos Alberto Ghiraldo, Oliverio Girondo y Jorge Luis Borges, y los mexicanos Martín Luis Guzmán, Artemio de Valle Arizpe, Orozco, Eusebio de la Cueva y Alfonso Reyes. Seguramente algunos fueron una vez, dejaron su foto y su firma y no volvieron más porque se sintieron incómodos con el singular estilo que Ramón imponía a su tertulia. Borges, sin duda, fue uno de ellos:

Me mezclé alguna vez con ese grupo y no me gustó su manera de comportarse. Había allí un gracioso que llevaba un brazalete del que colgaba una campanilla. Daba la mano a los concurrentes y la campanilla sonaba, y Gómez de la Serna decía invariablemente: “¿Dónde está la serpiente?” Suponía que eso era divertido. En una ocasión se volvió orgullosamente hacia mí. “¿Seguro que usted no ha visto en Buenos Aires nada parecido?” ―me dijo―. Tuve que convenir, gracias a Dios, que así era.[7]

Pese a esta primera reacción contraria, Borges y Ramón lograron mantener durante algún tiempo una relación respetuosa que no excluía cierta admiración. Al principio, para Gómez de la Serna, Borges era sólo el hermano poeta de la pintora Norah Borges, que vivía un intenso noviazgo con su amigo Guillermo de Torre, estudiante de Derecho y tertuliano de Pombo. Ramón lo retrataba como un “muchacho pálido, de gran sensibilidad, un joven medio niño al que nunca se encuentra cuando se le llama, […] huraño, remoto, indócil, sólo de vez en cuando soltaba una poesía que era pájaro exótico y de lujo en los cielos del día”. Cuando se conocieron en Madrid, Ramón ya había leído Fervor de Buenos Aires y consideraba a Borges un “Góngora más situado en las cosas que en la retórica”; sin embargo, descubrió al poco que el joven porteño llevaba siempre en el bolsillo una edición príncipe de los Sueños de Quevedo y que no titubeaba en divulgar su amor excepcional por el poeta español.

La Gaceta de Pombo

Otros visitantes, sin embargo, más acordes con la filosofía de Pombo, se hicieron asiduos tertulianos, como el venezolano Pedro Emilio Coll, hacia quien Ramón sentía un gran respeto por considerarlo un hombre justo, bueno, generoso, sensato y ecuánime. Lo veía como un gran intelectual, que compartía con él su espíritu antiacademicista, y valoraba muy especialmente su contribución al entendimiento de la idea de América entre los españoles y a la difusión de la literatura hispanoamericana en la península. Pero Ramón sintió, y lo dijo explícitamente, una predilección especial por los mexicanos:

Yo encuentro que los mejicanos  son como mis compañeros, mis paisanos del otro Madrid, del único otro Madrid fuera de España, que es Méjico. Madrid con sus grandes edificios de Carlos III y grandes muestras churriguerescas. El Cuartel del Conde Duque está en todas las calles de Méjico.

Llegan francos, con miradas exaltadas y levantadas, y ese tono apasionado, cálido, característico, del español. Su mirada no rechaza las cosas, sino que las acepta, sabiendo escoger las de más carácter, aunque sean las que más aspecto tengan de pobreza. Son los mejicanos los que encuentran con nuestra nítida facultad de miserables el encanto de una clase de luz, de una clase de frío, de una clase de hambre. Eso solo los castellanos y los mejicanos saben comprenderlo. ¡Y para eso qué clase de fineza espiritual no es necesaria!

Yo me los encuentro constantemente en mi camino y charlamos como condiscípulos.[8]

Alfonso Reyes

El más asiduo a la tertulia de Pombo fue Alfonso Reyes y fue también uno de los primeros visitantes del café cuando llegó a España desde París, el mismo año de su inauguración como sede de los encuentros literarios de Ramón. Lo primero que observó el patriarca de Pombo fue la tragedia que vivía cada día el mexicano al no tener a mano las librerías de París. “Reyes nos lo repetía con la voz gangosa de niño gordo que cuenta lo que le ha pasado en un dedo del pie”.[9] Sólo se llevaban un año de edad y compartían, a pesar de las grandes diferencias entre ellos, un modo de vivir y sentir el arte. La común identificación debió ser muy grande, a juzgar, entre otras cosas, por el retrato que Ramón le hizo en Madrid, señalando, con su particular óptica, detalles de la personalidad de Reyes que, dichos por Ramón, resultan inolvidables:

Reyes tenía tipo de haber sido un célebre doctor en otra parte y de estar pasando la crujida de incógnito, apesadumbrado con sus cargos de ocasión, como con un gabán excesivamente pesado y largo. Reyes, con su cabeza de pera y su sonrisa en los ojos, oía todo lo que se decía en todas partes y sabía contestar la respuesta atinada, y que hasta cuando no tenía más remedio que ser maligna era bondadosa. […] Alfonso Reyes, regordete y muy parecido a un señor chiquitín ―mucho más chiquitín de lo que en realidad es―; es como un gnomo de los bosques, con el rostro aperalado y seriecísimo de los gnomos. Con su rostro carrilludo. De carrillos caídos ―sin que por eso su tipo sea de gordo―, siempre lleva una viva impresión de listo, muy sobre sí; siempre esperando que le pregunten para contestar, siempre como esos chiquillos que quieren parecer mucho más listos de lo que son. Él ya lo es bastante, pero quiere serlo más, y toma tipo de iniciado en todas las cosas, […] Si a Reyes le afeitasen la ceja derecha se quedaría sin malicia. En la ceja izquierda tiene los acentos de las cosas, y eso es muy importante en él, porque Reyes es el acentuador por excelencia.[10]

Aunque Reyes asistió a algunas de las muchas tertulias que se hacían en Madrid durante los años en que él permaneció en la ciudad, entre 1914 y 1924, su presencia en Pombo fue muy frecuente y su tertulia le dejó una honda e inquietante impresión: Pombo es una realidad trascendente, no se le puede olvidar. Las proclamas de Pombo hablan siempre de los Iscariotes, de los infieles y de los buenos apóstoles: recuerdan la manía persecutoria de los profetas. ¿Qué tragedia se esconde en Pombo? ¿Quién los ha vendido? ¿Por qué le exigen a uno ese compromiso sagrado de la firma en cuanto se acerca? Yo tiemblo[11]

A pesar de ese temblor, Reyes fue uno de los contertulios más participativos en las distintas actividades que, además de la tertulia de los sábados, Ramón organizaba con un gran espíritu lúdico. A éste le gustaba fomentar el juego, por ejemplo,  con concursos de “palabras expresivas”, palabras que debían llevar en su escritura su significación gráfica para aproximarnos más a las cosas que representan. Los contertulios se ejercitaban también en el arte de “los borrones de tinta”: la kleksografía, que es el “arte de aprovechar el borrón que cae en el papel y convertirlo en una figura pintoresca, organizada, elevada sobre su categoría de casualidad”;[12] o en el “juego del cerdo”, que consistía en dibujar un cerdo con los ojos tapados y sin levantar la mano hasta el final para, de manera súbita y sin pensar, pintar los ojos, etc.

Para un escritor tan madrileño como Ramón Gómez de la Serna, pero, sin duda, el más internacional de su tiempo, el encuentro con los escritores que venían de América fue un gran acicate, y por eso trató de mantenerse siempre en contacto con ellos. Incluso desde su exilio en Argentina recordará más tarde sus antiguas amistades pombianas con escritores americanos: “Allí recibí a través de los años a los jóvenes ―y a los viejos― que llegaron de América y los senté a mi derecha y recabé para ellos el respeto y la amistad de todos, siendo por eso que en todas las Repúblicas de habla española quedan artículos insertos en sus diarios y alusiones en muchos libros que le recuerdan [a Pombo] con afecto”.[13]

Con el transcurrir del tiempo, y ante las incomprensiones y hostilidades de algunos de sus compatriotas, Gómez de la Serna llegó a ver más factible su proyección en América que en España:

De todo me recompensa esa diáfana repercusión con que cuento en el público de América y en sus juventudes […]

El caso sincero de mi espíritu ha encontrado allí la atención desinteresada, sencilla, sin prejuicios ni cabildeos. Nos hemos entendido con la más espontánea de las inteligencias. Hay muchos ratos en que sólo confío en el espíritu clarividente y absuelto de América.

Yo creo y espero en esas juventudes y en aquellos públicos que, aún con canas en las sienes, comprenden, ven, tienen la expedita mirada de frente que yo necesito. Espero que alguna vez me salve sólo América…[14]

Juana Martínez Gómez©

Catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid. Entre sus líneas de investigación están la narrativa hispanoamericana y las relaciones literarias entre España e Hispanoamérica.

__________

Publicado en: Julio  Ortega (compilador), Reyes, Borges, Gómez de la Serna. Rutas trasatlánticas en el Madrid de los años veinte. México (Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y Cátedra Alfonso Reyes): Grupo Orfila, 2011.


[1] Vid. Antoni Martí Monterde, Poética del café,  Anagrama ,Barcelona, 2007

[2] Así llama a los que conectan con sus ideas y sus formas en claro distanciamiento de los que no, de “los otros”

[3] Ramón Gómez de la Serna, Automoribundia, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1948

[4] Ramón Gómez de la Serna, La sagrada cripta de Pombo, Imp. G. Hernández y Galo Sáez, Madrid, 1924 p.6

[5] La sagrada cripta de Pombo, ed.  cit.  p. 9

[6] La sagrada cripta de Pombo, ed cit. p. LXVIII

[7] Saul Yurkievich, “Jorge Luis Borges y Ramón Gómez de la Serna: el espejo recíproco” en España en Borges,ed. El Arquero, Madrid, 1990. p. 88. Recogido de Emir Rodríguez Monegal: Jorge Luis Borges: Biographie Litteraire, Paris, Gallimard, 1983

[8] La sagrada cripta de Pombo,E. Cit., p.408

[9] Ibidem, p.439

[10] Ibidem p. 439-440

[11] Alfonso Reyes, Simpatías y diferencias, O.C. T.IV.

[12] La sagrada cripta de Pombo ed. Cit. p. LXXVII

[13] Ramón Gómez de la Serna, Nuevas páginas de mi vida, Alianza editorial, Madrid, 1970, p.96

[14] La sagrada cripta de Pombo, ed cit. p. 545


“María Soliña”, Celso Emilio Ferreiro Míguez

Polos camiños de Cangas
a voz do vento xemía:
ai, que soliña quedache,
María Soliña.
Nos areales de Cangas,
Muros de noite se erguían:
Ai, que soliña quedache,
María Soliña.
As ondas do mar de Cangas
acedos ecos traguían:
ai, que soliña quedache,
María Soliña.
As gueivotas sobre Cangas
soños de medo tecían:
ai, que soliña quedache,
María Soliña.
Baixo os tellados de Cangas
anda un terror de agua fría:
ai, que soliña quedache,
María Soliña.

Celso Emilio Ferreiro Míguez


“el circo ha llegado para quedarse…”, Rubén Romero Sánchez

el circo ha llegado para quedarse.
la mujer barbuda te abre el corazón
mientras los trapecistas se juegan tus recuerdos.
hay un domador de los sueños que vendiste,
hay una vidente que te augura un mal pasado,
los niños roban monedas a sus padres
y preguntan por el faquir que durmió en tu sonrisa,
mientras toda la gente que un día te quiso
compra casas, planta tomates, hace que vive.
los días de lluvia el circo es fangoso
como tu inocencia,
los leones apuestan sus cuchillos desgastados
a que no serás capaz de regresar a casa,
hay un caballo que ignora que no existe el perdón.
y tú vestido de oportunidades perdidas
pasas por la taquilla de los que han sido olvidados
y tratas de fijar tu boca vidriosa
en respuestas que ya no te conciernen.
el circo repite función los martes,
tú crees en el amor verdadero,
y mientras tratas de anclar al pecho la Luna
el cielo se hace añicos en cada poema.

Rubén Romero Sánchez© http://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2011/09/4539-ruben-romero-sanchez.html


“ON/OFF”, Luisa García-Grajalva Bernal

luisa

Ni siquiera merece la pena
encender hoy la vida,
dar al interruptor que ponga en marcha
otro nuevo episodio del absurdo.
Nadie echará de menos,
en este maremágnum,
dos nombres extraviados,
dos intentos estériles perdidos.
Nadie se dará cuenta
de tu ausencia o la mía
mientras el calendario
siga dictando fechas.
Tal vez valga la pena
ignorar por un día tantas causas
y todos sus efectos,
aliviar unas horas este peso
de andar a cuestas con nosotros mismos.
Tal vez así mañana no sepamos
que hemos muerto en algún lugar del mundo.

Luisa García-Grajalva Bernal©


“Tratado de los gestos”, Enrique Gracia Trinidad

A Soledad Serrano
que creyó en este poema antes que yo.

Algunos gestos son arrojadizos, están llenos de furia, listos para que el aire se ilumine y sepa la distancia, la infinita distancia miserable que separa a los hombres de la vida.

Otros son aún más rápidos, una ráfaga, un brillo, un chasquido de luz. Son para confianza de la piel, para que no se nos olvide la caricia más tenue.

Muchos parecen sin sentido pero tienen misterios en la manga, secretos incurables, decididas nostalgias, horror a la distancia que los niegue o devore.
La mayoría de los gestos no son más que sustancia de abandono, impecable blancura, milagro inusitado, carne sola, manera de existir.

Tened a mano siempre vuestro gesto, que lleve nombre o contraseña. No lo perdáis de vista por si os es necesario para pensar, amar, decir quién sois; para reconoceros, entregaros, ocupar vuestro puesto en la escena del mundo.

Así reposa el índice en los labios, artesa de los besos y el silencio, así damos la espalda no entregada, la espalda en que nos vamos, dócil gesto de adiós o sígueme.
Así se tiran dados por la mesa, con un leve desorden de las uñas, tras haberlos mimado entre los dedos: “¡Allí, allí !” cantan luego los dados. Y el gesto se hace ajeno aunque fue nuestro.

Así se arroja el guante o la toalla, soberbio desafío o rendición, campo de hierba y sangre, cuadrilátero hermético de cuerdas, de pasión y de gritos, lugar de amor o espacio de locura.
Así nos despedimos frotando la distancia con la mano, desafiamos al espejo con los dientes o entornamos los ojos para ver más hondo.

Encogerse de hombros es todo un recital de ergonomía.

Así son tantos gestos que hacen alta la vida.
Llevar la mano al pelo y retirarlo para que no sofoque la tristeza ni
oculte los deseos, mirar sin ver la hora del reloj, que puede ser la nuestra algunas veces, acurrucar los dedos sudorosos ocultos en el alma del bolsillo, mirar al fondo de metal o vidrio, cuando en el ascensor gime el silencio.

Unos gestos ayudan, otros duelen, aquéllos dejan ácida la boca, éstos
los ojos tristes, la memoria tensa.
Los hay que alegran y los hay terribles. A veces todo al mismo tiempo, como un beso tirado en el vacío, o un dedo que se agita reclamando, riñendo, dueño de aviso siempre, amenazante o protector.

Tender la mano a un niño, “ten cuidado”, para que logre cruzar la vida
o la calzada con nuestra palma en vilo y nuestro miedo.

Humedecer los labios, ¡oh, esa alquimia que siempre alimentó el deseo! Girar el cuello a la sartén que nos reclama mientras se bate un huevo
en la cocina.

Ir pasando las páginas de un libro, sin leer, sin saber cómo; suspirar levemente cuando empieza la turbia carretera su canción, madrugado sopor, tedio, noticias.
Puño o mano tendida, caricia o bofetada, movimiento o quietud, insinuación u olvido.
Los gestos son lo que sujeta el mundo.

Toser antes de hablar, quitarse un hilo de la ropa y hacer con él planetas, frotar donde las gafas estuvieron, teclear con los dedos el volante, la mesa, la rodilla impaciente.
Comprobar el botón agonizante, devolver la mirada de reojo con oficio aprendido en antiguas películas.
Todo mientras se afloja la corbata o devolvemos al lugar perfecto la hombrera de un vestido.

Los gestos son sin duda lo que sujeta el mundo.

Enrique Gracia Trinidad©

De “Todo es papel” 2002
Accésit del Premio Ciudad de Torrevieja, 2002

Realización video: Santiago Solano.


“Charlot y el chico”, Juan José Romero Montesino-Espartero

chaplin

Con tu bastón girando en molinillo,
patizambo, patoso y desgarbado,
bombín en la cabeza, despeinado
y en tu ropa luciendo un sucio brillo,
.
haces del blanco y negro un romancillo
mostrándote cual ángel desalado,
-sencillo, triste, mudo y apocado-
y ofreces tu ternura hacia un chiquillo
.
que fuera por su madre abandonado.
En alivio de llantos y dolores,
has llenado de amor su alma transida
.
borrándole del todo su pasado,
pero la ley que no sabe de amores,
te lo quita quitándote la vida..
.
Juan José Romero Montesino-Espartero©


“Me llamo barro aunque Miguel me llame”, Miguel Hernández

Miky-Molina

Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.
 
Soy un triste instrumento del camino.
Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro desplegada.
 
Como un nocturno buey de agua y barbecho
que quiere ser criatura idolatrada
embisto a tus zapatos y a sus alrededores,
y hecho de alfombras y de besos hecho
tu talón que me injuria beso y siembro de flores.
 
Coloco relicarios de mi especie
a tu talón mordiente, a tu pisada,
y siempre a tu pisada me adelanto
para que tu impasible pie desprecie
todo el amor que hacia tu pie levanto.
 
Más mojado que el rostro de mi llanto,
cuando el vidrio lanar del hielo bala,
cuando el invierno tu ventana cierra
bajo a tus pies un gavilán de ala,
de ala manchada y corazón de tierra.
Bajo a tus pies un ramo derretido
de humilde miel pataleada y sola,
un despreciado corazón caído
en forma de alga y en figura de ola.
 
Barro en vano me invisto de amapola,
barro en vano vertiendo voy mis brazos,
barro en vano te muerdo los talones,
dándote a malheridos aletazos
sapos como convulsos corazones.
 
Apenas si me pisas, si me pones
la imagen de tu huella sobre encima,
se despedaza y rompe la armadura
de arrope bipartido que me ciñe la boca
en carne viva y pura,
pidiéndote a pedazos que la oprima
siempre tu pie de liebre libre y loca.
 
Su taciturna nata se arracima,
los sollozos agitan su arboleda
de lana cerebral bajo tu paso.
 
Y pasas, y se queda
incendiando su cera de invierno ante el ocaso,
mártir, alhaja y pasto de la rueda.
Harto de someterse a los puñales
circulantes del carro y la pezuña,
teme del barro un parto de animales
de corrosiva piel y vengativa uña.
 
Teme que el barro crezca en un momento,
teme que crezca y suba y cubra tierna,
tierna y celosamente
tu tobillo de junco, mi tormento,
teme que inunde el nardo de tu pierna
y crezca más y ascienda hasta tu frente.
 
Teme que se levante huracanado
del blando territorio del invierno
y estalle y truene y caiga diluviado
sobre tu sangre duramente tierno.
 
Teme un asalto de ofendida espuma
y teme un amoroso cataclismo.
 
Antes que la sequía lo consuma
el barro ha de volverte de lo mismo.

Miguel Hernández©

Fotografía: ©Araceli Merino, Micky Molina, Mataró, 2011

Fuente: http://aracelifoto.blogspot.com/2011/05/micky-molina.html


“Al vent”, Raimon Pelegero

AL VENT

Al vent,
la cara al vent,
el cor al vent,
les mans al vent,
els ulls al vent,
al vent del món.

I tots,
tots plens de nit,
buscant la llum,
buscant la pau,
buscant a déu,
al vent del món.

La vida ens dóna penes,
ja el nàixer és un gran plor:
la vida pot ser eixe plor;
però nosaltres

al vent,
la cara al vent,
el cor al vent,
les mans al vent,
els ulls al vent,
al vent del món.

I tots,
tots plens de nit,
buscant la llum,
buscant la pau,
buscant a déu,
al vent del món.

AL VIENTO

Al viento,
la cara al viento,
el corazón al viento,
las manos al viento,
los ojos al viento,
al viento del mundo.

Y todos,
todos llenos de noche,
buscando la luz,
buscando la paz,
buscando a dios,
al viento del mundo.

La vida nos da penas,
ya al nacer es un gran llanto:
la vida puede ser ese llanto;
pero nosotros

al viento
la cara al viento,
el corazón al viento,
las manos al viento,
los ojos al viento,
al viento del mundo.

Y todos, todos llenos de noche
buscando la luz,
buscando la paz,
buscando a dios,
al viento del mundo.


“Poesencia”, Teatro Interior

El grupo eibarrés Teatro Interior ofrece una representación de su espectáculo “Poesencia”. Integrado por los actores Eduardo Falces, Ernesto Barrutia y Maite Lorenzo, que actúan acompañados en esta ocasión por la música de Yasmín Soud al piano y Leticia Ibáñez a la guitarra.

Los componentes de Teatro Interior han recogido la experiencia desarrollada en montajes a partir de la poesía de varios autores y han dado un paso más. Para ello, han dejado atrás el teatro leído y se han lanzado a la interpretación de poemas de Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado y Mario Benedetti entre otros.


“Esos tests”, Carlos Martínez Aguirre

Nunca preguntan nada de mí
en esos tests.
En esos tests que te preguntan algo de todo
nunca preguntan nada de mí.
Los cuestionarios,
nunca preguntan si me divierte hablar con mi sombra.
Y a mí me gusta contarle cosas.
Los cuestionarios
tampoco incluyen “dar un paseo” como afición.
Hubo una vez que preguntaron sobre los libros.
Es un detalle.
Los muertos saben contar historias en su silencio.
Algunas veces cierro un volumen y lo acaricio.
¡Les quiero tanto!
¡Ah! No preguntan tampoco nunca si hago poemas.
Y es una suerte que yo no pinte.
Pero da igual.
Pienso que al menos, sí, deberían decirlo al menos.
Ya sé que yo no contestaría.
Pero da igual.
No sé quien hace esos cuestionarios.
Nunca preguntan nada que sirva.
¿Ellos no buscan una muchacha
y se enamoran?
¿No se divierten después diciendo
cosas bonitas?
¡Qué raros son!
Nunca preguntan nada de mí
en esos tests. 

Carlos Martínez Aguirre©


“La serenata”, José Manuel Marroquín

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Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan;
y que los rebuznos burran,
y que los gorjeos pájaran
y que los silbos serenan
y que los gruños marranan
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidas viertas
cual yo lágrimo derramas
y friando de tirito
si bien el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas.
Tú en tanto duerma tranquiles
en tu rega camalada
ingratándote así burla
de las amas del que te ansia
¡Oh, ventánate a tu asoma!
¡Persiane un poco la abra
y suspire los recibos
que esta pobra exhale alma!
Ven, endecha las escuchas
en que mi exhala se alma
que un milicio de musicas
me flauta con su compaña,
en tinieblo de las medias
de esta madruga oscurada.
Ven y haz miradar tus brillas
a fin de angustiar mis calmas.
Esas tus arcas son cejos
con que flechando disparas.
Cupido peche mi hiero
y ante tus postras me planta.
Tus estrellos son dos ojas,
tus rosos son como labias,
tus perles son como dientas,
tu palme como una talla,
tu cisne como el de un cuello,
un garganto tu alabastra,
tus tornos hechos a brazo,
tu reinar como el de un anda.
Y por eso horo a estas vengas
a rejar junto a tus cantas
¡y a suspirar mis exhalos
ventano de tus debajas!

José Manuel Marroquín©


“Aire del sur buscado en Inglaterra”, Rafael Alberti

A LUIS CERNUDA

Si el aire se dijera un día:
—Estoy cansado,
rendido de mi nombre… Ya no quiero
ni mi inicial para firmar el bucle
del clavel, el rizado de la rosa,
el plieguecillo fino del arroyo,
el gracioso volante de la mar y el hoyuelo
que ríe en la mejilla de la vela…

Desorientado, subo de las blandas,
dormidas superficies
que dan casa a mi sueño.
Fluyo de las paradas enredaderas, calo
los ciegos ajimeces de las torres;
tuerzo, ya pura delgadez, las calles
de afiladas esquinas, penetrando,
roto y herido de los quicios, hondos
zaguanes que se van a verdes patios
donde el agua elevada me recuerda,
dulce y desesperada, mi deseo…

Busco y busco llamarme
¿con qué nueva palabra, de qué modo?
¿No hay soplo, no hay aliento,
respiración capaz de poner alas
a esa desconocida voz que me denomine?

Desalentado, busco y busco un signo,
un algo o alguien que me sustituya
que sea como yo y en la memoria
fresca de todo aquello, susceptible
de tenue cuna y cálido susurro,
perdure con el mismo
temblor, el mismo hálito
que tuve la primera
mañana en que al nacer, la luz me dijo:
—Vuela. Tú eres el aire.

Si el aire se dijera un día eso…

Rafael Alberti©