Archivo de la categoría: Prosa Poética

“Carta a Julio Cortázar”, Susana Rinaldi

Hay una película francesa cuyo título me da pie a este momento de nuestro espectáculo, ese título dice: “Préparez vos Mouchoirs”, préparez vos mouchoirs es preparen sus pañuelos, preparen sus pañuelos señoras y señores que ha llegado el tiempo de llorar. Y recordando a mis padres en la historia universal del teatro, los griegos, que decían es bueno que de tanto en tanto las sociedades hagan catarsis llorando y llorando, hasta tocar fondo para extraer lo mejor de uno mismo.

cortazarEste es el momento de mi espectáculo donde yo preparo mi pañuelo, y preparo mi pañuelo porque voy a hablar de un amigo muy querido con el que ya no puedo conversar, porque se fue a vivir a otra galaxia y supongo que debe andar por ahí escribiendo instrucciones para subir a una estrella. Este amigo mío tiene la costumbre de aparecerse en sueños de golpe y de golpe así como aparece se va, sin darme tiempo a nada, pero siempre, ¿saben?, en cada uno de esos sueños me deja el mismo mensaje: escribíme Susana, escribíme, contáme. Y yo le escribo, le escribo cartas larguísimas como estas que dejo en el viento, porque solo el viento conoce la casa donde sigue viviendo este argentino tan nuestro, que no podía pronunciar las erres, ese maravilloso Julio, ese irrepetible Cortázar.

Querido Julio, como sé que te gustaban mucho esos vendedores ambulantes, divinos macaneadores que te vendían un pelapapas que una vez comprado no pelaba ninguna papa y no servía para nada, esos vendedores ambulantes que hacían muñequitos de papel, que manejaban con hilitos invisibles hasta darles vida, aquellos divinos macaneadores, Julio querido, ya no están, han sido reemplazados por otros vendedores. Sabés lo que venden Julio, ¿a qué no sabes? Venden plantillas pinchudas importadas de la China, según ellos si usás esas plantillas y caminás cien cuadras por día adelgazás, eso no es todo, también venden pajaritos de felpa importados de Japón y una pomada mágica que quita los dolores, todos los dolores, y la pomada tiene una extraña inscripción que asegura que viene directamente del Tibet. Horroroso Julio, te cuento que es horroroso. Los divinos macaneadores que tantas alegrías nos dieron a vos y a todos los argentinos ya no son vendedores ambulantes, siguen vendiendo pero ahora tienen sitio fijo, despacho con alfombras, salen en televisión, salen en las tapas de algunas revistas, y ya no son pobres ahora son ricos y famosos, chau los pelapapas, chau muñequitos de papel, la gente está demasiado apurada.

cortazar1Te acordás de ese tango que te gustaba tanto, ese tango de Laurens que dice “como cambian las cosas, los años…”; ahora no hace falta que pasen los años, las cosas cambian a tal velocidad que el titular de la tarde desmiente al titular del diario de la noche y el titular del diario de la noche es desmentido por el titular del diario de la mañana. Te explico: Hay un crimen, un crimen horrible, el diario dice “fue encontrada el arma asesina”, por la tarde el diario dice “el arma encontrada no es el arma asesina” al día siguiente el diario dice “son inútiles los esfuerzos para encontrar el arma asesina”, la noticia final es desconsoladora, nunca existió un arma asesina, nunca existió ese crimen, la víctima se suicidó, parece que estaba deprimido.

En cuanto al amor Julio, también figura en los diarios, al lado de las cotizaciones de la bolsa encontrarás estos avisos: “futbolista muy viril te espera en su departamento” y ¿te cuento otro?, “grandota linda de cara te espera solita en casa”. ¿Qué me contás?, y sigo ampliándote la información. El otro día murió un actor, en los últimos tiempos la crítica lo había descuartizado “lamentable actuación de un actor del que se esperaba mucho más, deslucida actuación de un actor, una buena obra teatral y un actor que no merece ese texto”, insisto el otro día murió ese actor, ¿sabés cuál fue el titular de las primeras planas?, ha muerto una gloria de la escena nacional”, vos me dirás “por eso Susana lo que hizo Gardel fue mágico”, sí Julio, fue mágico. Pero tengo la sospecha de que en nuestro país hay que morirse para que te perdonen la vida, porque si estás vivo, molestás, pensás, tenés ideas, sos un testigo, opinás, te indignás, es embromado esto, es triste, es muy injusto. Y al mismo tiempo recuerdo que en Rayuela vos escribiste “es necesario cambiar la vida, sin moverse de la vida”, sí, es necesario cambiar la vida, viviendo como en una frontera, como con una bandera levantada aunque el enemigo este cerca, aunque parezca que avanza. De la vida no nos sacará nadie, y nadie nos sacará la ilusión de haber vivido cambiando la vida. Mientras tanto yo sigo escribiendo y esperándote en algún café de París, para llorar un poco, juntos, porque llorar juntos es como sonreír.

Susana Rinaldi©


“El discreto encanto de la…”, Juan Zapato

103El murmullo del oleaje se posa con timidez sobre el perfil costero del mar Cantábrico a orillas de Santander.

El aire fresco le hace compañía y el ronroneo del motor de una barcaza -que se aventura en la mañana, y se interna lenta en busca del rumbo diario-, nos dicen que hoy 8 de Enero da inicio un nuevo año gregoriano, de fondo una incierta neblina oculta los rostros de Somo y Pedreña.

Soy un extranjero, no de ahora, sino de siempre, desde el día aquel que abandonara el vientre de mi madre y comencé a deambular un nuevo mundo.

Una geografía todavía desconocida a mis ojos, aunque por momentos, ciertas fachadas edilicias me confundan entre nostalgias de otras geografías también desconocidas. Calles que van poblándose en minutos apresurados, de transeúntes que aún conservan sus trabajos. No son las trombas de ayer por las “rebajas”, incomprensibles a quien tiene una mirada foránea, un virus llamado consumismo, que se propaga en la sociedad y afecta al criterio.

Encaminando los pasos hacia El sardinero, bordeando la escollera, unos pescadores ocupan el tiempo intercambiando anécdotas, mientras una lubina forcejea para no ser prendida. Me acerco en silencio a un hombre de canas, para no interrumpir la escena y escuchar y aprender. Sobre la piedra está tallado un nombre: Pedro, así bautizaré a este pescador que ante el saludo de otro parroquiano y la pregunta sobre ¿qué haces Pedro?, responde: buscando el tapón… hace años que busco el tapón, que haga correr el agua de este mar y los barcos quedarán sobre la tierra. Ya verás cuando lo encuentre…

122El Sol invita a continuar. Ahora una sirena anuncia la proximidad de alguna embarcación y las campanadas de las iglesias, no quieren ser menos, no pueden perder presencia entre los perdidos andantes. El mediodía llega y una dama de elegante vestir almuerza cómodamente sentada sobre un banco y compartiendo conversación con un elegante caballero, y el detalle infaltable: dos copas de vino blanco, reposan sobre los baldosones de piedra del paseo marítimo. Por cierto la crisis no puede empañar el estilo.

Ya es hora… me escurro entre las oraciones sueltas de una conversación plural que entran y salen por mis oídos, como un lenguaje que se ha mudado de mí.

Juan Zapato©


“A veinte minutos de cualquier parte”, Mara Nefill

MetroA veinte minutos de cualquier parte

los periódicos gratuitos enseñan sus titulares rojos

y las asistentas ecuatorianas sueñan con hombres musculados que las levantan
del suelo y se las llevan a los paraísos arbolados de las urbanizaciones de lujo

libros forrados con papel marrón se abren por la página en que el protagonista encuentra por fin fortuna en los labios de una mujer melena escarlata y cintura de bailarina que habla cinco idiomas y no conoce ninguno

escolares dormidos imaginan lecciones de inglés y aritmética saltando de sus mochilas como ejércitos defensores de un universo invadido por nombres extraños

hay rezos que murmuran hombres de camiseta blanca y zapatos de oficio sucio que rebuscan esperanza en los callos de sus manos y ocultan los ojos vidriosos de ahuyenta-penas con gafas de humo

los cupones de lotería saltan en el bolsillo de sirenas perfumadas de lavanda
que leen los poemarios viejos pegados debajo de las palancas de los frenos de emergencia

y los obreros en paro cantan internacionales asustadas por mercados invisibles que les conducen a ninguna parte.

Mara Nefill©

Nota: dicen que en el metro de Madrid puedes llegar a cualquier parte en veinte minutos. Tal vez. Yo aún no lo he conseguido. Quizá es que las estaciones que elijo como destino no son las adecuadas. O debería subir en otra para llegar a ellas. Probablemente sea eso.


“La serpiente cabalista”, Francisco Toledo

Adhesión al Día Internacional del Libro

Imaginantes©


“Cartelera cultural”

¿Por qué leo?

Enriquetagranlibro

Estamos de inauguración en “La Torre de Babel” la sección: ¿Por qué leo? a cargo de Carmen Fabre, una invitación a la lectura, a ir descubriendo el contenido vital que encierran los libros, no desde la crítica seudointelectual, sino desde el gusto que nos dejan en el alma.

Estas invitada/o desde este preciso instante a entrar en esta página;

https://latorredebabel.wordpress.com/por-qu-leo/

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Enrique Gracia Trinidad en “Telemadrid”, mini reportaje de Luis Azanza sobre el Madrid poético y el libro “Mentidero de Madrid”, poemas e historias sobre calles de Madrid.

Título: MENTIDERO DE MADRID
Autor: Enrique GRACIA TRINIDAD
Género: Poesía (más prosa)

ISBN-13: 978-84-84939691-0-3
Editorial: Ediciones Rilke 2011
http://www.edicionesrilke.com

Este libro es un homenaje a mi ciudad natal. También un abuso porque utilizo sus calles y rincones para intentar hablar, al mismo tiempo que de ellas, de otras cosas.
Se suceden en este libro poemas con nombre de distintas vías y lugares madrileños, a veces con algún subtítulo añadido.
Calles que existen o que desaparecieron, plazas, parques, rincones, los personajes que vivieron y los que viven, la historia y la leyenda… todo es a veces causa y las más excusa para escribir poesía
Además, cada poema va acompañado de un breve texto en prosa donde se cuentan detalles, anécdotas, leyendas datos de personajes que tienen que ver con las calles y la historia de Madrid.

MÁS INFORMACIÓN:
http://enriquegraciatrinidad.blogspot.com/2011/12/libro-sobre-madrid.html

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yairdori

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ficcion2

En el número 3 de Ficción La Revista la mujer fatal, la femme fatale, viene con todos los atributos de un personaje de ficción. Alrededor de ella se tejen las historias, de amor o de aventura, más inverosímiles. Por supuesto, el calificativo corre tras sus formas voluptuosas pero su misterio va más allá, la mujer fatal siempre incluye algún misterio que la hace inalcanzable y es allí donde radica todo o, casi todo. El resto está en el imaginario y no se trata sólo del imaginario de los hombres, las mujeres también caen bajo el halo del misterio y la atracción. Hay espías, hay divas, hay estrellas rutilantes del cine. Hay mujeres fatales que son sólo imagen, imaginación desbordante que genera historias y desbarajustes entre quienes las escuchan.

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invitacionGigantes

Netwriters acaba de publicar GIGANTES DE LILIPUT, una antología de microrrelatos organizada por Chel Requena, que reúne un buen grupo de autores, todos ellos miembros de Netwriters.

Como se dice en la portada: 26 grandes en lo más pequeño.

Un libro imprescindible, editado por Netwriters dentro de su línea de colaboración con Editorial Atlantis.

La presentación pública será en la sala de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, C/Leganitos, 10, 1º piso de Madrid, el día Sábado 4 de febrero a las 20,00 horas (entrada libre).

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portada-letrasTRL-enero-2012-1


“Tratado de los gestos”, Enrique Gracia Trinidad

A Soledad Serrano
que creyó en este poema antes que yo.

Algunos gestos son arrojadizos, están llenos de furia, listos para que el aire se ilumine y sepa la distancia, la infinita distancia miserable que separa a los hombres de la vida.

Otros son aún más rápidos, una ráfaga, un brillo, un chasquido de luz. Son para confianza de la piel, para que no se nos olvide la caricia más tenue.

Muchos parecen sin sentido pero tienen misterios en la manga, secretos incurables, decididas nostalgias, horror a la distancia que los niegue o devore.
La mayoría de los gestos no son más que sustancia de abandono, impecable blancura, milagro inusitado, carne sola, manera de existir.

Tened a mano siempre vuestro gesto, que lleve nombre o contraseña. No lo perdáis de vista por si os es necesario para pensar, amar, decir quién sois; para reconoceros, entregaros, ocupar vuestro puesto en la escena del mundo.

Así reposa el índice en los labios, artesa de los besos y el silencio, así damos la espalda no entregada, la espalda en que nos vamos, dócil gesto de adiós o sígueme.
Así se tiran dados por la mesa, con un leve desorden de las uñas, tras haberlos mimado entre los dedos: “¡Allí, allí !” cantan luego los dados. Y el gesto se hace ajeno aunque fue nuestro.

Así se arroja el guante o la toalla, soberbio desafío o rendición, campo de hierba y sangre, cuadrilátero hermético de cuerdas, de pasión y de gritos, lugar de amor o espacio de locura.
Así nos despedimos frotando la distancia con la mano, desafiamos al espejo con los dientes o entornamos los ojos para ver más hondo.

Encogerse de hombros es todo un recital de ergonomía.

Así son tantos gestos que hacen alta la vida.
Llevar la mano al pelo y retirarlo para que no sofoque la tristeza ni
oculte los deseos, mirar sin ver la hora del reloj, que puede ser la nuestra algunas veces, acurrucar los dedos sudorosos ocultos en el alma del bolsillo, mirar al fondo de metal o vidrio, cuando en el ascensor gime el silencio.

Unos gestos ayudan, otros duelen, aquéllos dejan ácida la boca, éstos
los ojos tristes, la memoria tensa.
Los hay que alegran y los hay terribles. A veces todo al mismo tiempo, como un beso tirado en el vacío, o un dedo que se agita reclamando, riñendo, dueño de aviso siempre, amenazante o protector.

Tender la mano a un niño, “ten cuidado”, para que logre cruzar la vida
o la calzada con nuestra palma en vilo y nuestro miedo.

Humedecer los labios, ¡oh, esa alquimia que siempre alimentó el deseo! Girar el cuello a la sartén que nos reclama mientras se bate un huevo
en la cocina.

Ir pasando las páginas de un libro, sin leer, sin saber cómo; suspirar levemente cuando empieza la turbia carretera su canción, madrugado sopor, tedio, noticias.
Puño o mano tendida, caricia o bofetada, movimiento o quietud, insinuación u olvido.
Los gestos son lo que sujeta el mundo.

Toser antes de hablar, quitarse un hilo de la ropa y hacer con él planetas, frotar donde las gafas estuvieron, teclear con los dedos el volante, la mesa, la rodilla impaciente.
Comprobar el botón agonizante, devolver la mirada de reojo con oficio aprendido en antiguas películas.
Todo mientras se afloja la corbata o devolvemos al lugar perfecto la hombrera de un vestido.

Los gestos son sin duda lo que sujeta el mundo.

Enrique Gracia Trinidad©

De “Todo es papel” 2002
Accésit del Premio Ciudad de Torrevieja, 2002

Realización video: Santiago Solano.


“Literarte Nº 30”, Amigos escritores de Kfar Saba

Literarte30

Te invito a visitar el trabajo de mis Amigos Escritores de Kfar Saba (El pueblo del abuelo), poetas y narradores israelíes en español.

Cliquea en la imagen, espero lo disfrutes, Juan Zapato.


"Espantapájaros", Oliverio Girondo

volarNo se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exhibición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
 
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
 
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus en celos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
 
¡María Luisa era una verdadera pluma!
 
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…
 
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
 
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
 
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…, aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes, la de pasarse las noches de un solo vuelo!
 
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
 
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo©

 

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exhibición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
 
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
 
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
 
¡María Luisa era una verdadera pluma!
 
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…
 
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
 
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
 
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…, aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes, la de pasarse las noches de un solo vuelo!
 
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
 
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo©


“Extrañezas”, Carlos Alberto Boaglio

 

1

Después del temporal la huella de una zapatilla fue partida en dos por la rueda de una bicicleta en la calle de tierra al final del pueblo.

En este momento está siendo intervenida quirúrgicamente por las manos de un niño que opera con barro.

2

Después de una intensa noche, escapando de una patota de gomas, una frase se quedó dormida debajo del puente de un renglón sombrío en cercanías del margen azul del río.

Una lapicera la encontró esta mañana y, después de abrazar sus letras con ternura, la incorporó a las líneas de un poema.

3

Una damajuana ha sido discriminada por obesa.

Llora, con desconsuelo, frente a la puerta cerrada del aparador.

Desde la ventana un coro de ángeles, colgados de un llamador, le canta canciones para aliviar su pena.

4

Sobre la playa de una mesa de planchar una media llora la pérdida de su pareja. Una mujer se ha hecho cargo de la búsqueda. Hasta hoy no ha habido novedades.

Dicen que desapareció después de un maremoto que se originó en horas de la siesta, en el océano de un lavarropas.

5

          Ayer se escapó un secreto. Fue de la boca de un hombre que conversaba con un amigo mientras tomaba un café. Abrió tanto la boca que el secreto cayó dentro de la taza salpicando la mesa que se vistió de dálmata. De allí rebotó contra el techo del bar y quedó prendido de una lámpara. Una señora lo vio al abrir la puerta y el secreto, como una pelota de pin pon saltó a la calle.

El hombre corrió detrás de él, con desesperación. Era un secreto importante.

Al llegar a la avenida principal fue tomando fuerza y aumentó su volumen. Y el secreto se transformó en rumor y, como un enjambre de abejas, se propagó por el pueblo como un río furioso.

El secreto estalló al llegar a la plaza. Los altavoces anunciaron su llegada y se coló en las alcantarillas, en los patios, en los estantes, en las copas de los árboles, en las bocas, en los hilos de lo cables, en las lenguas, las macetas, los oídos, y los párpados…

Al morir la tarde el secreto era ya evidencia y el hombre fue mucho más pobre.

6

En el pasillo oscuro del colectivo de un placard se ha caído al piso un saco negro. Es negro y es viejo.

El guarda, que sube y baja pasajeros colgados de las perchas no se ha percatado de lo sucedido.

El saco llora. Las lágrimas que escapan desde su ojal tienen la dureza de los botones.

Un pañuelo amarillento, surcado por arrugas, se escapa del bolsillo superior y le brinda un aliento nostalgioso, con olor a naftalina.

El colectivo sigue su marcha transitando los días.

7

Una guitarra ha amanecido esta mañana recostada en el regazo de un hombre. Él duerme, todavía, apoyado al rincón de un viejo bar.

Ella siente que las manos de él le oprimen suavemente la cintura; sin embargo se siente cómoda. Son manos fuertes, de hombre fuerte. Son manos selectas, de hombre refinado. Las yemas de esos dedos rozan su dilatado ombligo, lunar gigante, túnel sombrío.

Anoche fue tocada como nunca y sabe que ha perdido la cabeza. Sabe que está loca y no le importa. Ya no siente ni sus brazos ni sus piernas. Sólo percibe un aliento, mezcla de alcohol y cigarrillo. Mezcla de tango, sabor a vino tinto.

Ella está entregada a él y él le regala el sueño.

8

Los soldados de un ejército de libros están alineados, firmes y rígidos, sobre el piso de madera encerada del estante de la biblioteca.

Están de espaldas y en silencio, casi dormidos, mirando, siempre, el mismo punto fijo de la oscura pared.

Son soldados de buen lomo. Son soldados de buen porte. Tropa instruida. Centinelas del tiempo y la palabra.

El dedo índice de la máxima autoridad pasa revista tocándole los hombros con cierta suavidad.

Hay seducción en el roce.

Todos saben que busca al elegido. Quizás no sea el mismo de ayer ni el mismo de mañana.

De pronto, el jefe toma a uno por la espalda y el letrado guerrero, abre sus brazos, en señal de victoria, y queda suspendido en la hamaca paraguaya de unas manos.

9

Cuando apago la luz de mi casa y la luna ilumina mi entorno, todo se trasforma. Las sombras fantasmean por los pisos y paredes adormecidas y lánguidas. Las sillas se estiran como perros galgos sobre la alfombra negra y los sillones del living son enanos monstruosos.. Las plantas

Los cuadros se deslizan para besarse en el rincón. Las plantas crecen en un bosque oscuro y el candelabro duerme adherido a la mesa.

En la cocina, la pava se convierte en la mágica lámpara de Aladino para cumplir los sueños de mi hombre pequeño.

Carlos Alberto Boaglio©

www.carlosboaglio.com.ar


“Rostro gris”, Juan Zapato

RostroGris


“Cómo se pinta un dragón”, José Ángel Valente

 

nunca te quieras satisfacer
en lo que entendieres ( ),
si no en lo que no entendieres.
Cántico espiritual. I, 12

Multiplicador de sentidos, el poema es superior a todos sus sentidos posibles. Y aunque todos ellos nos hubieran sido dados, el poema habría de retener aún de su naturaleza lo que en rigor lo constituye, la fascinación del enigma.

La palabra poética ha de ser ante todo percibido no en la mediación del sentido, sino en la inmediatez de su repentina aparición. Poema querría decir así lugar de la fulgurante aparición de la palabra.

La palabra que de ese modo aparece está grávida de significación, contiene el sentido como posibilidad e infinitud, semilla del sentido, al igual que los lagoi spermatikoi, pensados por los estoicos, contienen las semillas —spérmata— del mundo.

Gime el logos por la encarnación. El logos es la antropofilia de lo increado.

Donde la sobriedad te desasiste está el límite de tu inspiración. (Hölderlin, carta de la primera estancia en Homburg, 1798-1800).

No se trata de que la obra sea breve o larga. No importa escribir poco o mucho. Importa tener la gracia o el don de la «abundancia justa», como quiere Lezama Lima en la «Plegaria tomista» de Tratados en la Habana.

En el Tao, la gestación es ya el nacimiento del ser humano. En la tradición china, la edad de un niño se contaba no a partir de su nacimiento, sino de su concepción.

También el poema nace al comenzar una larga gestación previa a lo que cabría llamar la escritura exterior. (Vive con tus poemas antes de escribirlos, dice en su bella lengua Carlos Drumond de Andrade.) En realidad, el poema no se escribe, se alumbra. Por eso suele aparecer como el Vicio Niño, Lao-tseu, que abandonó la matriz de la madre Lí (cuyo nombre teológico es Doncella de jade del Relámpago Oscuro) a los ochenta y un años.

La corrección nunca es corrección de lo esencial. En el proceso de escritura la palabra tanteante se va encontrando o se va engendrando a sí misma. La corrección consiste sólo en reajustes que la palabra esencial impone. El proceso prolongado al que el poema está sujeto para llegar a ser es el proceso sumergido o radicalmente interior de su gestación. El poema gestado es el poema natural. El poema sobrecorregido es un producto artificial, como una gestación fuera del útero.

En la cerámica china, el contorno aísla lo representado (fénix, murciélago, pez, dragón, rama de almendro) reduciéndolo a su soledad esencial. Loto, almendro, figura humana en meditación, sobre lo blanco, sobre el vacío esencial.

Escribir es una aventura totalmente personal. No merece juicio. Ni lo pide. Puede engendrar, engendra a veces en otro una volición, una afección, un adentramiento. Otra aventura personal. Eso es todo.

Sólo se llega a ser escritor cuando se empieza a tener una relación carnal con las palabras.

El canto del pájaro es líquido. También la palabra poética sólo se reconoce en su fluir.

La poesía no sólo no es comunicación; es, antes que nada o mucho antes de que pueda llegar a ser comunicada, incomunicación, cosa para andar en lo oculto, para echar púas de erizo y quedarse en un agujero sin que nadie nos vea, para encontrar un vacío secreto, para adentrarnos en una habitación abandonada cuya puerta se pueda cerrar desde dentro sin que nadie en el exterior sospeche que una puerta se disimula en el muro, v para estarse allí en el claustro materno, seguros y escondidos, sin que nadie aparezca, sin que nadie nos saque a la luz pública, desnudos e indefensos, nos saque y nos suplicie y nos repita la sorda letanía cotidiana, la letanía aciaga de la muerte.

Cuando, en el camino hacia la escritura, percibimos un ritmo, una entonación, una nota, algo que es, sin duda, de naturaleza radicalmente musical, algo que remite al número y a la armonía, la escritura ha empezado a formarse. Escribir exige, ante todo, del oído una gran acuidad.

El espíritu es la metáfora de la infinitud de la materia.

Se escribe por pasividad, por escucha, por atención extrema de todos los sentidos a lo que las palabras acaso van a decir.

Crear, en suma, lo que es ya ruina, duración, la piedra fracturada; entrar no ya en el hoy, sino directamente en la memoria.

                                                      Ginebra, agosto de 1.992

José Ángel Valente©

Fuente: http://lucernario.org/


“Una noche de vigilia”, Claudia miller–Taller de Escritores Kibutz Sa’ar

rene-magritte-gli-amantiLa lluvia golpeaba mi ventana.
Recordé otras noches de tormenta…
Esta era distinta, no podía dormirme. Tomé un vaso de leche para calmar mis miedos, pero volvía a recordar.

Tal vez pueda meter mi mente en algún libro. Miré esos pocos libros cubiertos de polvo, recuerdos de mis mejores años. ¡No, esos no! Mi mano se apoyó en un pequeño y amarillento libro de poemas. Comencé a dar vuelta sus hojas

“Te acompaño hasta la parada..” “¡Qué día bravo tuvimos hoy” “¿Nos vemos mañana?”, ese beso apenas rozó mis labios. ¿Por qué -me pregunté- no se atreve a besarme como la primera vez?

“Esto es para vos”. un trébol de cuatro hojas recién cortado.

La tormenta pasó, estaba amaneciendo. yo tenía en mis manos un libro amarillento, con un trébol de cuatro hojas, seco. Señalador de un poema: “Si tú me olvidas…”

Claudia Miller©


“Espejo”, Rosaura Mestizo

espejo“Hoy la aguapanela para el desayuno está riquísima, le he puesto hojitas de yerbabuena y de menta”, decía contenta y con voz de ópera todos los días a los seis niños.

Ella, la hermana mayor de una familia campesina, fue la responsable de sus hermanos cuando sus padres dejaron de serlo porque fueron convertidos en cruces. Sus padres habían sido víctimas de la violencia de los años 50.

Ella Tenía claro que su misión estaba reducida a ir tras el pan y las contiendas para mantener viva la historia de su madre. Cuando asomó a los 12 años y recreaba sueños adolescentes en sus dos cúpulas erguidas, que anunciaban gacelas alegres en su cuerpo y el cantón de su sexo floreciendo, seguro estaría ella en el puerto preciso para caminar los pasos del amor sobre un espejo.

Ahora a los 35 cumplidos, comprendía que lograrlo estaba a una distancia tan indeterminable como conseguir cada año unos zapatos nuevos. Sin embargo, un 29 de Junio, día de fiesta religiosa, partió en el primer campero del mercado, rumbo a la ciudad grande, la de los muros que llenan de sueños a los hombres descalzos, a los mismos que viven entre las zarzas y crepúsculos donde las sombras de los árboles jadean al ritmo de los instrumentos de sus vientres, y el color de las tardes son del mismo color de los sueños de los niños. Ella iba resuelta a hacer su propio pan en la ciudad  de las luces postizas,  quería enfrentar todas las esperanzas, las propias y las heredadas desde los años de infancia.

De puerta en puerta ella tocó a diario, cada esperanza y solo encontró una muchedumbre anémica, calles vacías de chicharras y pericos que celebraran su paso con los berridos; negocios prendidos de música estruendosa que nada decían ni al corazón ni a los oídos; mujeres semidesnudas ebrias y hombres desajustándose las braguetas con la intención de plantar un pequeño tallo, pero ella no veía la tierra lista para la siembra, tan solo cemento.

Una noche, durmiendo entre cartones, escuchó la voz doliente de un hombre joven y tan flaco que parecía reseco como los cueros de los conejos de monte que su padre clavaba en el patio. ¡Cúrame!, mi alma duele! Ella corrió con la ignorancia de su auxilio, volteó una tras otra la procesión de basuras a su paso, se sintió de pronto común a ella, lloró, miró al cielo, mientras que por sus piernas se expandía el fuego de un demonio.

Ella, regresó a su tierra con tantas desesperanzas, como esperanzas llevaba en unos ojos nuevos, que ahora son ojos en menguante.

Como la madre, al otro lado no alcanzó nada.

Rosaura Mestizo©


“El silencio”, Rafael Criado García

callesolitaria Impenetrable silencio, que te extiende en la soledad de las calles, apenas ahogadas las fanfarrias de alborozo, cuyo ecos aún resuenan dolorosos en mis oídos. Duermen, resacosos de felicidad, tras haber alcanzado efímeras glorias que acallaron los sordos llantos de quienes aún sollozan la amargura de la derrota. Duermen dichosos los que renuevan promesas incumplidas, los que incitan a sueños contravenidos, los que infringirán juramentos repetidos hasta el hastío. Compartís alegrías que pronto se tornaran desilusión, repartís delirios que se permutaran en desencantos…

Entonces, oiréis las fanfarrias, de quienes hoy lloran, retumbar de júbilo acallando los sofocados llantos de amargura de la derrota, esta vez la vuestra.

Pero esta noche, en el cielo oscuro, graznan las gaviotas.

Rafael Criado García©


“Juglarías …un poeta en Israel”, Juan Zapato

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La calle Nachlat Binyamin tiene el encanto de feria artesanal, que podemos encontrar en cualquier otra parte, pero no por conocida menos atractiva.

Junto con los cafés que pronto se colmarán de asiduos concurrentes de día viernes, las tiendas minoristas y los importadores de telas van subiendo sus cortinas. Luego comienzan a llegar los puesteros: un par de artistas plásticos, el dúo de músicos rusos con su violín y bandoneón para interpretar tangos, el inventor de juegos de ingenio, artesanos varios difíciles de calificar, la señora gorda que predice el futuro, sobretodo para las jóvenes enamoradas –casamenteras. Y a medida que se van instalando comienzan a aparecer los primeros visitantes locales o extranjeros, o esa mixtura que vengo a ser yo, un israelí con ojos de turista en Tel Aviv.

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“Aquelarre”, Nelly Tarragano – Taller de Escritores Kibutz Saar

Tras haber leído el primer capítulo de “El evangelio según Jesucristo” de José Saramago, invité a los participantes del Taller de Escritores a buscar una imagen y realizar una descripción literaria de la misma, para el próximo encuentro. De los trabajos realizados, he seleccionado el perteneciente a Nelly Tarragano.

sabbat

Esta palabra procede del vasco y es una composición de “aquer”¨que significa cabrón y “larre” prado.

Esta ilustración fue imaginada por el secretario general de la inquisición española: Juan Antonio Llorente.

El demonio sentado en una silla grande y negra, toma la figura de un ser monstruoso, iracundo y triste. Su cabeza de asno muestra dos grandes cuernos, como de cabrón y otro menor en el medio del cual se deprende una llama iluminadora. Sus ojos grandes y redondos muy abiertos, como centelleantes, la barba y pies de cabra; el cuerpo y talle, mitad de hombre y mitad de macho cabrío. En la espalda le nacen alas de negro plumaje, prominentes uñas que crecen a diario como garras.

Se presencia la iniciación por una bruja de una joven que recostada a los pies del diablo observa la danza demoníaca.

Esta virgen doncella será la nueva mani¹ de su majestad. Se adivina que pertenece a la nobleza, por sus rasgos suaves y distinguidos. No se sabe si está allí por deseo propio o por presión de algún tipo.

A la derecha del demonio se ofrece a un niño para ser cocinado por las brujas encargadas del banquete. Dicha preparación culinaria, en una gran olla, es supervisada por un marqués y su bufón. Estos han traído al infante como ofrenda a Satanás.

Se observa a la derecha y arriba el rapto de pequeños niños. Brujas montadas en sus escobas sobrevuelan el aquelarre. No todas quieren estar bajo el control del Diablo, pero temen sublevarse, algunas de ellas juran vengarse por malos tratos. Y desagradecimiento.

La media Luna alumbra otra escena, la de su majestad en una danzando con sus doncellas. Y después de la danza frenética las posee una a una.

Más abajo otra escena, la de la cena, no se describe.

Nelly Tarragano©

¹ Del persa: joya.


“Humus Said”, Juan Zapato en Juglarías

Te invito a descubrir un país a través de los ojos de un poeta y compartir fantasías reales y realidades fantásticas.

http://juglarias.wordpress.com/2011/

 

akko-humus-said El juglar recorre las callejuelas de la vieja ciudadela de Acre. Gente cruza a su paso en sentido contrario, observa a otros sentados a la vera bebiendo café turco, fumando narguile y conversando. Los lugareños que allí viven no han cambiado mucho desde la época en que Napoleón la conquistara. Las historias de siempre renovadas con algún agregado por parte de quien las relata. Y la Historia que en estos instantes lejos de aquí se está construyendo sobre esta tierra, poco tiene de verdad aunque sea creíble para muchos, convenientemente creíble.

Alfombras tendidas aireándose al Sol que por entre alguna rendija de las paredes de piedra se cuela, bien podrían representar una escenografía teatral. Los actores- transeúntes llevan sus compras y sus niños de la mano, se desplazan en medio de turistas llegados de fuera. Sus voces mezclan alfabetos así como en los anuncios que visten las tiendas del shuk¹. La luz aquí conserva cierta intimidad, los olores se contagian: especiados, marinos, de azúcares y miel, de frutos secos y fritangas.

Llegamos al lugar por el cual hoy nos encontramos: “Humus Said”. Tenemos suerte tal vez por la hora, que no haya mucho que esperar.

¿Dos? –nos pregunta quien ordena los lugares disponibles. Afirmo con la cabeza y nos indica una mesa ocupada por un niño. Angie me mira como diciéndome ¿allí? Nos ubicamos uno al lado del otro y frente a nosotros el niño que su boca tiene hinchada de alimento, le digo saha saha² y sin responder continúa comiendo sin perturbarse ante nuestra presencia.

Se acerca un hombre para tomarnos el pedido y a su pregunta le respondo: humus –como si se diese por entendido que uno viene a este restaurante a comer solamente eso. Y la realidad es esa, sólo que hay cuatro variaciones de un solo plato. Le pido que nos sugiera y hemos de probar dos de las opciones. El niño no acaba nunca su plato y en su boca no hay lugar para un nuevo bocado que introduce. Inmediatamente nos traen nuestro almuerzo acompañado de cebollas y tomates, pepinos en vinagre, aceitunas y ajíes picantes y una buena cantidad de pitas para untar el humus.

El niño ha terminado y se levanta.

Nosotros no podemos terminar los platos, no tenemos el ejercicio del niño que se fue. Nos ofrecen café o té, preferimos caminar.

Juan Zapato©

¹ Zoco, mercado.

² “Buen provecho” transliteración del árabe.


“V Festival Internacional Palabra en el Mundo”

FPM

“Chapala”: Viernes 20 de mayo, 7 de la tarde. Explanada de La vela, en el malecón.

“Ajijic”:     Sábado 21 de mayo, 6 de la tarde. Explanada del CCA, en la Plaza Principal.

México.


“Juglarías, un poeta en Israel”

 

 

juglarias


“Leer: ese íntimo placer de ayer, hoy y siempre”, Vanesa Torres

“Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de lado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, sin tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura de yoga. Con el libro invertido, claro”, estas son algunas de las posibilidades que nos sugiere Ítalo Calvino en su libro “Si una noche de invierno un viajero”.

Y sin embargo, leer es el consumo más económico que existe ya que no prevé de antemano posiciones, ni espacios, ni tiempos determinados. Todo es posible a la hora de la lectura. Cuando un libro te interesa, y el deseo de recorrer sus páginas se torna una cuestión de "vida o muerte", nada ni nadie se interpondrán en la empresa perseguida. El encuentro, tarde o temprano, entre el libro y el lector, siempre tiene lugar.

El soporte poco importa si estás dispuesto a disfrutar de tamaño evento. En la pantalla de tu computadora o en una vieja edición impresa, si aquello que buscabas llega a tus manos, lo leerás con entusiasmo sin demasiados escrúpulos en cuanto a su presentación. ¿Acaso el lector se enoja por cuestiones tipográficas, de solapa, de diseño o de dedicatorias? Un buen lector no se preocupará ante tales cuestiones secundarias. Un buen lector sólo se ocupará en la lectura, y el resto es sólo valor agregado.

En otros siglos se leía de pie, ante un atril. En otros tiempos leer constituía una tarea sagrada a la que se dedicaba largas horas del día. La escritura acompaña las culturas del hombre desde tiempos inmemoriales. Al escribir construimos sentido histórico y registramos hechos pasados en símbolos. Decodificarlos, presupone que el lenguaje narrativo es efectivo. Un lector no se encuentra con un autor ni con un libro cuando lee, sino con la más trascendental de todas las invenciones tecnológicas humanas: la escritura.

Ninguna postura corporal, ningún formato de presentación, ningún tiempo ni espacio físico, ninguna lengua, ninguna ley o acontecimiento social, impedirán que entre el lector y el escritor existan abismos. Todo es franqueable si ese amoroso encuentro logra concretarse. Y allí, en la intimidad, el universo es otro.

Vanesa Torres©