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«Wadjda», Haifaa al-Mansour

Wadjda es una niña de 10 años que vive en un pueblecito a las afueras de Riad, en Arabia Saudí. Como es normal a su edad, la chiquilla es muy inquieta y compite habitualmente con su amigo de juegos, Abdullah, aunque el entorno tradicional islámico que la rodea no ve con buenos ojos que juegue con niños. Sin embargo, el inconformismo de Wajda va aumentando con el paso del tiempo y su familia empieza a preocuparse: una bicicleta, algo vetado para la mujer, es el nuevo juguete deseado por la niña…

Directora: Haifaa Al-Mansour Guión: Haifaa Al-Mansour Música: Max Richter Fotografía: Lutz Reitemeier Intérpretes: Abdullrahman Al Gohani (Abdullah), Ahd (Ms. Hussa), Dana Abdullilah (Salma), Rafa Al Sanea (Fatima), Reem Abdullah (Madre), Rehab Ahmed (Noura), Sultan Al Assaf (Padre), Waad Mohammed (Wadjda)


“Carta desde Arabia Saudita”, Thomas L. Friedman

Koran

Una marcha de un millón de personas contra los yihadistas realizada en el mundo árabe-musulmán, organizada por árabes y musulmanes para árabes y musulmanes, sin que nadie en el Mundo Occidental lo pidiese, no solamente porque lo que ocurrió en París sino, por los numerosos musulmanes que han sido asesinados por los yihadistas en Pakistán, Yemen, Irak, Libia, Nigeria y Siria

  La verdad es que  hay una tremenda ambivalencia con relación al fenómeno yihadista como un todo -mucho más de lo que nos gustaría creer- en el mundo árabe-musulmán, en Europa y en América.  Esta ambivalencia empieza en la comunidad musulmana, donde hay una profunda escisión cuanto a lo que constituye el auténtico islamismo en el día de hoy.  Nos engañamos a nosotros mismos cuando le decimos a los musulmanes lo qué es “el auténtico isla-mismo”.  El Islam no tiene un Vaticano, no tiene una única fuente de autoridad religiosa; hay una gran variedad de corrientes islámicas.  La denominación puritana Wahhabi/Salafi/Yihadista es una de ellas y su apoyo no es signi-ficativo.

La ambivalencia hoy se extiende por toda Europa cuanto a la cuestión de lo qué debería ser exigido de los nuevos inmigrantes musulmanes en lo que respecta adopción de valores. Tendría razón  George Friedman de Stratfor cuando argumenta que los europeos adoptaron el multiculturalismo pre-cisamente porque ellos realmente no querían la integración de sus inmigrantes musulmanes, y que muchos de esos inmigrantes, que fueron para Europa para encontrar fuentes de trabajo, y no una nueva identidad, tampoco querían inte-grarse.  Si esto es cierto, tenemos serios problemas.

La ambivalencia también se da en los lazos que Washington mantiene con Arabia Saudita.  Desde que los yihadistas tomaron el santuario más sagrado en la Meca en 1979, proclamando que los gobernantes de Arabia Saudita no eran suficientemente piadosos, Arabia Saudita ha redoblado su compromiso con el Wahhabi o Islamismo Salafista, la versión más puritana, anti-pluralista y anti-feminista de esa fe.  Este giro combinado  con la utilización de  rendimientos petrolíferos para construir mezquitas inspiradas en el Wahhabi, sitios web y madrasas desparramadas por todo el mundo musulmán, ha volcado toda la comunidad Sunita hacia la derecha.  Vean una foto de mujeres graduadas de la Universidad del Cairo en 1950.  Son pocas las que llevan un velo.  Vean las mujeres de hoy. Son muchas las que los usan. El Islám abierto, discreto y acogedor que definió a Egipto por siglos -rezar cinco veces al día pero diluyéndolo  con una cerveza por la noche- se ha endurecido con este viento Wahhabi de Arabia.

Pero los presidentes de EEUU nunca confrontan Arabia Saudita por esto, debido a nuestra adicción al petróleo.  Como ya lo he dicho,  los adictos nunca le dicen la verdad  a sus proveedores.   El gobierno saudita se opone a los yihadistas.   Sin embargo, lamentablemente,  es muy estrecha la distancia entre el islamismo wahhabi y el yihadismo violento practicado por el Estado Islámico, o ISIS.  Los terroristas franceses nacieron en Francia pero fueron adoctrinados por el pensamiento wahhabi-salafi a través de la web y en mez-quitas locales -no por Voltaire.

Además,  la otra guerra civil dentro del Islám -entre sunitas y chiítas- ha hecho con que muchas obras de caridad,  mezquitas  y  regímenes  de las principales corrientes sunitas  le brinden apoyo a los grupos yihadistas porque estos son feroces guerreros contra los chiítas.  Finalmente -y aquí más ambivalencia- durante 60 años hubo una alianza tácita entre los dictadores árabes y el clero sunita.  Estos regímenes proporcionaron fondos a estos  clérigos  poco ins-pirados que, a su vez, bendijeron a sus poco inspirados dictadores -y ambos sofocaron la posibilidad de surgimiento de un Islám auténtico, inspirado, reformista que pudiese asumir el wahhabismo-salafismo, aunque muchos musulmanes así  lo quisiesen.  Una reforma auténtica necesita un ambiente libre en el mundo árabe-musulmán.

“Los musulmanes  precisan  ‘actualizar su software’, que es programado mayormente por nuestras escuelas, televisión y mezquitas – especialmente por pequeñas mezquitas que negocian con lo que es prohibido”. Es lo que escribió el intelectual  egipcio Mamoun Fandy en Al-Sharq Al-Awsat: “No hay otra op-ción que no sea desmantelar este sistema y reconstruirlo de forma que sea compatible con la cultura y valores humanos.”

Resumiendo, es muy fácil condenar al yihadista  pero será necesario que surjan  múltiples revoluciones – revoluciones  que implican que mucha gente del mundo árabe-musulmán y del mundo occidental abandonen su ambi-valencia y sus  dobles juegos .

Thomas L. Friedman©  Traducción: Julio Biler Fuentes:
http://www.nytimes.com/column/thomas-l-friedman y http://www.mensuarioidentidad.com.uy/ocio/autor/266-mauriciozelienec?start=420

Thomas L. Friedman became the paper’s foreign affairs Op-Ed columnist in 1995. He joined the paper in 1981, after which he served as the Beirut bureau chief in 1982, Jerusalem bureau chief in 1984, and then in Washington as the diplomatic correspondent in 1989, and later the White House correspondent and economic correspondent.
Mr. Friedman was awarded the 1983 Pulitzer Prize for international reporting (from Lebanon) and the 1988 Pulitzer Prize for international reporting (from Israel). He also won the 2002 Pulitzer Prize for commentary.
Mr. Friedman is the author of “From Beirut to Jerusalem,” which won the National Book Award in 1989. He has written several other books, including “Hot, Flat and Crowded,” an international best seller.
Born in Minneapolis, Mr. Friedman received a B.A. degree in Mediterranean studies from Brandeis University in 1975. In 1978 he received a master’s in modern Middle East studies from Oxford. His column appears every Sunday and Wednesday.