Archivo de la etiqueta: Campos de concentración

“Palabras familiares”, Nora Gaon

Esas palabras eran familiares. Las palabras que estaba escuchando en ese mismo momento las había escuchado en otro tiempo, en otro lugar. No las comprendía pero sabía que habían estado allí, antes de aquel amargo ahora.

Hanna, ¿me escuchas? Hanna…

Después llegaron los gritos, aquellos gritos que se habían convertido en rutina. Generalmente me ponían nerviosa, cerraba los ojos porque creía que así no los escucharía, que mi mente me llevaría otra vez a pensar en esas palabras que deseaba descifrar, pero los gritos eran ladridos humanos en aquella noche fría. Trataba de taparme los oídos para no oírlos, pero los tonos de las voces eran agudos y penetraban a través de los dedos que querían proteger mi alma. Los gritos eran órdenes: “¡Silencio! ¡Raus! ¡Recuento!” ¡Tantas veces quise gritar!… pero mi voz quedó enmudecida. Los gritos se enredaban en los llantos de todas nosotras, en el pelo rapado, en aquella trenza que, como gesto de bienvenida a aquel lugar, había sido cortada con brutalidad.

Hanna… mírame a los ojos por favor, quiero decirte algo…

La rutina en este lugar está llena de sorpresas como en aquel parque de diversiones al que me llevaban cuando era una niña. Después del silencio trataba de encontrar las luces de los tiovivos, la música de la noria. Entre las luces, aparecían nuevamente las palabras que había escuchado hoy. ¡Aquel parque de diversiones era tan parecido a este! Quizá la única diferencia es que aquí los trenes son de verdad y traen a gente que tiene miedo.

Hanna… ¿alguien me puede decir qué le pasa a mi niña? Hanna, ¿me escuchas?

7e43f295ea992727e936364e168e3e5aEn uno de esos trenes llegó gente de lugares que yo no conocía, nunca había visto trenzas tan negras, ojos tan llenos de miedo, palabras tan difíciles de pronunciar. De reojo, observaba al grupo de muchachas que había llegado en aquel tren. Por un instante pensé en darles la bienvenida y no contarles lo que les espera, ¡como si supiera qué nos espera! Ayer alguien dijo que estoy aquí desde hace casi un año.
¡Un año! En estos momentos tendría que estar en el colegio. Una de las muchachas nuevas se parece mucho a mi compañera de pupitre. ¿Será ella? No, no puede ser ella, mi compañera sonreía, la chica nueva tiene una boca pequeña, una boca llena de miedo que no sonríe.

Hanna… no puede ser que no comas, vas a debilitarte. ¿No me escuchas…?

Toda mi atención estaba centrada en las “nuevas”. Hablaban una lengua que yo no conocía pero que tenía algo familiar, como esos aromas de la niñez: pan recién salido del horno, las velas de sabbat dejando un hilo de humo, o el aroma de la muñeca que apretaba contra mi pecho a la hora de dormir. Aromas familiares que trataban de transformarse en palabras.

Hanna… niña, ¿Por qué has subido a la cama más alta?

Necesitaba pensar, tratar de recordar dónde las había escuchado. Para eso necesitaba “altura”. Mi cama era la más baja y la compartía con otras tres chicas, por eso trepaba a la litera más alta y desde allí trataba de entender de qué hablaban las muchachas. De repente una dijo algo y la otra, la que se parecía a mi compañera, comenzó a reírse pero su risa se transformó en llanto. Las palabras se mojaron con lágrimas. Quizás llamaba a su madre, o a su padre, o a los dos.

Hanna… te traje un trozo de pan, lo dejo envuelto en el pañuelo sobre tu cama…

Pensaba si tal vez aquellas palabras las había escuchado en mi familia. La palabra familia era mágica. Los pensamientos levantaban el vuelo y me traían la memoria de mi padre y de mis dos hermanos menores. ¿Qué habrá sido de ellos? Mi padre solía decirme a menudo: “Hanna, escucha, escucha los trinos de los pájaros. Ellos hablan un idioma que nosotros hemos olvidado”. Los diálogos entre las muchachas eran como esos trinos. Aquellas muchachas-pájaro habían llegado a una gran jaula. No sé si volverán a volar.

Hanna… niña… no te has comido el pan ¿En qué piensas hija?

Y los pensamientos me llevaron a aquel momento en que nos sacaron de nuestra casa. Los soldados, altos como las torres de mi ciudad, entraron de repente. Los había visto caminando por las calles, uno de ellos me sonrío cuando pasó a mi lado. Una persona que sonríe no puede hacer daño, ni gritar, ni maltratar. Nos pusieron a todos contra la pared del vestíbulo, a todos menos a quienes estaban buscando y no encontraban. Un soldado se quedó apuntándonos con su fusil, la punta de la bayoneta tocó mi mejilla varias veces. Mamá lloraba en silencio, quise consolarla pero no me atreví a moverme. Dijeron algo, preguntaron cosas.

Hanna… llueve afuera, trata de no mojarte cuando salgas…

Entre las palabras incomprensibles de los soldados solo entendí dos nombres, el de las criadas que trabajaban en nuestra casa, aquellas dos muchachas italianas que habían llegado a nuestra ciudad antes de que yo naciera. Para mí eran como dos hermanas mayores. Después de pronunciar sus nombres, la punta de la bayoneta comenzó a hacer sangrar mi mejilla mientras el soldado sonreía, igual que aquél que me sonrió en la calle. Entonces, mi padre hizo una señal y les mostró cómo llegar a la cocina. Dos soldados sacaron de allí, a empujones, a las criadas. Ellas lloraban en otra lengua, en la misma lengua que hablaban cuando preparaban panes caseros, mermeladas agridulces, en la que me cantaban canciones de cuna.

Hanna… hija, escóndete por favor, dicen que nos vienen a sacar de aquí…

Gritos. Otra vez aquellos gritos. Se llevaron a las criadas a la otra sala mientras nos sacaban de la casa. Yo las oía suplicar. Sus voces se habían convertido en gritos de animales heridos. En un arranque incomprensible me di la vuelta. El soldado de la bayoneta me gritó algo y me marcó la frente. La cicatriz se secó en este último año, el recuerdo no.

Hanna… están entrando, están armados, Hanna, ¡baja, por favor!

61dbc2163bf0d9933e774c9b27135b0bGritos, nuevamente gritos. Al bajar de la litera no veo a nadie conocido a mi alrededor. No veo a mi madre. ¿Por qué no me advirtió, por qué no me llamó? Las muchachas de las trenzas están allí de pie con sus cabezas rapadas. Una de ellas me dice algo con voz tranquila, como si nada nos amenazara. Algo filoso y cortante me apunta, el frío metal que toca mi frente me traduce sus palabras: “quieta, quédate quieta, no te muevas, no temas”. Y yo entiendo lo que dice porque habla la lengua de los panes caseros y de las mermeladas. Por fin se abrió el pesado telón que no me permitía comprender lo que decían, estaba al lado de mi compañera y entendía claramente sus palabras.

Finalmente llegó el silencio. Esta vez era diferente. Esta vez era diferente a todos los otros silencios. Después de haber escuchado las palabras en ese idioma desconocido-conocido, el silencio se transformó en una masa de palabras. El silencio era blanco y pegajoso. En el último año había escuchado muchos silencios pero este era imposible de sobrellevar, durante aquellos momentos de silencio blanco se estaban llevando a mi madre, la sacaban a empujones del barracón. Y yo escuchaba las palabras que hasta hace poco no comprendía mientras mi alma estaba a oscuras, más a oscuras que nunca.

Nora Gaon


“בית לוחמי הגטאות-Beit Lohamei HaGhetaot”

VISITA VIRTUAL EN LA CASA DE LOS COMBATIENTES DE LOS GUETOS, CLIQUEA EN LA IMAGEN

invitation

La Casa de los Combatientes de los Guetos

“La Casa de los Combatientes de los Guetos – Museo Itzhak Katzenelson del Holocausto y el Patrimonio de la Resistencia Judía”, fue fundado en el año 1949 por una comunidad de sobrevivientes del Holocausto, miembros de la clandestinidad judía en los guetos de Polonia, y veteranos de unidades partisanas, para ser un lugar de testimonio que relate la historia del pueblo judío en el siglo XX en general y durante la Segunda Guerra Mundial en particular.

En el centro de la crónica: las diferentes manifestaciones de Resistencia Judía, los levantamientos judíos en los guetos y en los campos, y los judíos que pelearon en las unidades partisanas y en los ejércitos de las Fuerzas Aliadas.

“La Casa de los Combatientes de los Guetos”, es el primer Museo en el mundo que conmemora la memoria del Holocausto y de la Resistencia Judía, expresando el compromiso de los fundadores con la actividad educativa del Holocausto en Israel y a un nivel internacional. “La Casa de los Combatientes de los Guetos” está acreditada por el Ministerio de Educación y Cultura de Israel.

La misión de “La Casa de los Combatientes de los Guetos”

  • Juntar testimonios, conservar, catalogar y presentar al público toda pieza de documentación y testimonio que pueda ayudar a narrar acerca del destino del pueblo judío en el Siglo XX y los crímenes perpetrados por la Alemania Nazi y sus partidarios. Como consecuencia de esto, “La Casa de los Luchadores de los Guetos”, está comprometida a mantener un Museo histórico que presente esos artículos de testimonio y un Archivo acreditado académicamente accesible al público. Su objetivo es fomentar la investigación y la documentación de proyectos para profundizar el entendimiento del Holocausto, sus causas y sus efectos y consecuencias.
  • Informar a futuras generaciones acerca del rico mundo judío que existió antes de la Segunda Guerra Mundial y que fue destruido durante los años de la guerra, y enseñar acerca de las víctimas del Holocausto, tratando de entender su mundo.
  • Contar la historia de la juventud judía antes del Holocausto, las organizaciones políticas y los movimientos juveniles que existían en las comunidades judías en la víspera del Holocausto, que pasarían a ser el origen de la Resistencia Judía que surgirá durante el Holocausto.
  • Proveer una reseña histórica de la Resistencia Judía en todas sus formas y expresiones: las tratativas de continuar con una existencia plena a pesar de las circunstancias, las expresiones de la vida espiritual, cultural y religiosa en un tiempo de destrucción, el mantenimiento de la vida comunitaria y las actividades de asistencia mutua, las escuelas clandestinas, las organizaciones políticas ilegales, los archivos clandestinos de documentación, los intentos de rescate, y finalmente la resistencia armada en los guetos, en los Campos y en la unidades partisanas. Esas historias que nos ayudan a conservar la confianza en el futuro de la humanidad y en el futuro del pueblo judío.
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” tiene la obligación de pasar la herencia de los educadores que vivieron en la época del Holocausto, representados por las figuras de Itzjak Katzenelson y Janusz Korczak, quienes fueron la vanguardia de la lucha por mantener las cualidades humanas en esos días de tormenta.
  • Dar testimonio de la tragedia, perpetuando la memoria del millón y medio de niños que murieron en el Holocausto, haciendo de su sacrificada infancia, una lección para las futuras generaciones.
  • Enseñar acerca del Holocausto a amplias audiencias en Israel y en el mundo, efectuando una conexión con un diálogo multicultural acerca del significado del Holocausto y su lección en nuestros tiempos.
  • Desde su comienzo, “La Casa de los Combatientes de los Guetos”, introdujo la conmemoración del Holocausto en el calendario israelí e internacional, pasando a ser el Día de Conmemoración un evento nacional de unificación y memoria.
  • Trabajar en conjunto con instituciones de investigación y conmemoración en Israel y en el exterior, para acrecentar la concientización del significado universal del Holocausto, luchando juntos contra el odio, el racismo, el antisemitismo, la negación del Holocausto, intensificando el compromiso por los valores de libertad, dignidad humana, tolerancia y democracia..
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” es parte integral de la rica trama socio-cultural de Israel y de la Galilea Occidental, y se compromete a contribuir a la asistencia de la sociedad israelí nutriéndola con un carácter humanístico y democrático.
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” es parte integral del pueblo judío y del Movimiento Sionista, y como tal está comprometida a trabajar por las comunidades judías, nutriéndolas de una cultura moderna, pluralista y judía.

Para alcanzar esa misión, “La Casa de los Luchadores de los Guetos” se compromete a mantener una reputación histórica y académica, con un archivo accesible al público y a los investigadores, contando con un personal de calificados profesionales y una moderna infraestructura.